El nombre del ciclo proviene de esa metáfora imaginada por Lorca, que habla sobre lo que permanece vivo, aunque no se vea. Juan Mayorga, director artístico del Teatro de La Abadía, recoge esa imagen para explicar el sentido de la propuesta: “Con esta bella imagen -la del teatro bajo la arena-, García Lorca quiso nombrar un teatro que anhelaba, acaso imposible. Nosotros la recogemos para señalar en nuestra temporada un tiempo en que daremos espacio a las búsquedas de creadoras y creadores en que reconocemos voces nuevas, otras miradas, lenguajes diferentes”.

La edición de este año reúne cuatro piezas que transitan el teatro documental, el teatro de objetos, la música, el vídeo y la danza. Tres Pozos, Para la primavera, nada, Hermafroditas a caballo o La rebelión del deseo y Thauma, son los títulos programados que comparten la necesidad común de abrir grietas para no dejar que ciertas historias queden sepultadas.

 

Tres pozos de Amanda Solano, Pedro Rey, Marco Canale, Miguel Oyarzun y Andrés Fermín.

El teatro como memoria compartida

El ciclo se inaugura los días 11 y 12 de junio con Tres Pozos, un proyecto desarrollado por Amanda Solano, Pedro Rey, Marco Canale, Miguel Oyarzun y Andrés Fermín junto a miembros de la comunidad wichí del norte de Argentina. Su origen no está en un escenario, sino en una película que nunca llegó a existir públicamente.

“Este proyecto surgió tras un documental que Marco Canale grabó en territorio wichí, junto a Pedro, Amanda y otros líderes de la comunidad wichí -explican desde la producción-. El documental -encargado por un organismo internacional y el gobierno del Chaco (provincia argentina)- nunca fue estrenado, ya que el gobierno del Chaco decidió no proyectarlo, al no considerarlo promocional de su gobierno”. Ese gesto de silencio institucional se convierte en motor creativo y aparece el teatro como herramienta para recuperar lo borrado, hablando de lo que no interesa mostrar. “Queríamos dar a conocer la destrucción silenciosa del monte chaqueño y del pueblo wichí, y honrar el camino de Pedro y Amanda”. Dos figuras que marcan de trágica realidad la propuesta, ya que semanas antes del estreno Amanda murió por falta de asistencia médica y meses después falleció también Pedro. Tres Pozos no solo habla de una comunidad en riesgo, sino que está atravesada por la ausencia y el duelo como materia escénica.

“Creativamente, el trabajo tiene siempre un componente testimonial de las personas que están en escena. Son protagonistas y a la vez expertos de la temática que trata el espectáculo, a través de sus propias experiencias (…) Nuestro trabajo se nutre de la tradición germánica de teatro documental”, señala Miguel Oyarzun, mientras que Marco Canale describe su imaginario desde el cruce entre lo documental y la ficción: “En mi trabajo confluyen los procesos ligados al territorio y lo documental (…) y la creación de ficciones, junto a personas que nunca las han hecho previamente”.

La obra es resultado de años de desplazamientos y convivencia: “Fueron años de viajar, durante dos días, hasta la lejana región wichí. Encontrarme con ellos, escucharlos, caminar por el monte”. Y también de enfrentarse a una realidad devastadora: “Filmar junto a ellos, escribir juntos una historia de ficción que abordaba los problemas que amenazan sus vidas: la deforestación, el ingreso de las drogas que están destruyendo a sus jóvenes, la falta de acceso a la salud y a oportunidades laborales”.

Tres Pozos llega a La Abadía como un acto de memoria y de presencia. Teatro como documento vivo, pero también como reparación imposible.

 

Para la primavera, nada, de La maestra de Niablas

El duelo habita los cuerpos y los paisajes

Los días 18 y 19 de junio es el turno de Para la primavera, nada, de La maestra de Niablas es una pieza sobre la pérdida y la huella, donde el duelo no es solo emocional sino geográfico, algo que se pega al cuerpo y al paisaje.

“Este proyecto nace del seno del máster de creación teatral de la Carlos III. Una intuición nos llevó a unirnos”, explican desde la compañía. Esa intuición se tradujo en un proceso de búsqueda que describen como algo inasible que se despliega hacia un lenguaje propio, entre lo rural, lo audiovisual y lo coreográfico.

