Iciar Ventepan, Flavia Forni y Jaime Cano, son los integrantes de La Peatonal, una joven compañía fundada en 2023 pero que lleva ya un buen número de trabajos realizados.
Ahora, dentro de SURGE Madrid 2026, presentan su último proyecto, Baila, baila, pegamoide, una obra que parte de la siguiente premisa: ¿Qué puede el lenguaje del baile, del delirio, hacer contra el desánimo, la depresión, el terror?
Se trata de un texto de Sebastián Moreno, dirigido por Jaime Cano e interpretado por Sara Cristea, Alba Pineda, María Quero, Po Ruiz, Flavia Forni e Iciar Ventepan, que podrá verse en Cuarta Pared los días 9 y 10 de octubre.
En 2023 fundáis La Peatonal. ¿Cómo surge la relación entre vosotras y de dónde nacen las ganas de formar una compañía de teatro?
Iciar Ventepan: Cuando yo estaba en el taller juvenil de Réplika Teatro, vi actuar a Flavia en un montaje de Lorca de la Diplomatura en Arte Dramático y dije: “Soy su fan. Quiero trabajar con ella”. Cuatro años después, cuando Flavia había terminado la escuela, yo cursaba Segundo de la Diplomatura en Arte Dramático y también, el año anterior, había empezado a estudiar Comunicación Audiovisual en la Complutense, donde descubrí que teníamos una amiga en común. Esa amiga común nos acercó un poco y me atreví a decirle a Flavia que quería trabajar con ella. Flavia me comentó que había escrito un cortometraje titulado Tía, pues, y como por aquel entonces yo trabajaba en una productora audiovisual lo grabamos allí. Esa fue la primera vez que trabajamos juntas. Cuando terminé la Diplomatura, dije: “yo no quiero esperar a que me llamen, hay que hacer trabajos propios hasta que salgan oportunidades, para no depender de que te llamen o no. Así que júntate con alguien que admires”. Y pensé en Jaime y Flavia. A Jaime también le había visto en aquel montaje de Lorca y en algunos otros, y me encantaba su trabajo pero le veía menos accesible. Así que empezamos Flavia y yo fundando La Peatonal y al final acabamos abduciendo a Jaime como director de la misma junto con nosotras, después de que dirigiera dos montajes para la compañía.
Flavia Forni: La cosa primordial de donde nacían las ganas es que queríamos hacer nuestro propio trabajo. Además, el hecho de que una chica tan joven y decidida me llamase un día, sin tener todavía una relación de amistad como tal, para hacer una compañía juntas, me hizo pensar qué ese era el momento, y no me equivoqué. Ahora La Peatonal y ellos dos son mi familia y mi día a día y es de lo que más orgullosa estoy.
Iciar Ventepan: Casi sin conocernos podría haber salido fatal.
Flavia Forni: Podría haber salido muy mal.
¿Tener compañía propia es la mejor forma de moverse por el ecosistema de las Artes Escénicas?
Jaime Cano: No conozco otras formas para poder comparar. Yo sí que estoy muy contento de cómo nos estamos moviendo con La Peatonal y la trayectoria que tenemos. Empezamos en el off y progresivamente hemos ido consiguiendo más presupuestos, salas más grandes, festivales. Está siendo una labor muy artesanal de labrar nuestro propio camino y buscar nuestras oportunidades, que no sé si es la mejor forma pero a nosotros nos está funcionando.
¿Es la única manera de poder expresaros con vuestro propio lenguaje?
Jaime Cano: Al ser nuestra compañía tenemos el control de qué proyectos queremos hacer, cómo montarlo, con qué gente colaborar.
Flavia Forni: Es la única ventaja de la precariedad, la libertad de poder hablar de lo que quieras.
Iciar Ventepan: Creo que la unión hace la fuerza. Yo sola como actriz no sería capaz de hacer ni la mitad de cosas que hago al estar en compañía.

