Michel Lopez y Santiago Sánchez dirigen Moscú no existe, un espectáculo bajo el sello de la compañía L'Om Imprebís que se sirve de textos de Antón Chéjov para crear una nueva dramaturgia que traslada temas característicos del autor ruso, como la pérdida de los sueños, la ansiedad y el cinismo de una sociedad que sigue tomando el té mientras el mundo arde, a la actualidad.
La obra podrá verse en el Teatro Fernán Gómez. CCV del 8 de octubre al 8 de noviembre.
Santiago, para ti no es nuevo acercarte al universo de Antón Chéjov. L’Om Imprebís ya lo hicisteis en Tío Vania y en Tu mano en la mía. No sé si en el caso de Michel también es un autor que ha abordado anteriormente.
Michel Lopez: Lo he leído mucho y trabajado en talleres que he realizado y en mis clases. Ponerlo en escena, es la primera vez.
Santiago Sánchez: El estímulo para los dos era sumar el interés que siempre tiene montar a Chéjov al trabajo que llevamos haciendo hace más de treinta años en L’Om Imprebís con espectáculos de improvisación y a la forma de desarrollar la escritura en escena que hemos hecho en espectáculos como Hoy no estrenamos. Sumar las dos experiencias con la idea de hacer una visión nueva que se aleja de cómo habíamos realizado Tío Vania, por ejemplo, trabajando los textos originales de Chéjov, pero vinculándolos a nuestra realidad más urgente, a lo que estamos viviendo hoy en día.
El título es ya toda una declaración de intenciones porque la idea de Moscú es algo muy presente en toda la obra del autor.
Santiago Sánchez: La referencia de Moscú, como pasa en casi todas sus obras y en su propia vida, es muy relevante. Él mismo estaba recluido en Yalta y el deseo de salir de esa realidad más mediocre conllevaba la idealización de Moscú.
Michel Lopez: En todos los países existe esa imagen de la capital como referencia central de la cultura idealizada, los deseos de uno están ahí, pero quizás muchas veces lo mejor es buscar ese Moscú dentro de uno mismo y en tu propia realidad. Es algo que dice la obra, porque pese a que digamos que Moscú no existe, hay un canto de esperanza y un canto de rebeldía porque ese Moscú es otra cosa.

La dramaturgia surge en base a cuatro de sus obras: Tío Vania, La gaviota, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos. ¿Cuál es la clave para encontrar una estructura común entre esos universos que tienen coincidencias, pero también muchas diferencias?
Santiago Sánchez: Lo que hay es una serie de obsesiones en el teatro de Chéjov y referencias constantes. Por ejemplo, entre nuestros personajes, la figura de la persona que ha llegado a los cincuenta años haciendo lo que le han dicho que debe hacer, estudiando, trabajando, dedicando su vida a los demás, y está vacío y no comprende nada y no sabe cómo salir adelante, podría ser perfectamente Vania, pero también es un perfil que se va repitiendo en muchas de las otras obras. La joven que idealiza su futuro y a la que le han dicho que si pelea por sus sueños, los va a conseguir, evidentemente es una referencia a Nina de La gaviota, pero la vemos también en Irina de Las tres hermanas. Las personas del servicio que se han dedicado a poner su vida a disposición de los demás y que luego, cuando ya no son útiles, son desechables, vemos ejemplos en Anfisa o Firs. Y, por último, en nuestra obra está el tiburón financiero, que cree que lo único importante de esta vida es el dinero y luchar por conseguirlo. Luego hay otros elementos también recurrentes como la casa. El hecho de desprenderse de ella como en El jardín de los cerezos es algo que está presente en la propia biografía de Chéjov, ya que de pequeño lo sacaron de su casa por un problema económico. Entonces, a través de esos cuatro personajes y utilizando los propios textos de Chéjov, desde el respeto profundo que le tenemos, hemos tejido una nueva dramaturgia partiendo de la realidad de su época trayéndola hasta el propio siglo XXI.
Michel Lopez: Haciendo algo que él mismo defendía, que sus obras había que actualizarlas constantemente.
Entonces, ¿la dramaturgia contiene partes íntegras de textos de Chéjov?
Santiago Sánchez: Prácticamente todo el texto bebe de ahí, luego, obviamente, hemos ido hilvanando cosas e introducido pequeños flashbacks de escritura propia, pero prácticamente el grueso de la función son textos originales de Chéjov.
Decíais que hacéis un proceso de escritura sobre la escena. ¿Cómo se materializa eso en la sala de ensayos?
Santiago Sánchez: Es algo que está en constante evolución, porque los textos de los que partimos se van puliendo constantemente. Es una labor casi de orfebrería, de destilar y destilar hasta que encuentras lo que buscas para dar cuerpo a los cuatro personajes que son la estructura central del relato. También juega un papel importante el trabajo de improvisación con los actores para ver cómo se va ligando todo. De ahí puede surgir una primera escritura en escena con la que se vuelve a hacer el mismo proceso. Desde que empezamos cada mes ha habido una nueva versión del texto.
Michel, supongo que hacer todo este proceso en un idioma que no es el tuyo tiene, además, una dificultad añadida.
Michel Lopez: Eso todavía lo hace más interesante para mí porque hay que ser muy claro. Por ejemplo, el francés tiene tendencia a ser un lenguaje más florido y aquí hay que hacer un trabajo a veces de precisión. Por eso, hemos trabajado también con diferentes versiones de las obras.
Santiago Sánchez: Hemos estudiado traducciones al francés y al castellano, y hubiera sido maravilloso que alguno hubiera sabido ruso también.
La gaviota es uno de esos elementos de Chéjov con los que también jugáis en vuestra obra. ¿Hay una resignificación en vuestro caso?
Michel Lopez: La gaviota es esa visión de la libertad y de la creación, y al final acaba muerta. Es, evidentemente, un símbolo fundamental en Chéjov y luego lo ha sido también del famoso Teatro de Arte de Moscú.
Santiago Sánchez: De alguna manera es Ania, porque ella es Nina, pero también es la Masha de Las tres hermanas, con esas ganas de salir y ver mundo. Son personajes femeninos muy condicionados y presionados por el entorno que quieren escapar.

