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Sobre la construcción social de los roles de género

  • octubre 13, 2026
Por Sergio Díaz

"El mito de Don Juan tiene mucho que ver con la actualidad"

Paz Buelta Serrano es la directora de Don Juan desenmascarado, una obra con dramaturgia de Alberto García Sánchez (versión libre a partir de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla), e interpretada por Germán Gundín, Patricia Torres y Sergio de Medina.

La Compañía A la Deriva revisita el mito de Don Juan porque les proporciona todos los elementos para reflexionar sobre cuestiones de actualidad y mirar con distancia crítica la construcción social de los roles de género y su expresión.

Podrá verse en Nave 73 los días 29, 30 y 31 de octubre, y 1 de noviembre.

 

 

Foto de portada: Imagen de Don Juan Desenmascarado.

¿Cómo surge Compañía A la Deriva y quiénes formáis parte de ella?

La historia es muy bonita, pero larga. Resumiendo, la Compañía A la Deriva surge de la unión de dos actores (Sergio de Medina y Germán Gundín) que estudiaron en la misma escuela y se hicieron amigos, y una tercera integrante, yo, que ya era también amiga, pero de otra escuela distinta. Ellos estudiaron, aparte de muchas otras cosas, las pedagogías de Decroux, Marceau y Lecoq bajo la dirección de José Piris, y yo me especialicé en Lecoq, dirección y dramaturgia. Pero lo que nos unió sobre todo, teatralmente, era el teatro físico. Y a partir de hacernos amigos empezamos a hacer cosas juntos. Y fue muy divertido y muy bonito, y así empezamos a hacer mini espectáculos, monólogos de cada uno de ellos, dirigidos por mí, después una obra más larga, que se quedó un poco por el camino y, ahora sí, esta obra que ya está completa y que estrenamos ahora, Don Juan Desenmascarado.

 

¿Tener compañía propia es la mejor forma de moverse y trabajar en las Artes Escénicas ahora mismo?

Trabajar en las artes técnicas es complicado teniendo compañía propia o trabajando independientemente con unos y con otros. Siempre tiene sus complicaciones. La diferencia es que con la compañía puedes tomar tus propias decisiones y hacer cosas que te interesen más. También tienes que arriesgarte más o decir las cosas desagradables cuando están pasando. Como todo, tiene sus pros y sus contras. Pero también tienes el gusto de proponer tus sueños, lo que imaginas, y a veces hasta los puedes llevar a cabo.

 

¿Qué tipo de teatro os interesa llevar a cabo?

El teatro que nos interesa llevar a cabo es claramente una mezcla. En ese mix meteríamos una base de teatro físico, unos kilillos de teatro posdramático, otro par de kilos de referencias a los clásicos, unos buenos chorros de impro, bastantes cucharadas de creación colectiva y un gran gran aderezo de humor, sin dejarnos por ahí el ingrediente secreto: que no falte mensaje que interesa en este momento y verdad. Que interese a la sociedad y a nosotros, claro.

 

Paz Buelta Serrano

¿Cómo ves la escena teatral independiente madrileña?

La respuesta corta es que un vergel creativo y además un ‘showcase’ permanente. Hay cientos de propuestas, muchas de ellas muy interesantes, es fascinante el número de creaciones anuales y la cartelera de la ciudad da vértigo. Al mismo tiempo, pocas propuestas culturales consiguen desarrollarse en las condiciones adecuadas, ya no hablemos de las óptimas, y tener un recorrido sostenible y no deficitario dentro del circuito de la ciudad. Esto es por lo que señalamos que se parece más a un escaparate permanente.

Las diferentes ramas de las industrias culturales no sólo necesitan un terreno fértil donde surgir, además requieren de un cuidado para que cada producto, cada obra artística, no se convierta en flor de un día. Las condiciones sectoriales en la ciudad de Madrid, para el circuito de salas y teatros, tiene bastante horizonte de mejora tanto para sus trabajadoras como para sus creaciones.

Por otra parte, se puede ver que en el mejor de los casos el esfuerzo psico-emocional y económico acaba recayendo sobre el equipo de producción, que en las compañías pequeñas suelen ser los socios e incluso todos los componentes de la trouppe. Y eso hace que sea posible que estemos viviendo un momento de florecer creativo y decaer sectorial en ese sentido.

 

¿Cómo surge la idea de llevar a escena el Mito de Don Juan? ¿Cuál es el propósito de volver a revisitar este personaje?

