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Un retrato emotivo y valiente sobre la búsqueda de la identidad

  • noviembre 6, 2026
Por Sergio Díaz

"Se debe fomentar el respeto. Somos una sociedad muy diversa, así que abracemos las diferencias y permitámonos vivir en libertad"

Diego Da Costa es el fundador, junto a Julio Viñuela Gavela, de La joie de la colina, una compañía teatral que cumple cinco años de trayectoria.

Y para celebrarlo nos ofrecen el estreno absoluto de A la orilla de la Île Saint-Louis, un texto escrito y dirigido por el propio Da Costa e interpretado por Jaime Macanás y Jorge Puerta, que explora el primer amor, la identidad y la huella del pasado.

Esta obra podrá verse en Bululú 2120 los días 6, 7, 15, 22 y 29 de noviembre.

 

 

Foto de portada: Imagen promocional de A la orilla de la Île Saint-Louis. ©José Ángel Fernández de Córdoba

5 años ya como compañía teatral. ¿Cómo os sentís? ¿Qué balance puedes hacer de vuestra trayectoria?

Nos sentimos muy felices de poder celebrar estos cinco años, que han sido un cúmulo de experiencias, aprendizajes, mucho movimiento y mucha lucha. A lo largo de estos meses, hemos podido disfrutar de la reposición de las obras y, con ello, ver el camino recorrido. El balance que hacemos es positivo: hemos tenido la oportunidad de conectar con muchas personas, conocer a artistas maravillosos, mejorar con cada nuevo proyecto y experimentar con distintos géneros. El teatro es un universo que te permite explorar y vivenciar desde el directo, desde la energía que se forma. También ha sido un esfuerzo enorme, en especial al ser una compañía en aras de crecimiento. Lamentablemente, las condiciones para compañías de nuestro estilo hacen que sea muy difícil mantenerse, por lo que solo podemos estar agradecidos de seguir en el camino y dar las gracias a cada una de las personas que han formado parte de ello. Quería aprovechar para dedicar este aniversario a todos y cada uno de los miembros de la compañía, desde actores, técnicos, fotógrafos y periodistas, hasta enviar un mensaje al cielo a nuestra querida Clara Galán, quien también sigue con nosotros desde otro lugar, pero que, lógicamente, ha tenido su espacio y un homenaje en este aniversario.

 

¿Por cierto, el nombre de la compañía a qué hace alusión?

La joie de la colina se forma a partir de la convergencia de dos ideas. La primera es ‘La joie de vivre’, una expresión francesa que busca el optimismo y el disfrute ante la existencia. Para nosotros, a pesar de las dificultades que pueda haber, buscamos siempre disfrutar con los procesos y que incluso aquellas experiencias menos positivas puedan procesarse desde un prisma vital y luminoso. La segunda es la colina, un lugar que tiene sus subidas y bajadas, pero que te permite disfrutar del proceso cuando paras a contemplar. Para nosotros es fundamental la contemplación: ver qué queremos contar, cómo y qué nos mueve. Por otro lado, hay un punto personal que nos implica a Julio y a mí. París fue un lugar muy especial para mí, por eso tiene ese pequeño guiño francés, y la colina es una referencia a Montmartre, donde Julio y yo nos comprometimos. De este modo, se aúnan la parte artística y la personal en una expresión que ya consideramos nuestra.

 

Y para celebrarlo, volvéis con un texto tuyo, A la orilla de la Île Saint-Louis. ¿De dónde te nació escribir un texto como este?

