SUSCRÍBETE

Álvaro Tato: el verso, la música y la comedia

Álvaro Tato: «Una de las grandes enseñanzas de Molière es utilizar el humor como un gran preguntador social»

El mes de diciembre nos da la oportunidad de disfrutar en nuestra cartelera por partida triple de los textos del dramaturgo Álvaro Tato. Un homenaje a Molière con Vive Molière en el Teatro de la Abadía; el espectáculo infantil Shhh! La reina del silencio y el regreso a la farsa castizo-marciana de Villa y Marte en el Teatro Pavón. Tres títulos que juegan a reivindicar el verso, a través de la música y el humor, como un estilo absolutamente contemporáneo.

Conversamos con este dramaturgo y poeta sobre las dos compañías que copan las propuestas teatrales madrileñas: Ron Lalá y Ay Teatro, y cómo es escribir, y soñar, en verso en pleno siglo XXI.

Tres espectáculos en cartel en un mismo mes con dramaturgias tuyas: El regreso de Villa y Marte, y los estrenos de Vive Molière y ¡Shhh!, la reina del silencio, ¡este es mes la cartelera madrileña es de Álvaro Tato!

La verdad es que va a ser toda una aventura de mes, con triple coincidencia en Madrid. (Risas) No sabemos todavía cómo lo vamos a hacer, pero con mucha felicidad y muchísimas ganas.

Nos surgió la oportunidad de estrenar en La Abadía este Vive Molière después de lo bien que funcionó la gira de Malvivir. Y se ha juntado con el pistoletazo de salida de la nueva gestión del Pavón, con ellos vimos la posibilidad de volver con Villa y Marte, porque mucha gente se quedó con ganas de verlo en la temporada de estreno en mayo en Canal. Además, como nos ofrecieron otro hueco por las tardes, dijimos que les hacíamos un infantil, ¡Shhh!, la reina del silencio. Así que de pronto triple aparición en Madrid y con cosas, espero, muy potentes.

 

Vive Molière es una producción de Ay Teatro, junto a Yayo Cáceres, ¿dónde radica la diferencia con el trabajo que hacéis para Ron Lalá?

Ay teatro es un carril nuevo junto a Yayo y Emilia Yagüe que reúne y da forma a un montón de proyectos a los que queríamos dar salida. Teníamos ganas de probar otras cosas, otros elencos. La base es la apuesta por artistas jóvenes, mezclado con proyectos que teníamos en barbecho con grandes artistas con quien queríamos trabajar, como por ejemplo Malvivir o este Vive Molière, con nuestras señas de identidad, con la música en directo, la forma de entender el teatro de Yayo, con mis dramaturgias, pero dándole otro color a nuestra forma de entender el teatro.

 

Ahora se conmemora el 400 aniversario del nacimiento de Molière y le hacéis este homenaje construido sobre fragmentos y escenas de las diferentes obras del propio autor, ¿cuál es el hilo que las une?

El hilo es la historia de amor entre la diosa Fama y un joven comediante llamado Jean-Baptiste Poquelin en el París del Siglo XVII. Es un vodevil, una historia de amor, un poco una comedia de capa y espada y a lo largo de esos encuentros y desencuentros, vamos conociendo el mundo de la farándula parisina, el mundo de las giras de Molière y su compañía, sus amores y desamores, la relación entre el poder y la comedia. En realidad, toda esta trama es la excusa para sacar adelante algunas de las mejores escenas del genio. Cada gran obra de Moliere tiene su momento, su escena, dentro del espectáculo. Es un homenaje, no hecho a posta por el aniversario, pero desde luego reuniendo las ganas que teníamos de hacerle un homenaje al gran maestro de la comedia, con música en directo, y con el ritmo que caracteriza al teatro de Yayo, o sea, con un ritmo frenético.

 

Por lo que cuentas, los actores se encargan de representar a un buen ramillete de personajes, ¿cuántos personajes puede interpretar cada uno?

