Periodista, comunicador y, desde hace unos años, dramaturgo, Alonso Trenado participa en la edición de este año de la Feria del Libro Español en Londres presentando Todo ese caos parece un acierto cuando susurra lo correcto, un texto que se resiste a explicarlo todo y que encuentra precisamente en ese desconcierto una de sus mayores virtudes.
Hablamos con él de escritura, periodismo, humor oscuro, personajes acorralados y de la posibilidad de que una misma historia tenga tantas lecturas como personas se acerquen a ella.
Tu trayectoria profesional está muy vinculada al periodismo y a la comunicación, pero en los últimos años la dramaturgia y la escritura han ido ganando espacio. ¿En qué momento sentiste que necesitabas explorar esta nueva faceta?
La literatura siempre ha sido mi lugar feliz y siempre he escrito, aunque nunca me había decidido a hacerlo de forma más seria y buscando publicar. Fue gracias a mi pareja, la actriz y maestra Raquel Pérez, que comencé a plantearme la posibilidad de escribir literatura dramática. Tener cerca al actor David González y al dramaturgo y director Jose Padilla, ayudó mucho a que me tirase definitivamente a la piscina. En sólo cinco años ya son tres los textos dramáticos que he publicado: Dulce Brigitte, La belleza de matar bien a papá y Todo ese caos parece un acierto cuando susurra lo correcto. De todas formas, aviso, eso no va a significar que me limite a ser dramaturgo. Estoy preparando un guion y el cuento siempre ha sido lo mío. No sé qué será lo próximo.

¿Qué has encontrado en la escritura dramática que quizá no te daba el periodismo?
Contar al ser humano a través de la ficción me libera. También está el vuelo poético y el juego. Todo eso no cabe en mi forma de entender la comunicación y el periodismo, algo mucho más prosaico, más directo. Ahí no me permito jugar. Pero en la literatura dramática lo que estoy encontrando es una forma de dejarme llevar y ver qué pasa. Adónde me llevan esas palabras, esos textos. Muchas veces primero escribo y luego intento descubrir qué es eso que he escrito.
También, cada vez me gusta más no intentar tener un excesivo control sobre lo que va a entender el espectador o el lector. Dejar que el otro descubra la historia e, incluso, me descubra una nueva historia que yo no vi como autor.
El periodismo y la dramaturgia son dos oficios que parten de la necesidad de observar lo que sucede alrededor y convertirlo en relato. ¿Qué tienes que ver para que algo capte tu atención y sientas la necesidad de contarlo?
Ahí sí que no puedo escapar de mi deformación profesional: la injusticia, el dolor, las paradojas de ser humano, la fragilidad, la crueldad, todo ello atravesado por el hoy, por lo que está sucediendo en el mundo. Mi conciencia de clase, mi compromiso con lo humano. Poner en tensión esas estupideces que, a veces, consideramos ”lo normal”, al menos revisarlas. Meter el dedo en la herida. También hay un punto egoísta: conocerme, entenderme, soportarme, chocar contra mis propias contradicciones.
Has trabajado en medios muy distintos y también has vivido varios años fuera de España. ¿Cómo ha influido esa experiencia en tu manera de mirar y de escribir?
Diría que lo que más me ha podido impactar fueron mis seis años en Berlín. Pasaba mucho tiempo solo, leyendo o dibujando, en algún café. La arquitectura de Berlín, la mezcla de culturas, el clima durísimo en invierno, las cicatrices de la ciudad que siguen sin terminar de sanar y pasear. Sabía que la soledad, a veces, me hacía bien, descubrí, además, que pasear me abría la mente. Ahora no sé si sería capaz de escribir sin salir a andar sin rumbo fijo.
Como comentabas, con Dulce Brigitte comenzaste tu recorrido como dramaturgo y después llegaron La belleza de matar bien a papá y Todo ese caos parece un acierto cuando susurra lo correcto. Después de tres textos, ¿de qué dirías que quiere hablar tu teatro? ¿Hay elementos que ya reconozcas como una especie de sello propio?
Son tres textos muy diferentes. Diría que algo de lo que hablan los tres es de lo equivocados que estamos. De que nadie sabe nada por muy seguro que parezca y de lo desesperados que estamos por que nos quieran.
Hay temas recurrentes como la mercantilización de nuestras debilidades, la obsesión por la productividad, lo peligroso disfrazado de producto comercial precioso, el espectáculo como forma de anestesiarnos o los riesgos para la salud mental de un mundo continuamente acelerado.
Por otro lado, no me gusta lo solemne, así que suelo trabajar desde un humor bastante oscuro. Muchos de mis personajes tienen convicciones realmente absurdas, ridículas y las llevan a las últimas consecuencias.
Has citado entre tus influencias a autores como Harold Pinter, Caryl Churchill o Sarah Kane, pero también aparecen el cine, el cómic, la pintura o los relatos de terror y fantasía. ¿Cómo conviven referencias tan distintas cuando construyes una obra?
La verdad es que conviven mejor de lo que podría parecer (ríe).
No sé, creo que hay que estar muy abierto a todo, no solo a la literatura, y en algún momento, cuando escribes, abres esa caja de herramientas.
Mi infancia y juventud fueron leer a Conan Doyle, o ver “El increíble hombre menguante”. Adoro la pintura y la fotografía. No conseguí entrar en la carrera de Bellas Artes, pero de ahí me ha quedado la poca mano que tengo para la ilustración.
Las primeras líneas de Todo ese caos parece un acierto cuando susurra lo correcto nacen, seguro, de una frase en una canción de Radiohead, por ejemplo.
Todo es susceptible de darte una idea para un texto.
En tus obras aparecen con frecuencia el humor, el absurdo, la violencia, los traumas y personajes que están atravesando situaciones bastante extremas. ¿Qué te interesa de llevar a tus personajes hasta esos lugares límite?
