"Con nuestra obra no solo queremos recordar a Las 13 Rosas, sino también a todas las mujeres que han luchado y siguen luchando por la democracia y sus derechos"
Gaia Doblas es la autora e intérprete de La Rosa 14, una obra inspirada en hechos históricos y centrada en la memoria y resistencia de Las 13 Rosas, el nombre colectivo dado a un grupo de trece jóvenes fusiladas por la dictadura franquista el 5 de agosto de 1939.
Eva Manjón dirige esta propuesta en la que conoceremos la historia Carmen Cuesta Rodríguez, una mujer que sobrevivió a la terrible cárcel de Ventas y que será la encargada de mantener viva la memoria de estas jóvenes asesinadas que se han convertido en un símbolo de la represión franquista y de la lucha por la libertad.
Ambas nos hablan sobre este proyecto que puede verse en el Gran Teatro Pavón de Madrid los días 18, 24, 31 de octubre, y 1 y 7 de noviembre.
¿Quién es Gaia Doblas y de dónde le viene su amor por las Artes Escénicas?
Gaia Doblas: Soy una actriz que está descubriendo que también puede crear. Nunca sé que responder cuando me pregunta de donde viene mi amor por esto porque la realidad es que siempre ha estado conmigo. Me emociona ver como el escenario es un lugar muy poderoso para contar cosas. Supongo que más que una respuesta concreta a cuándo nació mi amor por las Artes Escénicas, diría que sigo encontrado cada día motivos para querer estar dentro de ellas.
¿Siempre has tenido claro que dedicarte a esta profesión era el Plan A de tu vida?
Gaia Doblas: Sí, nunca lo he dudado, nunca me he planteado dejarlo… la verdad es que nunca he tenido un plan B. Lo que sí he ido descubriendo con el tiempo es que aunque mi mayor pasión sea la interpretación, también disfruto con otras partes del proceso creativo como la escritura, dramaturgia… todo eso que hace posible que el teatro o el cine estén vivos y existan.
¿Dónde te formas como actriz y creadora?
Gaia Doblas: Empecé mi formación actoral de niña. A partir de 2006 comencé a tomar clases de teatro. En 2019 ingresé en la Escuela Superior de Arte Dramático y posteriormente me trasladé a Madrid a estudiar en Central en Cine. Con el tiempo decidí ampliar esa formación también hacia la creación. Por eso hice un máster en guion, cursos de creación y dirección en la ECAM y formación de coach de actores en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Creo que toda esa formación ha ido construyendo la manera en la que entiendo ahora mi profesión, desde un sitio activo y creativo.
Y cuando termina ese periodo formativo, ¿cómo son esos primeros pasos sin ruedines por la profesión? ¿Da vértigo el empezar a caminar sola?
Gaia Doblas: Vértigo da crecer y hacerse adulto (risas), no tanto mi profesión como tal. Lo bueno y lo malo de esta profesión es que no hay un camino determinado por el que avanzar y eso siempre genera vértigo. Además los actores y actrices nunca dejamos de hacer cursos, formarnos… mientras lo compaginamos con el trabajo. Lo estoy diciendo en muchas entrevistas, hay que confiar en la gente joven y en las personas que estamos empezando porque de corazón confío en que tenemos mucho que decir y que aportar pero a veces cuesta encontrar los espacios donde confíen en nosotros para que podamos desarrollarnos. Yo he tenido mucha suerte encontrándome a personas como Eva Manjón y Juanjo Molina, de Evita Produce, que confiaron en mi desde el día uno. Me siento muy afortunada.

Eva, tú eres actriz, directora, dramaturga y productora de larga trayectoria. Háblame un poco de Evita Produce. ¿Qué es y qué tipo de teatro os gusta llevar a cabo? ¿Cuáles son las líneas maestras que os definen como productora y compañía?
