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¿Qué pensarían Frida Kahlo y Remedios Varo de todo esto?

  • julio 21, 2026
Por José Antonio Alba

"Es una obra de reivindicación y de celebración"

Además de ser directora y actriz, Carmen Nieves es la fundadora de la compañía Pisando Escenario. Tras el éxito cosechado con Victoria viene a cenar, con la que se alzó con el Premio Godot del Público en la edición 2025, regresa a la memoria histórica femenina desde Los pinceles borrados, de Olga Mínguez Pastor.

Esta obra, que podremos ver en el Teatro Lara a partir del 28 de julio, imagina el encuentro entre las pintoras Frida Kahlo y Remedios Varo -interpretadas por Tiffani Guarch / Cristina Irala y Lorién Sauret- para reflexionar sobre el reconocimiento, el olvido y el lugar de las mujeres en la historia del arte.

 

 

Foto de portada: Imagen promocional de Los pinceles borrados.

El trabajo de Pisando Escenario parece estar muy ligado a la recuperación de la memoria histórica femenina, primero con Victoria viene a cenar donde asistimos a un encuentro entre Clara Campoamor y Victoria Kent; y ahora con Los pinceles borrados donde son Remedios Varo y Frida Kalho quienes se encuentran. ¿Qué os atrae de esas figuras que habitan en los márgenes de los relatos oficiales y la memoria?

Personalmente, me atraen muchísimo sus vidas y todo lo que tuvieron que atravesar para llegar a ser quienes fueron. Me fascina conocer cómo vivieron y crearon en tiempos en los que las mujeres tenían que enfrentarse a muchísimas limitaciones para poder desarrollar su talento.

Pero, sobre todo, me interesa preguntarme por qué, siendo mujeres tan extraordinarias, muchas de ellas siguen siendo grandes desconocidas. Creo que mirar hacia esos márgenes nos ayuda a entender mejor nuestra historia y también nuestro presente. El teatro nos permite devolverles la voz y hacer que vuelvan a ocupar el lugar que nunca debieron perder.

 

Precisamente el año pasado Victoria viene a cenar recibió el Premio Godot del Público. ¿Qué continuidad ves entre aquel montaje y Los pinceles borrados? ¿Ha cambiado vuestra forma de abordar la memoria de estas mujeres después de la respuesta que obtuvo Victoria viene a cenar?

Recibir el Premio Godot del Público fue algo emocionante y por lo que estamos enormemente agradecidas. Victoria viene a cenar se estrenó en 2021 y el hecho de que, cinco años después, siga representándose y despertando interés es un claro indicio de que sigue siendo una obra necesaria, tanto desde el punto de vista cultural como desde el de la memoria democrática.

La continuidad entre Victoria viene a cenar y Los pinceles borrados es intencionada. Desde que inicié la compañía, el objetivo siempre ha sido recuperar referentes femeninas e inspiradoras de distintos ámbitos y devolverlas al presente a través del teatro. Primero fueron Clara Campoamor y Victoria Kent, dos figuras conocidas sobre todo por su dimensión política, pero cuyas trayectorias como escritoras, juristas e intelectuales son mucho más amplias y complejas de lo que normalmente se cuenta. Ahora llegan Remedios Varo y Frida Kahlo, dos artistas sobre las que todavía existe un universo entero por descubrir.

Más que cambiar nuestra forma de abordar estas historias, la respuesta del público con Victoria viene a cenar nos confirmó que existe una necesidad real de conocer a estas mujeres desde una mirada más humana, compleja y alejada de los tópicos. Y eso me ha animado a seguir investigando y creando nuevas obras que continúen ampliando ese relato colectivo.

 

Carmen Nieves

 

La compañía tiene una línea muy definida de divulgación de las figuras femeninas relevantes, pero hay una diferencia entre divulgar y reivindicar. ¿Dónde se sitúa Los pinceles borrados en ese aspecto? ¿Es teatro de denuncia, de celebración, o de algo más difícil de etiquetar?

Yo diría que, más que defender, en Pisando Escenario el objetivo es reivindicar. Porque para defender algo, primero es necesario que ese algo ya sea conocido o que ocupe un lugar en el imaginario colectivo. Y la vida y la obra de muchas de estas mujeres siguen siendo, a día de hoy, profundamente desconocidas para gran parte de la población. El objetivo es precisamente ese: darlas a conocer para que puedan ser reconocidas. Porque es muy difícil valorar aquello que ni siquiera sabemos que existió.

