Perra cimarrona, es para mí como un grito y era urgente encontrar las formas para liberar ese impulso vestido de teatro, de performance y de música.
El primer paso para la búsqueda de este trabajo, fue volver a mi origen, a mi ciudad natal en el corazón del Uruguay, cerca del río y del monte donde me crié. Allí empecé lo que fue mi primera residencia de una escritura escénica que iba dando pistas de la composición y de los elementos que pedía la pieza, jugando sin rumbo en el escenario.
Un pasaje fugaz y apertura de proceso en Durazno, luego en Cali, Colombia para llegar a Madrid, a trabajarlo en el barrio de donde me expulsó la gentrificación, y combinar el trabajo con quienes fueron los pilares de este proyecto que pretendía ser escrito, dirigido e interpretado por mí. Bibiana Cabral con su iluminación, su ojo permanente y Ricardo Mena Rosado, con agudeza en su escucha para la dirección de la actuación, miradas frescas que desafiaban mis puntos de vista, me sacaban del lugar de confort o confirmaban mis intuiciones. Todo parte de una noticia. Un artículo científico publicado en un periódico nacional en Uruguay, cuyo título “Indígena por parte de madre” devela el exterminio la población indígena autóctona a partir de invasión de 1492, pero también evidencia el lugar de las mujeres nativas como otro de los recursos ofrecidos por el “nuevo continente”.
La antropología biológica y la ancestría, demuestran que los encuentros sexuales que dejaban descendencia se daban en mayor proporción entre hombres europeos y mujeres nativas que entre hombres nativos y mujeres europeas. Esto se debe a varias razones, las primeras son que los barcos que llegaban a América traían poblaciones fundamentalmente masculinas y, por otro lado, que las mujeres nativas eran la mayoría de veces violadas y usadas como trofeos de guerra, para someter, imponer el miedo y demostrar superioridad frente a las poblaciones locales. Pero esto no termina acá, ya que este descubrimiento generado por mujeres científicas hoy, va en contra de otra narrativa totalmente diferente creada por el Estado, los medios y grupos hegemónicos, por una ciencia machista, que frente a estos datos nos obliga a reescribir nuestra historia.
¿Quiénes escriben la historia? ¿Qué roles ocupamos en ella? ¿Cuál es nuestro acceso a la información en un mudo donde las mujeres nos acercamos a la ciencia, la investigación, al estudio, al voto e incluso a la independencia hace un suspiro atrás en la historia?

Todo lo antepuesto era, sin duda, material de obra. Había que buscar en profundidad, recuperar el pasado para poder entendernos hoy. Había que recordar, agarrarse a la memoria y dar voz a esas que ya no estaban. Todo este movimiento personal, este hurgar en mi pasado, en mis abuelas, en mi origen, el preguntarme qué cuota hay en nosotras de esa ancestría manipulada y negada, coincide casualmente con mi habitar en Madrid. De pronto soy una mujer migrante latinoamericana privilegiada por un pasaporte italiano que me respalda, pero marginada y expulsada de mi casa por la gentrificación y por que el edificio entero en el que vivo ha sido comprado por un fondo de inversión. A diario discursos de odio, miedo hacia los migrantes, de pronto caserías a personas “Ilegales”, trabajadores explotados, en negro, corrupción, el capitalismo a flor de piel dejando su grieta.
Es ahí cuando nace desesperadamente el grito, cuando la realidad me pide ficción, cuando por fin la flecha que había sido lanzada junto con esa noticia leída en un diario, se articula con el presente y le devuelve sentido. Nace nuestra heroína, el personaje buscado, una vengadora ficcionaria, una mujer que viaja en el tiempo, que atraviesa la historia: La indómita, una salvaje que hace justicia por mano propia. Un caos completo de tragedia al borde de la comicidad absoluta, la absurdez, el dolor, la poesía, la belleza, ¿la esperanza?
Esta perra cimarrona (hace alusión a la raza de perros primitivos del Uruguay, símbolo de independencia y resistencia) se transforma en este juego en una migrante ilegal en España, trabajadora de reparto en bicicleta, que logra viajar a través de los tiempos y poner límite a siglos de explotación. Un grito de rebeldía, de dolor frente a tanta injusticia, frente a un punto de la historia que continúa imitándose a sí misma, a través de invasiones, colonización, abusos, falta de empatía y silencio.