Pues la idea surge, justamente, de tener compañía propia y de decir, por una parte: no nos vamos a autoexplotar más y hasta que no consigamos dinero no montamos lo siguiente; pero por otra también, vamos a hacer la carta a los reyes magos y, ya que vamos a pedir, pidamos algo que nos apetezca. Y entonces a uno de nosotros se le ocurrió la idea peregrina de juntar una cosa que le gustara a cada una. Así, a uno la Commedia dell’Arte, otro el don Juan Tenorio, a otro el vender bolos… y con eso empezó a surgir esta idea.

Después nos paramos a pensar justamente esto, ¿pero por qué esto?, ¿por qué Don Juan, otra vez Don Juan?, ¿qué queremos contar con él?, ¿qué cosas se pueden decir que no sea otra vez repetir lo de siempre? Y consideramos que el mito de Don Juan tiene mucho que ver con la actualidad, con la repetición de esa actitud donjuanesca en la sociedad en general, a nivel macro y micro. Tanto las políticas de muchos o lo que hay detrás de las maneras de mantener ciertos puestos, por ejemplo institucionales con el mítico “no voy a dimitir”. O a nivel micro, en el que a diario observamos actitudes donjuanescas a nuestro alrededor o que incluso muchas veces nosotros, nosotras mismas repetimos y que querríamos extirpar o al menos reconvertir en otra cosa.

Así es que el propósito sería la intención de reflexionar, sin querer tampoco ser grandes revolucionarios feministas del siglo veintiuno, sino tratar de ver un poco qué es lo que hemos hecho a lo largo de las épocas. Digo esto porque juntamos el siglo XVI con la Commedia dell’Arte, el siglo XIX con la versión de Zorrilla del mito de Don Juan, y el siglo XXI con nuestra visión actual. Por tanto, hay un pequeño recorrido por nuestra historia desde el momento en el que más o menos se supone que, literariamente al menos, nace el mito de Don Juan hasta la actualidad. Aunque claramente esa actitud es muy anterior al XVI, pero ahí es cuando se cristaliza en un personaje.

 

¿Cómo estáis desarrollando el texto, que mezcla el verso clásico con referencias contemporáneas?

Es un trabajo de creación muy coral. Como te decía antes, es una visita al Don Juan desde tres épocas distintas. Así mezclamos el verso de don Juan Tenorio con texto contemporáneo, pero también con la Commedia dell’Arte con sus personajes de tipos fijos, los lazzi, los juegos cómicos típicos de ese estilo, que se han construido para representar ciertas partes del Tenorio o partes que hemos añadido nosotras y hemos inventado y aportado a la creación. Se mezcla constantemente verso con prosa, se respeta el verso del Tenorio, pero se recortan muchas partes, es decir, se respeta pero sin miedo a eliminar lo que no nos cabía o no nos hacía falta y se le da un cambio a ciertas actitudes, acciones o vacíos que queríamos llenar, pero sin tocar el texto del siglo XIX.

Respecto a la coralidad, somos una compañía que cree bastante en la creación colectiva, así que todas creamos, opinamos, aportamos ideas nuevas, cambiamos otras,… Todos los ensayos han tenido su parte de creación, en ellos siempre está presente el dramaturgo que propone desde el texto, pero también recoge las propuestas útiles que salen de la propia escena, desde la interpretación o la dirección y las incluye en el libreto. Después se prueban y se va decidiendo qué se queda, qué se pierde y qué necesita una vuelta para volver a ser probado y así quedarse o descartarse. Yo estoy muy contenta de cómo todas las partes se han compenetrado perfectamente, hemos hecho muy buen equipo.

 

¿Y cómo es la propuesta escénica que habéis preparado?

Lo primero que ve el público, lo más básico, es un tablado similar a los de los comediantes que van de pueblo en pueblo y con lo que tienen, hacen lo que pueden. Pero en un siglo XXI que tiene mucho que ver con nuestra escena independiente madrileña, o de cualquier otra zona: con lo que tienes y lo que puedes, tratar de hacer algo que te pueda dar de comer y que te interese.