En vuestro manifiesto decís que ‘El teatro es joven y El teatro será el coraje de los jóvenes’. ¿Me podéis desarrollar estas dos premisas?
Flavia Forni: Creo que tiene que ver con lo que decía Iciar antes, yo sola no puedo hacerlo y el hecho de estar en unión con otras personas con las que compartes tu pasión, tu inseguridad… hace que puedas verlo posible.
Iciar Ventepan: La incertidumbre es muy alta en esta profesión y hay que ayudarnos entre nosotras.
Flavia Forni: Hacer piñita, y es a eso a lo que nos referimos con que será el coraje. El coraje nos lo damos entre nosotros gracias al teatro.
Iciar Ventepan: ¡Qué bonito! Os quiero.
Jaime Cano: En Baila, baila, pegamoide, el equipo artístico es jovencísimo, los más mayores creo que somos Kevin Dornan y yo con 32, 33 años.
Iciar Ventepan: Ver a jóvenes que se unen, que son capaces de sacar grandes proyectos adelante… Quizá no les ves en los grandes teatros, pero están ahí, currándoselo. Es algo maravilloso.
También decís que El teatro como comunidad es uno de vuestros objetivos. ¿Cómo se articula este principio en cada uno de vuestros trabajos?
Flavia Forni: Para nosotras, la idea en un futuro sería hacer una gran compañía y poder hacer audiciones abiertas, y todos formar parte de lo mismo. Pero por ahora digamos que buscamos la comunidad en La Peatonal a través de dos maneras: las producciones y los entrenamientos. Con cada producción intentamos aumentar las personas con las que trabajamos y procuramos repetir siempre que se puede.
Iciar Ventepan: Nos mola porque las personas nuevas con las que trabajamos suelen aportar siempre algo que les hace especial a ellas. Nos contagian en La Peatonal con aquella disciplina en la que son muy buenas.
Flavia Forni: Pero sobre todo con los ‘Peatrainings’ que son nuestra piedra basilar de esta comunidad. Entrenamientos teatrales donde encontrarnos, porque creemos que el actor y la actriz tienen que estar en constante entrenamiento, pero solas es impensable y debe ser con una comunidad que nos ampare. Por ese motivo, empezamos el año pasado con unos entrenamientos gratuitos y este año seguimos entrenando con unos precios muy accesibles. No queremos seguir contribuyendo a los gastos inaccesibles de talleres y entrenamientos de teatro, porque sabemos que la realidad de muchos compañeros y compañeras es igual de precaria que la nuestra.
¿Cómo veis la escena teatral madrileña? ¿Se trabaja en comunidad y hay lugar para la gente joven?
Jaime Cano: Hay una tendencia que hace cinco años atrás no estaba, y es la de generar más espacios para los jóvenes en los grandes teatros. El Centro Dramático Nacional hace uno o dos montajes por temporada con elencos menores de 30. La sala de los Balcones del Teatro Español, el ciclo de Teatro bajo la Arena en La Abadía… Pero es verdad que esto es solamente hablando desde el punto de vista de los y las intérpretes, yo me pregunto si el resto de disciplinas como escenografía, iluminación o vestuario tienen estas mismas oportunidades públicas. Y luego está la escena off madrileña, todas las compañías jóvenes que se forman montan lo suyo y bueno… es un lugar en el que hacer callo.
Iciar Ventepan: Yo creo que es difícil ser joven y artista, pero hay muchas iniciativas por parte de teatro públicos que nos ofrecer más oportunidades, como la apertura de la Sala de los Balcones, que menciona Jaime, por ejemplo. Y aunque todavía falta mucho por hacer, por otro lado, es muy positivo que entre compañías emergentes y pequeñas estemos intentando crear una buena base con nuestro trabajo autoproducido. Confío en que se vienen buenos tiempos, aunque somos muchos queriendo hacernos un huequito. También, en algunas convocatorias hay requerimientos que interfieren con el poder adquisitivo de los jóvenes artistas precarios, muchas veces es necesaria la disponibilidad completa durante varios días. Muchas de nosotras somos pluriempleadas y necesitamos pagar el alquiler. El tiempo es un privilegio. No son realistas desde ese punto de vista.