En el caso de Los pinceles borrados, queremos acercar al público la figura de Remedios Varo, una artista extraordinaria a la que creemos que en España todavía no se le ha dado el lugar que merece. Y, al mismo tiempo, queremos que el público vuelva a mirar a Frida Kahlo desde otro lugar, más allá del mito, del icono pop o de la imagen universal en la que se ha convertido, para descubrir también a la mujer y a la artista que fue.

Por eso, creo que Los pinceles borrados es, a la vez, una obra de reivindicación y de celebración. Pero, sobre todo, es una invitación a mirar de nuevo, a cuestionarnos por qué recordamos a unas figuras y borramos a otras. Todo ello a través de un drama contemporáneo de inspiración biográfica, con toques de humor que mantienen al público conectado emocionalmente con los personajes en todo momento.

 

Los pinceles borrados parte de la pregunta de por qué Frida Kahlo se ha convertido en un icono universal mientras Remedios Varo sigue siendo una figura mucho menos conocida. ¿Hasta qué punto crees que el reconocimiento artístico depende realmente de la calidad de la obra y hasta qué punto de factores históricos, políticos o incluso comerciales?

Lamentablemente, creo que muchas veces influye más todo lo que rodea a la obra y a la artista que la propia obra en sí para que alguien alcance un reconocimiento masivo. Los factores históricos, políticos, sociales o incluso comerciales pueden ser determinantes a la hora de que una figura despegue o quede relegada al olvido. Pero también pienso que, por mucho marketing, por mucha suerte o por muchos factores externos que acompañen a una artista, si su obra no es realmente relevante, singular o capaz de conectar con la sociedad, difícilmente logrará trascender con el paso del tiempo. Al final, el tiempo también hace su propia selección.

Quizá eso fue lo que ocurrió con Frida Kahlo. Sin duda, hubo elementos que favorecieron su proyección, su posición social, sus vínculos con círculos artísticos e intelectuales de élite y la construcción de su propia figura como un mito. Pero, más allá de todo eso, su obra era única. Frida convirtió su dolor, su cuerpo y su experiencia vital en un lenguaje artístico absolutamente personal y rompedor. Su vida era inseparable de su obra, y en cierto modo esa autenticidad se convirtió también en su mejor carta de presentación.

¿Habría trascendido igual si su obra no hubiera sido tan real, tan cruda y tan adelantada a su tiempo? Probablemente no. Y creo que ahí está la diferencia, el contexto puede abrir puertas, sí, pero es la fuerza de la obra la que hace que permanezca.

 

 

El título es una elección poética pero también política. Son los pinceles borrados, no perdidos ni olvidados, sino activamente suprimidos. ¿Podría decirse que esa es la teoría con la que juega de la obra, que el olvido de ciertas creadoras no fue accidental?

Mm, claramente el olvido de muchas creadoras no fue algo casual, sino algo muy deliberado. Porque, si hay tantos creadores homenajeados, valorados y estudiados, ¿por qué hay tan pocas mujeres? Las mujeres también estaban ahí. Muchas veces a escondidas, trabajando en el anonimato, utilizando pseudónimos masculinos o incluso haciéndose pasar por hombres para poder crear y ser tomadas en serio.

Y, aun así, no interesaba que se supiera. Porque si se les daba voz, presencia y reconocimiento en todos los ámbitos, ¿quién se ocuparía entonces de esas tareas consideradas “secundarias”, como los cuidados o la de parir? Nada es casual cuando hablamos de la desaparición de las mujeres de los libros de texto.

Sé que generalizar puede ser arriesgado y que cada artista tiene una historia concreta. Podemos profundizar en por qué fulanita o menganita no fue reconocida a pesar de que su vida y su obra fueran extraordinarias. Pero, al final, casi siempre volvemos al mismo punto de partida: al simple hecho de que nacieron mujeres.

 

El encuentro entre ambas artistas es ficticio, pero los conflictos que aparecen en escena son muy reales. Compartieron experiencias como el dolor físico, el exilio o la condición de mujer artista, pero sus trayectorias fueron muy distintas. ¿Qué te interesaba explorar de ese contraste?  ¿Te interesaba más reconstruir a las dos mujeres históricas o utilizarlas para hablar de problemas que siguen vigentes hoy?

