Por Juan Carlos Corazza
Foto: Sergio Parra
En las comedias breves de Antón Chéjov, los personajes se enredan en sus contradicciones y torpezas. Pierden, ganan, hacen lo que pueden en el río de la vida, que los golpea duramente. Acaban cómicamente desquiciados, enloquecidos y, a veces, felices. Llevan en el alma el deseo humano esencial: relacionarse, acompañarse, unirse.
A pesar de las dificultades de nuestro mundo actual, el teatro continúa siendo una apuesta por el contacto real que genera empatía y comprensión. Con sencillez, humor y brevedad, Chéjov mira lo humano sin juicios, con ternura, profundidad y compasión.
Gracias a Chéjov, al público y a esta compañía llena de amor, talento y oficio, una vez más el teatro, con su eterna fuerza, es un espacio para reunirnos, soñar y comprendernos. Un canto a la vida.

