Hay quienes construyen su trayectoria como quien levanta una casa, con planos y estrategia; y otras que avanzan a golpe de necesidad, de intuición, de preguntas que no se callan. Teresa Rivera pertenece, sin duda, a este segundo grupo y nos lo vuelve a demostrar ahora presentando SIRI. Mi cuerpo presente en la Sala Mirador -del 20 al 22 de febrero-.
Aunque insiste en que no le gustan los dramatismos, lo cierto es que estamos ante el cierre de una trilogía involuntaria y el de una etapa de veinticinco años creando en Madrid. Un ratito con Tere siempre es "Fetén", así que aprovechamos el momento para volvernos a sentar con ella y a conversar con esta creadora entre risas, generosidad y, por supuesto, mirada crítica.
Hace cerca de quince años, cuando yo aún escribía más por afición que por oficio, recibí la propuesta de entrevistar a una creadora a la que conocía por los vídeos que subía a redes sociales. En ellos se veía a Teresa Rivera, actriz cordobesa afincada en Madrid, pasear por el barrio de Lavapiés ataviada con una bata de cola y gafas de sol. Bueno, no era Tere, en ese momento era La Sole, un personaje que derrochaba descaro y actitud, que se paraba a charlar con quien se le cruzaba, que hacía de lo extravagante lo natural. Una mujer de energía apabullante que apetecía cruzarse por cualquier esquina de Lavapiés.

Quedé con ella frente al Centro Dramático Nacional, en el Portomarín, para entrevistarla. Estaba nervioso, no sabía realmente con quién me iba a encontrar ni qué me iba a contar. Sin embargo, esos nervios desaparecieron en cuanto la vi bajar por la Plaza de Lavapiés con un carrito de la compra, porque después de la entrevista tenía que hacer la compra. Esa imagen, y las cañas que compartimos, lo relajó todo y bajó a tierra a la artista, mostrándome a Tere, a la mujer cercana y cariñosa que me he seguido encontrando a lo largo de los años en mil ocasiones. Una persona con la que comparto afecto y forma de entender esta profesión… Por compartir, ¡hasta hemos compartido televisores! Después de aquel día, seguí de cerca su carrera y la evolución de ese lenguaje tan propio lleno de sentimientos cotidianos, radicalidad y humor que ha marcado la trayectoria de Tere.
Hace unos días volvimos a hablar, va a presentar SIRI. Mi cuerpo presente en La Mirador, y me explicaba que esta nueva creación supone un punto y final a su etapa como creadora afincada en Madrid. Una especie de cierre de etapa escénica en la capital que abre nuevas opciones en su Córdoba natal. Y que le apetecía que tuviéramos un nuevo encuentro, como aquel primero, en el que reflexionar sobre todos estos años de trayectoria en el circuito independiente de la capital. Un nuevo encuentro que completa nuestro propio círculo de afecto y admiración.
UNA TRILOGÍA INESPERADA
Para dar un poco de contexto, Tere creó ese estallido alegre que fue La Sole hace quince años, de ahí surgió La piel como una reivindicación que, posteriormente se convirtió en SIRI. Mi cuerpo presente, tercer proyecto de un viaje que nunca se planteó como trilogía, pero que lo es. Tres solos que no están solos. Tres maneras de hablar del cuerpo, del tiempo y de la identidad desde una creadora que siempre ha trabajado desde la necesidad, no desde la estrategia.
Si La piel nacía de preguntarse por qué acariciamos más las pantallas que a las personas, SIRI. Mi cuerpo presente surge cuatro años después, cuando Teresa se replantea esa misma cuestión desde otro lugar vital. “Han pasado muchas cosas entre una y otra”. Se enamoró por el móvil, vivió la pandemia, llegó a la menopausia… y todos esos cambios se han colado en la pieza. “Es la más autobiográfica, sin duda”, reconoce. El móvil, ese no-cuerpo que nos acompaña a todas partes, se encuentra aquí con el cuerpo presente de una mujer que se hace mayor y que Teresa no quiere maquillarlo ni dulcificarlo. Habla de la menopausia con la misma naturalidad con la que habla de la adolescencia: “Cuando eres pequeñita y te salen las tetas, no puedes hacer nada en contra de que tu cuerpo se vaya desarrollando. Pues esto es igual”. Y en ese gesto de aceptación hay algo político, algo que rompe con la exigencia constante de permanecer joven, de no dejar rastro del paso del tiempo.