Curiosamente, A la orilla de la Île Saint-Louis se escribió mucho antes que cualquier otra obra de la compañía. En 2016, como trabajo de Fin de Grado, presenté un guion cinematográfico. Recientemente, en este 2026, al revisar viejos archivos del ordenador, lo encontré y, al leerlo, sentí una conexión muy especial con El Barrio. Ambos protagonistas se llamaban Darío. Lo sentí como una señal, dado que justo estábamos con el proceso de publicación de El Barrio, así que me puse manos a la obra y lo reescribí para que fuera una precuela y ambas obras estuvieran unidas, aunque no fuera necesario verlas juntas. Son dos obras unidas por la espiritualidad y el universo que comparten al tener el mismo protagonista, pero hablan de cosas diferentes. Fue muy bonito revisar este texto, que profundiza en el sentimiento de cambio cuando te marchas, en las experiencias cumbre fuera de tu zona de confort y en lo difícil que es revelar cosas que tenías dentro y que no se querían aceptar. Sin duda, es una obra muy especial, dado que es, por lo menos por ahora, la única que va a expandir el universo de una de nuestras tres piezas iniciales.

 

Jorge Puerta, Diego Da Costa y Jaime Macanás. ©José Ángel Fernández de Córdoba

 

Ya hay una versión impresa de esta obra. ¿Ha cambiado mucho el texto para llevarlo a la escena?

Completamente, y, además, me encanta. Soy partidario de experimentar durante los ensayos. Lógicamente, tiene que haber un guion cerrado para poder trabajar sobre algo sólido, pero luego lo que se logra al ponerlo en escena, con el proceso de los actores, el diseñador de iluminación, la música…, hace que cambien muchas cosas. Sin duda, actualmente podemos decir que mantiene varias cosas del libreto impreso, pero ha cambiado significativamente. Incluso hemos añadido recursos narrativos que no estaban originalmente. Vamos a jugar mucho con lo audiovisual, lo onírico… Y nos lanzamos a incluir varios idiomas con su correspondiente sobretitulado. Por lo tanto, aunque hayas leído ya la obra previamente, el espectador va a encontrar una propuesta diferente, que creemos que funciona mucho mejor. Verlo hecho carne y hueso, como se diría, te da otras miradas artísticas.

 

A la orilla de la Île Saint-Louis es una precuela de vuestra obra El Barrio. ¿En qué sentido es una precuela? ¿A nivel temporal, dónde nos sitúa este montaje en relación a El Barrio?

Es una precuela porque sucede antes de los eventos de El Barrio, pero, como comentaba previamente, no hace falta haber visto una u otra para disfrutarlas. Son dos obras independientes, a pesar de compartir al mismo protagonista. No obstante, si has podido ver El Barrio, esta va a ampliar la experiencia y eso siempre es un plus. A nivel temporal, se sitúa en la París de 2015, hace 11 años. Así, nos vamos a un Darío que todavía está en pleno proceso madurativo y encontrándose a sí mismo. Un Darío que todavía es un diamante por pulir, más joven y sin miedo a equivocarse… Por lo tanto, el público va a poder comprender mejor al personaje de El Barrio si la vieron. Igualmente, si solo van a ver esta pieza, también sienta las bases para comprender el proceso de cambio que sucede durante la etapa juvenil, en el que equivocarse y acertar tienen un margen de maniobra y ofrecen la posibilidad de encontrarse a uno mismo.

 

Y a nivel temático, si en El Barrio se reflexiona sobre la masculinidad y los esquemas heteropatriarcales que nos definen, ¿cuáles son los temas que se abordan en A la orilla de la Île Saint-Louis?

La obra habla sobre la importancia de salir de la zona de confort para encontrarse a uno mismo. De la importancia de no tener miedo a revelar una identidad que parece enterrada y de atreverse a sentir, aunque parezca que aquello no tenía que ver contigo. Asimismo, aborda la manera en la que se afronta el trauma y lo que queda de una relación muy intensa una vez que se termina. En resumen, trata sobre lo importante que es asumir las experiencias vitales cumbre para saber quién eres o, por lo menos, ir descubriendo poco a poco partes de ti que no tenías previstas. Por último, reflexiona sobre lo bonito que es que haya luz, incluso en los momentos en los que las sombras y el dolor resultan catastróficos.

