En Plot Point las obras no empiezan en un escenario. Empiezan en una conversación, en una pregunta difícil, en una idea todavía desordenada o en alguien que llega convencido de que nunca podrá subirse a escena. Durante más de dos décadas, la sala dirigida por Carlos De Matteis y Marina Skell ha ido construyendo una forma muy particular de entender la creación escénica, basada en el acompañamiento, el trabajo constante y la necesidad de que cada proyecto tenga algo real que comunicar.
Junto a Javiera Guillén, responsable de la parte formativa y vocal, han desarrollado programas como EDA (Escribir, Dirigir y Actuar) o Deja tu miedo atrás, donde la formación se mezcla con la producción y los procesos creativos continúan más allá del aula. Uno de esos recorridos es el de Carla Novi, que llegó sin experiencia previa en teatro y hoy estrena su tercer montaje en la sala.
La conversación atraviesa el miedo escénico, la necesidad de encontrar una voz propia, la disciplina que exige sostener un proyecto artístico y la relación con el público. También deja ver algo que atraviesa toda la filosofía de Plot Point: el teatro entendido como una herramienta capaz de mover cosas fuera del escenario.
En estos 24 años, ¿cómo ha evolucionado vuestra idea de lo que significa ‘formar’ a un creador escénico?
Carlos De Matteis: No sé si ha variado nuestra idea de lo que significa formar a un creador escénico. Bueno, sí, sin duda ha cambiado, porque hemos aprendido muchísimas cosas en estos 24 años. Y también porque, un poco antes de la pandemia, decidimos centrar nuestra energía, que hasta ese momento estaba puesta en las clases de teatro y en la formación general, en personas que tienen un objetivo claro, una necesidad real de hacer llegar algo a la comunidad.
En el programa Escribir, Dirigir y Actuar, por ejemplo, trabajamos con personas que quieren crear, comunicar y desarrollar una obra propia. En una escuela habitual, donde hay primero, segundo y tercer año, vas aprendiendo habilidades, creciendo dentro de un grupo, viviendo experiencias personales y sociales que también forman parte del recorrido. Pero antes de la pandemia sentimos la necesidad vital de conectar con otro tipo de personas. Y eso no le quita valor a lo que hacíamos antes, en absoluto. Simplemente cambió nuestra búsqueda. Porque una cosa es hacer una muestra al año y otra muy distinta es acompañar procesos creativos profundos, como el viaje increíble que ha hecho Carla, entre muchas otras personas. Hay gente que ha pasado por aquí y hoy está desarrollando proyectos en Miami, Montevideo o Buenos Aires. Ese es el gran cambio, acompañar procesos que realmente se convierten en caminos artísticos y de vida.
Los programas como EDA (Escribir, dirigir y actuar) implican un recorrido completo. ¿Qué cambia en un alumno cuando atraviesa todo ese proceso en lugar de formarse solo en una disciplina?
Carlos De Matteis: Te diría que el objetivo es que la persona aprenda, mientras produce su propia obra, a escribir, dirigir y actuar. Puede parecer algo muy ambicioso, pero cuando trabajas con las personas adecuadas, y no hablo solo de Carla Novi, sino también de gente que está aquí cerca y de otras personas que están al otro lado del charco, el proceso ocurre de una manera muy fluida. Siempre hay tropiezos y obstáculos, claro, pero de eso también se trata, y ahí es donde nosotros hemos aprendido mucho. Lo que sucede es que las personas aprenden haciendo. Hay un aspecto formativo, por supuesto, pero en lugar de empezar descargando teoría sobre ellas, les preguntamos: “¿Qué quieres hacer? ¿Qué es importante para ti? ¿Para qué estás aquí y qué quieres crear?”. A partir de ahí, les ayudamos a seguir una metodología que les permita concretar ese impulso creativo.
En el caso de Deja tu miedo atrás, el otro programa que tenemos con Javiera, el enfoque es diferente, pero el fondo es parecido. Ella es entrenadora vocal con muchísima experiencia y yo trabajo como director y coach en programación neurolingüística. Lo que hacemos es acompañar a personas que arrastran inseguridades, desconfianza en sí mismas o dificultades para comunicarse, para que encuentren sus certezas y el sentido de lo que quieren transmitir. Todo eso desemboca en algo muy práctico. De hecho, el primer módulo se llama Luz, Cámara, Acción, y está pensado para el mundo actual, donde constantemente tenemos que grabar video currículums, hacer entrevistas o reunirnos por Zoom. Trabajamos para que las personas desarrollen las herramientas necesarias para comunicar y llegar al otro de la manera más completa posible.

Carla, tu caso ejemplifica muy bien lo que puede surgir dentro del programa Escribir, Dirigir y Actuar. Llegaste sin experiencia previa en teatro y en junio estrenas tu tercer montaje en Plot Point. ¿Cómo ha sido ese recorrido?