El otro día nos reíamos con Juan de Vera que es uno de los actores, que al igual que Kevin de la Rosa, salen de la Joven de la CNTC y tienen un carrerón a pesar de su juventud, y contábamos que él solo representa a dieciséis personajes. También tenemos a Marta Estal que es una enorme y maravillosa soprano y pianista que canta y toca la música en directo y luego tenemos a Mario Portillo que interpreta a Molière que, aunque hace un par de personajes más, le tenemos como hilo conductor y Laura Ferrer que interpreta a la Diosa Fama, y otros doce o trece personajes más. Evidentemente, en esta clave de farsa, requerimos a muchísimos personajes y el teatro de Molière es un alboroto, es una crítica mordaz de la sociedad, del poder, de todo lo establecido y necesitas a mucha gente y, claro, no tenemos una producción como para tener a toda la gente que haría falta, pero ellos lo hacen maravillosamente, se cambian, se transforman… Eso también es un poco la fiesta, el ‘tour de force’, que el público vea la velocidad de los cambios y sea un poco mágico, que sea como un juego teatral.

 

 

¿De qué manera vive Molière en el s.XXI?

De la manera que está reservada a los grandes clásicos, una vida juvenil. Si tengo que decir un solo adjetivo que lo define es la juventud. Es la mezcla entre inteligencia, sabiduría y placer porque es una gozada traducirlo, volver a su literatura. He podido traducir desde los originales y descubrir a ese Molière festivo y juguetón que está completamente vivo. De hecho, el título es una coña, Vive Molière en francés sería “Viva Molière”. Ese juego de palabras está en este homenaje. ¡Qué sentido del humor tan profundo! Es un sentido del humor humanista y profundo. Alguien que se ríe de los vicios de su tiempo, de los vicios humanos, de los suyos propios y del poder, es completamente pertinente para cualquier época. Yo creo que para cualquier civilización.

 

Esto me recuerda una pregunta que lanzáis “¿Fue un genio al servicio del poder o un peligroso corrosivo social?”. Después de cuatro siglos, esta pregunta continúa teniendo mucha miga, sobre todo en estos momentos convulsos que se viven en las Artes Escénicas, ¿no crees?

Al igual que figuras en España como Lope de Vega, Molière no es solo un genio de la comedia o un gran literato y dramaturgo, de alguna manera es nuestro bisabuelo y no solamente su obra, sino su vida, nos da mucho qué pensar, como ahora, en estas aguas revueltas. Esta frase surgió porque una de nuestras lecturas fue una biografía muy reciente que de Georges Forestier que se llama ‘Molière, el nacimiento de un autor’ y que dice que tenemos una visión muy romantizada del Molière mítico, del de las giras, del gran bufón, y este historiador tira un poco por tierra esa imagen porque dice de él que es un “resbaladizo cantor de los poderosos”, por un lado castiga al poder, pero por otro castiga solamente a una parte, a los burgueses, pero no a la aristocracia. Esas contradicciones las incluimos en la obra, por supuesto en forma cómica, y da mucho qué pensar sobre nuestro papel, nuestro lugar con los poderes, públicos y privados, y la responsabilidad que tenemos de hablar de lo que está mal en esos ámbitos.

 

Cada vez es más necesario, con las herramientas que tiene cada uno, dar a conocer lo que está sucediendo y dar qué pensar.

Eso es, dar qué pensar al público porque, evidentemente, los escenarios no son púlpitos. Nosotros podemos tener opiniones, de todo tipo, ideológicas, sociales, políticas, culturales, pero yo creo que lo fascinante, y una de las grandes enseñanzas de Molière, es la de plantear preguntas, utilizar el humor como un gran preguntador social, más que como una condena o como un juicio, yo creo que el humor humanista son preguntas en la plaza, al ‘nosotros’, en colectivo, yo creo que por eso es tan joven Molière y es tan necesario.

 

¿Poner el foco en Molière ha sido una manera de descansar del Siglo de Oro español?

Quería que lo fuera y al final no lo han sido, ha sido casi peor. (Risas) Es verdad que es un poco una variación de lo mismo. Al final ha sido un poco un viaje de ida y vuelta. Como sabes, me encanta trastear con el Siglo de Oro, buscarle las vueltas, encontrarle los recovecos, los personajes desconocidos, o darlo a entender de otro manera. Cuando miras a los vecinos, de alguna manera, el espejo te devuelve la mirada y te permite sacar muchas conclusiones de nuestro propio Siglo de Oro, de lo que son los clásicos y la relación entre ellos. Hay muchísima más relación de la que creemos. En realidad, Lope, Calderón o Cervantes están leyendo a los mismos autores, están influenciados por la Comedia del Arte, exactamente igual que Molière. Trabajando esas comedias, esas farsas, tan divertidas, al final hemos llegado a la misma conclusión que cuando uno lee los entremeses de Juan Rana o las comedias de Lope o de Calderón.  Esa mirada humana, “compasiva”, o empática, hacia el ser humano. Ha sido un viaje de ida y vuelta y el espectáculo está en verso castellano, ha sido una especie de traducción de Molière al mundo español.

