El director del Teatro Español lleva a escena por primera vez en su trayectoria una obra de Lorca. Yerma, que narra el conflicto de una mujer que se enfrenta a la imposibilidad de ser madre, tuvo su estreno en 1934 precisamente en el coliseo de Santa Ana, donde ahora regresa con la vocación de recuperar la pureza de la tragedia clásica del texto original.
La obra, que cuenta en su reparto con Lara Grube, Francisco Ortiz, Yolanda Arestegui, María Isasi y Silvia de Pé, entre otros, se podrá ver en el coliseo de Santa Ana del 30 de octubre al 27 de diciembre.
Desde tu experiencia como director de la compañía Noviembre Teatro y de la Compañía Nacional de Teatro Clásico del 2004 a 2011, ¿puede considerarse ya este texto un clásico, con todo lo que supone el término?
Bueno, estamos hablando de una obra que se estrenó en el año 34, con lo cual sí podríamos considerarlo un clásico reciente, porque Lorca, pese a que desapareció trágicamente asesinado en el Barranco de Víznar, es probablemente uno de los autores que más ha acompañado a todas las gentes de teatro durante las últimas cinco o seis décadas, desde que se recuperó.
Curiosamente, nunca te habías lanzado a dirigir nada de él.
No, nunca. Pienso que el teatro de Lorca tiene una complejidad que requiere un sosiego y un estudio especial y eso conlleva dedicarle un tiempo de calidad. Para afrontar el teatro que a mí me interesaba de Federico, que es sobre todo el teatro de los últimos años, nunca he encontrado ese momento y, bueno, ahora era ideal, porque además venía el Centenario de la Generación del 27. Creo que a raíz de este proyecto me voy a liar a hacer obras de Lorca bastante seguidas. De todas formas, como ya comenté al hacer Luces de Bohemia, los proyectos suelen llegar cuando les toca y salen de manera natural. Este es uno de esos casos.
¿Cómo te acercas a Yerma, desde la emoción o desde lo académico?
Pues fíjate, yo creo que Yerma es de los textos teatrales más esenciales que tiene Federico. Está ligado a la tragedia clásica. Digamos que toda la propuesta que él hace desde el texto es de una sobriedad y de una belleza increíble. Me recuerda mucho a todas esas tragedias áticas, todo ese mundo que está muy ligado a mis primeros años de formación teatral. Es un tipo de teatro que siempre ha sido un misterio para mí y por eso siempre busco desvelarlo. Yerma tiene todos esos ingredientes y, además, una poesía y unas propuestas hacia lo musical maravillosas.
Hablas de la influencia de las grandes tragedias griegas, ¿también encuentras ecos de nuestro Siglo de Oro?
Obviamente, mucho de Lorca nace de ahí: el drama rural, por ejemplo. Si has hecho mucho Lope, el verso de Lorca te suena muy familiar y conecta con la misma belleza natural. También es evidente que el amor que muestra por la poesía popular, el canto popular, la lírica popular… es algo que lo puedes encontrar también en Machado o, incluso, en Zorrilla, si me apuras. Al trabajar con los actores ves que al poner en escena una obra de Lorca deben estar entrenados para el verso, es muy importante para defender el texto sin tener que hacer malabarismos y que suene orgánico. Estamos ante una expresión poética bellísima y, digamos, formalmente muy elaborada, pero que parte de lo tradicional.
Decías, en el texto de presentación de esta producción, que el objetivo es «ligar esas raíces folclóricas con una puesta en escena desde una perspectiva más refinada». ¿De dónde surge esta idea?
Para mí, el mundo de Lorca no es el mundo del pueblo. Él se quejó mucho, sobre todo a partir de la publicación de Romancero gitano, de que siempre lo asociaban con tópicos andaluces y gitanos, tópicos a los que él no se quería sujetar. En su obra aparece Un poeta de Nueva York, El público… aparecen otras cosas. Creo que él estaba en una búsqueda por lo refinado y por eso se fija en las tragedias clásicas. Por ejemplo, sus referencias musicales eran más del tipo Manuel de Falla, aunque tuviera influencias muy diversas. Entonces, bueno, pues jugar con eso a mí me parece que no te puede sonar atópico, porque es mostrar una elegancia que él mismo expresaba y en la que estaba sumergido todo el tiempo.

Firmas también la versión del texto. ¿Cuál ha sido tu forma de trabajarlo?