Aquí lo que se plantea es que intentan comer de algo que no les interesa demasiado y, a partir de un acontecimiento que no se esperan, de la falta del actor que es cabeza de cartel, acaban haciendo lo que de verdad les interesa. Así estaríamos mezclando todo el rato a esos actores contemporáneos, que se ponen medias máscaras para hacer diferentes lazzi, o para representar el Don Juan Tenorio, con esos personajes tipo de la Commedia dell’Arte que a su vez representan a los personajes principales también del Don Juan Tenorio que a veces, en muchas ocasiones, declaman el texto del Tenorio y se va desarrollando la función así. Pero estos actores del XXI empiezan a darse cuenta de lo que quieren decir y empiezan a añadir, como si fueran casi notas al pie, algunas escenas o invenciones sobre qué pasó con algunos personajes en algunos momentos, de qué les pasó después de que don Juan pasará por allí y les dejara a todos hechos polvo. Por ejemplo, qué le pasa a Doña Inés en toda la parte que no conocemos, esos cinco años que no vemos y de los que no se habla. Cómo fueron, si realmente es una abnegada y por amor lo deja todo, incluso sacrifica su alma, o si es otra cosa lo que la lleva a hacer todo esto. Y todo ello se plantea escénicamente. Por supuesto, hay un dramaturgo que ha escrito los textos contemporáneos, que algunos vienen de la contemporaneidad pura y otros aportan, por ejemplo, la visión de Doña Ana después del engaño de Don Juan o los grandes porqués de Doña Inés.

 

Una de esas partes en la que los actores contemporáneos empiezan a decir lo que quieren decir lo encontramos en una parte del texto llamada Compañía 3. Memoria Amarga 2.

La idea de las Memorias Amargas es ese momento en el que la compañía empieza a decir lo que realmente quiere decir y no está obligada a decir el texto del don Juan porque ese actor famoso importante, que es el que quería hacerla, no ha venido. Entonces pueden liberarse, decir un poco lo que ellos quieren, que empiezan a inventarse, a improvisar cómo sería la visión, la versión de todos esos personajes que han aparecido indirectamente, que han sido nombrados y de los que se ha dicho que don Juan se ha batido en duelo con ellos, que les ha robado o que les ha violado o que les ha forzado o que las ha enamorado para luego abandonarlas, y qué pensarían realmente.

Hay tres diferentes visiones: las de esos personajes aludidos de los que se hace referencia en la obra, las que habrían tenido los personajes que aparecen en la obra y una visión más contemporánea de algunas memorias amargas actuales. Estas son similares a las que podría haber hecho un Don Juan en ese siglo, pero en este momento, las que están pasando ahora, tropelías que parten de actitudes donjuanescas como ‘La manada’, como los asesinatos homófobos o por desigualdades políticas que se dan en manifestaciones, en las calles o como la actual vigencia del mundo de las apuestas en el deporte, o incluso la gestación subrogada.

 

¿Quién es y qué representa el personaje de Renato Ninojudo en vuestra propuesta?

Renato Ninojudo es el actor estrella cabeza de cartel que tiene muchos seguidores en redes sociales, que tiene tirón, y que decide montar esta obra porque considera que gracias a él van a hacer mucha pasta, pero resulta que luego no aparece. No viene ese día a la función porque tenía otra cosa y porque su gran ego le impide ver el problema que hay en que no vaya a la función, lo que le complica a la vida a sus compañeros de profesión, pero simplemente no va. Y este personaje va a ser un poco la representación de todas estas estas figuras actuales, importantes, en el mundo influencer, en el mundo youtuber, que hacen que sus millones de seguidores hagan cosas a las que ellos les incitan, les proponen, incluso mueven a otros youtubers, y les hacen pegarse en un ring aunque sean influencers de moda, que no tengan absolutamente nada que ver con el boxeo ni con la lucha, pero sirven para generar ventas, más dinero, más y más consumismo. Y el mismo Renato Ninojudo, que por cierto si se revisa son las letras de don Juan Tenorio reordenadas (risas), va a aparecer en la obra sin aparecer, hablando de todo esto, mostrando la que podría ser la visión de uno de esos grandes creadores de contenido.

 

¿Quién es para ti Don Juan Tenorio?

Para mí, la clave está justamente en Tenorio, en el Don Juan de Zorrilla. Lo más interesante de este personaje es que el mito se transforma al final. Es diferente a las otras versiones del mito porque es igual de vil, infame y asqueroso, pero la diferencia es que Zorrilla y el Romanticismo le convierten y le transforman, gracias al amor.