Eva Manjón: Evita Produce es una productora un poco ecléctica, porque trabajamos con universos muy diferentes, desde la fantasía y el teatro familiar hasta propuestas de carácter más social, como La Rosa 14. También hemos adaptado obras literarias, como Notre Dame, de Victor Hugo. En realidad, creo que nuestro criterio tiene mucho que ver con las cosas que nos ilusionan, ya sea porque forman parte de nuestro imaginario o porque, de repente, nos tocan de una manera especial. Nos gusta trabajar en proyectos en los que creemos y que sentimos que tienen algo que contar. No nos cerramos a un género ni a un tipo de público concreto; nos mueve la posibilidad de crear historias que nos emocionen y que, de alguna manera, puedan emocionar también a los demás.
Mi última noche con Sara, Juana y ahora La Rosa 14. ¿Podríamos decir que uno de esos pilares que os sostiene es vuestro fuerte compromiso dando voz a las mujeres?
Eva Manjón: Sí, sin ninguna duda. Soy mujer, soy feminista y estoy comprometida con las historias de las mujeres. Considero que el teatro debe servir, en ocasiones, para dar voz a historias que han sido silenciadas anteriormente. La Rosa 14, Juana y Mi última noche con Sara son ejemplos de ello. Creo que el teatro debe ser un canal, un altavoz para muchas mujeres cuyas historias no han tenido el espacio que merecían. Y ese compromiso también está presente en nuestras producciones familiares. En espectáculos como Hadas o Christmas Dreams, las protagonistas son niñas o adolescentes. Para mí, es importante que las mujeres y las niñas ocupen el centro de las historias, que puedan reconocerse en ellas y que tengan referentes con los que identificarse.
Gaia, ¿de dónde te nace hacer un texto como La Rosa 14?
Gaia Doblas: Yo conocía, como todos, la historia de Las 13 Rosas y desde entonces he pensado mucho en ella. Me impresionaban sus edades, me impresionaba su valentía, me impresionaban ellas y cuando una historia se te mete dentro, tienes que buscar la manera de sacarla y que mejor manera que con el teatro. Cuando conocí la historia de Carmen (Cuesta Rodríguez) me di cuenta de que era su mirada desde donde tenía que contar la historia. Contarla desde la que sobrevivió hacía que una historia tan oscura se acercará más a la vida que a la muerte y eso era justo lo que quería. Porque si algo me remueve de toda esta historia es eso, pensaren todo lo que lo pudieron vivir. Quería contar sus vidas, no sus muertes. Durante la documentación había una frase que se repetía todo el rato “que mi nombre no se borre de la historia”, y creo que como sociedad no podemos dejarla pasar. Es el deseo de una joven de 20 años antes de ser fusilada que siento que nos interpela de manera directa. Si no somos las nuevas generaciones la que cogemos ese testigo, se van a acabar olvidando y eso es justo lo que no podemos permitir que pase.
¿Cómo ha sido ese proceso de investigación que comentas?
Gaia Doblas: Ha sido un proceso muy interesante y muy bonito porque descubrí muchísimas cosas que no sabía. Leí todo lo que pude encontrar sobre Las 13 Rosas, sobre Carmen (Cuesta Rodríguez) y sobre todas las supervivientes de la cárcel de Ventas, porque esta historia habla de todas ellas. Pero para mi era realmente importante ir más allá, no quería quedarme en los datos y en personajes históricos. Quería saber quienes eran ellas antes de convertirse en Las 13 Rosas. Sus edades, sus relaciones, sus familias, cómo eran, qué pensaban, que sonaban… Todos conocíamos su muerte pero no sus vidas. Y hubo algo que fui entendiendo durante la investigación, que cuando hablamos de ellas como Las 13 Rosas es muy fácil que se conviertan en un cifra o en un símbolo. Y yo lo que pretendía era recuperar a las personas que había detrás de ese número. También fui encontrando testimonios, documentos… poco a poco fui contrastando todo y valorando con que quedarme porque cuando trabajas con personas reales y con una historia tan dolorosa, tienes una responsabilidad enorme. Di muchas vueltas hasta encontrar una mera de contar la historia que, sin dejar de ser rigurosa e históricamente justa, también pudiera hacer que el público sintiera que esas mujeres estaban mucho más cerca de nosotros de lo que pensamos.