Me interesaba mucho el contraste entre ambas vidas. Por un lado, el exilio de Remedios Varo, ese desarraigo forzado de su país, teniendo que buscarse la vida de un lugar a otro para sobrevivir, pero sin dejar nunca de ser fiel a sí misma y a su pasión por la pintura, que era su razón de ser. Y, por otro, la fuerza y el tesón de Frida Kahlo, que tuvo que enfrentarse constantemente al dolor físico y a una vida marcada por la enfermedad, encontrando en la pintura prácticamente su única forma de sostenerse y de seguir adelante.

Son dos trayectorias muy distintas, pero unidas por un mismo vehículo de supervivencia: el arte. Pintar no era solo una elección para ellas era su forma de resistir.

En ese sentido, me interesaba reconstruir a las dos mujeres desde lo histórico, pero también mostrar cómo muchas de sus experiencias no están tan lejos de las nuestras. El exilio, por ejemplo, sigue siendo una realidad muy presente para muchas personas. El desarraigo, la dificultad de poder dedicarse a lo que uno desea si no tiene apoyo o redes, o el dolor físico y emocional que atravesó Frida, incluida su imposibilidad de ser madre y los abortos que sufrió, siguen siendo temas muy actuales, y muchas veces todavía tabú.

También me interesaba su forma de vivir el amor y la libertad, en el caso de Frida, su bisexualidad y sus relaciones con otras mujeres, que incluso hoy siguen generando incomodidad o debate. Al final no podemos olvidar sus problemas porque, en muchos sentidos siguen siendo también los nuestros.

 

Vivimos un momento de revisión histórica en el que se están recuperando muchas creadoras olvidadas. ¿Crees que estamos corrigiendo una injusticia o corremos el riesgo de construir nuevos relatos simplificados? ¿Qué diferencia hay entre recuperar figuras históricas y convertirlas en personajes dramáticos?

Quiero pensar que estamos corrigiendo una injusticia. Me alegra especialmente cuando veo en la cartelera cultural nombres de mujeres que no conocía, o cuando de repente alguien decide traerlas de vuelta y regalarnos su historia. Hay algo muy valioso en ese gesto de recuperación.

Pero también creo que es importante hacerlo con cuidado. Ojalá este impulso no responda a una moda, sino a una necesidad real de investigación, de rigor y de profundidad. Es fundamental huir de lo simplificado o de las versiones edulcoradas solo porque “funcionan” mejor.

Recuperar figuras históricas a través del teatro o de cualquier forma de ficción creo que es algo muy poderoso, pero también implica una gran responsabilidad. No todo vale. Hay que documentarse mucho y ser muy conscientes de lo que se está contando. O, si se parte de una inspiración libre, dejarlo claramente explícito para no confundir la ficción con la realidad.

Porque si estamos devolviendo estas mujeres a la memoria colectiva, lo mínimo es hacerlo bien, ¿no? Ya se les ha hecho suficiente daño durante años dejándolas en el olvido como para ahora traerlas de vuelta de cualquier manera o, peor aún, distorsionando sus historias.

 

 

La pieza propone mirar a Frida Kahlo más allá del mito. ¿Qué aspectos de la artista os interesaba rescatar frente a la imagen convertida en icono pop que domina gran parte del imaginario contemporáneo? ¿Es su fama una victoria o también, en cierta forma, otra forma de distorsión? ¿Vuestra obra se atreve a incomodar al mito?

Me interesaba sobre todo rescatar su fuerza, su valor y su independencia como artista, más allá de la imagen tan marcada que muchas veces se asocia también a su relación sentimental. Frida fue mucho más que ese relato reducido, y su obra nace de una necesidad vital de crear, de sobrevivir y de afirmarse como mujer y como pintora.

Su fama es, en parte, una victoria, no cabe duda. Pero cuando empecé a investigar para la obra me sorprendió la enorme industria que se ha generado en torno a su figura: marcas con su nombre, merchandising de todo tipo, moda, perfumes… incluso disputas legales sobre sus derechos de imagen. Todo ello ha contribuido a construir un personaje que, en muchos casos, se aleja de la persona real.

Nosotras, sin embargo, no queremos entrar en ese imaginario comercial ni en el mito superficial. Lo que nos interesa es su historia vital y artística, que creemos que es lo verdaderamente valioso y lo que debería conocerse. Darle esa justicia pendiente: acercarnos a la Frida de dentro, a sus entrañas, a la mujer que vivió para pintar.