Al principio es a través del enamoramiento de oídas, después a través de los ojos y, sobre todo, por la bondad de Inés, por la inocencia de un personaje que contrasta tanto con él, con su manera de ser, pero que ve como posible su existencia. Y sí, por supuesto, hay una parte de catolicismo español en el que Dios le da esa oportunidad y puede cambiar, pero es realmente Doña Inés la que le salva, quien se sacrifica, nada menos que sacrifica su alma por él, a cambio de que él se transforme. Y eso es lo que genera cambio, el que él se había enamorado y el que Doña Inés le ofrece esa posibilidad de nuevo y cómo es ella a la que escucha y cambia, se arrepiente.

Esto es lo verdaderamente interesante de este personaje y por eso queríamos cogerle, no solo por revisitar el mito, sino porque el mito aquí ya ha cambiado y está representando, personificando una posibilidad que se nos presenta también a nosotros ahora mismo como sociedad. Al hombre, como representación de ese patriarcado, se le ha permitido cometer muchísimas tropelías y, por tanto, debería ser condenado e ir al infierno. Pero lo que planteamos también es que hay posibilidades de cambio, hay una manera de revocar todo aquello para que el futuro sea mejor y eso es lo que habría que buscar: cómo reformar y reparar todo lo erróneo que se ha hecho a lo largo de la historia. Y toda la estructura que se le ha impuesto al hombre, como él también puede cambiarlo. Porque se lo dice doña Inés o porque se lo dice el amor, porque alguien le da una oportunidad de cambio.

 

¿Cómo recuerdas esa primera vez que lees el libro de Zorrilla y cómo ha ido evolucionando la percepción que tenéis del personaje?

La primera vez que leí este texto, lo hice siendo una adolescente y, por supuesto, una adolescente de los años noventa, que no es la misma que la de ahora. Es un contexto diferente. Pero a mí personalmente me encantó. Me gustó mucho ese personaje valiente, inteligente, que consigue lo que se propone, que se atreve, que lo lleva a cabo y que le sale bien porque sabe hacerlo. Sí, que hace algunas ‘cosillas’, bastantes, pero que por amor puede transformarlas y se convierte en algo mejor, algo bueno.

Luego, las siguientes veces que la he visto en escena o las revisiones, las relecturas con los años y con el cambio también social, pues ya fui viendo todas estas contradicciones, todos estos errores, todas estas faltas gravísimas, todas estas atrocidades asquerosas que aparecen en la obra y que se nombran por encima, se dejan pasar o se cuentan como una bravuconería graciosa, interesante. Y entonces empiezas a darte cuenta de todo lo que no está bien de ese Don Juan, de la manera en la que hemos blanqueado esos actos en muchos casos y… ¿por qué representar constantemente una obra así el día de Todos los Santos? ¿Sólo porque aparecen muertos? Hay más obras en las que aparecen muertos que podríamos retomar.

La última vez en la que reflexionamos sobre esta obra es cuando se nos ocurre proponer la idea de Don Juan Desenmascarado y, de pronto, nos paramos a pensar y decimos: Pero, ¿Por qué? ¿Qué es lo que vemos aquí? ¿Qué cosas no nos gustan? ¿Qué cosas más chirrían? ¿Qué cosas nos desagradan sobremanera? ¿Cómo podríamos tratarlas? Por ejemplo, todo lo que le pasa a Doña Ana, que se nombra pero no se dice qué le pasa a ella, qué pasa después de que ese Don Juan se cuele en su ventana, la engañe y como, dice don Luis, la deja «imposible para él» y para Don Juan también. Y para todos, obviamente. Entonces a ese personaje, ¿qué le va a pasar? Estas preguntas son un poco lo que nos llevó a hacer esta obra.

 

 

Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía se han apostado para ver quién es más chungo y más zafio de los dos. Algo que debería parecernos horrible, a las personas racionales, es lo que ahora abunda. ¿Por qué esos perfiles son los que triunfan ahora?

Esta pregunta que planteas es muy compleja y sinceramente yo no sé la respuesta. Seguro que podríamos dar diferentes respuestas: más políticas, más culturales, incluso conspiranoicas. Habrá visiones de todos los tipos, pero lo que puedo decir es que yo no creo que sean los que triunfan ahora, no son los perfiles que triunfan, los únicos. Hay más perfiles que triunfan. En este proceso también buscamos algunos ‘donJuanes bien’, y ahí tendríamos, por ejemplo, al super famoso Ryan Gosling, con toda su defensa de la mujer, de la humanidad, de la bondad,… a través de las películas que hace, los personajes que elige. Lo que sí que es verdad es que triunfan. Eso sí. Y de eso también hablamos en la obra, es una de las cosas de las que queríamos hablar, aportar nuestro granito y no dejarnos sin comentar.