¿Y cómo descubres la historia de Carmen Cuesta Rodríguez? A quien tú das vida en La Rosa 14.
Gaia Doblas: La descubrí durante la documentación de Las 13 Rosas. Yo, al principio, me acercaba a ellas como conjunto, pero durante esa investigación apareció Carmen y me llamó la atención su historia. La edad de Carmen me hacía corroborar la crueldad de la que estábamos hablando. Ella había estado detenida, también había sido juzgada y también formaba parte de ese grupo de mujeres, pero consiguió sobrevivir. Cuanto hablamos de Las 13 Rosas acabamos con su muerte, pero ¿qué pasó con la que se quedó? ¿Cómo sigues viviendo? ¿Qué haces con todos esos recuerdos? ¿Y con ese miedo? Pronto tuve claro que tenía que contarlo desde ella, no solamente porque sobreviviera, si no porque de alguna manera se convierte en la persona que puede mater viva la historia de las otras. También es importante decir que esta historia es la de Carmen y la de otras muchas mujeres que pasaron por la cárcel de Ventas durante la postguerra. Es una vivencia colectiva.
Ella murió en 2010, pero has podido hablar con sus familiares. ¿Te han ayudado a dar forma a la obra? ¿Han podido verla?
Gaia Doblas: Sí, hemos tenido la oportunidad de acercarnos a la familia de Carmen, y para mí ha sido de lo más emocionante de todo este viaje. Una cosa es investigar un personaje histórico y otra muy distinta es que esa historia te la cuente su hija Tina emocionada después de ver la obra. Que hayan querido acercarse a nosotras, a la obra, recibir su mirada y saber que han reconocido en nuestra Carmen algo de lo que ellos recuerdan, es probablemente de las cosas más bonitas que me ha dado este proyecto.
¿Y cómo se consigue llevar un texto así a buen término? ¿Qué papel juega en todo este proceso la figura de Eva Manjón?
Gaia Doblas: Un texto así no lo puedes llevar a buen término tú sola. Puedes tener una idea, puedes escribirla, puedes incluso tener muy claro lo que quieres contar, pero llega un momento en le que necesitas a alguien que lo mire desde fuera y que te ayude a convertir todo eso en teatro. Esa persona ha sido Eva. Realmente me siento muy afortunada que una persona como Eva, con su talento y su experiencia, haya confiado tanto en mi y en mi texto. Eva ha cogido con todo el cariño y toda la responsabilidad del mundo todo ese material que yo le dí y me ha ayudado a encontrar la manera de llevarlo al escenario. Nutrirme de ella ha sido un regalo enorme y he aprendido muchísimo de este proceso. Ha sido muy generosa conmigo. El trabajo que ha hecho de dirección y dramaturgia es de una sensibilidad y delicadeza increíble. Ella ha sido un espacio seguro en toda esta experiencia que para mi ha sido totalmente nueva. Me ha permitido arriesgar, investigar, volver a empezar, dudar, opinar… esto ha llegado a ser lo que es porque ella ha estado en el proceso y eso me ha echo confiar.
Eva, háblame un poco de Gaia Doblas, esta joven malagueña que escribe, interpreta y todo lo que se le ponga por delante.
Eva Manjón: Gaia Doblas fue alumna mía en la Central de Cine y sigue formándose conmigo en los talleres y cursos de técnica Michael Chekhov que imparto. Es una chica jovencísima, pero con la cabeza extraordinariamente bien amueblada, una educación maravillosa y unos valores que admiro muchísimo. Además, tenemos la suerte de compartir neurona, como decimos nosotras. A pesar de que nos llevamos veinte años, tenemos estructuras mentales muy parecidas. Estamos constantemente en una especie de telepatía, muchas veces pensamos y sentimos lo mismo, como si una pudiera escuchar el pensamiento de la otra. Es algo muy especial, que me ha sucedido en muy pocas ocasiones y, desde luego, nunca de una manera tan intensa. Creo que Gaia tiene un talento desmesurado. Da igual que interprete, dirija o escriba, tiene una capacidad y una curiosidad enormes. Estoy convencida de que va a hacer todo lo que se proponga, porque, si todavía no sabe hacerlo, lo aprende.