 

¿Cómo es la dramaturgia que habéis elaborado? Porque en la obra hay dos personajes principales, pero aparecen otros secundarios…

Hemos experimentado con diversos elementos narrativos. En su mayor parte, es teatro textual, pero hay una combinación con lo audiovisual que nos permite ampliar el universo. En El Barrio se mencionaban varios personajes, pero no tenían su propia parcela. Aquí vamos a poder poner cara a varios de ellos y ver cómo van conformando el puzzle personal de Darío. Asimismo, la ruptura de la cuarta pared también estará presente. Hemos dado espacio al lenguaje artístico, a los estímulos visuales, a la música… Los silencios son fundamentales, al igual que las miradas… Aunque la trama gira en torno a Darío y Peter, no podíamos dejarlo en una obra que pusiera el foco solo en su relación, sino mostrar cómo el entorno social es importantísimo, sobre todo en los primeros años de la juventud, tanto para bien como para mal.

 

¿Cómo te marca el lugar donde naces para forjar tu identidad? ¿Crees que se puede escapar del barrio que llevas dentro?

Creo que el lugar donde naces forma parte de ti siempre, aunque ello no signifique que no puedas avanzar, mejorar o reconvertirte. Sin embargo, pienso que rechazar los orígenes a veces puede crear guerras internas complicadas. Suena a tópico, pero para poder comprender la versión actual de uno mismo, es importante abrazar a aquel que sentó las primeras piedras. Por tanto, no creo que sea necesario escapar del barrio, sino entender qué significa para ti en estos momentos, cómo te relacionas con ello y qué se puede sacar en positivo. No se puede negar que el lugar donde te desarrollas marca las oportunidades y los distintos caminos vitales, dada la propia condición de la sociedad. El privilegio también marca cómo te relacionas con el mundo, y eso es innegable. Con lo cual, soy más partidario de la reconciliación con tu pasado: aceptar aquello que no funcionaba e hizo daño, para convertirlo en una fuente positiva de pensamiento y saber que todo aquello sirvió de algo y no para castigarte. El pasado a veces pesa mucho, y hay veces que es mejor ir soltando piedras y guardar los recuerdos.

 

¿Cómo de complicado es saber quién es uno?

Creo que depende de cada persona y de su camino vital. Al igual que con obras anteriores, somos más partidarios de generar preguntas y debates. La razón es que nadie tiene la clave del éxito o del autoconocimiento; cada persona lo gestiona de una manera distinta. Con lo cual, la complejidad depende más de cada uno y de lo que tiene ante sí. Hay tantas posibilidades que no te podría decir exactamente el grado de complejidad en general. Ahora bien, es importante conocerse a uno mismo, aunque sea poco a poco.

 

¿Ante un momento decisivo en la vida en el que puedes estar cerca del final es cuando uno se muestra como verdaderamente es?

Pienso que acelera aquello que ocupa nuestra cabeza y hace que la presión sea tan grande que resulta inevitable tomar decisiones muchas veces orientadas por la impulsividad. Entonces, esto es como el mito de que, alcoholizado, se muestra el verdadero ser. Yo pienso que no; simplemente, el cerebro está en modo supervivencia y toma las decisiones que cree correctas, aunque no siempre sean las acertadas. Nuestros mecanismos no tienen el tiempo suficiente para aplicar los diferentes aprendizajes que hayamos podido adquirir, por lo que no pienso que muestre lo que uno verdaderamente es, sino a la persona en su estado más salvaje y menos racional. Por ello, podemos ver que, cuando hay una gran tragedia, existen distintas formas de reaccionar: huir, quedarse en shock, resolver… Pero no pienso que eso defina completamente a la persona, sino que simplemente utiliza las herramientas rápidas que en ese momento cree necesarias para sobrevivir.

 

Imagen promocional de A la orilla de la Île Saint-Louis. ©José Ángel Fernández de Córdoba

 

A la orilla de la île Saint-Louis es una obra está situada en 2015, una época muy distinta. ¿Pensabas que en 2026 estaríamos en la situación que estamos a nivel de tolerancia con la diversidad, con la homosexualidad? ¿Cómo estás viviendo estos momentos a nivel personal?