Por ejemplo, y desde luego, las veladas de boxeo organizadas por el youtuber Ibai Llanos ahí están y tienen muchísimos seguidores. Toda la adolescencia se las sabe de memoria, y la no adolescencia, y va muchísima gente a verla. Y, si no, se conectan online. No deja de ser una apuesta a ver a quién se pelea más y mejor, como Don Juan y Don Luis. Y ¿para qué? También desde los personajes del siglo XXI se habla justamente de esto. ¿Por qué? No lo sabemos. ¿Es lo que demanda la población o es lo que más se les oferta? Eterna cuestión. No lo sabemos. Pero desde luego pasar, pasa, y atrae a gente, eso es verdad. Mirarlo de cerca y pensarlo es parte de nuestra propuesta.

 

En vuestra obra sacáis a relucir muchas cosas chuscas que nos definen. ¿Cuál es la idea de esas referencias sobre ‘los españoles muy españoles y mucho españoles’?

Donjuanes y donluises los hay en todas partes, no son sólo españoles, ni sólo sevillanos… Esas referencias de la propia obra, para nosotros tiene más que ver con el momento patriótico del Romanticismo del XIX en el que se quería resaltar España, y la península en concreto, pero nosotros le hemos quitado bastante esas referencias porque no queremos tratarlo como una cosa que sea exclusiva y típicamente nuestra, sino como algo del humano.

 

No se puede creer en el carácter único de todo un país, pero que España sea el país de la picaresca, los Don Juanes… ¿Es algo que solo a mí me parece deleznable o deberíamos estar orgullosos de esas características que se nos atribuyen históricamente?

Pues mira no, no eres el único al que le parece deleznable, por supuesto. Pero, de nuevo, creo que no es una cuestión solo de España. Es verdad que se ha mantenido en el tiempo esta idea, históricamente, de la picaresca española y todos estos temas, pero eso es algo humano. Está en los humanos y lo podemos ver en otras nacionalidades. Que se resalte en la nuestra pues sí, forma parte de nuestra propia visión de nosotros mismos, esa especie de carga que nos persigue desde la caída del Imperio y que no nos acabamos de quitar de encima, aunque creo que actualmente ya sí se va perdiendo más. La juventud ya hace menos referencia a esas cosas porque los tiempos van cambiando. Pero no, no es algo de lo que estar orgullosos. Sin embargo, sí que es algo, como todo, a lo que se le puede buscar la parte buena y que tenga su parte, a lo mejor, interesante.

 

¿La culpa es de los medios de comunicación o a la gente le va el morbo, lo bizarro y lo grotesco sin necesidad de que se lo amplifiquen?

Es un poco difícil tener una respuesta verdadera y clara. Yo creo que un poco de los dos. La culpa es de los medios que lo promocionan, lo repiten, se ceban en ello, y en muchos casos le dan mil vueltas. Y a la gente también le va el morbo, lo grotesco. No a todo el mundo obviamente pero hay un porcentaje de la población a la que le gusta ese tipo de cosas. Si te lo meten todo el rato por los ojos, y además hay una parte de la naturaleza humana que también es así, pues es un poco la pescadilla que se muerde la cola. Nos retroalimentamos y lo multiplicamos por mil.

 

En la obra hablan de la culpa muchos de los personajes. Don Juan y Don Luis son los verdaderos responsables de todo, ¿pero qué papel juegan en la obra y en la sociedad todxs esxs colaboradorxs necesarios que se venden, que se callan, que incitan?

Claro. Don Juan y Don Luis no son los únicos responsables. Y justamente de eso es de lo que hablamos. Como decíamos antes en las memorias amargas, pero en conjunto, con esta obra ciertas cosas sólo pueden existir si tienen un sustento amplio así que sí, de alguna manera todos colaboramos en esto. O hemos colaborado en momentos. Y apoyamos esas malas acciones con a veces con la con otras acciones y otras veces con la no acción también o con el silencio. Sí. Y esto lo van a llevar a la escena tanto los personajes aludidos como los personajes de la propia obra que lo van a reflexionar en un momento a algunos. Incluso nos vamos a inventar algún que otro personaje del que no se habla nunca porque las mujeres casi no aparecen en esta obra. Sí aparecen los padres, pero no aparecen las madres ¿No? Reflexiones de todos ellos que puedan provocar preguntas también en el espectador y quizás respuestas. ¿Quién sabe?