Leyendo vuestro texto te das cuenta que no es difícil trasladar los problemas y las preocupaciones de los personajes de Chéjov a los que pueden tener muchas personas hoy en día.
Santiago Sánchez: Chéjov escribe desde un momento que supone un fin de ciclo. Por eso no me extraña que ahora mismo haya esta pulsión de traer sus obras, porque nosotros también estamos asistiendo a otro fin de ciclo. Lo significativo es que él narra este cambio de realidad social desde un punto de vista muy humanista, desde el desconcierto del ser humano. Las personas se enfrentan a algo que no son capaces de controlar y vas viendo la zozobra que les invade.
El personaje de Alexei, ese tiburón financiero que comentabas, ¿es el único que sabe subirse a esa ola que viene?
Santiago Sánchez: Con él vemos que el drama está en que parece que la salvación está puramente en lo económico. Uno puede estar naufragando en lo sentimental, pero si te va bien en los negocios todo está bien. Pues no, él no se siente completo. De todas formas, una de las mejores cosas que tiene Chéjov es que nunca condena ni salva a sus personajes, simplemente nos pone a nosotros en la tesitura de qué haríamos.
¿Qué importancia le vais a dar al paisaje, también muy simbólico, en la puesta en escena?
Michel Lopez: Es fundamental. Todo el rato sobrevuela el concepto de que la naturaleza está desapareciendo, que está dando paso a la construcción, al cemento. Que lo natural está perdiendo la batalla. No es que hable directamente de ecología pero, sin duda, nos remite de nuevo al mundo de hoy.

Anfisa es un personaje que nos puede llevar perfectamente a pensar en la crisis del cuidado en nuestro modelo de sociedad.
Santiago Sánchez: Es otro de los peligros de esta ola super liberal que ahora nos acomete, en la solo lo que tiene utilidad sirve a la sociedad. Anfisa repite en varias ocasiones que va a ser de ella cuando no pueda seguir trabajando. Y es que, ¿cuántas personas mayores acaban depositados en un parking de una residencia porque ya no son útiles? Se les aparta de la sociedad y se hace como si no existieran.
También están muy presentes otros temas como el estrés, la ansiedad, la insatisfacción constante… En definitiva, la salud mental.
Santiago Sánchez: Vivimos una sociedad en depresión constante, que se anestesia con medicamentos, con alcohol, con droga. Eso en la obra también se refleja, los personajes no paran de beber y de automedicarse para no sentir nada. Me gusta mucho esa idea porque para mí provoca la falta de estética, la falta de arte.
¿Tenemos en la actualidad más motivos para ser optimistas?
Michel Lopez: La alienación ahora es todavía más peligrosa y fuerte que en la época de Chéjov. Los portátiles, los móviles, la IA… nos han arrebatado la ociosidad y el contacto con la naturaleza.
Santiago Sánchez: Por eso hay una mayor necesidad de buscar un Moscú dentro de cada uno para protegerse de esas cosas. Y, para mí, es necesario reivindicar la cultura como herramienta también de protección y de necesidad básica. Agarrarse a esa tranquilidad solitaria de una lectura, de escuchar música, de ver una obra de teatro, cosas que te conectan con lo más verdadero de ti mismo.
A la hora de trabajar, ¿qué os aportáis cada uno?
Michel Lopez: Lo que aportamos es la complicidad que tenemos. Compartimos la admiración por esos autores que eran una especie de visionarios, pero a veces es necesaria una mirada externa para salir de una obsesión específica.
Santiago Sánchez: Para mí, Michel es un maestro. Cuando establecimos en la compañía ese lenguaje de la improvisación él nos aportó una forma de contar con muy pocos elementos, de una manera muy simple y eso lo hemos ido aplicando en todos los textos.
Chéjov introduce la comedia de una forma muy natural a través de ciertas situaciones. ¿Es difícil no caer en la caricaturización de algunos personas o momentos?
Santiago Sánchez: Ese equilibrio es muy sutil en sus obras, y dar con ello en una dramaturgia nueva no es fácil, él siempre se mueve en una línea muy fina. Trabajando sus obras siempre digo que Chéjov es papel de fumar, que basta con que caiga una gota de agua para que todo lo que parecía tan sólido se deshaga. Por eso, es tan grande. Pero bueno, Michel a Imprebís nos enseñó a quitar la palabra difícil y sustituirla por apasionante.
Con tantos trabajos a vuestras espaldas, ¿qué pesa más a la hora de decidir el siguiente proyecto?
Santiago Sánchez: El azar en este oficio es muy importante, pero lo que nos gusta es retarnos de alguna manera y asumir riesgos.