Por eso quien venga a ver la obra esperando solo el icono o la imagen más conocida, se va a encontrar con algo distinto, con la Frida más humana, más compleja y también más desgarradora. Y, para nosotras, es precisamente ahí donde vemos su verdadera fuerza.

 

¿Cuáles han sido los aspectos escénicos en los que os habéis apoyado para contar esta historia?

El espacio escénico lo planteamos como una especie de limbo, un lugar atemporal en el que imaginamos que Frida Kahlo y Remedios Varo se encuentran después de la vida, ya en un estado de calma. Cada una habita su propio espacio dentro de ese limbo revisitando su vida pasada y, de algún modo, continuando con aquello que las define: Frida en un estado de serenidad, pintando y paseando; y Remedios más en la introspección, preguntándose por qué su obra no ha tenido la misma trascendencia en su país y por qué su figura sigue siendo tan desconocida.

A partir de ahí, es Remedios, con ese lado más espiritual y místico, quien decide invocar a Frida para poder conversar con ella, encontrándose así con un icono universal desde su propia invisibilidad. Todo ese universo se construye en escena a través de una escenografía que sugiere ese limbo, apoyada en elementos como cadenas, que funcionan como símbolo de lo que arrastran ambas vidas, pero también de lo que las conecta. La iluminación es clave, con una estética muy cuidada que en muchos momentos remite a los colores de sus propias pinturas, como si sus cuadros invadieran el espacio escénico.

La música de escena, compuesta expresamente para la obra, acompaña y subraya los momentos más importantes del recorrido emocional, y el vestuario está pensado para reforzar la identidad de cada personaje y su universo propio. En conjunto, es una propuesta que busca ser muy sensorial y envolvente, donde todos los elementos escénicos trabajan juntos para que el espectador entre en ese mundo y no se desconecte ni un segundo del viaje de ambas artistas.

 

¿Dónde ha radicado la mayor dificultad, o qué desafío os ha supuesto, poner en pie esta nueva propuesta?

Diría que en la documentación y la investigación para escribir el texto que realizó mi compañera dramaturga, Olga Mínguez Pastor. De Frida había muchísima información, pero de Remedios le resultó más complicado ir construyendo toda su vida, sus desafíos personales y sus miedos. El desconocimiento, la casi ausencia de información fiel de su biografía, y la falta de testimonios directos fue todo un desafío que conllevo mucho trabajo minucioso e incluso burocrático para relatarlo y escribir la obra. Sabemos que el planteamiento de la obra de teatro parte de la ficción y de la reconstrucción de conversaciones que nunca se dieron, pero queremos que cada dilema o cuestión simbólica tenga origines reales, que pudieran suceder y traducirse en este guion atemporal que brindamos al público.

 

 

La memoria y el olvido aparecen como temas centrales de la función. ¿Es el teatro la herramienta apropiada para intervenir en esa disputa?

Por supuesto que sí. El teatro es una herramienta muy válida y poderosa para intervenir en esa disputa entre la memoria y el olvido, porque permite dar cuerpo, voz y emoción a historias que de otro modo quedarían fuera del relato colectivo.

Pero también creo que no puede ser la única vía. Esto debe abordarse desde las instituciones, desde la educación y desde la cultura en un sentido amplio, con más inversión, más apoyo y, sobre todo, más valoración hacia las pequeñas compañías que estamos trabajando desde abajo para recuperar estas historias.

 

Si Frida y Remedios pudieran asistir hoy a una gran exposición sobre sus respectivas trayectorias, ¿qué crees que les sorprendería más de cómo han sido recordadas?

A Remedios Varo probablemente le sorprendería, y también le dolería, que en México su obra esté tan valorada, estudiada y reconocida, mientras que en España sigue siendo una figura bastante desconocida o poco difundida. Esa diferencia entre países seguramente le generaría muchas preguntas.

En el caso de Frida Kahlo, creo que se enfadaría con algo muy concreto: que muchas veces se hable más de su vida personal o de su relación con Diego Rivera que de su obra, de su lenguaje pictórico y de todo lo que realmente construyó como artista. Ella misma luchó mucho por definirse más allá de ese relato. Fliparía con que se vendieran hasta zapatillas de casa en los mercadillos con su cara y tazas de ama la vida con una ceja. Es que me la imagino alucinando.

 

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

Carmen Nieves, Frida Kahlo, Los pinceles borrados, memoria, Olga Mínguez Pastor, Pisando Escenario, Premio Godot del Público 2025, Remedios Varo, Teatro Lara
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