 

Que Don Juan Tenorio sea considerado el drama romántico por excelencia… ¿qué dice de nosotros y de cómo entendemos el amor?

Bueno, es que es considerada el drama romántico por excelencia porque literalmente es una de las obras más representativas del romanticismo. Porque cumple con prácticamente todas las características esenciales de esa época, de esa literatura y del momento en el que se escribían ese tipo de cosas. No se refiere al romántico como la idea actual de lo que es romántico de unas velitas y unas flores y el amor, sino a la visión de finales del diecinueve en España y en Europa, donde ocurre antes que aquí, de las características del romanticismo literario.

 

¿Dice eso de nosotros que entendamos así el amor?

Pues hombre, hay algo que sí, por esta aceptación que también pasa la adolescencia actual cuando leen la obra: “el amor te cambia, yo puedo cambiarte, no importa que seas malo, porque yo te voy a arreglar, y entonces me vas a querer muchísimo, y te vas a portar muy bien”. Y esto desde mi punto de vista es una visión idealizada de la realidad no imposible pero sí muy improbable y además no muy sana pero otra vez, no es una cuestión española. Es una cuestión de cómo se ha desarrollado la sociedad humana hasta la actualidad y lo seguimos viendo en las películas que nos llegan, en las comedias románticas estadounidenses, o en las series francesas. Está muy presente todavía, aunque ya se está por fin revisitando. Ir buscando nuevas formas y viendo que esa no tiene porque ser la más extendida ni la más sana. Pero en la cultura occidental sí que está cambiando eso ahora. Y otra vez nuestra puesta en escena intentaría hablar de ello, de que debemos cambiarlo.

 

Y que Doña Inés se adapte a todos los cánones, tanto físicos como espirituales, y represente la inocencia y la virtud cristianas, ¿qué dice de cómo vemos y queremos que sean las mujeres todavía hoy?

A ver, el personaje de Doña Inés está muy poco desarrollado. Es una obra en la que prácticamente no aparece, prácticamente no sabemos nada de ella, de lo que le pasa en esos cinco años, de lo que le pasó antes, de qué le hubiera gustado a ella que pasara. Es un personaje muy plano. Y sí, representa tal cual la inocencia y la virtud cristianas, porque es lo que necesitaba la obra para funcionar. Y como una costumbre muy habitual de la época los personajes femeninos no eran muy redondos. No solían evolucionar, no estaban muy desarrollados. Eso es un grave error que se ha cometido durante muchos siglos. No todos los autores lo han cometido, porque Shakespeare, por ejemplo, sí que escribe mujeres mucho más tridimensionales. Pero ha pasado y sigue pasando en muchas ocasiones. Y esto es parte de la lucha actual también. Eso no puede ser. Los personajes femeninos también importan, también dicen algo. También evolucionan, también tienen sus claros y sus oscuros, y también hay que reflejarlos. Está por supuesto hablando de como se quería, desde un punto de vista concreto, y como se estaba acostumbrado, a que las mujeres debían ser. Si no nos pusiéramos a darle una vuelta y apretar todo esto habría una gran parte que todavía seguirían manteniéndose así.

Pero esto es algo que en la obra también intentamos hacer. Desarrollar un poco más a Doña Inés. ¿Cómo era Doña Inés de pequeña? Su padre y el padre de Don Juan apalabran la boda ¿Qué quiere realmente Doña Inés cuando aparece Don Juan? ¿Se enamora de verdad Doña Inés o es un punto de partida para poder vivir su vida, un método de escape? ¿Qué le pasa durante esos cinco años? ¿Por qué narices se juega toda su vida eterna por una persona de la que quizás le han hablado fugazmente, y que ha conocido durante unas horas? Y que luego nada menos que ha matado a su padre delante de ella, a otro amigo y ha huido y la ha dejado allí ¿tan tonto se puede ser? ¿O hay algo más? ¿O hay algo detrás de todo eso? Y ese tipo de preguntas nos las hemos planteado y nos hemos inventado nuestra propia respuesta y la planteamos en la obra. Y ahí la dejamos para quien le pueda interesar.