¿Y cómo llega el proyecto de La Rosa 14 a tus manos? ¿Qué viste que tenía de especial para querer producirlo y dirigirlo?
Eva Manjón: La Rosa 14 nos llega de la mano de Gaia. Cuando nos leyó el texto en casa, empecé a imaginar una atmósfera. Antes incluso de pensar en la dirección escénica, ya había algo en aquella historia que me había impresionado profundamente. Después surgió la idea de acompañarla con ese coro de Las 13 Rosas, como presencias fantasmales que la rodean. Me parecía demasiado duro, demasiado desnudo, dejarla sola frente a una historia de esa magnitud. En el fondo, lo que sentí fue la necesidad de decir basta. Tenemos que seguir contando y recordando estas historias para que no vuelvan a repetirse.
Meter a 14 actrices en escena es algo poco habitual en estos días para una producción tan personal y privada.
Eva Manjón: La idea de incorporar a las 14 actrices estuvo presente prácticamente desde el principio, como te comento. Para mí era imposible concebir esta historia con una única mujer en escena. El texto era tan potente, tan explícito y, al mismo tiempo, tan poético, que enseguida me aparecieron las imágenes de esas trece compañeras que debían acompañarla. Pero ellas no son únicamente Las 13 Rosas. A veces son ellas mismas, otras, un coro, el pueblo, una idea o una masa de sentimientos. En ocasiones representan la atmósfera de una ciudad, las presas del mundo o algo tan abstracto y tan universal como el miedo, la soledad o el frío. Necesitaba que todas esas presencias habitaran el escenario. Para mí, esas catorce mujeres construyen un universo emocional que va mucho más allá de lo que cuenta el texto: son la memoria, la ausencia, la compañía y también la voz colectiva de tantas mujeres a las que se intentó silenciar. Fue una decisión que sentí casi desde el primer momento. No podía imaginar La Rosa 14 de otra manera.
¿Cómo ha sido la dramaturgia que has elaborado para dar forma a La Rosa 14? ¿Ha habido muchos cambios estructurales, o de lenguaje, o de forma de transmitir el mensaje en relación al texto que te pasó Gaia?
Eva Manjón: El texto de Gaia llegó muy bien armado, aunque tenía un carácter más narrativo y literal, quizá menos teatral. Lo que hicimos fue, sobre todo, reordenar momentos y secuencias para encontrar el ritmo escénico adecuado. Una de las cosas que tenía muy claras es que necesitábamos introducir más comedia. Le pedí a Gaia que reescribiera algunas partes para incorporar momentos más luminosos, incluso rozando lo absurdo y la parodia. Queríamos arriesgar, romper las expectativas y permitir que el público descansara por momentos de la angustia y la tragedia que atraviesan la obra. Si manteníamos constantemente esa intensidad emocional, corríamos el riesgo de que el espectador no pudiera sostenerla. Por mi parte, escribí algunas entradas de la narradora y me ocupé, sobre todo, de guiar el proceso y editar determinados elementos, buscábamos el equilibrio entre el horror de lo que se cuenta y la necesidad de encontrar otros lenguajes para transmitirlo.
Gaia Doblas: Eva y yo teníamos muy claro que darle luz a una historia tan oscura era fundamental. Yo tenía claro que quería que los 15 años de Carmen se reflejaran en alegría, en ganas de vivir, en risas, en jovialidad… la visión desde fuera de Eva fue fundamental para encontrar ese humor. Me animó a que no me diera miedo y entonces entendí que utilizar el humor no es quitarle gravedad a lo que pasó. Al contrario. Lo que hace es volver la situación todavía más humana. Porque además el humor también es una forma de resistencia. Cuando estás en una sitiaron terrible, seguir riéndote es una manera de decir: “No vais a conseguir quitármelo todo”.