Carla Novi: Sí, yo nunca había hecho teatro ni pensé que iba a dedicarme a ello. Llevo unos veinte años trabajando como artista profesional, pero venía más del mundo de la pintura y de otras disciplinas. Después empecé a trabajar mucho, desde lo social y lo político, con personas y derechos humanos. También hice documentales durante una época. Siempre me ha gustado contar historias de alguna forma y siempre he escrito, pero nunca había escrito teatro ni me había subido a un escenario. Cuando llegué a Madrid reconecté un poco conmigo misma. Venía de una etapa muy intensa trabajando con documentales y proyectos sociales, y tuve un tropiezo personal que me obligó a parar. Ese regreso a Madrid fue también una reconstrucción. Empecé a escribir otra vez, aunque todavía escribía cuentos y otros formatos. Ahí conocí a Javiera, porque empecé a ir a micros abiertos y me di cuenta de que no sabía utilizar la voz. Trabajar con ella fue maravilloso. Me enseñó muchísimo y me sigue enseñando muchas cosas. Estuve un par de años formándome con ella y después fue quien me habló de Carlos y del programa Escribir, Dirigir y Actuar. Entré más o menos en plena pandemia. Llegué con una idea muy inicial, tenía varios relatos relacionados con la violencia de género y quería crear un espectáculo que ya tenía título, Luchadoras. Quería contarlo a través de un personaje inspirado en la lucha libre mexicana, pero no sabía mucho más. Entonces llegué y le dije a Carlos: “Tengo esto, ¿qué hacemos?”. Para mí era casi un reto personal. Lo único que quería era conseguir hacer una función, demostrarme que podía hacerlo, algo que jamás había imaginado. Y el proceso fue muy amable y fluido. Me sentí acompañada todo el tiempo. Claro que hubo caídas y momentos difíciles, pero eso forma parte del proceso creativo. Estrenamos Luchadoras en 2022 y yo pensaba que todo terminaría ahí, en hacer una función. Lo que no esperaba era la reacción del público. La obra conectó muchísimo y empezó a funcionar muy bien como espectáculo. Nos propusieron seguir programándola en Plot Point y la gente siguió viniendo. Hoy la obra sigue activa y hemos girado por México y por distintas ciudades de España.
Después de vivir eso, me quedó el gusanillo y seguí trabajando con Carlos y Javiera dentro del marco de EDA. Ahí escribí otra obra, Rares, sobre una chica que experimenta con el mundo del drag king. Estuvimos aproximadamente un año con ese proyecto y después empecé a trabajar en Bestias, que es el montaje que estrenamos ahora.
Y en la práctica, ¿cómo se equilibra la guía pedagógica con la libertad creativa de quienes participan?
Carla Novi: A mí me encanta porque mi forma de aprender siempre ha sido haciendo. La teoría, por sí sola, siempre me ha costado mucho, incluso cuando estaba en la escuela de arte, donde había una parte teórica muy importante. Necesito estar en contacto con la gente, experimentar, hacer. Cuando investigo, además, hago mucha investigación de campo, así que este método encajaba perfectamente conmigo. Lo que me gustó de EDA es que partes de una idea y de un objetivo concreto: qué quieres contar y cómo llegar ahí. A partir de eso, te van acompañando para encontrar las herramientas que necesitas para desarrollar el proyecto y convertirlo en algo real.
Y después está otra parte muy importante: qué ocurre cuando ya llegas ahí. Cómo sostienes el proyecto y cómo continúa creciendo. Muchas veces haces una obra una temporada y ahí termina todo. No suele haber un seguimiento real por parte de las salas o de las personas que te acompañan en el proceso. Aquí sí existe ese acompañamiento a largo plazo, y para mí ha sido fundamental. Son proyectos que necesitan mucha implicación para salir adelante y poder mantenerse en el tiempo. Sentir ese apoyo constante hace que todo sea mucho más posible.
Carlos, hace un rato hacías mención al programa Deja tu miedo atrás que apunta más a la comunicación y la presencia. ¿Qué bloqueos detectáis con más frecuencia en las personas que se acercan a este programa?
Carlos De Matteis: Hay una enorme variedad de obstáculos personales, claro, pero hay uno fundamental que conecta mucho con el trabajo que hacemos Javiera y yo desde que nos conocimos hace ya diez años y es la idea de la perfección. En general, las personas no tienen tantos problemas como creen tener. Lo que existe es una especie de formateo mental que nos dice constantemente cómo deberían ser las cosas. Que una familia tiene que ser de determinada manera, que un maestro tiene que ser de determinada manera, que un artista tiene que ser de determinada manera. Y frente a esos modelos, uno siempre siente que no llega.