Flavia Forni: Yo creo que una de las cosas que mejoraría mucho el panorama para los jóvenes, intérpretes y del resto de disciplinas que se necesitan para sacar una obra adelante, sería que volviesen las compañías estatales estables. No me atrevería a decir de llegar a los niveles alemanes o polacos que cada teatro grande tiene una compañía estable y con contratos permanentes, pero por lo menos que los teatros nacionales tengan su propia compañía estable. Obviamente, La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico es un proyecto muy querido por los jóvenes intérpretes que hacemos teatro. Pero no es suficiente para la cantidad de demanda de trabajo que hay en España.
En estos tres años de trayectoria habéis llevado a cabo propuestas de todo tipo. ¿Qué tiene que tener un proyecto para que se estimule?
Jaime Cano: Para mí, es precisamente el cambiar de tipo de proyecto. No hemos hecho dos cosas iguales. Tenemos una voluntad de seguir explorando y un rigor muy grande en el trabajo. Por lo tanto encontrar cada vez proyectos diferentes que nos exijan cosas distintas nos gusta. Desde un periodo de laboratorio, un taller específico que nos prepare para los ensayos o como ahora para la preparación de Baila, baila, pegamoide que tuvimos meses de entrenamiento previo con la coreógrafa, María Quero, antes de empezar los ensayos. Cuando encontramos un nuevo proyecto es porque hay una pequeña intuición sobre algo que nos apetece hacer o contar y además es estimulante porque no lo hemos hecho antes.
Iciar Ventepan: Por ese motivo, cuando nos adentramos en ideas locas nos gusta siempre incorporar a alguien en el elenco que nos abra estos nuevos códigos. Hay un punto muy guay de compartir ese reto con alguien que nos va a enseñar algo, como ha ocurrido con María Quero, como dice Jaime, que es bailarina profesional, y ver que como actrices somos capaces de trabajar en muchos códigos y de empaparnos de estos profesionales es muy guay.

¿Cómo dais con este texto de Sebastián Moreno y que os llamó la atención para querer llevarlo a cabo?
Jaime Cano: Yo conozco a Sebastián y sus textos desde hace cuatro años. Buscando algún texto para representar encontré la Nana de la desaparición, un texto con el que fue premiado en el concurso de Dramaturgia Invasora. Lo monté como trabajo final del curso de dirección, y desde entonces he ido leyendo todas las cosas que ha escrito. También dirigí una lectura dramatizada de su texto De gigantes y guisantes en la Fundación SGAE, en 2025. Baila, baila, pegamoide, en concreto, me lo envió a propósito de que se lo iban a publicar en la Universidad de Almería y me pidió que le escribiera una introducción. En ese proceso tuve un flechazo con el texto y de ahí surgieron las ganas de llevarlo a escena. A mí me llamó la atención precisamente que era un texto para danza, cosa que no habíamos hecho. Y me gustó mucho el tema del contagio social, del baile, la protesta y todo un equipo de intérpretes-bailarinas mujeres.
¿Cómo ha sido el trabajo que habéis realizado sobre este texto para darle la forma que queríais? ¿Cómo ha sido el trabajo de dirección?
Jaime Cano: Lo primero fue intentar recopilar las referencias que me surgían al leer la obra, de los temas que se tratan y de los que me apetecía hablar, para intentar darles cabida en ese recorrido museístico. La obra se ha organizado en dos partes: una primera mitad que recorre todo ese contexto de referencias, que tienen que ver con el Covid-19, el VIH, la Movida Madrileña, Pina Bausch, la figura de Pepita Bernat…, y una segunda parte que se sumerge en la Edad Media y el brote de coreomanía de 1518 que inició Frau Troffea en Estrasburgo.
