En una realidad alternativa en la que la máquina de vapor ha marcado el rumbo de la ciencia y la tecnología, un científico está convencido de que su gigantesco gabinete de curiosidades esconde un mundo invisible, lleno de ideas disparatadas y sueños por descubrir. La llegada de unos personajes extravagantes pondrá patas arriba su universo mecánico y hará que los objetos más insospechados cobren vida. Así comienza KURIOS – Gabinete de Curiosidades, la propuesta de Cirque du Soleil que llega al Escenario de Puerta del Ángel de Madrid del 30 de octubre al 27 de diciembre y que combina circo, humor y poesía en un universo a medio camino entre el pasado y el futuro.
La producción reúne a 50 artistas de 21 países y cuenta con siete músicos que interpretan la banda sonora en directo. Detrás de estos números circenses, la propuesta también pone el foco en las relaciones entre los intérpretes y en la capacidad de encontrar nuevas posibilidades en objetos cotidianos.
Michael Smith, director artístico del espectáculo nos habla sobre la evolución de una creación estrenada en 2014, el trabajo necesario para mantenerla viva después de miles de funciones y la importancia de preservar la espontaneidad en cada representación. Una conversación sobre imaginación, curiosidad y las distintas formas de mirar aquello que creemos conocer.
KURIOS imagina una realidad alternativa en la que la ciencia y la tecnología han evolucionado de otra manera, con las máquinas de vapor como protagonistas. ¿Qué posibilidades creativas ofrece imaginar un futuro que en realidad parece venir del pasado?
Siempre tenemos mucho que aprender de la historia. Si lees a Shakespeare, su comprensión de la condición humana, con todas sus fragilidades y sus celos, es la misma que cuando escribía, y creo que por eso su obra sigue vigente. Las circunstancias que nos rodean pueden cambiar y evolucionar con la tecnología, pero la inspiración y la emoción permanecen constantes.
La imaginación y la curiosidad están en el centro del espectáculo. En un momento en que el público está acostumbrado a que la tecnología pueda mostrarle casi cualquier cosa, ¿qué significa para el Cirque du Soleil fomentar la imaginación y la curiosidad del público?
Creamos un universo al que invitamos al público a entrar para explorarse a sí mismo y explorar sus reacciones ante los intercambios entre los personajes y los artistas. Durante el espectáculo suceden muchísimas cosas al fondo del escenario, en el aire o entre el público, así que cada espectador tiene un enorme margen para interpretar lo que ve y la emoción que eso le despierta.
A lo largo de tu carrera has pasado de actuar en teatros, musicales, cabarés y music halls a dedicar las dos últimas décadas a trabajar entre bastidores como director artístico. ¿Qué aprendiste como intérprete que sigas aplicando hoy en tu trabajo como director?
Mi experiencia como intérprete es siempre mi referencia y la base de mi relación con cada artista con quien tengo el privilegio de trabajar. Creo que ayuda a establecer colaboración y confianza entre intérprete y director. Recuerdo con mucha claridad qué directores me permitieron dar lo mejor de mí en escena al crear un espacio de confianza y comunicación abiertas en el que la emoción puede ser sincera y auténtica. Cada momento en un escenario es un instante concreto que no volverá a repetirse, así que es vital estar vivo y vivirlo plenamente. Eso solo se consigue si el artista toma una decisión, y yo nunca le digo a nadie lo que tiene que hacer en escena. Lo hablamos, pero la decisión final corresponde al artista, para que se apropie emocionalmente de ese momento o de esa acción concreta.
Como director artístico de KURIOS, una parte importante de tu trabajo es respetar el concepto original y, al mismo tiempo, permitir que el espectáculo evolucione. ¿Cómo se preserva la identidad de una creación mientras se deja que el tiempo la transforme?
El arte es un reflejo de la vida, y nosotros crecemos, evolucionamos y nos desarrollamos constantemente. ¿Significa eso que nos convertimos en otra persona? Creo que nos volvemos más sabios y que también miramos la vida de otra manera por lo que hemos vivido, pero seguimos siendo la misma persona. El espectáculo recorre el mismo camino, y su evolución consiste en asegurarnos de que las emociones que queremos transmitir al público sean auténticas. La rutina es la enemiga de la creatividad y, como la narrativa de nuestros espectáculos es abierta, el espacio para crecer junto al concepto original permite que la imaginación siga cuestionando lo que hacemos y por qué lo hacemos.
KURIOS se creó en 2014 y ya ha ofrecido más de 3.500 funciones. Después de tantos años y representaciones, ¿qué puede seguir descubriendo un director artístico en un espectáculo que conoce de memoria?
No se trata tanto de las acciones como del mensaje. Es la emoción lo que inspira y estimula la imaginación de nuestro público. KURIOS es un festín para la vista, pero lo que invita al público a entrar en nuestro universo es lo que sucede en escena cuando los artistas interactúan entre sí. Las relaciones humanas nos resultan cercanas incluso en un entorno misteriosamente hermoso como el de KURIOS, y las emociones tienen que ser reales y sinceras; de lo contrario, la función no tendrá en el público el impacto que buscamos. El trabajo de un director artístico consiste en mantener vivo el espíritu del espectáculo y que siga teniendo el mismo impacto que el primer día de representación.
El espectáculo reúne a 50 artistas de 21 países, respaldados por un amplio equipo artístico, técnico y de producción. ¿Cómo se consigue que una operación humana de este tamaño conserve la espontaneidad y siga pareciendo que todo sucede por primera vez?
