"Creo que soy bastante ingeniosa y eso ha resuelto la mayor parte de mi vida laboral"
Nadin Din (Madrid, 1988) es "cómica, feminista, gorda y treintenial", tal y como ella misma apunta en sus redes. Y, sin duda, el ‘stand up’ es lo mejor que le ha pasado en la vida. Así, tras cambiar de rutina, ciudad y trabajo gracias al humor, Nadin Din viaja feliz con sus monólogos deslenguados en torno a temas universales, hablando sin tabúes y chapoteando en todos los charcos. No en vano considera la comedia como "una herramienta para sobrellevar los problemas" y, ya antes de subirse al escenario profesionalmente, "muchas veces tomaba la decisión más loca simplemente porque sabía que luego sería una buena historia".
Artífice de espectáculos como Muy víctimas, muy feministas o Cervecienta, nuestra invitada se explaya, reivindica y contagia aquí su denodada pasión por el arte de la risa… Y recuerda, entre otras cosas, cuando la llamaron de Comedy Central: pensó que era broma, pero no lo era, y lloró de alegría.
¡Bienvenida a Godot la gran Nadin Din!
¿Quién es Nadin Din a estas alturas del espectáculo?
Soy una mujer de 38 años que comparte piso, así que bastante precarizada. Creo que soy bastante ingeniosa y eso ha resuelto la mayor parte de mi vida laboral. A día de hoy diría que me considero una cómica. No sé exactamente lo que significa, pero creo que es lo que soy.
¿Y cómo definirías tu estilo de comedia?
Hablo mucho de cosas cotidianas y de temas universales como la familia, el amor, el dinero… Tengo un humor bastante bruto porque hablo de sexo y de muchas cosas sin tabúes. Se nota de qué pie cojeo políticamente, pero no me gusta el humor panfletario que intenta convencerte de algo. Yo solo quiero que la gente se ría. Sí que tengo humor negro, pero me gusta matizarlo en el escenario para que el público se lo pase bien. Hablo mucho con la gente, creo que soy ingeniosa y rápida improvisando y creo que caigo simpática incluso cuando digo barbaridades. Al final, mis textos tienen discurso, un poco punk, pero se entiende.
¿Quiénes son tus referentes en el mundo de la comedia? Iconos del humor y el ‘stand up’, de aquí o allá…
Mis cómicas favoritas son Michelle Wolf y Katherine Ryan. ¿Cómicos? Ricky Gervais, Bo Burnham, ¡el especial Inside lo he visto veinte veces!, Sam Morill… y hay muchísimos más que voy conociendo gracias a las redes, pero soy malísima para los nombres. En español, el mejor es Berto, seguido de cerca por Raúl Cimas; y, entre las mujeres, siempre me ‘desorino’ con Carolina Noriega y Coria Castillo.
¿Dónde y cuándo ver a Nadin Din, toda una Cervecienta de la cartelera?
En verano, sobre todo en el Teatro Soho… En septiembre todavía quedan algunos bolos de Humor de verano, que es un show que he sacado este año y que me gustaría seguir moviendo los próximos veranos, a ver si consigo hacer un circuito de chiringuitos. Y en invierno volverá Muy víctimas, muy feministas. Probablemente, con un rebranding: Más víctimas y más feministas: Ahora es personal. Algo así, ya que acabo de grabar el show original y quiero escribir un espectáculo nuevo para estrenarlo esta temporada y que la gente pueda seguir viéndolo. Vistos los retrocesos que estamos dando, el feminismo es más importante ahora que nunca.
¿Recuerdas cómo empezó todo (ese Clan Cabaret de Alicante, supongo)? ¿Y cómo se lleva actuar por todas partes o salir en Comedy Central y La Ruina?
Claro que me acuerdo. Empezó siendo un hobby. Era algo que me hacía feliz y algo que hacía mucho tiempo que no tenía. Creo que muchos adultos dejamos de tener hobbies y yo encontré uno que me ilusionaba. Nunca pensé que terminaría dedicándome a esto. Había estudiado Educación Infantil y trabajaba como educadora. Pensaba que la comedia sería algo complementario. Ahora vivo de ella. Este año me he hecho autónoma y viajo constantemente actuando. Es ese mundo que imaginabas y que no sabías si realmente era posible. Lo curioso es que tú sigues con la inercia y no eres consciente hasta que alguien que hace tiempo que no ves te dice: “Lo has conseguido. Vives de esto”.
Cuando me llamaron de Comedy Central iba en un autobús volviendo de la playa. Pensé que era una broma. Cuando me confirmaron que era verdad, me puse a llorar de la felicidad. Con La Ruina fue parecido. Me hizo muchísima ilusión. Lo que me pasa es que a veces doy tanta importancia a esas oportunidades que me cuesta disfrutarlas. Antes, las vivo con ilusión y muchos nervios; durante, completamente disociada; y, después, siempre pienso que lo he hecho fatal. Es algo que todavía estoy aprendiendo a gestionar. También estoy aprendiendo a convivir con el hecho de ser una persona más o menos pública. Cuando haces comedia compartes tu forma de pensar con desconocidos y, de repente, mucha gente tiene la posibilidad de juzgarte. Eso sí ha sido un aprendizaje.