Flavia Forni: Este es el quinto proyecto que soy dirigida por Jaime y para mí es como casa. Lo que cambia para mí este proyecto es verle a él también en otra tesitura, compartiendo su visión con las coreografías y el movimiento escénico dirigidas por María Quero, verle ocupándose también de unir los departamentos de música y diseño de iluminación con Kevin Dornan y Pau Duvide dentro del entramado de la historia. Está siendo muy interesante verle dirigir todo en general y no solamente a nosotras como intérpretes/bailarinas.
Iciar Ventepan: Trabajar con Jaime siempre me sorprende, en el mejor de los sentidos. Es un grandísimo director y amigo, como actriz es muy divertido trabajar con él. Sales del ensayo con muchas ganas de volver al siguiente y seguir trabajando. Es divertido, agradecido, muy exigente, pero muy excitante. Y en el que caso concreto de esta pieza, le agradezco mucho la confianza en mí. El primer día que trabajamos texto me sorprendió una vez más, no podía parar de reírme con las cosas que me estaba proponiendo porque me parecen magnéticas y maravillosas.
¿Y cómo es la dramaturgia que habéis construido?
Jaime Cano: El texto original tiene unas acotaciones extensas, bellísimas, sugerencias para coreografías, y luego tiene tres escenas textuales como tal. Una es un podcast, que es la que contiene la mayoría de la información acerca de la coreomanía y el episodio de Frau Troffea, otra es un coro de campesinas medievales y la última es un monólogo de Frau. El primer trabajo de dramaturgia ha sido el de crear un marco narrativo en el que contar esta historia. Ya que el podcast, a mi parecer, no funcionaba para algo escénico, pensé en ubicarlo en un museo y convertir ese podcast en una guía. A partir de ahí, hemos ido creando el viaje de la obra, reordenando algunas partes del texto, incluso usándolas en diferentes momentos, dándole un sentido y un uso escénico a las acotaciones para ponerlas en habla y que no fueran algo reservado sólo para los lectores, ampliando el coro de campesinas con una compleja composición musical. Además, en un punto del proceso le pedí a Sebastián que escribiera un monólogo adicional para un personaje, Pepita Bernat, que en el texto original aparecía mencionado en los homenajes finales, y al que me interesaba darle más peso en la obra.
Cada una de las actrices tiene su propia formación, su manera única de expresarse con el cuerpo. ¿Cómo ha sido el trabajo coreográfico para integrar todas vuestras individualidades dentro de ese trabajo colectivo?
Jaime Cano: Esto es mérito absoluto de María Quero, que abrazó mucho la propuesta de que cada una de las intérpretes tuviera un bagaje diferente. Una de las premisas justamente tenía que ver con ese contraste entre lo individual y lo colectivo y cómo expresarse en cada uno de los dos polos. Es por ese motivo que también se trata de un elenco de seis bailarinas que no tienen la misma técnica y la misma perfección formal. María ha sabido encontrar una forma de trabajo para llevarnos a todos por la misma línea y que las partes más coreografiadas funcionen bien, aparte de las individualidades o las cosas en las que brilla más cada una. Por ejemplo, la propia María viene de la danza contemporánea, Sara Cristea de la danza española y del flamenco, y Po Ruiz con un trabajo corporal que gira alrededor de la danza Butoh, por citar los ejemplos más específicos. He intentado hacer brillar esas disciplinas individuales y también encontrar un trabajo coral fuerte.
El texto parte de un suceso histórico y documentado que ya habéis mencionado, la epidemia de baile de 1518 que surgió en Estrasburgo. Es algo sobre lo que se viene trabajando últimamente, por ejemplo, María Velasco lo trata también en Ese ruido es un animal. ¿Vosotras que creéis que lo provocó y qué conclusiones sacáis de ese éxtasis de baile colectivo que se puedan aplicar a nuestros días?