Gaia, al estar inmersa en el proceso de escritura, ¿te has podido proyectar a lo que podría sentir Carmen en esos momentos? No olvidemos que era solo una niña de 15 años, como bien comentas. ¿Cómo crees que lo hubieras afrontado tú?
Gaia Doblas: Me he podido acercar a mi manera, porque todo lo que yo pueda imaginar o sentir no debe estar ni cerca de lo que ellas vivieron. Nosotras sabemos cómo termina la historia pero ellas no, ellas vivían el miedo, la incertidumbre, la pérdida, la cárcel, la separación… desde un sitio que nosotros podemos intuir pero nunca sentir. Y la respuesta honesta a qué hubiera hecho yo, es que no lo sé. Creo que sería muy fácil, desde nuestro presente y con la distancia que nos da el tiempo, decir yo habría hecho esto o aquello. Me gustaría pensar que habría encontrado la fuerza para defender aquello en lo que que creo, como hago ahora a través del teatro. Pero también sé que me hubiera cagado de miedo. Y la pregunta que más me incomoda no es la de qué hubiera hecho en el pasado si no la de ¿qué haría si algún día me tocará vivir algo parecido? Ojalá nunca tenga que saberlo. Escribir esta obra me ha hecho pensar que quizá, la mejor manera de honrar a Carmen no es imaginar que nosotros seríamos más o menos valientes que ella. Es intentar que nunca volvamos a poner a una niña en una situación en la que tenga que demostrarlo.
Eva, estando también Juanjo Molina al frente de la productora, la música es un elemento fundamental en cada una de vuestras creaciones. ¿Qué papel tiene en La Rosa 14?
Eva Manjón: El trabajo de Juanjo Molina como compositor es absolutamente indispensable en nuestras creaciones. La música forma parte de nuestra identidad como productora desde el primer momento y, en algunos espectáculos, llega a tener prácticamente el mismo peso que la propia dramaturgia. En La Rosa 14, aunque la música no tiene ese protagonismo tan evidente, su papel es fundamental. La banda sonora, que además está disponible en las principales plataformas digitales, te atraviesa emocionalmente. Juanjo ha conseguido crear un universo sonoro que acompaña la historia y que te conduce por ella de una manera muy profunda. Para mí, la música es la encargada de generar ese carril emocional que permite al espectador transitar por la historia, conectar con los personajes y sentir todo aquello que, a veces, las palabras no pueden expresar
Estamos inmersos en un proceso de cambio de paradigma a nivel global. ¿Por qué es importante que no olvidemos la historia de Las 13 Rosas? Y, sobre todo, ¿por qué es importante que los jóvenes se acerquen a descubrirla?
Gaia Doblas: Creo que esta historia nos recuerda que los derechos que tenemos hoy no han estado siempre ahí, y mucho menos tenemos garantizados que estén ahí para siempre. A veces hablamos de la historia como si fuera algo que ocurrió hace muchísimo tiempo y que ya no tiene nada que ver con nosotros. Y me da verdadero miedo que tanta gente piense así porque yo creo que es justamente al revés. La historia está llena de decisiones que alguien tomó, de silencios que alguien permitió y de derechos que alguien perdió o ganó. Y cuando dejamos de mirar hacía atrás, cuando dejamos de hacernos preguntas, corremos el riesgo de dos cosas: de que las atrocidades cometidas vuelvan a ocurrir y que demos por imposibles determinadas cosas que alguna vez existieron. Las 13 Rosas eran mujeres muy jóvenes. Tenían amigas, familias, amores, miedos, ganas de vivir… tenían una vida por delante y de repente, esa vida fue arrancada. Fueron ellas pero podría haber sido mi abuela o incluso en otro momento u otro contexto podría haber sido yo, podrían haber sido mis amigas o cualquier persona que esté leyendo esto ahora mismo. Y justo aquí es donde confío que esta historia pueda interesar a la gente joven, porque son chicas como ellas y ellos. Creo que es especialmente importante que los jóvenes conozcan esta historia. No para transmitirles miedo, ni para decirles qué tiene que pensar políticamente, sino para que entiendan algo mucho más básico: la libertad, la democracia, los derechos y la posibilidad de expresarnos no son cosas abstractas. Son cosas que afectan a nuestras vidas y que se pueden perder. Mi generación y las de después hemos nacido con determinado derechos incorporado. Hemos podido estudiar, expresarnos, amar a quien queramos, reunirnos, votar, protestar, crear, pensar diferente… parece que todo eso ha estado siempre ahí. Pero tenemos que recordar que no. Hubo personas que no pudieron hacerlo. Y hubo personas que pagaron con su vida por defender unas ideas, por pertenecer a determinados movimientos o sencillamente, por estar en el lugar equivocado en un momento terrible. No me gustaría que un adolescente saliera de La Rosa 14 pensando que le han explicado lo que tienen que penar sobre las 13 rosas. Me gustaría que saliera preguntándose ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Qué habría hecho yo? ¿Por qué ocurrió? ¿Puede volver a pasar?