SIRI dialoga, siempre desde la celebración, con los cuidados, con la muerte, con la transformación, con la tecnología como mediadora de afectos; y con el cuerpo presente y los cuerpos ausentes. Con el recuerdo compartido de quienes han acompañado el proceso durante años. Es un ‘remember’ que no se queda en la anécdota, sino que mira de frente al presente.
En escena, Teresa recupera el vestuario de látex que Elisa Sanz le hizo para La piel, pero ahora ese traje habla de otra cosa. Ya no es solo la superficie que nos separa del mundo, sino que es donde quedan grabados los años, los amores, las pérdidas. Y en ese collage de temporalidades conviven imágenes de La Sole, referencias a cuerpos que ya no están, recuerdos compartidos con una comunidad que ha ido construyéndose en los márgenes del teatro madrileño. “Los solos se hacen solos, pero nunca se está sola. El equipo es fundamental”. Y en este equipo están Julia Monje, Rakel Camacho, Elisa Sanz, Ion Aníbal Noelia Tejerina o David Martínez, entre otras personas que acompañan este último tramo de un viaje que comenzó hace mucho tiempo.
¿QUÉ SUCEDE CON EL CIRCUITO ALTERNATIVO?
Hace 15 años, cuando Teresa estrenó La Sole, Madrid era otra cosa. Había salas alternativas por todas partes, espacios donde poder ensayar durante semanas, una atmósfera de experimentación que parecía inagotable. “La Sole estuvo en muchos sitios, no había tanta bronca para entrar en las salas alternativas, podías estar un mes o dos meses trabajando. Ahora se ha precarizado todo muchísimo”. La nostalgia no es gratuita, Teresa habla de un cambio estructural que afecta a toda una generación de creadoras.
“Antes no había tanta multiprogramación, se cuidaban los espectáculos. Ahora son dos días, tres días y es lo que hay”. Y ahí está el núcleo del problema, Madrid se ha convertido en una máquina de números, de cantidad sobre calidad, de acumulación de proyectos que apenas tienen tiempo de respirar. La Red de Teatro Alternativo recibe 700 propuestas cada año. “Es demencial”. Y entre tanta oferta, muchas de las voces más interesantes se pierden, porque no hay espacio para todas, porque las salas también necesitan llenar aforos y «la alternativa empieza a parecerse demasiado al teatro comercial».
Teresa es consciente de que su decisión de marcharse tiene algo de generoso: “Todos queremos estar en la alternativa, todos queremos estar en la pequeña del Español, el CDN, en todos lados. Y ese es uno de los grandes errores, estar todos en todos lados”. Y, para ella, ha llegado el momento de ceder el espacio, de dejar que entren otras voces, aunque eso signifique renunciar a un ecosistema que conoce de memoria. “Yo estaría encantada de trabajar siempre en La Mirador o en el Barrio, en Nave 73 o en DT. Si yo pudiera pagar mi alquiler, que me llamen del CDN y les diría que no”.

SEGUIR CON LAS GANAS, PERO EN OTRO LADO
“Madrid ya me resta más de lo que me suma”, confiesa. Y es que, para ere irse no es solo una cuestión económica, aunque también lo sea, es una decisión vital, una apuesta por recuperar las ganas, por volver a experimentar sin la presión constante del número, del aforo, del circuito. “Tengo ganas de experimentar el no, pero en otros lugares. Córdoba está fatal en el tema teatral -lo reconoce-, pero a lo mejor ahí hay más libertad para inventar, para probar cosas nuevas, para recuperar algo de ese espíritu que Madrid parece haber perdido. A lo mejor hago algo en mi casa para dos espectadores. Es que a mí eso es lo que me gusta”.
Teresa recuerda La Casa de la Portera, La Pensión de las Pulgas, espacios que ya no existen y que representaban otra manera de entender la creación. “¿Dónde está todo eso? Se ha perdido”. Y en esa pérdida hay también una pregunta para el futuro: “¿qué Madrid queremos? ¿Un Madrid que programa 700 proyectos al año o un Madrid que cuida los procesos, que permite el error, que da tiempo para explorar?”, reflexiona.

EL VÉRTIGO DEL CIERRE
Que SIRI. Mi cuerpo presente tenga lugar en la Sala Mirador tiene un peso simbólico, ya que allí se estrenó La piel y es allí donde Tere ha querido que se cierre ahora este ciclo. Mientras conversamos, siento que está emocionada, y a la vez tranquila, pero con vértigo. “Estoy contenta”, repite varias veces durante la conversación, y es cierto que se le nota en su voz la serenidad que solo da el haber tomado una decisión difícil pero necesaria. Madrid le ha dado mucho, pero también le ha quitado. Ahora toca otra cosa, otro lugar, otra forma de seguir creando. Porque Teresa no va a dejar de hacer teatro, eso está claro. Julio Castro se lo dijo hace poco: “Tú no puedes dejar de crear”. Y no lo hará. Pero lo hará desde otro sitio, con otra mirada, con otra urgencia.
SIRI. Mi cuerpo presente es esa “patadita final con la bata de cola”, bromea. Pero la imagen es precisa, no es tirar la bata, es despedirse de ella con cariño. Quizá esa sea la verdadera despedida que propone, la de una etapa marcada por la resistencia constante en un sistema cada vez más hostil, y la bienvenida a otra donde la creación vuelva a ser, ante todo, una necesidad íntima. Y siempre con el espíritu de la celebración por delante.
La bata de cola queda colgada, pero el cuerpo sigue presente. ¡Nos vemos pronto, Tere!