 

GODOT-La-reina-del-silencio-01
Los tres protagonistas de Shhh! La reina del silencio.

Aprovechando las referencias a la juventud de Molière y Ay Teatro, ponemos el foco en el espectáculo infantil con el que llegáis al Teatro Pavón con Ron Lalá: ¡Shhh! La reina del silencio. En realidad, retomáis otro espectáculo que estrenasteis en el 2001 que llevaba por título La amenaza del Rey del Silencio.

Sí, de cuando éramos jóvenes impetuosos (Risas) Fíjate, el primer trabajo que hicimos con Yayo, fue precisamente El rey del silencio. Éramos veinteañeros, todavía no éramos ni profesionales, y ese maravilloso trabajo fue el germen de entender el teatro de otra manera; nosotros éramos una especie de banda de poesía y música con un rollo cabaretero, pero no teníamos la parte teatral y gracias a El rey del silencio dimos ese salto y nos atrevimos a ponernos en pie e interpretar personajes, y muchísimos años después hemos querido volver a ese texto completamente renovado.

 

Y cuenta con la particularidad de que renováis elenco ‘ronlalero’.

No estamos ninguno porque están en Villa y Marte actuando un rato después, entonces hemos hecho el mismo juego que con Ay Teatro, hemos buscado tres pedazos de artistas jóvenes y versátiles, que toquen, que canten y que actúen. Hay una cantera de intérpretes maravillosa, ahí están Néstor Goenaga, Nieves Soria y Mario Quiñones, que van a defender esta nueva versión, con una nueva clave, una nueva reescritura, pero con ese mismo espíritu gamberrísimo, para que los niños y las familias disfruten y aprendan de alguna manera cuáles son las claves de la música, que es de lo que se trata.

 

¿Esta es la primera vez que incorporáis a una actriz bajo el sello de Ron Lalá?

De manera continua, en temporada, sí que sería la primera vez; anteriormente hicimos Ojos de agua con Charo López y el Don Juan en Alcalá. Contamos con la maravillosa Nieves Soria que también viene de La Joven de la CNTC. Es la súper protagonista, ella es la Reina del Silencio, no voy a hacer spoiler, pero se lo va a poner muy difícil al caballero Dorremí, que es caballero de la música, el caballero sideral, que tiene una guitarra mágica, y al Duende Lerende que es un duende rapero que vive en el bosque de los duendes muy feliz hasta que llega la reina del silencio.

 

Tanto en Ay Teatro como en Ron Lalá, estáis volcándoos en apoyar a jóvenes intérpretes. Una manera de ampliar opciones para ambas compañías y de visibilizar el talento que se nos viene. 

Ron Lalá es un bloque, somos amigos que llevan 25 años trabajando juntos, un valor que cada vez es más infrecuente. Esas compañías-familia se están perdiendo y eso es una de los grandes valores que queremos llevar a gente que es ahora como éramos nosotros antes. Creo que es ley de vida. Yayo, como formador, está en búsqueda permanente de actores y actrices que sean tan músicos como intérpretes. Hay jóvenes intérpretes enormes y no queremos que estén en paro, es una pasada poder contribuir a que saquen la cabeza. En el pasado han sido tan generosos con nosotros, me acuerdo cuando Helena Pimenta apostó por nosotros en la CNTC o Albert Boadella cuando nos metió en el Teatros del Canal, ¿cómo no vamos a hacer lo mismo? ¿Cómo no vamos a ser colaboradores con los artistas jóvenes? Si son ellos el futuro.

 

¿Hay alguna diferencia entre escribir un espectáculo para adultos a uno infantil?