Sinceramente, en 2015 todavía me quedaban muchísimas cosas por vivir, al igual que ahora en 2026. No soy una persona que le guste persona en el futuro per sé, generando expectativas que, normalmente, no se cumplen, sino que me gusta ir analizando lo que va sucediendo poco a poco. Por tanto, si echo la vista atrás y lo comparo con lo que estoy viviendo ahora, pensaba que en 2026 tendríamos una sociedad más libre y más respetuosa con la diversidad. Lógicamente, pienso que el cambio social no se va a producir de la noche a la mañana, pero no pensaba que aquello que ya se había conquistado en materia de derechos fundamentales se tuviera que volver a debatir. Me genera una tristeza profunda que haya cuestiones que todavía tengamos que defender, como el derecho a la propia identidad y a la diversidad sexual, e incluso que aflore de nuevo el temor a vivir tu vida públicamente con miedo. Hay veces en las que realmente me preocupa que, por ejemplo, cogerse de la mano con tu pareja, siendo ambas personas del mismo sexo, sea un acto político en sí mismo, dado que eso refleja que todavía no hemos llegado al punto en el que sea un hecho tan natural como que se la den dos personas de género diferente.

Por tanto, llegamos ante una realidad descorazonadora, como es creer que aquello que ya se ha logrado va a estar ahí siempre, y no es así. Todavía existen muchísimos prejuicios, sobre todo si sales fuera de las grandes ciudades, y el crecimiento de los discursos de odio y el eco que se les da es horrible. Se está generando una intolerancia y falta de empatía que está provocando una sociedad más reaccionaria. El motivo no es otro que, al final, no podemos quedarnos callados ante las barbaridades que se dicen o se hacen, ni ante propuestas de ley que buscan que otra vez vivamos en las sombras… No se puede permitir. Hay asuntos que deberían trascender más allá del color político; son cuestiones que tienen que ver con la dignidad humana y eso es algo que hay que empezar a entender. No podemos seguir impasibles ante los ataques a colectivos que, desgraciadamente, históricamente han sido perseguidos y ante los que ahora aflora una sensación que no deja buen sabor de boca.

Quizá, por eso, una obra como A la orilla de la Île Saint-Louis sigue siendo necesaria en estos días. Nos muestra que, tal vez, no hemos avanzado tanto como creíamos y que aquellas preocupaciones que tenían estos personajes siguen vigentes. En el momento en que piezas como El Barrio o A la orilla de la Île Saint-Louis no sean un retrato de la necesidad de ser visibles, de ser quienes queramos ser y de querer vivir sin miedo, entonces podremos decir que se ha producido un cambio real. Sin embargo, mientras siga siendo un motivo de exclusión, tendremos que seguir utilizando todas las armas posibles para hacer una sociedad mejor. Por ello, me parece que la cultura tiene una responsabilidad fundamental: recordar que no todo está ganado y que queda mucho por hacer.

 

¿De dónde viene esa intolerancia hacia que cada persona ame a quien quiera libremente? ¿Cuáles creen que son sus causas?

Es una pregunta muy difícil. A veces he sentido la necesidad de hablar con personas que muestran esta intolerancia para saber qué es lo que les motiva, pero, realmente, no encuentro una razón suficientemente sólida que la justifique. Lógicamente, hay un origen y una mentalidad concreta, pero se basa más en la ignorancia o el miedo al diferente, así como en la herencia social y en una sociedad marcada por una educación heteropatriarcal realmente conservadora en muchos aspectos. Me parece increíble que aún haya gente que piense que el hecho de que otra persona viva su vida en libertad vaya a cambiar la libertad de la suya. Sin embargo, actualmente vivimos en un momento en el que hay discursos públicos que alimentan estos prejuicios y ataques directos. La solución, pienso, radica en la educación, y no me refiero solo a la formativa, sino a la de casa, a la del entorno y a la propia cultura. Sería muy importante que se fomentara la empatía, la necesidad de ponerse en la piel del otro y ver que realmente no somos tan diferentes como se desea plantear.