Eva Manjón: Estamos posiblemente ante el cambio político y social más importante del siglo XXI, tanto a nivel mundial como en España. Y, por supuesto, creo que, al igual que ocurrió a mediados de los años veinte, casi en los treinta, es fundamental mirar atrás. Parece mentira que estemos prácticamente a cien años de distancia de aquellos acontecimientos. Espero que no nos espere lo mismo. Precisamente por eso, ahora es tan importante recordar lo que sucedió entonces para evitar que vuelva a repetirse. La memoria sirve para construir el futuro. El futuro no existe sin memoria. Hoy somos el resultado de nuestra historia y de las decisiones que se tomaron en el pasado. Por eso es absolutamente indispensable no olvidar lo que ocurrió.
Mucha gente demuestra su hartazgo sobre seguir removiendo cosas de la Guerra Civil y no quieren ni oír hablar de la Memoria Histórica. ¿Qué opinión os merece eso?
Gaia Doblas: Esto es algo que realmente me preocupa. Cuando dejamos de hablar de nuestra historia, esta empieza a convertirse en un relato que otros pueden manipular, simplificar o directamente borrar. Porque si no sabemos hasta dónde puede llegar el odio, podemos subestimarlo. Si no sabemos lo que significa vivir sin libertada, podemos pensar que la libertad está garantizada. Por eso hay que hablar de la historia. Porque recordar no es vivir anclados al pasado, es una herramienta para construir el futuro. Recordar es un acto de justicia.
Eva Manjón: Los que no quieren volver a oír son los que no hicieron los deberes en la transición, los que realmente se quedaron atascados, los que les interesa porque no tienen a sus muertos en las fosas comunes. Yo no tengo muertos en las cunetas, pero tengo ojos, oídos y sentido critico…
Hay un fragmento de la obra en el que se dice que es mejor rendirse, ante una guerra que se alarga. Para una mujer como tú, Eva, que nunca se ha rendido, ¿qué significado tiene para ti esa frase hoy en día?
Eva Manjón: Pues yo solo sé no rendirme, esa es la verdad. Tengo una resiliencia bastante poderosa, pero tampoco creo que haya que demonizar a alguien que lucha tanto como para llegar a extenuarse, y se rinde. Es decir, rendirse también puede ser una opción. Quizá no a ojos de la política, pero a veces rendirse, soltar, significa acabar con una resistencia que también te hace sufrir. No lo sé, es una pregunta demasiado profunda.
En otro fragmento de la obra se dice que hay que recordarle al mundo por lo que realmente luchamos. ¿Cuáles son esas cosas por las que deberíamos luchar?
Eva Manjón: Por la bondad, por la solidaridad, por el apoyo, por la caricia, por la suavidad, por la sonrisa. En definitiva, por estar en el lado correcto de la historia.