El dramaturgo José Ramón Fernández me dijo un día que estaba haciendo una versión de un clásico: «Cada vez que quito una frase, pienso que nunca voy a escribir algo tan bueno como eso». Yo parto un poco de ahí, de intentar conservar todo lo que se pueda. La riqueza es tan asombrosa que tienes que trabajar desde la admiración, pero también con la mirada puesta en que vas a hacer un espectáculo, no vas a hacer un documental. Tienes que tratar de servírselo al espectador de hoy, que no es el mismo que él tenía ni para el que él escribía, y que lo pueda paladear de una manera efectiva, pero tratando de no renunciar a la mayor parte del texto.
Lorca definía Yerma como una tragedia clásica vestida de ropajes modernos. ¿Tienes intención de que ahora esos ropajes sean contemporáneos?
Es una obra que sucede en un pueblo español. Y esto hay que dejarlo claro. Es decir, no va a suceder en la Estación Espacial Internacional. Yo no sé hacer esas cosas. No es que no sea partidario, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo no soy un director que superponga su idea a la del poeta. No soy eso. Yo cuento historias maravillosas de autores extraordinarios y trato de hacerlo lo mejor que sé y que puedo, y con la contemporaneidad con la que yo ando por el mundo. Entonces, para poner algo en su obra, lo reflexiono mucho y valoro en qué medida eso aporta. Cuando algo a ti te parece trascendente e importante, lo primero que tienes que hacer es cuidarlo.
Has elegido a Lara Grube para interpretar a Yerma. ¿Qué aportaba ella a tu visión del personaje?
Lara tiene una gran humanidad como artista. No quería una mujer que literalmente se vuelve loca o que tiene una obsesión y no hay quien la entienda. Quería una actriz que pudiera ir cargando de razones a este personaje paulatinamente y que incluso pudiera transportar poéticamente todo lo que Yerma expresa. Y Lara tiene todas esas cualidades. Además, es una actriz que conozco y con la que tengo una gran complicidad en el trabajo, así que nadie mejor.
¿Acompañamos a la protagonista en un periplo más mental que físico?
Para mí, pasan muchas cosas en la obra. Ella va saliéndose cada vez más del tiesto y se va convirtiendo en un personaje mucho más rígido, mucho más obsesivo, desconfiado y radical. Lo que pasa es que la peripecia no es que ella se suelte y se marche, es más bien que todos los encuentros que tiene son de una gran intensidad transformadora.
¿Es Yerma una víctima de la sociedad que le ha tocado vivir o tiene alguna responsabilidad en cómo se desarrolla su vida?
Es una víctima de su entorno y es una mujer, como todas las heroínas clásicas, que toma decisiones erróneas, pese a que está muy avisada de que no debe seguir ese camino. Pero el entorno pesa. Pienso que en la actualidad puedes trasladar perfectamente lo que es la presión en un pueblo pequeño, sobre todo en aquella época, al entorno de las redes sociales, es algo prácticamente equivalente. Es decir, hay algo en la apariencia, en el no querer significar, en la resignación, en el control de la manera en la que nos ven los demás, que es muy fácilmente reconocible en los tiempos en los que vivimos. Pero, sin embargo, Yerma lo vive en casa y con sus vecinos cada vez que sale a la calle. Esa presión la acaba destrozando. Con lo cual se puede considerar una víctima obstinada, pero una víctima. Su deseo de ser madre está en su sistema de valores y de lógica natural, y según va creciendo y haciéndose más imposible, lo ve cada vez más necesario. Es la historia del viaje del héroe trágico, esa obsesión por conseguir algo rebelándose contra la naturaleza, contra lo social.

¿Cómo es el Juan que estás construyendo? Es un personaje que varía mucho según el montaje que veas.
A mí me interesa un Juan que está tratando de salir adelante, que le está empezando a ir bien porque trabaja mucho. Como es el antihéroe, es el que frena a Yerma porque su obsesión es diferente a la suya. Él busca la estabilidad, la adquisición de bienes, ir creciendo, está en otra cosa. El Juan que nosotros nos hemos planteado es algo más poliédrico, en el sentido de que a mí no me interesa alguien que pase de su mujer. Él quiere a su mujer, pero quiere una Yerma que se olvide de lo de ser madre, que no sea tan díscola respecto a sus planteamientos morales. Al no ser así, se altera muchísimo, porque no es un tipo que pueda entender ciertas cosas complejas, porque lo que quiere es algo muy concreto y todo lo demás le parece una complicación absurda.