 

¿Por qué a los hombres nos cuesta tanto ver a las mujeres como iguales, como personas que sienten, como sujetos y protagonistas de su propia vida? ¿Por qué queremos que sean solo objeto, mercancía y que permanezcan calladas, vírgenes y en un segundo plano?

Decir que a los hombres les pasa eso es mucho generalizar, creo yo, y me obligas a ponerme casi la posición del abogado del diablo. No creo que todos los hombres piensen así y no creo que hayan tenido que reconstruirse y reflexionar muchísimo para llegar a conclusiones diferentes a estas. Sí que es verdad que el patriarcado ha tratado de mantener la figura de una mujer así, como la que estás describiendo y que al poder, a la hegemonía, le venía bien que los hombres pudieran considerar así las mujeres para mantener el statu quo, y que las cosas estuvieran como estaban y es una forma terrorífica de maltratar a otras personas ¿Por qué se quería hacer eso? Obviamente por mantener el poder, por poder tomar todas las decisiones y hacer lo que se quisiera sin que importaran las opiniones, las decisiones, las maneras de ser de otras personas, en este caso del sexo femenino. Y eso ha requerido y requiere una revolución y una lucha por la igualdad que en muchos casos no está conseguida. Ya no hablo de fuera de occidente sino dentro de nuestras propias fronteras todavía continúa habiendo desigualdad.

Pero no creo que sea justo decir que los hombres ven a las mujeres como objetos, mercancías y tal. Hay algunos que sí, otros que no, y cosas intermedias. Eso no quita para que toda la humanidad se dé cuenta de que los humanos somos humanos. Y no unos mejores que otros: ni por sexo, ni por género, ni por raza, ni por dinero, ni por origen. Humanos, y por eso iguales.

 

Al final morimos y a nadie le importa, pero yo sí querría dejar un buen recuerdo de mi paso por este mundo. Esa “Memoria amarga de mí” que dice Don Juan… ¿no es un poco triste saber que te van a recordar así? ¿No hay que ser un poco psicópata para ir por la vida haciendo daño y que no te importe? ¿Acaso estamos rodeados de psicópatas?

Claro que es triste pensar que te van a recordar como alguien malo. Digo yo que a cualquiera que se dé cuenta de que eso le va a pasar le pondrá triste y sí pues supongo que ir por la vida haciendo daño y que no te importe debe ser de… yo no sé si la palabra es psicópata, pero desde luego no creo que sea algo que al humano medio le pase. No sé si estamos rodeados de psicópatas, pero alguno habrá, claro que sí.

Pero lo que sí creo es que la mayoría de la gente se considera buena. La mayoría no quiere hacer daño. Muchas veces, no se dan ni cuenta de que lo están haciendo o lo ven desde un punto de vista diferente y no lo consideran malo. ¿A cuánta gente le preguntas y te dice que sí, que hace el mal y se ríe como el malo de la peli? Seguramente eso sí que es de psicópata. No lo sé, sería rarísimo. Yo creo que tiene más que ver con que de buenas intenciones está el infierno lleno. Algo así es Don Juan. Este Don Juan Tenorio se vanagloria de salirse siempre con la suya, de que no le importe nada para conseguir lo que él quiere. No le importan las consecuencias que sufran los demás. Él no las verá, no las quiere ni saber. Él simplemente hace lo que hace y se va, y no se queda en el sitio a ver cómo sufre la mujer que acaba de abandonar, o el soldado al que acaba de robar, o al que acaba de desfigurar media cara en un combate por orgullo y chulería. Él no quiere ver nada.

Hemos buscado referencias en Don Juanes actuales también, en actitudes ‘donjuanescas’ de personajes conocidos. Incluso en la música también y tenemos un ejemplo maravilloso en la canción de Bad Bunny Titi me preguntó. Es un ejemplo perfecto porque está hablándote de un Don Juan que tiene muchas novias, que hoy quiere a una, mañana a otra, pero que no se va a casar con ninguna, y al final del todo su tía le pregunta que porqué hace eso, que deje de hacer el tonto ya. Y él dice: “lo siento, pero yo no confío, ni en mí mismo confío, yo no confío”, o sea, reconoce que lo que le pasa es que tiene miedo y probablemente eso es lo que hay también.