Jaime Cano: La teoría más aceptada es que está relacionada con un contexto muy difícil de hambre, enfermedad, pobreza, y se trata de una reacción colectiva a una situación desbordante. Hay otras teorías relacionadas con la ingesta de un hongo o que quizá se tratase de epilepsia. Al final todo conduce a una serie de situaciones sociales impactantes y que a partir del siglo XVIII, misteriosamente, dejó de ocurrir. Nosotros nos hemos inclinado por la visión de una situación social dramática que tiene el baile como respuesta.
Flavia Forni: Mismamente, durante la pandemia de Covid-19 fueron los momentos más álgidos de TikTok y otras plataformas en las que la gente hacía ‘trends’ de baile como método masivo de distracción. Fue una pequeña histeria colectiva que a algunos les ayudó a pasar momentos muy duros del confinamiento.
Iciar Ventepan: Me gusta mucho una frase de una canción de Jorge Drexler: estamos vivos porque estamos en movimiento. Y es que se ha bailado de toda la vida. Yo me inclino, como dice Sebastián, por que fuese una manera que tenía la sociedad de resistir y de buscar respuestas ante los sufrimientos de la vida cotidiana. Intencionado o no, a mí me parece que moverse siempre ha sido un acto revolucionario y de liberación, y más ahora. El baile es contagioso. Nos animo a bailar histéricamente, está muy bien. Y, por encima de todo, bailar sin buscar lo estético.
Jaime Cano: Antes era más habitual que la gente se juntara para cantar y bailar, hay algo de tradición en ello que se ha perdido y que ahora no es tan usual. Nosotros estamos más en contacto con esa sensación porque hacemos teatro. Hay algo muy potente que sucede cuando un grupo de gente se reúne a cantar, a moverse juntos, y ya no sucede tanto.
Como decís, bailar siempre ha sido una forma de expresión, de liberación, de identidad… Se han hecho virales vídeos comparando las discotecas de Ibiza en los 90’, con todo el mundo bailando, y ahora, todo el mundo con el móvil grabando sin bailar. ¿Los jóvenes seguís teniendo ganas de bailar?
Flavia Forni: Yo te diría desde mi punto de vista que sí. Los jóvenes queremos bailar, pero, por desgracia, está siendo demostrado que los jóvenes bailan mucho menos que en décadas pasadas. Ahora vas a una discoteca o al garito de turno y las cosas están un poco más estancadas. Muy probablemente por el protagonismo que tienen las redes sociales y la vida constantemente grabada a través de un móvil, ahora los jóvenes se sienten mucho más observados que antes y estamos todos muy pendientes de lo que hace el otro.
Iciar Ventepan: Nuestra forma de vida ha cambiado. Antes la gente quedaba para bailar y cantar porque era su manera de vivir el ocio y estar juntos. Hoy estamos en esta sociedad de la tecnología, cada vez somos más sedentarios e individualistas y existe una gran presión estética, es difícil moverse libremente. Ahora bailas para bailar ‘bien’, de manera armoniosa o siguiendo un ‘trend’, siempre teniendo en cuenta la mirada del otro. No hay esa libertad de únicamente bailar porque me lo quiero pasar bien.

¿Bailar puede salvarnos?, como decía Pina Bausch.
Iciar Ventepan: ¡Sí! A Pepita Bernat no le duelen las rodillas cuando baila y tiene 107 años.
Jaime Cano: Sí, yo creo que sí. Al hilo de todo lo que estamos hablando, el baile es liberación, sí, bailar es vida.
Flavia Forni: Sí, porque el cuerpo necesita expresarse de otras maneras que no tienen tanto que ver con la mente, con las palabras, sino a través del movimiento. Hay que moverse.
El título hace ya alusión a la movida madrileña de los 80. ¿De qué forma este movimiento cultural aparece reflejado en el texto?