El espectáculo en vivo tiene que ser espontáneo, y en cada función sucede por primera y última vez. La implicación es el ingrediente esencial, y acoger todas las culturas y nacionalidades que somos es también una fuente de inspiración para todos nosotros. Construir relaciones con todos los equipos que colaboran y trabajan tan estrechamente enriquece nuestras vidas, tanto en lo personal como en lo profesional, y celebra lo que pueden ser la cooperación y la convivencia sin juicios ni prejuicios.
Como suele ocurrir en los espectáculos de Cirque du Soleil, las historias pueden tener distintos niveles de significado, algunos más cercanos a la mirada adulta y otros más accesibles para los niños. ¿Cómo se logra que esas perspectivas convivan, de modo que el público disfrute del espectáculo pero también salga con algo en que pensar, inspirado por la poesía del circo?
Invitamos al público a ver lo que quiera ver y a explorar su propia imaginación, que refleja cómo vive y lo que ocurre en su vida. Lo importante no es cómo interprete la historia, sino que salga con una emoción intensificada, con inspiración y con recuerdos nuevos que pueda llevarse consigo y que le inspiren en su vida.

En KURIOS, muchos objetos tienen una segunda vida: máquinas de escribir, gramófonos, turbinas, piezas metálicas y objetos encontrados en chatarrerías pasan a formar parte de la escenografía. ¿Te interesa más crear algo completamente nuevo o descubrir nuevas posibilidades en algo que ya existe?
¿Por qué limitarse a una cosa o a la otra? Siempre es interesante combinar cosas nuevas, pero algo que la gente ya ha vivido o visto antes en otro contexto puede ser una herramienta muy útil, porque ofrece al público familiaridad y una referencia. La idea de mirar objetos cotidianos que tienen una asociación, pero utilizados de una manera distinta y única, forma parte de lo que es KURIOS. Si miramos la vida con curiosidad, sea cual sea nuestra edad o nuestra experiencia, siempre será más interesante, porque abre posibilidades nuevas y emocionantes.
Uno de los aspectos más llamativos del espectáculo es que muchos de sus números extraordinarios parten de una idea muy sencilla (una bicicleta, unas sillas, un yo-yo o incluso las propias manos de los artistas) y la llevan a un lugar completamente inesperado. ¿Cómo reconoces una buena idea circense antes de convertirla en un número?
Es parecido a lo que he dicho antes: el objeto o la idea cotidianos solo siguen siendo cotidianos si nos empeñamos en verlos así. La posibilidad de ver algo distinto depende de nosotros y de nuestra imaginación. Como en la vida, nunca des nada por sentado ni asumas que lo que ves es simplemente lo que ves. Mira más allá y encontrarás nuevas posibilidades y nuevas ideas que inspiran una visión más lúcida.
Tu trabajo también abarca ámbitos mucho menos visibles para el público, como la carga de trabajo, la motivación y el bienestar de los artistas. ¿Hasta qué punto depende la calidad artística de un espectáculo de todo aquello que el público nunca ve?
Una gran actuación se construye cuando la energía, la complicidad y la sinergia se han juntado mucho antes de que los artistas salgan al escenario. Creamos una comunidad y nos convertimos en una familia que se apoya mutuamente en todas las dificultades y pruebas por las que pasamos en la vida. Como director, creo que una comunicación abierta que genere confianza con cada artista es lo que permite que todos encajemos en este entorno multicultural y multinacional en el que vivimos cada día. Vivimos muy cerca unos de otros, así que un ambiente de aceptación, sin juicios, ayuda a las personas a conectar con su creatividad.

El gabinete de curiosidades funciona, en cierto modo, como una invitación a cerrar los ojos y mirar el mundo desde otro ángulo, para imaginar lo que hay bajo la superficie. ¿Qué crees que necesitamos recuperar como público (y quizá también como sociedad) para volver a mirar el mundo con verdadera curiosidad?
Quizá esta perspectiva esté teñida por mi edad, pero siento que el arte de la conversación se ha visto afectado por el dominio del mundo digital. Conversar y intercambiar ideas despiertas una mayor curiosidad y nos anima a poner a prueba nuestras propias percepciones e ideas.
Llevas más de dos décadas trabajando con Cirque du Soleil en distintas producciones. ¿Cómo ha evolucionado en ese tiempo la manera de contar historias? ¿Qué era importante antes y ahora lo es menos, y qué ha cobrado más importancia hoy?
La interacción humana se ha vuelto más importante, porque es la parte de nuestras vidas que el mundo digital no puede recrear. La sobrecarga visual y sensorial de la tecnología moderna no nos lleva necesariamente a cuestionar lo que vemos; nos impresiona y nos conmueve la belleza de las imágenes, pero ¿somos mejores seres humanos por ello? El objetivo en la vida es ser lo más amable y respetuoso posible con los demás, para enriquecer tu propia vida y la de las personas con las que te relacionas.
Y para cerrar el gabinete: después de tantos años con KURIOS, ¿hay todavía alguna curiosidad del espectáculo que consiga sorprenderte?
Sí. Es un espectáculo en vivo y cada momento que sucede es único y no volverá a existir. Los artistas viven cada instante que están en escena y sus reacciones y acciones nunca dejan de sorprender. Si sus reacciones se convierten en rutina y no se basan en la verdad, habrán fracasado en su misión. Queremos que el público salga del espectáculo inspirado, conmovido y lleno de alegría. No hay suficiente alegría en el mundo, y tenemos la responsabilidad de que nuestro público crea en el lema del espectáculo: «Todo es posible».