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Jose Padilla sube a escena el mayor desastre de la aviación civil

  • noviembre 5, 2026
Por David Hinarejos

"Me autoexigí mucho al escribir el texto porque quería ser muy preciso en cómo se habían desarrollado todos los acontecimientos"

El tinerfeño escribe y dirige Take Off (Nada de esto tuvo que haber ocurrido), una propuesta que reconstruye, con diferentes dosis de teatro documental, suspense y humor, el mayor desastre de la historia de la aviación civil, que tuvo lugar el 27 de marzo de 1977 cuando dos Boeing 747 colisionaron antes de despegar en el aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife).

Almudena Puyo, Carlota Gaviño, Kevin de la Rosa y Lucía Trentini se meten en la piel de múltiples personajes para narrar los acontecimientos que provocaron la muerte de 583 personas.

La obra podrá verse en Nave 10 Matadero del 5 al 15 de noviembre.

 

Foto destacada: © Carlos Luque

Naciste en Tenerife un año antes del accidente. ¿Cómo atravesó tu vida y la de los habitantes de la isla este suceso?

Algo de esa magnitud perdura hoy y perdurará para siempre. De hecho, uno de los motivos que me empujó a querer contar esta historia fue precisamente eso, el hecho de que sobre todo la gente de mi generación, los que éramos muy pequeños, gente que ni siquiera había nacido, hemos crecido con la leyenda del accidente de Los Rodeos. Lo hemos escuchado toda la vida y se nos ha dado mucha información que ha terminado por ser directamente como una leyenda urbana. Ha crecido como un mito, un mito enorme. Y yo quería indagar en eso, saber qué era verdad, qué no y, sobre todo, cómo resonaba un evento de esas características en nosotros hoy en día.

 

¿Llegar a obtener respuestas claras y verídicas sobre lo que ocurrió conllevó una larga labor de documentación?

Fue intenso, muy intenso. Consulté las transcripciones de cómo fueron los diálogos entre las cabinas de los dos aviones con la torre de control de ese día. Lo tengo todo documentado, segundo a segundo. Leí toda la bibliografía que existe, que no es que sea cuantiosa, pero la hay, sobre todo en hemeroteca. Me dediqué a investigar, por supuesto, el día en cuestión, pero también un año antes y un año después, quería conocer cuál era el marco social, político y económico en el que el accidente tuvo lugar y qué resonancia tuvo eso en el mundo y en nuestro país, por supuesto. Fue un proceso muy minucioso y laborioso, pero que creo que nos ha devuelto mucho. Me autoexigí mucho, precisamente porque quería ser muy preciso en cómo se habían desarrollado todos los acontecimientos alrededor de ese día.

 

Aun aportando tanta información en la obra, supongo que la selección de lo que debía estar, o no, ha tenido que ser un trabajo enorme. ¿Algún suceso o detalle te llamó más la atención durante la investigación y querías que estuviera sí o sí?   

No quiero hacer mucho ‘spoiler’, pero la historia de una persona en particular me emocionó profundamente. De alguna manera, todo el maremágnum de datos e historias podría resumirse en la experiencia de esa persona. Los espectadores ya lo descubrirán. En cuanto al proceso de selección, es algo connatural al acto de escribir teatro. Hay que elegir. No hay garantías de que lo que estás eligiendo sea lo mejor, obviamente. Yo suelo funcionar por intuición. Una vez tengo todo dispuesto y me voy contando a mí mismo la historia, trato de verla desde fuera y ver qué es lo que más me interpela como espectador. Sé que es imposible habiéndolo escrito yo, pero trato con todas mis fuerzas de ponerme ahí. Empiezo a escoger qué cosas me interpelan más a mí como espectador, y a partir de ahí selecciono. Ese es un poco el método que suelo utilizar. Y repito, no hay garantía ninguna de que eso signifique que lo que estás dejando fuera sea lo correcto.

 

 

Eliges también narrar los hechos de una manera trepidante y por momentos se siente como un thriller con mucho suspense.

Hay una parte en la que sí, hay otra que es más comedia, y hay una parte que incluso es una farsa. Tuvimos la enorme suerte, no siempre se da, de que el Auditorio de Tenerife nos habilitó los medios para hacer una residencia artística y comprobar ‘in situ’, primero con el elenco y luego con un público que vio un fragmento, si el híbrido entre códigos funcionaba. Vi muy claro que aquello demandaba más farsa y comedia, demandaba ligereza, para que cuando la obra lo exigiera, y lo exige en más de un momento, nos pudiéramos meter sin pudor en el suspense y la tragedia.

 

Justo estrenasteis el pasado marzo en el propio Auditorio de Tenerife. ¿Cómo fue la puesta de largo precisamente allí?

Fue algo muy bello. La acogida me sorprendió, no porque pensara que fuera a ir mal, sino porque no pensaba que fuera a ir tan bien. Tuvimos que sacar funciones extra porque se agotaron todas inmediatamente y, por fortuna, se pudo gestionar que hubiera tres funciones más que se agotaron en una hora. Teníamos mucha cautela a priori por la naturaleza de lo que estamos contando y porque al fin y al cabo estábamos representando esto a 10 kilómetros escasos de donde había ocurrido el acontecimiento. Y la acogida fue espectacular y particularmente emocionante, sobre todo para la parte del equipo que somos de allí.

 

¿Qué es la teoría del queso suizo emmental que atraviesa toda la obra?

