"Soy una persona muy familiar. Me gusta construir comunidad con mis bailarines"
Ese abismo entre lo que se muestra en las redes sociales y lo que se guarda también puede formar parte de la identidad de una persona. La manera de relacionarse con otros y con uno mismo, de construir una imagen, de olvidarse de lo importante también. Y todo ello forma parte del discurso de Inestable, una pieza para siete intérpretes con dirección y coreografía de Lali Ayguadé que se verá el 24 y 25 de octubre en el Centro Danza Matadero.
Quien haya visto algún trabajo de la bailarina y coreógrafa Lali Ayguadé (Barcelona, 1980), es muy probable que lo recuerde. Y quien la haya visto bailar, seguramente no la olvidará nunca. Así de sólida es la voz que ha construido y la identifica en escena. La teatralidad del gesto, la precisión profunda y un movimiento singular (“todas las personas estamos hechas del aprendizaje de otras”, confiesa discreta), forman parte de una manera de hacer que le ha valido el reconocimiento con importantes premios. Por ejemplo, el de mejor coreografía por Hidden en los Premis Butaca 2018 y el de mejor coreografía por Runas, en los Max de 2022, que un año más tarde también fue nominada en los Premis Teatre Barcelona. Hay más, como intérprete y dentro y fuera de la danza. Lali protagonizó el cortometraje de Juanjo Giménez Timecode, que recibió la Palma de Oro en el Festival de Cannes, el Premio Goya y el Gaudí, y fue nominado a los Óscar.
Los días 24 y 25 de octubre mostrará en el Centro Danza Matadero su última obra, que llega con algunas novedades. Se trata de Inestable, un montaje de formato más amplio (para siete intérpretes, cinco bailarines, un actor y una cantante) coproducido por Lali Ayguadé Company, Teatre Nacional de Catalunya, Dansa Metropolitana, Fabra i Coats – Fàbrica de Creació de Barcelona y el propio Centro Danza Matadero. Y ella, Ayguadé, compone la dirección y la coreografía desde fuera, es decir, que en esta ocasión no la veremos en el escenario. Estrenado el pasado mes de marzo en el Teatre Nacional (Barcelona), cuenta por teléfono desde Barcelona que no ha sido un proceso fácil, «por todos los aspectos lo que había que coordinar», explica, pero que sobre todo, ha sido un recorrido artístico muy satisfactorio. «En Inestable hay un equipazo al frente de cada aspecto y todos nos hemos influido artísticamente y hemos convivido en la idea del espectáculo». Se refiere a Adrià Pinar al frente de la escenografía, Fanny Thollot en la composición musical, Roberta Mancilla en el vestuario, Jordi Oriol como asesor artístico y los intérpretes: Anna Calsina Forrellad, Joana Gomila, Linda Pasquini, Diego Sinniger, Piero Steiner, Lisard Tranis y Akira Yoshida. La mayoría, colaboradores habituales y familia. «Es el mismo elenco de Hidden más Linda Pasquini, la más joven. Y es un equipo que me encanta. Cuando me vine a España después de estar varios años trabajando fuera, quise construir una comunidad. Y es ésta».

¿Es importante el vínculo con los intérpretes más allá de la construcción de una pieza?
Soy una persona muy familiar. Vivimos en un mundo en el que todo cambia mucho y muy rápido. Yo, además, viajo mucho y en la familia, en construir comunidad, hay algo de permanencia que me da seguridad y por eso la reivindico y la necesito.
De todos esos cambios de los que habla, y particularmente los asociados a las redes sociales y nuevas tecnologías, «concretamente del teléfono móvil», dice, versa Inestable. Sobre lo que se muestra al exterior, casi siempre idílico, y lo que ocurre de puertas para adentro. De las dificultades para estar dentro de ese circuito sin perder la identidad, e incluso de la influencia del valor de la imagen impactante en redes como Instagram en la creación. «Enseñas un minuto de vídeo de tu trabajo, pero los creadores somos conscientes de que el valor de lo que hacemos está en el estudio».
En sus piezas, el trabajo humano y de la identidad está muy presente, ¿cómo ha sido ese enfoque con respecto a las redes sociales, en este trabajo?
