Pocos universos poseen una identidad tan marcada y, al mismo tiempo, tan expuesta al debate entre tradición y renovación como el flamenco, que lleva décadas dialogando con otras músicas, incorporando influencias y ensanchando sus fronteras sin dejar de preguntarse dónde termina la experimentación y dónde comienza la ruptura. Precisamente ahí sitúa Yllana el punto de partida de su nueva aventura: Flamenc Oh!!, una producción desarrollada junto al Sadler’s Wells Theatre de Londres que se pregunta qué ocurre cuando el humor gestual se encuentra con el flamenco.
TRANSFORMAR LA TRADICIÓN
El espectáculo arranca con una premisa sencilla, casi familiar. Una saga de artistas flamencos recorre los escenarios bajo la dirección de un patriarca que defiende con firmeza las formas más tradicionales del género. Frente a él, los miembros más jóvenes de la familia “experimentan fusionando el flamenco con otros estilos”, acercándose a géneros tan diversos como el rock, el pop o la música electrónica. El conflicto parece inevitable, pero lo interesante no es tanto el enfrentamiento en sí como lo que revela. Detrás de esa disputa generacional asoma una cuestión que atraviesa buena parte de la historia del flamenco contemporáneo: ¿Quién decide qué puede cambiar y qué debe permanecer? ¿Hasta qué punto la tradición se protege transformándose? ¿Acaso el flamenco no ha sido siempre un arte construido a partir de encuentros, influencias y fusión? Yllana convierte esas preguntas en material escénico desde el lenguaje que ha definido toda su trayectoria como es la comedia física, el humor visual y la capacidad para contar historias a golpe de gag.
Si durante años la compañía ha demostrado una especial habilidad para llevar sus códigos a contextos aparentemente alejados de ellos, Flamenc Oh!! supone quizá uno de sus movimientos más curiosos. No tanto porque el flamenco y el humor sean incompatibles, que no lo son, sino porque ambos poseen una identidad muy específica y reconocible.
UN REPARTO CON MUCHO ARTE
El cante, la guitarra y el baile ocupan un lugar central dentro de esta propuesta que busca hacer convivir dos tradiciones escénicas que rara vez comparten protagonismo. Para ello, la compañía se ha rodeado de intérpretes procedentes del propio universo flamenco, a quienes David Ottone y Juan Ramos, directores del espectáculo, proponen el reto de cambiar de palo, llevando la esencia del flamenco más puro al terreno de la comedia. El elenco reúne a artistas con una sólida trayectoria dentro del género, como el cantaor David Bastidas, que ya formó parte de Quejío, de Salvador Távora; las bailaoras Raquel Ortega, que ha actuado en escenarios como el Royal Albert Hall y el Barbican de Londres, y Anabel Moreno, discípula de Mario Maya; y el bailaor Raúl Ortega, perteneciente a compañías como las de María Pagés y Antonio Canales. Y se completa con el guitarrista Luis Gallo, que acompañó a Rosalía en los Latin Grammy de 2023 y ha trabajado junto a Hans Zimmer en la banda sonora de Genius: Picasso.
La dirección musical corre a cargo de Juan Cañas, Daniel Rovalher y Miguel Magdalena, integrantes de Ron Lalá, una compañía que conoce bien las posibilidades que surgen cuando la música y la comedia comparten escenario y que ha convertido esa combinación en una de sus principales señas de identidad.
DESMONTANDO CLICHÉS
Buena parte del recorrido de Yllana ha consistido en explorar nuevos formatos a través del humor gestual. Ahí están propuestas como PaGAGnini, The Primitals, Maestrissimo o The Opera Locos, proyectos que encontraron en la música un terreno fértil para explorar su lenguaje habitual.
Sin duda, una de las especialidades que otorgan a Yllana una personalidad única es su capacidad para utilizar los tópicos como cebo y cuestionarlos después. El humor les permite jugar con aquello que el público cree conocer, convirtiendo la familiaridad en curiosidad; al fin y al cabo, detrás de todo estereotipo hay una realidad más rica y pocas tradiciones culturales han acumulado tantos clichés -y tantas contradicciones- como el flamenco.
Este espectáculo representa un nuevo paso en esa trayectoria. Tras 42 montajes y miles de funciones por todo el mundo, Yllana sigue explorando territorios inesperados y preguntándose qué ocurre cuando dos lenguajes escénicos que rara vez comparten escenario se encuentran frente al público.
Así que, después de 35 años convirtiendo cualquier universo en material cómico, el nuevo reto para Yllana es, sin duda, averiguar si el compás admite también el gag.