La creó James Reason, allá por los años 90, y se aplica a sistemas aeronáuticos y empresariales a niveles grandes. Explica de una forma muy metafórica y muy inmediata cómo funciona un accidente y de alguna manera lo sistematiza. Y a mí me llamó mucho la atención porque cuando estaba en todo este periodo de investigación la vi vinculada con el accidente de Los Rodeos. Se cogió como ejemplo claro de esta teoría y de cómo se pueden prevenir estos sucesos. Estamos contando un accidente muy concreto, pero no deja de ser sino un reflejo de cómo se dan todos los accidentes y, aún más allá, de cómo se suelen dar los desastres en general. Y el queso suizo lo explica tremendamente bien. Hay pequeños agujeros, fallas, por las que un accidente se puede colar. Si se cuela en uno, pero no avanza más allá, no hay problema. El problema es cuando empieza a pasar uno y otro y otro y otro, como si se alineasen, al final se termina por dar el accidente. Básicamente lo que viene a decir, a nivel muy resumido, es que un accidente no empieza en el accidente mismo, ha comenzado muchísimo antes. Si esas fallas se previenen, el accidente no tendrá lugar. Me pareció tremendamente interesante, sobre todo, porque no está hablando de grandes cosas, está hablando de estrés, prisa, estado emocional de las personas que tienen que manejar el aparato en cuestión… cosas muy prosaicas y muy pequeñas. Cuando se atienden a esas cosas, cuando se atiende al cuidado, el accidente no tiene lugar o cuesta muchísimo más que se dé.

 

¿Entonces el azar es controlable?

Hay una parte que es incontrolable, desde luego. Pero lo que sí puedes hacer es reducir la probabilidad. No hay nada que sea seguro en nuestra existencia, a lo que invita esa teoría es a reducir la probabilidad al mínimo.

 

 

¿Se puede decir que se sacó algo bueno de ese trágico accidente?

Sí, es paradójico, pero sí. Se aprendió de esos errores terribles que causaron tanto y tanto dolor y se ha conseguido que nada similar se pueda volver a dar.

 

A pesar de todo lo hablado, eres capaz de sacar momentos realmente poéticos que, de alguna manera, pausan la obra y dejan espacio para cierta belleza.

Me dediqué a averiguar dónde estaban las metáforas en la historia. Muchísima gente me preguntaba: ¿cómo demonios se cuenta un accidente en teatro? Bueno, hay muchas maneras, esta es la nuestra y sí, resulta complicadísimo. Por eso, necesitaba encontrar las metáforas para bajarlo a tierra y poder ponerlo en el escenario. De ahí surgió el relato de Los Rodeos, las flores, la niebla… que encierran dentro de sí una poesía muy inmediata que no me quise perder.

 

Almudena, Carlota, Kevin y Lucía forman sobre el escenario un coro casi clásico que nos va narrando la historia, al tiempo que van interpretando todo tipo de pasajeros, pilotos, controladores, locutores… Un verdadero reto que exige un trabajo en conjunto muy preciso.

Lo suelo decir con respecto a todos los elencos con los que trabajo: no puedo intervenir ni proponer este tipo de historias si no tengo un equipo que lo sostenga. Y ellos lo sostienen y de qué manera… es increíble el trabajo que realizan, es de una complejidad formal que no se ve. Ellos lo hacen muy sencillo, pero tienen un nivel de precisión, de puesta en el habla, de cambio de atmósfera y de personaje de un segundo a otro, que hace que la historia se reciba con mucha facilidad.

 

Además, tampoco tienen muchos elementos en los que apoyarse porque es una escenografía muy limpia.

Si nos hubiéramos puesto a reconstruir el fuselaje de un avión o ciertos decorados de gran magnitud le hubiera quitado vuelo y poesía a la propuesta. De alguna manera, el poder proponerlo con elementos mínimos hace que todo resida en el cuerpo de los actores y en la palabra. Y creo que eso hace que las imágenes exploten en la imaginación del espectador. Si nos hubiéramos ceñido a algo de corte realista, creo que nos hubiéramos equivocado.

 

 

Sí que contáis con el apoyo de algún video.

El vídeo es un elemento narrativo, como todo lo que está en el escenario, que sirve mucho para poder viajar con lo que están contando el elenco. Pero son imágenes de cero truculencias. Eso sí que lo tuve claro desde el minuto uno. Por muchas razones, pero principalmente por respeto a las víctimas.

 

En un momento como el actual, en el que continuamente conocemos tragedias en las que nadie asume responsabilidades, me llamó la atención que en este caso hubiera tantas partes que sí lo hicieran y no se quedara todo en el típico fallo humano.

No fue fácil, no fue nada fácil. Pero efectivamente, la repartición de cómo la responsabilidad no fue solo de uno quedó muy clara. Por ejemplo, en Holanda, de donde era una de las aerolíneas propietaria de uno de los aviones, sigue siendo un hecho traumático. Sin duda, también la obra espero que sirva para repensar ese tipo de actitudes.

 

Al leer el texto y conocer todos esos fallos que se fueron dejando pasar hasta que se produjo el accidente, también me llevó de alguna forma a pensar en que como individuos vamos permitiendo ciertas cosas pequeñas que sin darnos se pueden convertir en una gran debacle social.

Absolutamente. La obra tiene muchas capas, pero una de ellas, sin duda, es la que acabas de mencionar.

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

Accidente aviación, Almudena Puyo, Carlota Gaviño, Jose Padilla, Kevin de la Rosa, Los Rodeos, Lucía Trentini, Nave 10 Matadero
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