Jaime Cano: El texto está salpicado de alguna palabra o referencias muy sugerentes, pero se centra en los episodios medievales. Entonces, es muy interesante que Sebastián simplemente lo sugiera, pero tampoco hay una escena en el texto que transcurra en los 80, por ejemplo. El primer impacto de esa sugerencia consiste en entender o interpretar otros momentos de la historia como respuestas colectivas a épocas de crisis, como puede ser la revolución cultural que supuso La Movida después de la dictadura franquista, o la cultura ‘ballroom’ neoyorquina en el contexto de negación y discriminación de las identidades queer. Nosotros hemos querido trasladar esa referencia principalmente a nivel estético, en el vestuario de Marta Moreno y el maquillaje de Uxía Santos, aunque también hay alguna referencia musical en las partes cantadas de la obra.
¿Y de qué forma esta obra es un homenaje a las mujeres?
Jaime Cano: Sebastián, al final del texto menciona a tres mujeres, Disco Sally, que a sus ochenta años iba a bailar al Studio 54; a Pepita Bernat, que con ciento siete años sigue bailando cada domingo en La Paloma; y luego a todas las mujeres inspiradoras que bailaron el hambre, el miedo y la soledad. Yo tomé estos ejemplos de resistencia femenina para llevar el montaje en esa dirección. Por otro lado, en el cuadro de Brueghel que retrata la coreomanía, todas las personas que aparecen bailando poseídas son mujeres. Había también algo de interés por resignificar lo que siempre se ha mal llamado ‘histeria femenina’. Y también de ahí surgió la voluntad de tener un elenco íntegramente femenino.
¿Cómo sentís la época actual? ¿Creéis que estamos en un cambio de paradigma como sociedad?
Flavia Forni: Claramente nos encontramos en un cambio de paradigma y nos encontramos en un momento de ebullición social, geopolítica y turbación de las herramientas que como sociedad tenemos en nuestro día a día, como la IA. Por no hablar del cambio climático. Todo lo que nos rodea está en pleno cambio. Digamos que nos están poniendo a prueba, ya sea con la escalada de la ultraderecha en Europa y el despotismo que se está viviendo en Estados Unidos, como las guerras, el genocidio en Gaza y no estamos superando esa prueba por ahora. Pero, por otro lado, yo percibo mucha agrupación, de gente joven y no tan joven, que sobre todo aquí en Madrid está uniéndose para seguir con unos ideales y valores que nos han caracterizado como sociedad. Yo creo que hay que tener un poco de esperanza, unirse y seguir luchando.
Iciar Ventepan: El mundo está muy loco. Hay mucho odio y maldad a nuestro alrededor, pero todavía tengo esperanza en que obviamente hay mucho amor y existen ganas de cambiar las cosas. Antes salíamos a la calle para luchar contra las injusticias, a gritar, a bailar o a lo que fuera. No quedaba otra. Hay que seguir luchando, no hay que desistir.
¿Seguimos teniendo la capacidad de incendiarnos y movilizarnos de manera efectiva?
Jaime Cano: Esta es una de las preguntas que yo me hacía y está en la génesis de por qué hacemos esta obra. Hay una cosa que me llama mucho la atención de cómo las autoridades gestionaban en la Edad Media los brotes de coreomanía: mandaban llevar músicos a los ‘contagiados’ para que siguieran bailando, a veces hasta morir extenuados. Y creo que es una estrategia parecida a la que tienen a día de hoy nuestros políticos para manejar los levantamientos y protestas. Dejar que la cosa se extinga por agotamiento. Huelgas interminables de médicos, en las que por cierto a veces se establecen unos servicios mínimos del 110%, la huelga de bomberos de la Comunidad de Madrid, la de los trabajadores de Airbus, y otras tantas. Llega un punto en el que hay gente que no puede continuar de huelga porque tiene que trabajar, tiene que cobrar. El sistema estrangula tanto las condiciones individuales que el sacrificio común es cada vez más inasumible. Yo creo que esto limita nuestra capacidad de incendiarnos. Tenemos mucha capacidad de movilización para ayudar a los demás, como pudimos ver tras la Dana de Valencia, por ejemplo, pero incendiarse para cambiar las cosas es más complicado.

