"La pervivencia del festival en un entorno como éste tiene que ver son su interiorización por el conjunto de la sociedad."
La 35º edición del Festival Internacional Outono de Teatro de Carballo (FIOT) propone escenarios frente al desconcierto político y social actual con el lema 'Colapso: Cuando todo cae, ven al teatro', volviendo a convertir Carballo en punto de encuentro para las artes escénicas con una programación -43 espectáculos, 8 estrenos absolutos y 9 estrenos en Galicia- que mira al presente desde lenguajes muy diferentes, haciendo que convivan grandes nombres con propuestas emergentes, entre la sala y la calle.
Alberto Sueiro, director del FIOT, repasa con nosotros cómo ha crecido el festival sin perder su arraigo en el territorio y hacia dónde mira de cara a las próximas ediciones.
Ya son 35 ediciones del FIOT, ¿de qué manera crees que ha evolucionado aquel festival que nació en 1992 y qué permanece intacto en su ADN?
Permanece la diversidad de la oferta y la proximidad al público como línea fundamental de actuación.
Este año el lema es ‘Colapso: Cuando todo cae, ven al teatro’. Un concepto que entendéis tanto desde la caída, como desde la oportunidad de transformación y la reinvención. ¿Qué os ha llevado a elegir precisamente este año esta idea como eje de la edición?
El año pasado queríamos reafirmarnos en la raíz y, en este, ante el desconcierto y perplejidad general que nos rodea, queremos recordad la importancia del teatro como refugio, como alternativa y espacio de resistencia y reflexión para el ciudadano.
En un contexto de incertidumbre económica, crisis de vivienda, conflictos internacionales, emergencia ambiental y fragilidad social, ¿cuál es el papel de un festival de teatro como el FIOT? ¿Qué puede llegar a hacer un festival que no pueda hacer cualquier otra institución cultural?
El teatro es el arte de lo inmediato, lo cercano, lo actual. Siempre está conectado a la realidad porque siempre ocurre en el momento actual. Su utilidad como catalizador de la realidad por esa conexión con la actualidad es la que permite que sea un vehículo para la reflexión y la participación en comunidad, lo que ofrece es, como dije, un refugio.
La programación de este año combina creadores y creadoras muy reconocidos con propuestas emergentes, teatro documental, autoficción, circo, danza, humor y nuevos lenguajes. ¿Qué buscáis cuando construís un cartel y cómo sabéis que una programación tiene la personalidad que queréis para el FIOT?
La selección de la programación tiene que ver siempre con esa exigencia de diversidad de la oferta y ese deseo de alcanzar todo tipo de públicos. A partir de ahí la elección final depende del criterio de la directora artística y del encaje de cada propuesta, en el conjunto que planteamos.
El FIOT nació con la voluntad de llevar una programación teatral de calidad a la comarca de Bergantiños, para acabar convirtiéndose en una cita de referencia para las artes escénicas no solo gallegas, también a nivel nacional y en Portugal. ¿Cómo se consigue mantener ese equilibrio entre ser un festival profundamente arraigado en su territorio y, al mismo tiempo, tener una mirada cada vez más amplia?
Partimos de un esfuerzo permanente por estar ligados al territorio, a la raíz y escuchar al público, para desde ahí proponer espectáculos. La experiencia, la dedicación a ver muchas propuestas y estar atentos a todo lo que pueda resultar novedoso, es un trabajo de equipo y funcionamos siempre bajo la premisa del prueba-error, que hemos ido “afinando” con el paso de las ediciones.
En estos 35 años el FIOT ha crecido en programación, públicos y reconocimiento. ¿Existe el riesgo de que crecer demasiado haga perder aquello que hacía especial al festival cuando era más pequeño? ¿Cómo se gestiona ese equilibrio?
El crecimiento ha sido muy paulatino y orgánico, nunca a saltos o grandes pasos, eso hace que cada edición se fundamente mucho en las anteriores y podamos incorporar modificaciones o novedades progresivamente y comprobar su encaje. De todos modos, el paso del tiempo, las transformaciones sociales, la digitalización van aportando entornos nuevos a los que inevitablemente debemos adaptarnos.