Un personaje que se siente acorralado es imprevisible. Fíjate que no tiene por qué estar acorralado, sólo sentirse acorralado para dar una respuesta violenta, salvaje, extraña, diferente. La acción de un personaje puede ser incomprensible para el espectador, salvo que ese personaje se sienta acorralado, entonces cualquier respuesta, por absurda o bestial que sea, puede caber.
Los cabrones que creen tener razón son personajes interesantes.

En Todo ese caos parece un acierto cuando susurra lo correcto planteas un texto que se mueve entre la narrativa y la dramaturgia y que obliga al lector a completar muchas de las piezas. ¿Qué te interesa de dejar espacios sin explicar y confiar en que quien lee o quien mira termine de construir la historia?
Algo parecido a la Pareidolia: el espectador cree reconocer algo en lo que está viendo y se forma su propia historia.
Con este texto está pasando algo precioso, cada persona que lo lee tiene una idea diferente de lo que ha leído. Empecé a escribir dejándome llevar, sin tener claro qué estaba escribiendo, algo en la línea de lo que sugiere David Lynch en “Atrapa el pez dorado”, y hasta los seis primeros meses no fui consciente de lo que estaba haciendo.
En cualquier caso, es difícil huir de una hipótesis de recepción, pero, al final, rechazo la necesidad de imponer mi visión de ese texto. Lo más bonito es que no hay dos personas que me hayan dado una misma respuesta. Cada uno ve algo diferente.
En un momento en el que parece que todo tiene que explicarse y que cada historia debe dejar muy claro qué quiere decir, tú pareces confiar bastante en el desconcierto del lector o del espectador. ¿Qué valor tiene hoy no explicarlo todo?
Para mí, es oro. Era lo que buscaba. No explicar. Dejar el texto en manos de los demás.
Extrañamente, para ser el texto que más me ha costado escribir y, también, el más arriesgado, porque no digo cuántos personajes hay, no hay ninguna acotación…, me siento muy tranquilo con él. Es algo a lo que le doy vueltas bastante a menudo ¿Por qué estoy tan tranquilo pese al vértigo que debería provocarme? Quizás porque sé que, en realidad, no hay una sola respuesta correcta, todas van a ser interesantes.
Vas a presentar tu obra en la Feria del Libro Español en Londres. ¿Qué supone para ti que un texto tuyo encuentre su espacio en una feria como esta y pueda acercarse también a lectores que quizá no llegarían a él a través de un escenario?
Para mí es muy importante porque la publicación de Todo ese caos parece un acierto cuando susurra lo correcto se ha hecho en paralelo en inglés: Chaos Whispers In My Ear and Everything Falls into Place.
Ha sido un proceso precioso con Toni Roberts, la traductora, que ha captado toda la sutileza y la poética, pero también la ironía, la crudeza y el humor negro del texto.
Que el texto llegue a Reino Unido, que otros lectores o espectadores puedan recibirlo y tener otra visión de él en una lengua diferente, es fantástico.
La presencia en Londres también pone sobre la mesa la cuestión del idioma. ¿Qué te interesa que suceda cuando un texto escrito desde el español viaje a otro contexto cultural? ¿Hay algo que te gustaría que esos nuevos lectores descubrieran a través de tu teatro?
Como te comentaba, el proceso de traducción fue una experiencia maravillosa. De hecho, en realidad, es un trabajo de adaptación de Toni Roberts, porque en ese texto hay palabras o frases que no tienen sentido como tal o no existen y hay que descubrirlas de nuevo en inglés para que el juego sea el mismo.
Creo que un lector o un espectador en Londres, en Madrid, en Berlín o en París puede descubrir que nos acojonan las mismas cosas y que somos igual de patéticos. Una cosa que me preocupa es señalar cómo nos han arrastrado hacia posiciones que hace quince años daban vergüenza. Ultranacionalismo, ultracapitalismo, tecnología sin control y odio como motor.
Hablabas antes de la influencia de Caryl Churchill en alguno de mis textos: Far Away o Not, Not, Not enough oxygen, por nombrar sólo dos, son ejemplos increíbles que hablan de todo esto.
Después de esta presentación en Londres, ¿qué te gustaría que le ocurriera a tus textos?
Ojalá ver Todo ese caos… estrenado en Madrid ¿no? Por pedir, hay un experimento que me encantaría: que se estrenase por dos elencos diferentes en el mismo escenario. Eso daría la medida de hasta qué punto este texto se convierte en una experiencia, incluso en una historia nueva, dirigida por personas diferentes y con actrices y actores diferentes.
¿Hasta qué punto sientes necesaria la presencia del escenario para la literatura dramática?
Esto lo he hablado con mi entorno decenas de veces. Yo escribo como ejercicio literario. El hecho literario está ahí ya completo. Pero cualquier texto puede convertirse en otra cosa en contacto con otro lenguaje.
Por ejemplo ¿Por qué no colaborar con un músico y que derive en un concierto? ¿Por qué no colaborar con una pintora o una fotógrafa y desarrollar una exposición alrededor de este texto? ¿Por qué no con un coreógrafo, con una cantante de rap, con un estudio de diseño? Todo eso me interesa mucho. Por supuesto, quiero estrenarlo en un teatro, pero ¿Por qué no rodar una película? Me encantaría ver este texto a través de otros ojos y otros lenguajes. Es algo a lo que es bonito aspirar.
Por otro lado ¿Cuántos autores no ven representados sus textos? En mi cabeza siempre está la posibilidad de que no interesen, de que no se estrenen, por eso necesito que sean el mejor ejercicio literario posible, que yo esté contento con lo que entrego, en primera instancia, al lector. Lo de después…ya se verá. Ojalá pronto.