¿Qué balance haces de tu experiencia tras varios años de comedia?
Me ha cambiado la vida por completo. He cambiado de ciudad, de trabajo, de rutina… Básicamente, me ha cambiado la vida entera y creo que es la mejor decisión que he tomado nunca. A veces pienso que llegué tarde, que cómo no empecé antes. Pero, como diría Gandalf, «Un mago nunca llega tarde: llega exactamente cuando tiene que llegar». Pues eso me pasó a mí.
¿Cómo se inspira una ‘princesa del pueblo’… de la comedia?
Me inspiro en mi vida cotidiana y en las cosas que me pasan. Cuando observo algo que me hace gracia, lo apunto. Luego, lo comento con amigos e intento encontrarle el lado más cómico. Hace tiempo vi un documental sobre comedia donde hablaban de ponerse las gafas de buscar la comicidad en todo lo que ocurre. Creo que llevo esas gafas puestas desde hace mucho. Siempre he dicho que, incluso antes de dedicarme a esto, muchas veces tomaba la decisión más loca simplemente porque sabía que luego sería una buena historia. Soy cómica, necesito vivir y necesito que me pasen cosas. Al final, intento no sufrir tanto la vida como aprovecharla. Incluso las cosas malas acaban convirtiéndose en material. La comedia es una herramienta para sobrellevar los problemas. Es como un mecanismo del cerebro que convierte la sorpresa, que normalmente genera miedo, en algo ilusionante. En realidad, esa es la base del chiste: hacer que el público crea que sabe hacia dónde va una idea y, de repente, darle la vuelta. Juegas con un mecanismo muy básico del cerebro humano y consigues que la sorpresa provoque risa en lugar de miedo.
Ahora lanzo un test raudo…
-La cultura para ti es: Compartir.
-El ‘stand up’ es: Lo mejor que me ha pasado en la vida.
-Las redes sociales son: Lo peor que me ha pasado en la vida.
–Soltera y entera: Un proyecto que me ilusiona.
–Humor de verano: Mis próximas vacaciones.
¿Salas de comedia icónicas para Nadin Din?
El Soho en Madrid siempre será especial porque siento que es mi casa y donde realmente está creciendo mi carrera. Antes de eso diría que el Collage fue un lugar muy importante para mí desde que empecé y lo sigue siendo. El Picnic es un referente para cualquier cómico de Madrid. Y de fuera, porque todo el mundo quiere actuar allí, como dice la canción: “Todos quieren fotos en el Picnic, aunque pinches, foto en el Picnic, las fotos no pueden mirarte mal, las fotos no tienen sonido… ¡No pasa nada!”. Es de una canción que nos inventamos por aquel entonces dos ‘rookies’, Patri Muñoz y yo (risas).
Obviamente, El Golfo Comedy Club también ocupa un lugar especial para mi generación. Y, a nivel personal, actuar en la sala grande del Teatro Galileo Galilei fue uno de esos momentos que recuerdas porque allí he visto a muchos de mis referentes ¡y encima fue un bolazo! Cuando actué en el Teatro Principal de Alicante también fue otro de esos momentos que nunca olvidas. Aunque empecé en Madrid, al poco tiempo me mudé a Alicante y mis primeros cuatro años como cómica los viví allí. Quiero destacar también a La Cuna de Elche, donde me siento en casa y siempre es una alegría volver. En Barcelona le tengo muchísimo cariño a La Sala By LastCrit porque siempre me han tratado increíble y se trabaja muy a gusto. En general, en todas las salas por las que he pasado me han tratado muy bien, así que larga vida a las salas de comedia y al público porque sin ellos yo seguiría siendo educadora infantil y al parecer nadie quiere eso… (risas).
Un clásico… Es mi mantra en RNE y en otros medios, como Godot… ¿Vivimos una edad de oro del ‘stand up’, los podcasts de humor, la escena cómica, el ‘crowdwork’, los ‘late nights’?
Teniendo en cuenta que estamos en mitad de una crisis y parece que va a empezar la Tercera Guerra Mundial, tampoco estamos tan mal. Creo que la comedia interesa cada vez más en España. Siempre decimos entre los cómicos que en los países anglosajones, especialmente en Estados Unidos, llevan mucha ventaja. Allí existe toda una industria alrededor del ‘stand up’. Aquí tuvimos una época muy buena con Comedy Central, donde muchos cómicos vivían muy bien haciendo bolos. Eso bajó bastante, pero ahora siento que el público se está educando y que cada vez más gente escoge ir a ver comedia igual que escoge ir al teatro o al cine. Eso antes no era tan habitual. Las plataformas nuevas no se me dan tan bien: lo que me gusta es el escenario y que estén obligados a escucharme una hora entera. Como la psicóloga, pero pagando ellos (risas).
¿Un mensaje para la posteridad desde la Revista Godot o algo que se me haya pasado, amiga de la comedia?
Si alguien lee esto dentro de treinta años: ¡buscad agua y refugio y alejaos de los carroñeros! Me imagino que para entonces estaremos viviendo en Mad Max…