Después de casi diez años dándole vueltas, Yllana se ha decidido a adentrarse en el mundo del flamenco con Flamenc Oh!!, un espectáculo creado junto al Sadler’s Wells Theatre de Londres. La idea llevaba tiempo rondando a la compañía y llegó después de una serie de montajes en los que la música había ocupado un lugar protagonista. «Después de espectáculos cómico-musicales como Pagagnini, The Opera Locos, Maestrissimo, Primitals o Trash, teníamos muchas ganas de enfrentarnos a un nuevo universo musical. El flamenco llevaba llamándonos desde hacía casi diez años», explica David Ottone, codirector del montaje junto a Juan Ramos.

Lo que terminó de convencerles no fue únicamente la música. Como señala Ottone, el flamenco ofrece mucho más, está lleno de personajes, códigos, supersticiones y símbolos que iban mucho más allá del cante y el baile y que abrían un terreno muy atractivo para construir una comedia.

El punto de partida del espectáculo es una familia de artistas flamencos que recorre los escenarios bajo la dirección de un patriarca decidido a mantener intacta la tradición. Frente a él, las generaciones más jóvenes empiezan a experimentar mezclando el flamenco con otros estilos. Ahí aparece un debate que lleva años acompañando al género, aunque Yllana nunca quiso convertirlo en el centro del espectáculo.

«Nosotros no empezamos este espectáculo con la intención de dar una respuesta a nada. Lo creamos con ganas de jugar, de hacer comedia y de contar una historia dentro del universo del flamenco», explica Ottone.

Sin grandes discursos, Flamenc Oh!! traslada esa reflexión al escenario a través del humor físico. La tradición y la innovación chocan continuamente, pero el espectáculo prefiere jugar con ese conflicto antes que resolverlo. «El flamenco que conocemos hoy nació hace poco más de siglo y medio y es el resultado de innumerables influencias culturales y musicales. Siempre ha cambiado, siempre ha absorbido cosas nuevas y eso es exactamente lo que lo ha mantenido vivo.»

 

CONSTRUIR DESDE EL FLAMENCO

Ese planteamiento también marcó la forma de trabajar de sus directores. Desde el principio tuvieron claro que querían contar con artistas procedentes del propio mundo del flamenco e invitarles a un terreno menos habitual para ellos. «Lo difícil fue encontrar artistas capaces de dominar ambas disciplinas al máximo nivel», reconoce Ottone. Una vez reunido el elenco -formado por el cantaor David Bastidas, las bailaoras Raquel Ortega y Anabel Moreno, el bailaor Raúl Ortega y el guitarrista Luis Gallo-, el proceso terminó convirtiéndose en un intercambio constante. «Ellos nos enseñaban flamenco y nosotros les invitábamos a jugar con él.» Fue durante ese proceso cuando descubrieron que ambas disciplinas compartían mucho más de lo que parecía. «El flamenco y la comedia física comparten herramientas fundamentales. El ritmo, la precisión, la presencia escénica, la escucha y la verdad.»

La dirección musical corre a cargo de Juan Cañas, Daniel Rovalher y Miguel Magdalena, integrantes de Ron Lalá. «Ha sido un auténtico lujo contar con ellos desde el principio. Somos compañías amigas desde hace muchos años y conocen perfectamente la forma de trabajar de Yllana. Además de ser músicos extraordinarios, entienden muy bien el lenguaje del humor.»

 

JUGAR CON LOS TÓPICOS

A lo largo de su trayectoria, Yllana ha convertido muchas veces los lugares comunes en materia para la comedia. Con el flamenco sucede algo parecido. Es un género rodeado de una serie de imágenes que el público identifica casi de inmediato y que el espectáculo utiliza como punto de partida. «Más que desmontarlos, queríamos exagerarlos hasta llevarlos al absurdo», resume Ottone. El patriarca autoritario, la superstición, el honor, el culto al compás o la rivalidad entre generaciones aparecen llevados al límite para provocar la risa, pero también para jugar con una imagen del flamenco que todos reconocemos.

Después de 42 espectáculos y miles de funciones por todo el mundo, Yllana vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer, acercarse a un terreno nuevo sin renunciar a su manera de entender el humor. Quizá, después de todo, el verdadero experimento no sea mezclar el flamenco con la comedia, sino descubrir que ambos llevaban mucho tiempo esperándose.

 

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