Para empezar, el elenco tiene edades muy diferentes. Y eso también te muestra cómo unas generaciones y otras se relacionan con los móviles, etc. Está el más mayor que se encuentra perdido en este mundo y debe actualizarse constantemente. Y la más joven, que he querido que fuera la que precisamente reivindique la imaginación más allá de lo virtual.
¿Cómo depositar la esperanza en quienes vienen?
Sí. Poner el foco en el mundo que estamos construyendo y que de muchas maneras les estamos dejando a los más jóvenes. Por eso me pareció interesante que fuese la de menor edad, que se está haciendo una personalidad y hueco en el mundo, plantee el ver más allá.
¿Qué le interesa, de manera más concreta, sobre el tema de la identidad, que generalmente aborda en sus trabajos?
Somos seres humanos quienes mostramos cosas en las redes sociales. Y lo que mostramos nos hace humanos y de alguna manera forma parte de la construcción de esa identidad. Y tenemos que convivir, discutir para intentar llegar a soluciones, aprender para poder avanzar, comunicarnos. Todo eso forma parte de la identidad. También el hecho de poder ver qué hay de mí en ellos, los intérpretes de mis obras, y al revés. Poner en valor esta o aquella manera diferente.
En su lenguaje coreográfico hay muchos aspectos que la hacen singular. Su propia expresión corporal…
Tengo una historia en mi cuerpo construida con las voces de los creadores con quienes he trabajado. Pero también tengo una personalidad. Al final, nadie surge de la nada y una lleva las huellas de otras personas. Pero algo que me encanta es meterme sola en el estudio e improvisar para sentir mi cuerpo, desde muy pequeña. Ahí vas viendo patrones y trabajas pensando en los nuevos que puedan surgir.

Sus trabajos tienen cierta teatralidad y desde el gesto casi que se comunica una historia…
Sí, aunque se trate de un lenguaje abstracto el de la danza contemporánea, son piezas muy teatrales y es verdad que me sirvo del gesto para contar algo, aunque sea una sola línea, y creo que sitúa. Sin llegar a haber nada narrativo, una historia concreta, esa gestualidad conecta con mi imaginario y con mi intención.
¿Cómo le ha resultado trabajar en la dirección y coreografía de Inestable sin formar parte del elenco?
Ha sido el trabajo más complejo que he hecho. Porque, además, si por ejemplo estaba ensayando con los intérpretes, también surgía alguna duda sobre escenografía o luces que había que resolver. Muchos aspectos a tener en cuenta. La verdad es que me encanta crear, empezar desde una especie de juego e ir estructurándonos. Se trata de ir descubriéndose, son momentos realmente mágicos que se dan en todo el proceso de la creación. Como artesanía. Luego, cuando está todo más fijado, viene el momento de la repetición, que puede que se haga algo más pesado, es como ir picando piedra. Pero tan necesario. Me resulta muy curiosa la mezcla de esas dos partes del proceso. El estar fuera me ha permitido observar muchísimo y escuchar. Y me encanta observar a las personas.
¿Ha cambiado algo de la pieza desde su estreno en marzo?
Algo ha cambiado. Vas viendo cómo transcurre y surgen necesidades en la obra y haces ajustes. Así que en Matadero se verá algo diferente.
Formada en el Conservatori del Liceu y el Instituto del Teatre, en Barcelona, y ya fuera, en la prestigiosa PARTS (Bélgica), donde creó su primer solo, Silence, bajo la dirección de Wim Vandekeybus, Ayguadé ha trabajado con Akram Khan, Roberto Oliván, Baró d´Evel y Marcos Morau entre otros. Desde 2013 dirige su propia compañía.
No hace mucho publicó un pequeño vídeo en su cuenta de Instagram donde se la veía improvisando en el estudio. ¿La veremos bailar en escena pronto?
La verdad es que tengo muchas ganas, porque llevo un tiempo dirigiendo piezas para otras compañías. Sí, aunque reconozco que a veces necesito un empujón, tengo ganas de volver al cuerpo y al estudio a buscar.