El amor tiene diferentes lenguajes, al igual que la forma de definirse a uno mismo, pero, en el fondo, tenemos muchas más cosas en común de las que nos separan.

Sí que me gustaría apuntar que todavía me parece increíble que haya personas que piensen que se elige libremente cómo te identificas, cuando es algo inherente al ser humano. Por lo tanto, es importante que se respete la dignidad del diferente, y ya no solo me refiero a la orientación sexual o al género, sino a cada identidad: ser o no ser de España, ser vegetariano… Se debe fomentar el respeto y velar por sus derechos. Somos una sociedad muy diversa, casi tanto como las personas que pueblan el mundo, pero al mismo tiempo compartimos diferentes ritos sociales que hacen que vivamos en comunidad. Abracemos las diferencias y permitámonos vivir en libertad.

 

Hungría ha derogado la ley de Viktor Orbán que vinculaba pederastia y homosexualidad e impedía hablar de LGTBIQ+ en las escuelas. Una ley que ha estado 5 años vigente. ¿Piensas que aquí podemos tener pronto leyes así?

No me gusta pensar a largo plazo sin tener ninguna convicción de cómo será; prefiero ser consciente de lo que tengo ahora, porque, de lo contrario, se puede generar una ansiedad anticipada que no ayuda a la lucidez ni al pensamiento crítico. ¿Podemos tener leyes así? Hay posibilidad, claro; hay discursos que realmente están alineados con este tipo de pensamiento, sobre todo en el ámbito educativo. Hungría es un ejemplo perfecto de cómo los derechos no están asegurados y de que, por desgracia, tenemos que estar pendientes. El problema principal que veo es la utilización de la infancia para mezclar dos problemáticas que solo buscan demonizar aún más la diversidad sexual. En este caso, se equiparaba la homosexualidad y la pederastia, poniéndolas al mismo nivel, cuando no tienen nada que ver. La protección de los niños es una obligación de la sociedad; se deben evitar los abusos y cualquier peligro que atente contra su dignidad. Ahora bien, que la orientación sexual o una identidad sean, ya simplemente por ser gay o trans, motivo de sospecha, es un error que, además, no tiene una base científica ni empírica, sino que está basado en el rechazo y en el odio.

Por ahora, en España hay un marco legal que protege al colectivo LGTBIQ+, pero, como hemos hablado antes, ninguna ley es inamovible. Por ello, debemos estar atentos y protegernos ante el odio. Por suerte, Hungría también ha demostrado la posibilidad de revertir estas medidas intolerables, aunque, como todo, el cambio no se va a percibir en la sociedad de un día para otro.

Mi deseo es no volver a una sociedad oscura, donde haya personas que deban esconderse o que sean perseguidas por ser simplemente como son. Un avance fundamental es fomentar la visibilidad, dado que garantiza la identificación y, para aquellos que no lo son, fomenta la empatía y el respeto.

Nuestra responsabilidad como artistas es señalar que el odio y el retroceso no se pueden aceptar. Y no lo digo solo a nivel social, sino también en el ámbito personal y psicológico: no se puede volver al horror y al dolor.

 

¿Has llegado a pensar que quizá en un futuro no puedas ejercer tu trabajo libremente? ¿Sientes esa incertidumbre?

Me gusta no pensar en el futuro, por lo que no tengo esa incertidumbre. Pero no creo que tenga que irme tan lejos para sentir las dificultades que se tienen. Actualmente, el teatro social tiene su lugar y se agradece que haya instituciones que sí luchen porque se muestren estas realidades y se visibilicen distintas formas de vida. Aun así, hemos podido ver varios casos en los que se ha intentado censurar alguna obra, quitarla de la programación o silenciar a sus creadores. Por lo tanto, no creo que haya una libertad total en la actualidad y eso es un indicativo de que no estamos ni de lejos en la situación idónea. Hablar del colectivo LGTBIQ+, al igual que puede abrirte puertas en algunos estadios, a nivel general puede cerrártelas ante aquellos que opinan que ‘es político’. Hemos tenido casos en los que nos han llegado a decir que no programan, por ejemplo, El Barrio en algún centro cultural para evitar polémica. Por suerte, en otros sitios, como el ayuntamiento de Guadalajara o en Barcelona, son ellos mismos los que nos han contactado al estar interesados en lo que se habla y lo que exponemos. No te puedo responder sobre el futuro, pero sí te puedo decir que nosotros seguiremos siendo fieles a lo que hacemos y en lo que creemos. No tenemos intención de dar un paso atrás; al contrario, pensamos que uno de los motivos por los que hacemos teatro es la posibilidad de entablar estas conversaciones que, en nuestra opinión, son necesarias.