Una de las características del festival es que el teatro no se queda encerrado en una sala. Rúa dos Contos, Teatro de Rúa, FIOT en Ruta, FIOTeen, FIOTiño o las Micro-escenas M2 llevan las propuestas a bares, plazas, espacios cotidianos y otros lugares de Carballo. ¿Qué importancia tiene para vosotros sacar el teatro de su espacio convencional y convertir la ciudad en parte del festival?
Es crucial y un elemento estratégico para el festival. Somos conscientes de que la pervivencia del festival en un entorno como éste, tiene que ver son su interiorización por el conjunto de la sociedad. En nuestro ADN está el acercamiento de la cultura a los ciudadanos y eso tiene que ser un esfuerzo continuo y transversal, en la medida de nuestras posibilidades.
También habéis apostado fuerte por las residencias, las coproducciones, la mediación y los encuentros con públicos. ¿En qué momento dejasteis de ser únicamente un lugar al que llegan espectáculos y empieza a convertirse en una estructura que participa activamente en la creación?
El festival nació con un objetivo de utilidad. Es importante que seamos útiles en primer lugar para el público facilitando el acercamiento y el acceso a la cultura para todos, pero es también fundamental que este compromiso de utilidad se extienda al sector, las compañías, los creadores y todos aquellos que necesiten de un entorno o un espacio para desarrollar su proyecto.
Uno de los grandes retos de cualquier festival es conseguir que el público pase de ser consumidor a formar parte de una comunidad. ¿Cómo ha cambiado el público del FIOT durante estos años y qué estrategias estáis desarrollando para seguir incorporando nuevas generaciones?
En un entorno semi rural y con un tamaño de población reducido, la fórmula para que el público aumente o se mantenga es ampliar la base generacional y buscando públicos no habituales. Nosotros extendemos la oferta del FIOT sobre el territorio llevando las funciones a donde está el público y extendiéndolo por todo el ámbito municipal y también con una oferta multigeneracional que desde el FIOTiño o el Concurso de Teatro Lido, para los más pequeños, o el FIOTeen, dedicado a los adolescentes, alcance hasta la propuesta para las residencias de la tercera edad, o incorporando espacios diversos como la calle, los bares, etc. En todos los lugares y para todas las edades, ese es el planteamiento.

Este año el Xograr de Outono reconoce a Antonio Porteiro, responsable técnico del festival desde hace 25 años. ¿Es una forma de poner el foco en esos oficios que permanecen invisibles a la vista del público y que, sin embargo, son fundamentales a la hora de poner en marcha citas como el FIOT?
Lo que soportan el mayor peso de las estructuras suelen ser pilares interiores y ocultos, nunca las columnas decoradas de las fachadas, aunque sean éstas las que más luzcan. Antonio más allá de su trabajo y dedicación, muy por encima de lo que pudiera exigir su obligación profesional, es un arquitecto de lo imposible, que en cada edición consigue ampliar y ensanchar un espacio escénico muy limitado para que quepan montajes que, a priori, nos sería imposible contratar. Y por encima con la magia de su positividad, su bondad y su espíritu de colaboración permanente. Es una joya para el FIOT.
Y mirando hacia el futuro, ¿qué tendría que conservar el FIOT en próximas ediciones y, permitiéndose soñar un poco, qué objetivos ambicionáis cumplir?
El FIOT necesita consolidarse como un festival de referencia a partir de disponer de un espacio escénico adecuado al siglo XXI y crecer en la profesionalización, estructura y apoyos públicos y privados gallegos. Deberíamos crecer para convertirnos en un festival de artes escénicas de referencia en el ámbito nacional, al estilo de las grandes citas del panorama actual (Temporada alta, El Grec, Festival de Otoño, etc.), algo de lo que Galicia todavía carece.