¿Qué capacidad tiene el arte para provocarnos, para unirnos?
Jaime Cano: Muy buena pregunta. A mí me parece muy difícil hacer arte para provocar a los no convencidos. Muchas veces el arte más reivindicativo o políticamente incómodo tiene como público aquellos que ya están convencidos de lo que van a ver. Cuando vas a ver una obra de teatro feminista es porque conoces la programación y estás sensibilizado con el tema. Es mucho más complicado que el arte sea capaz de llegar a los no convencidos. Como decía Brecht que el teatro tiene que ser un martillo que le dé forma a la realidad. Y por otro lado, hay mucho arte o pretensión de arte que en realidad es consumo y entretenimiento, y eso no tiene ningún interés de cambiar nada.
Iciar Ventepan: El arte siempre nos ha conmovido. Es muy difícil, como dice Jaime, llegar a tantas personas como nos gustaría. Pero el arte existe por algo, lo necesitamos. Muchas veces nos ha salvado, como durante la pandemia del Covid-19, junto a todos los sanitarios, por supuesto, el sector artístico estuvo sacando adelante a una población que no sabía lo que iba a ocurrir en medio de una crisis sanitaria mundial, arrojando un poquito de luz en una época tan oscura que vivimos. En menor escala, a los que estamos ahí al pie del cañón todos los días intentando sacar nuestras propuestas artísticas, sí nos une. Nos unimos intentando sacar proyectos, intentando vivir del arte e intentando que se nos tome en serio.
Flavia Forni: Estoy totalmente de acuerdo. Creo que a veces es un poco desesperanzador, cuando lo piensas en grande, porque el panorama es desolador y es como luchar contra titanes. Pero en cuanto prestas atención a toda la gente a la que llegas con tu mensaje artístico y las posibles conversaciones o pensamientos que surgen después de que la gente vaya al teatro nace un poquito de esperanza. Cada día los teatros están más llenos y eso siempre será una victoria.
¿Haría falta un gran episodio de coreomanía global para cambiar las cosas?
Jaime Cano: Al final la coreomanía no cambiaba la situación que la había provocado, era una manera de liberarse y de reaccionar irracionalmente pero no arreglaba la peste o el hambre. Quizá si el brote de coreomanía afectara a la minoría poderosa que maneja el mundo y se fueran a bailar a otra parte…
Iciar Ventepan: Pues a mí me encantaría, no sé si solucionaría algo, pero me encantaría, porque bailar es algo que no hace daño a nadie. Y estaríamos todos, por una vez, haciendo lo mismo, unidos.
A modo de conclusión, ¿Cuál es el mensaje que queréis transmitir con Baila, baila, Pegamoide?
Jaime Cano: Yo diría dos cosas. Una es una frase de Pina Bausch, que hemos cambiado ligeramente, que dice el personaje de Iciar: “Bailad, bailad, recordad, recordad, de lo contrario estaremos perdidos”. Quería añadir ese recordad, porque creo que hay que moverse juntos y moverse con memoria, para reconocer esas rimas que tiene la historia, como ese auge ultraderechista que estamos viviendo actualmente. También me gustaría lanzarle al público la pregunta “¿Y tú, bailarías?”. Si nos pasara algo de todo lo que recorre la obra, ¿nosotros también bailaríamos? ¿Qué tendría que pasar para hacernos bailar a todos locamente?
Flavia Forni: Para mí, lo que prevalece siempre es la unión y el acompañamiento, ya sea Frau Troffea con su coro de campesinas y contagiadas, como las voces cantantes y revolucionarias de los ochenta con sus fans, como el hecho de que seamos seis intérpretes/bailarinas encima del escenario y acompañadas por el público que nos sostiene. El mensaje es que sea lo que sea no lo hagas sola.
Iciar Ventepan: Bailad, bailad, bailad, bailad, bailad. Conclusión: ¡bailad!