 

Julio Viñuela Gavela es tu socio en la compañía y también es tu pareja en la vida real. ¿Es fácil conjugar esa relación profesional y laboral?

Después de cinco años como socios, ocho como pareja y apenas unos meses como casados, hemos encontrado el equilibrio (risas). No ha sido fácil, pero hemos sabido aprender con cada proceso. Con nuestra obra Ayer intenté suicidarme, fue un descontrol, ya que el proyecto ocupaba muchas horas de nuestro día a día, con las consecuencias personales que podía acarrear. Por lo que establecimos límites y tiempo de desconexión. Al final, aunque sea nuestra pasión, no deja de ser un trabajo y es imprescindible descansar de las responsabilidades. A día de hoy, tenemos muy claro cómo nos repartimos las tareas, la importancia de cuidar nuestro vínculo en el ámbito personal y separar a los Julio y Diego artistas de los Julio y Diego personas. Te puedo asegurar que ahora es un disfrute; aunque nos ha costado encontrar el equilibrio, pienso que eso pasa cuando tu socio vive contigo en la misma casa (risas).

 

¿Cómo son vuestras cenas? ¿Tenéis momentos para pensar en la nada estando juntos viendo Netflix o siempre hay sobre la mesa una conversación sobre el trabajo, el teatro y futuros proyectos?

No te puedo contar el detalle de nuestras cenas, porque es algo muy personal (risas). Fuera de bromas, a lo largo de cada día tenemos muchísimas conversaciones sobre muchísimas cosas. Julio y yo compartimos un universo y un pensamiento común muy rico. Gracias a ello, podemos hablar de temas muy variopintos, desde la actualidad política, pasando por Jane Austen y su estilo literario, hasta ver reels de gatitos y reírnos del sinsentido que son. También somos muy cinéfilos; nos encanta ir al cine y comentar lo que vemos. Lógicamente, por ejemplo, ahora, tenemos momentos de charla sobre el teatro y futuros proyectos, para ver hacia dónde vamos, qué pasos queremos dar y qué opciones tenemos, sobre todo a nivel de convocatorias y festivales… Pero no ocupa todo el día, sería insostenible. Aparte, nos contamos nuestro día a día, dado que, ojalá, solo nos dedicáramos al teatro, pero cada uno tiene su trabajo independiente de este proyecto común. Las anécdotas de nuestros lugares de trabajo siempre están a la orden del día; nada como algún chisme para reírnos y relajarnos en casa (risas).

 

Háblame un poco sobre la residencia Artística de Bululú. ¿En qué ha consistido? ¿Cómo de importantes son estas iniciativas de estos espacios independientes?

La verdad es que creo que tarde o temprano tenía que pasar, porque la Sala Bululú es nuestra casa desde el primer día que ensayamos en ella aquel octubre de 2021. La residencia nos ha permitido explorar el proceso desde sus salas, facilitándonos todas las horas de ensayo necesarias, apoyo en material y técnica para ir experimentando y, cómo no, el buen rollo que tienen Emi y Jonathan, que lo hacen todo muchísimo más fácil. Está siendo una experiencia enriquecedora; hemos podido tener ese fuego lento que necesita este tipo de procesos y eso te lo permite una residencia artística. Además, el tener una fecha de estreno hace que no vayamos como pollos sin cabeza ensayando por ensayar, sino que haya una dirección, una organización y distintas etapas. Estas iniciativas son fundamentales; gracias a ellas, compañías como la nuestra pueden experimentar, tienen un lugar en el que crecer y cuentan con un apoyo económico que es necesario para salirnos un poco del margen en el que vivimos.