Creo que es un error pensar que hay que modificar la forma de escribir para el público niño y para el público joven. Acuérdate cuando eras niño y joven lo que te gustaba. Las grandes obras infantiles y juveniles están llenas de los mismos elementos que nos gusta ver de mayores, pienso en La isla del tesoro o Peter Pan, pasando por La historia interminable, están llenas de poder, de magia, pero también de crueldad, de pasiones humanas. Evidentemente en un código muy festivo y de farsa que es lo que intentamos hacer en La reina del silencio, jugando a acelerar las fórmulas, pintando con colores de brocha gorda, más que con colores finos, pero con los mismos gags, la misma sensación festiva y de libertad actoral. Lo único que no se le puede hacer es mentir, todo lo demás funciona igual, o mejor.

 

 

Los espectáculos de  teatro infantil y familiar siempre se apoyan en la música, algo que vosotros ya traéis de fábrica.

Sí, eso corre por nuestras venas. Yayo siempre insiste en que por la música pasa la emoción, de hecho, por eso hacemos teatro en verso, porque el verso es la música del idioma, produce el mismo efecto, toca la emoción ya sea desde la palabra, con el ritmo del verso, o ya sea desde la música pura o la música incidental, pero para nosotros el teatro es música.

 

¿De qué manera ha evolucionado Villa y Marte desde su estreno hasta ahora que regresa a los escenarios madrileños?

Ha evolucionado mucho desde que estrenamos en mayo, la compañía lleva cincuenta funciones. Imagínate lo que significa hacer cincuenta funciones para los cinco pedazo de cómicos que hay en escena, desde que bajé de escena y les miro, te juro que les miro embobado. Me parecen de una genialidad, además me parecen de una capacidad de juego de mantener viva la fiesta, que me admira de mis compañeros. Se nota mucho cómo se ha aposentado el ritmo, el taco que arman musical, el taco festivo y el homenaje al género chico, vamos con todo. Volvemos a Madrid y a un teatro tan simbólico para el género chico y para los géneros teatrales más madrileños como el sainete como el Pavón, es un teatro histórico y volvemos en unas fechas maravillosas y con unas ganas tremendas de comernos Madrid.

 

Recuerdo que cuando hablamos con Juan Cañas y Daniel Rovalher previo al estreno en Madrid, había dudas de cómo tomaría el público de la capital este espectáculo por las referencias a la cultura y costumbres de los madrileños.

Sí, teníamos algunas dudas porque esa tradición se ha quedado de alguna manera arrinconada, siendo una de las grandes tradiciones musicales y teatrales de nuestra cultura, como si fuera algo casposo y polvoriento y, sin embargo, desde el minuto uno el público se puso la parpusa, el mantón de Manila y se vino a la verbena, desde el día del estreno la gente lo ha acogido con muchísimo cariño. Mucha gente descubre esta tradición con nosotros de alguna manera y quiero pensar, queremos imaginar, que va a servir para que, al llegar a casa, se pongan La verbena de la Paloma; o La revoltosa; o Agua, azucarillos, aguardiente; o La Gran Vía, y que vuelvan a las fuentes que nosotros estamos parodiando. Pero también te digo que si ha sido divertido en Madrid, hemos visto al público bailar chotis, hemos visto al público reír a carcajada limpia con todas las referencias, pero te digo que en gira ha sido una fiesta porque cuanto más lejos de la capital más divertido, porque es más fuerte el contraste, y ver de pronto bailar el chotis al público vasco o al público gallego, no tiene precio.

 

Comentas que disfrutas viendo a tus compañeros desde abajo, ¿esta retirada del escenario es definitiva o es algo casual?

Cuando estaba arriba también pensé que era definitivo, que me iban a tener que sacar arrastrándome de las tablas. Uno nunca piensa que es definitivo, además que da un poquito de mal fario pensar que es para siempre, pero de momento, en esta etapa, me veo tan feliz, tan relajado, y disfrutando tanto del papel de dramaturgo, diversificándome en tantos proyectos, porque estamos hablando de Ay Teatro y Ron Lalá, pero sigo con proyectos con lo público y con lo privado, por ejemplo, acabamos de estrenar en la Bienal de Sevilla un espectáculo que se llama Nocturna, arquitectura del insomnio con Rafaela Carrasco, para mí, una de las genias indudables de la coreografía y de la danza flamenca. Ahora puedo hacer una cantidad de cosas desde la paz de mi despacho, ha subido tanto mi calidad de vida y mi placer de hacer cosas que, de momento, no me voy a subir. Prefiero dar un paso atrás disfrutar del talento de mis compañeros, que somos uña y carne, y escribir para ellos.