Gaia Doblas: Pues por lo que debemos luchar en la actualidad no esta nada lejos de aquello por lo que ellas lo hacían en 1939: por seguir teniendo voz, por la igualdad, por la libertad, por defender nuestras ideas sin miedo, por la memoria, por la justicia, por una educación que nos permita conocer nuestra historia para no repetirla, por no mirar hacia otro lado cuando los derechos de otra persona están siendo pisoteados. Como dijo Dionisia antes de su muerte: «La vida es muy bonita y por todos los medios hay que conservarla», por lo que la repuesta corta seria: por poder vivir.
¿Cómo fue ese momento en el que todo el elenco de La Rosa 14 fue al Cementerio de la Almudena? ¿Cómo lo vivisteis?
Eva Manjón: Fue un día muy emotivo. Además, acababan de vandalizar la tapia de Las 13 Rosas y la noticia había salido en todos los medios, porque habían escrito el nombre de Sara Santolalla, la divulgadora política. Teníamos bastantes dudas sobre si los grafitis seguirían allí, pero nos dio igual. Decidimos que, si la pared estaba pintada de esa manera, saldrían igualmente, haríamos la visita y nos sacaríamos las fotografías. Porque esa era la realidad que nos íbamos a encontrar ese día. Fue muy emotivo. Hacía muchísimo frío, era una mañana de enero, pero nosotras teníamos el corazón muy calentito.
Gaia Doblas: Yo tenía claro que era algo que teníamos que hacer. Ya había ido antes de empezar a escribir, pero ir después con todo el equipo de la obra fue realmente especial. De alguna manera fuimos a decirles que nosotras íbamos a poner nuestro granito de arena para que sus nombres no sean borrados de la historia.
¿Sentís que al final lo habéis conseguido? ¿Sentís que con esta obra conseguís que los nombres de estas mujeres sigan sin borrarse de la historia?
Gaia Doblas: Sí, siento que de alguna manera lo estamos consiguiendo. Pero también creo que esta es una misión que nunca termina. Y es trabajo de todos y todas. Si yo, que no viví la guerra, estoy pudiendo hablar de esta historia, es que alguien en medio ya cogió el legado que Las 13 Rosas dejaron. Mientras haya alguien que escuche sus nombres, que se pregunte quiénes fueron, cómo vivieron y qué les ocurrió, seguimos evitando que caigan en el olvido.
Eva Manjón: Hay mucha gente que todavía no sabe quiénes son, pero sí creo que esta obra es una manera de reconocerlas y de seguir perpetuando su memoria. Murieron por la libertad, y no solo quiero que recordemos a Las 13 Rosas, sino también a todas las Rosas del mundo, a todas esas mujeres que han luchado y siguen luchando por la democracia y por los derechos.
Cuando veis el patio de butacas aplaudiendo tras cada función, ¿cómo os hace sentir?
Gaia Doblas: Es impresionante, y me hace darme cuenta de la importancia que tiene lo que estamos haciendo y de lo presente que sigue en nosotros. Ver a la gente emocionada, dándonos las gracias y aplaudiendo de pie día a día en una obra como esta, que va de los derechos humanos y de lo fácil que es perderlos, me hace confiar un poquito más en el mundo.
Eva Manjón: Yo siento orgullo y muchísima emoción al ver que hay tanta gente que se emociona con esta historia y que quiere que las cosas cambien o que las cosas no cambien… No sé muy bien cómo expresarlo, la verdad. Siento que hay bondad y que hay esperanza.
¿Y tú, Eva, sientes que con tu labor sigues homenajeando y dando voz a las mujeres en estos tiempos en los que algo así toma más importancia si cabe?
Eva Manjón: Sí, siento que con esta labor sigo homenajeando y dando voz a las mujeres que en su momento fueron acalladas y silenciadas.
¿No da un poco de rabia que haya que seguir buscando el reconocimiento de las mujeres, que haya que seguir peleando por la igualdad?
Eva Manjón: Por supuesto. Estoy harta de tener que buscar el reconocimiento de las mujeres y de pelear constantemente por la igualdad. Pero, de momento, hay que seguir haciéndolo. A la vista está.