 

Imagen promocional de A la orilla de la Île Saint-Louis. ©José Ángel Fernández de Córdoba

 

¿Cuál es la mayor dificultad con la que os encontráis como compañía a la hora de crear y mostrar vuestros trabajos?

Creo que esta vez lo tengo claro, y no voy a centrarme en el jaleo que es la producción, las condiciones económicas o la falta de ayudas para compañías y salas independientes, sino en la distribución. Si, después de no haber muerto montando una obra desde cero y con apenas ayuda, logras estar en cartel una vez que se ha terminado el proceso en Madrid… ¿qué viene? Pues ahí tenemos un melón que es un quebradero de cabeza. La distribución teatral a nivel independiente es tremendamente complicada, lo que hace que sea muy difícil poder llevar las obras a otros lugares. A ello se suma la alta competencia de las grandes producciones con cabezas de cartel. Lo entendemos, así funciona el negocio, pero sí que sería interesante que hubiera plataformas que lucharan por una igualdad de oportunidades más real. Al final, yo también, como espectador de muchas piezas de compañías independientes, sé que se están perdiendo obras maravillosas que pueden dar muchísimo que hablar y es una pena. Así que sí, diría que esta vez es la distribución, teniendo en cuenta que poner en marcha un proyecto es lanzarse a la piscina casi sin agua.

 

Y si miramos hacia el futuro laboral. ¿A dónde os gustaría haber llegado con La joie de la colina dentro de otros cinco años?

El futuro dirá, no me gusta anticipar nada. Solo deseo seguir disfrutando como lo hacemos, poder superarnos en cada producción y, tal vez, dentro de cinco años poder responderte qué tal han ido estos cinco años. Veremos.

 

¿Cómo es el barrio de Diego Da Costa?

El barrio de Diego Da Costa es una unión de diferentes barrios: desde el de Manuel Becerra, pasando por El Carmen, hasta mi etapa actual en el barrio de Justicia. Mi barrio es el recuerdo, es una canción, es un olor, es una tienda que todavía subsiste con su historia… Es desayunar con mis padres todos los fines de semana, comer y charlar en confianza con mis hermanos. Es caminar entre edificios y reconocer varios de ellos, y contarle a Julio sobre lo que viví en ellos. Es encontrarme con mis amigos en el mismo bar al que vamos desde hace más de diez años, pasar en taxi camino al trabajo, ver el Dragón y pensar: ¿quién me diría que acabaría siendo una pieza fundamental de mis obras? Poder ir caminando desde mi casa actual a los teatros, o simplemente pasear y perderme en parques, librerías y tiendas de discos… Mi barrio no lo hace solo el espacio, sino todas las personas que forman o han formado parte de mi vida.

 

¿Y tu Île Saint-Louis soñada?

Mi Île Saint-Louis es la casita que tenemos Julio y yo en Asturias, donde nos casamos. Es uno de mis lugares favoritos de la tierra, donde consigo desconectar y no miro el móvil ni para poner la alarma. Ahí he terminado todos los guiones de la compañía, al mismo tiempo que me he perdido entre las páginas de cuántos autores… Es ver la naturaleza desde otro lugar, pasear y ver animales por todos lados… Es mi Île Saint-Louis porque reconecto conmigo mismo y me da una paz increíble. Sí, es nuestra casita de Asturias; no os digo el lugar exacto, porque, aunque estaríais más que invitados, prefiero que tenga también ese halo de misterio y aislamiento que difiere tanto de la locura de Madrid o París.

 

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Bululú 2120, Clara Galán, Diego Da Costa, Jaime Macanás, Jorge Puerta, Julio Viñuela Gavela, La joie de la colina
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