Hay compañías que hacen teatro y compañías que son teatro. Y podríamos afirmar que Morboria pertenece a esta segunda categoría, esa que no se limita a subir textos a un escenario, sino que transforma cada función en un acontecimiento vivo. Cuatro décadas después de dar sus primeros pasos en el Madrid de La Movida, Eva del Palacio y Fernando Aguado siguen siendo dos rarezas inclasificables en el panorama escénico español. Y eso, en un mundo cada vez más domesticado, es digno de ser aplaudido. “La gran conquista para nosotros era conseguir vivir del arte, del teatro. Daba igual si había un escenario o no”, me explicaban en un encuentro que mantuvimos la pasada edición del Festival de Almagro.

 

Fernando Aguado y Eva del Palacio durante la pasada edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.

 

 

LA NECESIDAD DE CREAR

Ese origen, más cercano a la necesidad que a la estrategia, explica buena parte del ADN de Morboria. Desde el principio, el teatro de calle fue un territorio natural, un espacio de contacto directo con el público, donde el cuerpo, lo grotesco y la máscara resultaban tan importantes como la palabra. “Éramos puro nervio. Baile, acrobacia, lo que hiciera falta. No veníamos de un lugar académico, sino de la necesidad de crear”, recuerdan. Aquella energía inicial acabó cristalizando en un lenguaje propio que, con el tiempo, se trasladó también a la sala sin perder su carácter físico y festivo.

A lo largo de estas cuatro décadas, Morboria ha construido un repertorio amplio y heterogéneo que incluye más de cincuenta espectáculos de teatro de sala, calle e infantil. Shakespeare, Tirso de Molina, Molière, Agustín Moreto o Rojas Zorrilla conviven con creaciones propias y adaptaciones contemporáneas. Siempre desde una mirada que huye del academicismo rígido. “Nunca hemos entendido el teatro clásico como algo declamado y aburrido. Porque no lo es en absoluto”, defienden. Para la compañía, la clave está en el movimiento: “El cuerpo explica muchas cosas. El texto es fundamental, pero el movimiento escénico ayuda a entenderlo todo”.

 

Detalle de la exposición Universo Morboria: 40 años en la escena y la calle, dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Foto de Pablo Lorente.

 

CRECER JUNTO A GENERACIONES DE ESPECTADORES

Ese equilibrio entre respeto al texto y libertad escénica ha sido una constante en su trabajo con los clásicos. Morboria no concibe la tradición como un museo, sino como un material vivo, capaz de dialogar con el presente. “Nos agarramos al Siglo de Oro como algo popular, muy físico y muy vivo”, señalan. De ahí que ellos mismos parezcan personajes sacados de cualquiera de sus obras, por el cúmulo de anécdotas que han ido sumando. Como aquella vez que Fernando se tiró desde una torre a cincuenta metros de altura en Valdemoro y el traje se enganchó a medio camino, quedando suspendido en el vacío sin perder el personaje. O como cuando les excomulgaron en Toledo, acusados de “perversos” por montar un espectáculo inspirado en La danza de la Muerte de Calderón. Al día siguiente tuvieron una manifestación de la Falange en su contra. «Nunca hemos tenido mayor cobertura mediática», bromea Fernando. «Estuvimos siete años sin ir a Toledo», explica Eva. O cuando en un espectáculo de calle uno de los actores, en el papel de pirata demente, siguió la mecha encendida de una pirotecnia que acabó explotándole y llevándole a urgencias con un pie destrozado, pero resultó que el miembro herido era realmente una prótesis creada para el show, mientras los médicos intentaban entender qué pasaba. «Estamos vivos de milagro», resumen entre risas.

Pero quizá lo más valioso de estos cuarenta años sea otra cosa, sea la memoria. Ellos y su imaginario han ido creciendo junto a generaciones de espectadores, afianzando esa personalidad única que tan bien los identifica. Así lo pudimos comprobar quienes visitamos la exposición conmemorativa de su 40 aniversario en la Iglesia de San Agustín en Almagro, donde se mostraban las diferentes creaciones -todas hechas a mano por ellos mismos- a lo largo de su trayectoria, desde duendes creados en los ochenta para sus espectáculos de calle, pasando por personajes hechos con materiales encontrados por la calle o prótesis y máscaras para sus diferentes espectáculos, o los figurines originales de su versión de El sueño de una noche de verano que, a mí personalmente siguen erizándome la piel, porque evocan los inicios de mi pasión por el teatro.

Otro de los pilares de la compañía ha sido siempre el trabajo colectivo. Morboria es una estructura que ha sostenido durante años a decenas de intérpretes y creadores. Frente a modelos más precarios, Eva del Palacio siempre ha defendido una ética clara: “Desde el principio tuve una cosa muy clara: nunca he pedido favores y todo se paga. Todo el mundo tiene que cobrar dignamente”. Una forma de entender el oficio que, reconocen, no ha sido sencilla de mantener: “Es casi un milagro haber llegado hasta aquí haciendo las cosas así, pero también es una manera de dignificar la profesión”. Un trabajo desarrollado muchas veces al margen de los grandes focos que sigue reivindicando el modelo de compañía de repertorio, de carretera, que construye lenguaje y memoria a largo plazo.

 

Lo que son mujeres de Morboria Teatro. Foto de Antonio Martín.

 

UNA FIESTA TEATRAL

Eso nos lleva a la llegada de Lo que son mujeres al Teatro de la Comedia. Una comedia de Francisco de Rojas Zorrilla publicada en 1645, que llevaba más de siglo y medio sin representarse y ha acompañado a Morboria durante años como una posibilidad latente. “La he tenido dieciséis años guardada. La leía de vez en cuando, pero no encontraba el momento”, confiesa Eva.

La pieza gira en torno a dos hermanas huérfanas, Serafina y Matea, de caracteres opuestos, y a una red de enredos amorosos que pone en juego el orgullo, los celos y las estrategias del deseo. No se trata de una comedia de grandes acciones, sino de palabra, ritmo y situaciones. “Es una obra muy hablada, sin un gran conflicto, y eso nos obligó a buscar el ritmo y el juego escénico”, explican. La adaptación y dirección de Eva del Palacio apuesta por potenciar el dinamismo, la composición física de los personajes y el humor como motor de la acción.

Más allá del estreno, Lo que son mujeres funciona también como una declaración de principios. “Es una fiesta teatral, pero también un homenaje”, señalan, “a los filólogos, a los estudiosos y a todo lo que hemos aprendido del teatro clásico con los años”. Una manera de cerrar el círculo entre intuición y conocimiento, entre impulso físico y madurez artística.

Después de aquellos comienzos marcados por la supervivencia y la imaginación, Morboria sigue defendiendo el teatro como experiencia compartida. Un teatro que, desde su espíritu crítico y festivo, sigue encontrando en el presente razones para volver a salir a escena, defendiendo lo raro, lo inclasificable y lo disfrutón.

 

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