El Ballet Español de la Comunidad de Madrid presenta Nascencia, una suite de danza dirigida por Mónica Fernández que convierte la muerte en luz y poesía en movimiento y que podrá verse hasta el 4 de octubre en Teatros del Canal.
Hay espectáculos que nacen de una idea y otros que irrumpen como una necesidad del alma. Nascencia, la nueva creación del Ballet Español de la Comunidad de Madrid (BECM) dirigida por Mónica Fernández, hace referencia, sin duda, al gusto de enriquecer la esencia humana. Concebida como un poema en movimiento, evocando la capacidad de resurgir de las propias cenizas, esta suite de danza española contemporánea traza una fascinante diagonal entre la herida y la luz, abrazando el folclore, la escuela bolera, el flamenco y la creación contemporánea con un elenco que rebosa juventud y madurez.
Coincidiendo con su puesta de largo y su paso por Teatros del Canal, charlamos con su directora artística y con dos integrantes del elenco (Lucía Cardeñoso y Jan Gálvez) para adentrarnos en las claves humanas, estéticas y emocionales de esta propuesta sobre la resiliencia y el poder transformador del movimiento.
UN POEMA EN MOVIMIENTO
«Nascencia es una suite de danza donde vais a poder encontrar todas nuestras disciplinas; para nosotros es, literalmente, un poema en movimiento», explica Mónica Fernández durante el encuentro con la Revista Godot. La directora, que asumió la responsabilidad artística del BECM a finales de 2024, subraya la paulatina evolución de una compañía en plena búsqueda de una identidad propia sólida y deslumbrante.
Esa luz que articula la propuesta nace también de un diálogo interdisciplinar impredecible: el universo plástico del artista Manel Pujol Balada. «Lo de Manel fue una casualidad. Le expliqué el proyecto y me dijo que él me pintaba ese sentimiento que yo quería expresar. Y dio en el clavo; cada pintura es una traducción visual de la propia coreografía», revela Fernández.

Junto al trabajo coreográfico de la directora, la obra incorpora dos piezas cedidas del repertorio personal de Rubén Olmo, actual director del Ballet Nacional de España. Para el cuerpo de baile, medirse con esta herencia supuso un hito definitorio. Lucía Cardeñoso, bailarina del elenco, rememora este cruce como un auténtico reencuentro: «Trabajar con Rubén ha sido como cerrar un ciclo. Tuve la suerte de que fuera mi maestro en el Centro Andaluz de Danza y volver a encontrarlo en un entorno profesional, combinando su energía con la de Mónica, ha sido algo sumamente especial».
Ese viaje introspectivo del dolor hacia la liberación es habitado intensamente por los intérpretes en cada pase. «Yo me siento especialmente vulnerable en mi solo. Siento mariposas antes de salir y durante la interpretación; es una sensación que no se puede describir, solo se siente y se transmite al público», confiesa el joven bailarín Jan Gálvez. Por su parte, Cardeñoso destaca el cuidado diseño emocional del recorrido: «La obra muestra un inicio de encierro, todo lo previo a la caída. Mi solo en el ecuador representa esa fuerza que te impulsa a romper con la oscuridad para que, de pronto, aparezca la luz».
Más allá del despliegue técnico, la dramaturgia, el cuidado vestuario y el repique indispensable de las castañuelas dialogan con la dirección musical de Lucky Losada para dotar a la pieza de un ritmo orgánico que acaricia y sacude la platea a partes iguales. Nascencia no busca solo exhibir la brillantez de sus bailarines y bailarinas, sino apelar a una vivencia compartida que transciende el escenario.
En palabras de Lucía Cardeñoso: «Hay que ir al teatro para cultivar el alma. Es un espectáculo accesible donde cualquiera puede verse reflejado, porque todos hemos necesitado en algún momento un cambio y un renacimiento interno». Una invitación rotunda a dejarse llevar por la emoción y recordar que, por muy profunda que sea la caída, siempre aguarda una salida repleta de arte y esperanza.