Don Juan tiene miedo y por eso huye hacia adelante constantemente, y es una cosa tan fuerte como el amor que te golpea la cara sin que tú te lo hayas esperado, que es lo que le pasa a él. Ni de broma imaginaba que le fuera a pasar y ¡boom! le estalla en las manos y no sabe qué hacer con eso. Aunque intenta hacer algo bueno, realmente no lo consigue y vuelve a liarla. Y, sin embargo, al final del todo, sí que es capaz de arrepentirse, de ver todo lo que ha hecho, de darse cuenta.

Pero gracias a que Doña Inés intercede por él sí que se le perdona. Lo que quiero decir es que el propio Don Juan en su muerte gracias a la ayuda que tiene puede darse cuenta de lo que ha hecho y arrepentirse porque claro que nadie quiere dejar ese recuerdo en este mundo.

 

Interesante lo que dices, aunque yo tengo otra visión. Y entiendo que aquí también vamos a disentir. ¿Pero que al final Don Juan se salve gracias a la intervención y al amor de Doña Inés no es el final más triste de todos los posibles?

Pues sí, disentimos de nuevo (risas). ¿Cómo va a ser el más triste de todos los posibles? El más triste sería que nunca se hubiera arrepentido de lo que ha hecho. Que lo siga defendiendo, que siga en su orgullo o en su ceguera. Lo perfecto sería que el solito se hubiera dado cuenta en vida y lo hubiera cambiado, y que hubiera tratado de mejorar y reparar el daño que ha hecho, y de predicar con el ejemplo y portarse bien, e intentar que nadie volver a hacer lo que él ha hecho, e intentar convencer a todo el mundo para que haga ese tipo de cosas. Claro, eso sería lo perfecto y maravilloso. Pero al menos se da cuenta. Y él solo, como demuestra, no se puede dar cuenta, porque la gente, los humanos, necesitamos a otros humanos. Porque el amor es una de las leyes de la física por descubrir todavía que nos transforman, que nos mueven, que nos hacen hacer cosas que nosotros mismos nos habríamos imaginado. Porque el amor bueno y es bonito, y porque necesita que venga alguien a salvarle. Y esto es lo interesante de este personaje de acción, este héroe de acción. Bueno, ‘héroe’, entre comillas, entiéndeme. No salva a la dama en apuros, es la supuesta dama en apuros la que viene a rescatar al héroe que todo lo puede y que siempre gana y que siempre se escapa y que siempre se sale con la suya. Él necesita ser salvado por una mujer y esto es muy interesante, aunque en la obra original esa mujer interceda ante Dios y todo tenga que pasar a través de la parte católica. Pero eso también hemos tratado de eliminarlo en lo máximo posible, la parte religiosa que ahora no nos interesa tanto y dejar la parte de la humanidad: tomar el riesgo por algo en lo que una cree, como hace Doña Inés, y aceptar que alguien te pueda ayudar en lo que te has equivocado. Reconocer el error y mejorar. Querríamos plantear al hombre como alguien que se ha equivocado pero que puede mejorar que no está a repetir su historia constantemente sino que puede cambiarla y también hay una parte en la que este Don Juan habla un poco de esa visión de la nueva masculinidad y cómo podría llegar a ella.

 

Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía tienen calle en Alcalá de Henares. ¿Tendría que intervenir aquí la Ley de Memoria Histórica?

Muy divertida esta pregunta, y muy real. Pues sí claro, ¿Por qué no? La ley de Memoria Histórica… No sé si este tipo de cosas dependen de esa ley en concreto, si legalmente esto estaría al amparo de esa regulación, o si más bien depende de las instituciones dedicadas a la igualdad de género en coordinación con cada ayuntamientos. No lo sé. Pero sí, claro que sí habría que intervenir, por supuesto, igual que se ha hecho con otras calles y quitar esos nombres o al menos añadir otros. Quizás es dar más importancia a otras calles que también hay en esa misma zona de Alcalá de Henares: la calle de Doña Ana de Pantoja, la violada y condenada a una mala vida por un terrorífico violador y por su prometido, que es capaz de apostársela nada menos. Don Luis Mejía que la quiere pero también se la apuesta y no le importa jugar con eso. La calle de doña Inés de Ulloa, también en las afueras de Alcalá de Henares, que ha sido vapuleada y aún así mantiene su amor. Quizás sus nombres merecen un reconocimiento más amplio.

 

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Alberto García Sánchez, Compañía A la Deriva, Don Juan Tenorio, Germán Gundín, José Zorrilla, Nave 73, Patricia Torres, Paz Buelta Serrano, Sergio de Medina
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