El montaje se construye a partir de dos materiales aparentemente desconectados. Por un lado, el libro Como yera de costumbre de Ángel Larraz. “Nos marcó el capítulo (…) donde habla de la trágica vida de su hermana”. Por otro lado, la antigua línea ferroviaria Zaragoza–Canfranc: “Recogimos testimonios (…) y cómo sus estaciones quedaron en el olvido”. En ese cruce surge la dramaturgia. “Quisimos hacer respirar todas estas historias otra vez, ponerlas juntas sin tener nada en común, aunque para nosotros lo tenían todo. Nos importa mucho que lo cotidiano se filtre en el mundo artístico y que no se pierdan las riquezas de nuestra historia”.

“Pasamos muchos meses viajando a los lugares que inspiran la historia, recuperando testimonios, haciendo muchas fotos y vídeos de paisajes, antiguas estaciones…”. Explican sobre el proceso creativo de esta obra que se alimenta de referentes cinematográficos y musicales. Mencionan Hiroshima mon amour y la Nouvelle Vague, pero también nombres menos conocidos. “Hemos investigado la obra de artistas de Aragón que han pasado desapercibidos, como la fotógrafa Divina Campo”. En lo musical, el proyecto incorpora la colaboración del compositor Walter Laureti: “Su música estuvo presente desde el principio y finalmente él también se sumó al proyecto”.

 

Hermafroditas a caballo o La rebelión del deseo, del Colectivo Que No Salga De Aquí.

La rebelión del deseo intersex

Los días 25 y 26 de junio llega Hermafroditas a caballo o La rebelión del deseo, del Colectivo Que No Salga De Aquí. Se trata del primer espectáculo de gran formato en España sobre vivencias intersexuales narradas en primera persona, con Laura Vila Kremer como intérprete central y activista visible.

El origen del proyecto está en un contexto queer barcelonés: “Nace de una invitación (…) del último Cabaret Trans organizado en Barcelona en el 2019”. En aquel momento, la idea era breve, casi un gesto, pero pronto el colectivo entendió que debía crecer. “Coincidiendo con un momento de mayor visibilización del activismo intersex en el Estado español, el Colectivo entendió que la micropieza debía crecer”. La motivación era clara: “El deseo nacía de la necesidad de hablar de una de las realidades más invisibilizadas del colectivo LGTBIQ+ como son las vivencias intersex”. Y los objetivos se enumeran como un manifiesto: “Más voces”, “más representación”, “más escucha”, “más cuerpos”, “más derechos”, “más fluidez”.

“La obra nace precisamente de la falta de referentes culturales que representen de manera honesta y no patologizante las vivencias intersex”. Y desde un trabajo de investigación que mezcla cine, activismo e historia del arte. Citan películas como XXY o El último verano de la Boyita, pero también la representación del mito del hermafrodito en museos europeos: “La puesta en escena de nuestra obra mantiene un diálogo intenso con la escultura del Hermafrodito durmiente”.

El humor y la polifonía son las bases en las que el espectáculo se sostiene. “El hecho de ser una extensión de una micropieza pensada para un Cabaret queer explica el deseo de mantener para algunos tramos de la obra el humor como estrategia de distanciamiento y de crítica política”. Y también la voluntad de convocar muchas voces: “Queríamos que nuestro espectáculo recogiera las voces de tantas vivencias intersexuales como fuera posible”. Para ello, reunieron testimonios mediante redes activistas y un llamamiento público. “Queríamos reunir una horda de verdad, y hacerla crecer cada vez que hacemos el espectáculo”. Algunas voces aparecen en vídeo, otras construyen el sonido. Pero todas forman parte del mismo gesto, el de devolver el relato a quienes lo viven.

 

Thauma de Jorge Gallardo.

Recuperar el asombro

El cierre del ciclo, los días 2 y 3 de julio, llega con Thauma, una producción de Teatre Lliure y Nilak escrita por Jorge Gallardo y codirigida por Andreu Martinez Costa y Magda Puig Torres. La pieza parte del concepto aristotélico que vincula el conocimiento con el asombro, proponiendo un regreso a la capacidad de mirar lo cotidiano como si fuera nuevo.

En un mundo contemporáneo anestesiado por la repetición, Thauma plantea una experiencia sensorial apoyada en el teatro de objetos y con inspiración directa en el lenguaje de la novela gráfica. Un “poema escénico de gran plasticidad visual”, según la propia presentación del ciclo, que invita a romper reglas y recuperar el extrañamiento.

 

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