 

No hay muchos dramaturgos contemporáneos que se lancen a escribir en verso y me produce una curiosidad enorme saber cómo se trabaja, ¿primero hay un texto o idea previa y de ahí vas ‘traduciendo a verso’ o nace ya desde ahí?

Depende de qué proyecto. Se trabaja igual que cualquier dramaturgia, el verso suma una capa de dificultad técnica, porque es verdad que hay una dificultad intrínseca, pero simplemente añade la dimensión musical. A mí me gusta pensar la dramaturgia en verso como pensaría un letrista de zarzuela o de género chico, de ópera o de musical, que para mí son géneros primos hermanos. Es verdad que estoy un poco solo en el panorama actual, aunque creo que en el teatro actual hay muchísima poesía, quizá más que nunca en la historia del teatro, pero lo que no hay es verso, me parece un recurso, al menos en nuestra trayectoria, tan fluido que no lo pienso; pienso en cómo tienen que ir las dramaturgias, las tramas, como cualquier otro dramaturgo, un poco a hachazos por la selva, intentando bucear por el cerebro hasta que los propios personajes te van hablando.

Decía Nietzsche que el artista era un bailarín encadenado a una piedra, y la piedra a la que yo me encadeno es el verso, la piedra que me da justeza, que me da precisión, que me obliga a sintetizar, porque el lenguaje en verso es como la danza clásica, es sintético, o es perfecto o es una mierda, y eso a mí me da muchísima libertad. Es una paradoja decir esto, pero escribir en verso me da mucha libertad. Luego hay proyectos como el de Villa y Marte que podríamos haber escrito perfectamente en prosa, al estilo de la de Carlos Arniches, pero me lancé a escribirlo en romance porque me parecía más divertido. Hay otros proyectos como el de Vive Molière que pide el verso desde el principio.

 

¿Qué diferencias entre el verso de una y otra?

Villa y Marte pide más romance, porque tiene la rima asonante, cae muy suave, entra muy bien al oído, es simplemente la afluencia del ocho con la rima asonante y, sin embargo, Vive Molière es pura redondilla, está pidiendo rima consonante, rima «a-b-b-a», para que sea mucho más palaciego, para que el sabor del público diga: “me está sonando como las burbujitas del champán”. Me gusta pensar que el verso también es facilitador para el público, no solo para el autor, yo creo en el verso también como una ‘emocionalización’ del texto, como una precisión y síntesis, no lo veo como una dificultad, lo vivo como todo lo contrario, como una parte más de la fiesta y espero que el público también se empape de él. Es un juego, se toman un montón de decisiones, es un placer. Hay días que te juro que sueño en verso, hay veces que te tienes que levantar a mitad de la noche para pillar lo que te sale porque la cabeza va sola, es una auténtica locura.

 

No te lo vas a creer, pero mi última pregunta para cerrar esta entrevista era: ¿Sueñas con versos?

¿En serio? (Risas) ¡Qué bueno, tío! Pues sí, sueño con versos. Hay un momento en el proceso, cuando llevas ya un mes, mes y medio, que se te cuelan dentro. Decía José Hierro, el gran poeta, que el primer verso te lo dan los dioses, que todo lo demás es el trabajo; y, de alguna manera lo de los sueños es igual, cuando estás tan obsesionado te pasa que lo sueñas. A mí se me imponen, me hacen levantarme.

 

Es importante que el público te lea decir estas cosas porque es verdad que le da otra dimensión a la hora de ir a ver el espectáculo, y no solo prestar atención a lo que se está contando, sino a cómo se está contando. De hecho, algo muy importante e interesante es volver a recuperar los textos una vez finalizada la función, algo que vosotros tenéis muy en cuenta con la publicación de vuestros textos con Ediciones Antígona.

Es una alegría que el espectador no solo lo disfrute ‘in situ’, sino que luego lo lea, y no lo digo solo por nosotros, sino por tantos compañeros que están disfrutando y se están beneficiando de este pequeño gran boom de las editoriales de teatro a las que les debemos tanto, que son nuestros amigos y aliados. Conchita Piña, de Ediciones Antígona, siempre dice que el teatro también se lee y es totalmente cierto. La gente sale de la función y quieren seguir saboreándolos, me siento como en el Siglo de Oro, cuando apetecía seguir saboreando, aprendiendo y disfrutando de estos textos, por eso creo en el verso, porque es magia y música.

 

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

Comparte este post