Aparece aquí el problema de la falta de comunicación en ciertos entornos. Ella intenta muchas veces hablar con él, pero se niega constantemente.
He llegado a la conclusión de que él no sabe comunicarse así. Para que Juan pueda defenderse en escena, para que no sea un bruto absurdo y sea un personaje de una pieza, tiene que estar en una dimensión muy distinta a ella. Yerma tiene una inteligencia muy viva mientras que él tiene una mentalidad muy práctica que no le permite tener ni tiempo para tratar de entender.
¿Lorca consigue profundizar en estos personajes porque parte de su propia experiencia creciendo en un pueblo?
En primavera, estuve en la casa de Lorca, en el pueblo de Fuente Vaqueros, en Granada, recorrí la zona, hablé con gente… También nos hemos documentado muchísimo con fotos y documentos de la época. Al final, te das cuenta de la dureza de sus condiciones de vida y el nivel tan elevado de analfabetismo de aquel momento. Empiezas a sumar cosas y madre mía. Estoy seguro que Lorca conoció tipos como Juan, mujeres obsesionadas como Yerma y señoras como Bernarda. Él sabe de qué tipos está hablando porque los ha tenido cerca y ha respirado con ellos. Eso se siente en sus textos.
Como suele ser habitual, también te encargas de la música y el apartado sonoro. ¿Qué papel le vas a dar a las canciones que atraviesan la obra original y qué forma van a tener en el montaje?
Por un lado, todos los momentos donde Lorca dice que cantan, cantan, eso no lo voy a tocar, más bien, todo lo contrario, voy a jugar muy a favor. Luego hay como un apartado un poco más de música popular y una zona más de música culta. Tenemos un piano y un violín en directo, que simbolizan también el tipo de música que escuchaba Lorca, que era música muy camerística en su mayor parte. Esos dos mundos están combinados para poder dar un collage de lo que podía ser el ambiente musical que él soñaba y, sobre todo, tratando de desfolclorizarlo. En cuanto al ambiente sonoro, prácticamente no tenemos nada grabado, todos son efectos de sonido hechos en directo, manipulados por los actores, o voces. No tiene más. Es una propuesta muy esencial.
¿Interpretas el trágico final como un acto de rebeldía o es simplemente el desenlace lógico del camino tomado?
Más lo segundo. Es decir, en una tragedia tú no tienes elección, el destino te va llevando casi de la nuca, te coge y te lleva a tu lugar y ahí llegas. Tiene que caer por su propio peso. Lo que pase no puede ser algo que ella decide, eso nos llevaría a hacer un drama o un cuentecito moralista, pero la tragedia es otra cosa, no tiene sentido. Creo que todo termina como el final de la búsqueda de una respuesta sobre si será madre. La respuesta es no rotundo, y la manera de que la negativa sea más diáfana es esta.
Yerma se estrenó en una España muy polarizada políticamente y conllevó mucha controversia. ¿Cómo se va a recibir hoy esta obra?
La interpretación de Yerma por parte del público estuvo muy sesgada por todo lo ideológico, estuvo muy condicionada por la amistad de la protagonista, Margarita Xirgu, con Manuel Azaña, cuñado a su vez del director de la obra, Cipriano Rivas Cherif, y por el perfil de Lorca. Ahora mismo esto es muy complicado que pase, pero desde luego no nos conviene olvidarlo, porque estamos hablando de que no sabemos qué hubiera sido de nuestro país si Federico hubiese continuado con vida o si Rivas Cherif y la Xirgu se hubieran quedado en España. Es decir, nosotros tenemos un socavón ahí de desarrollo cultural, emocional e intelectual en este país y bueno, pues es que conviene recordar.
¿Crees que actualmente Lorca es una figura tan importante en nuestra cultura que es indiscutible para todo el mundo?
Completamente. Ahora mismo Lorca es como una joya nacional, es como Goya. No me imagino a ningún partido político ni a nadie saliendo y diciendo que hay que quemar las pinturas de Goya o sacarlas del Museo del Prado. Lorca es tan de todos que ha trascendido las propias circunstancias de su asesinato. Dicho esto, no hay que olvidar nunca esa tragedia, las pocas luces que tuvo tanta gente en aquel momento, la crueldad, la venganza, todo ese tipo de reacciones tan atávicas y tan opuestas a cualquier tipo de civilización.