Pero los artistas que realmente logran trascender lo hacen desde un lugar genuino. No llegan por impostar una voz o por parecerse a otra persona. Llegan porque encuentran una forma propia de comunicar. Y eso es algo que muchas veces cuesta aceptar. Más que bloqueos individuales, lo que vemos es un mandato muy fuerte del “bien hacer”, impuesto por la familia, la comunidad y el entorno. Uno siente que nunca está listo para dar el paso, porque parece que aquello que quiere hacer tiene que cambiar el mundo. Y entonces aparece el miedo: “¿Y si sale mal? ¿Y si fracaso?”. Por eso hay tanta gente brillante que pasa años callada en reuniones, en espacios de trabajo o incluso alrededor de los teatros. Personas que tienen ideas maravillosas, pero que se las dicen al oído a alguien más seguro, y luego ven cómo esa otra persona las expresa públicamente y recibe el reconocimiento. Y entonces aparece el resentimiento, porque en el fondo sienten: “Eso también lo pensé yo”. Pero el problema no es que el otro tenga un don mágico para comunicar. El problema es estar esperando convertirse en alguien que no eres. Cuando uno acepta quién es y desde ahí empieza a comunicar, llega hasta donde puede llegar, y eso está bien. Yo admiro profundamente a Meryl Streep, a Al Pacino o a Billy Wilder, pero ellos son ellos mismos. La tarea no es parecerse a ellos, sino sacar la mejor versión de uno mismo, explotar al máximo tus días, tus horas y tu trabajo, pero desde tu propia voz.
Javiera Guillén: Cuando pones el foco en tu audiencia, tu público, y dejas de mirarte el ombligo, y pones el foco en tu mensaje, el miedo escénico desaparece. Para dar a otro hay que ser valiente. Y esto lo hacemos en los programas EDA y Deja tu miedo atrás. Acompañamos a las personas a poner en valor su mensaje y eso se llama generosidad. Generosidad para tu público a quien quieres contarle esa historia, o la presentación de la empresa. Hablar en público es un acto de generosidad. ¿Dónde pones el foco? ¿En tu ombligo queriendo ser perfecto para sentirte bien contigo, o en los demás porque necesitan oír esa historia, esa formación, o esa presentación?
¿Diríais que el miedo escénico hoy tiene nuevas formas como las redes sociales, exposición constante o la presión por la visibilidad?
Carlos De Matteis: Sí, creo que hay algo que ha cambiado, y tiene que ver con la necesidad constante de ser aprobados y aceptados por los demás. Hemos delegado en otros la potestad de decirnos quiénes somos, qué hacemos bien y qué hacemos mal. Y eso se mezcla con otra cosa que es que nos encanta juzgar. Vivimos entrenados para juzgar a los políticos, a los futbolistas, a los artistas, a nuestros compañeros de trabajo y también a nosotros mismos. Nuestro ojo está acostumbrado a detectar el error, el fallo, la arruga, la cana, el granito. Todo el tiempo estamos mirando lo que no funciona.
Si yo te pregunto qué has hecho mal en las últimas semanas con tu pareja, con tu familia o en tu trabajo, probablemente tu cerebro encuentre una lista enorme de respuestas en segundos. Está entrenado para eso. Pero si te pregunto qué has hecho bien ayer, muchas veces el cerebro entra en pánico, porque no estamos acostumbrados a mirarnos desde ahí. Es importante entrenarse también en reconocer lo valioso de los demás, incluso de personas con las que no compartes ideas o posiciones. No hace falta estar de acuerdo con alguien para reconocer que tiene una estrategia, una convicción o una capacidad determinada. Si no eres capaz de ver eso en los otros, tampoco vas a poder entenderte a ti mismo. El problema de esta época de tanta exposición no son las redes en sí mismas, sino la dependencia del juicio ajeno. Si vives pendiente de los “me gusta”, de cuántas personas vieron tu story o de cómo reaccionan los demás, estás perdido. Hay mucha gente viviendo permanentemente desde la validación externa, y eso termina afectando profundamente la manera en la que uno se comunica y se muestra.
En vuestra experiencia, ¿qué habilidades son irrenunciables para alguien que quiere dedicarse profesionalmente a la escena hoy?
Carla Novi: Es fundamental no perder el foco de hacia dónde quieres llegar. Eso funciona como un ancla. Porque todo lo que Carlos comentaba antes sobre los miedos son procesos que yo he atravesado con él y con Javiera; ir enfrentándote poco a poco a cada uno de ellos para llegar a lugares donde nunca pensaste que podías llegar. Cuando estrené Luchadoras descubrí que había muchísimas cosas dentro de mí que ni siquiera sabía que existían. Sentía que hasta entonces había vivido muy en la superficie. Y creo que una parte muy importante de este trabajo tiene que ver con atreverse a ir hacia dentro, llevarte al límite y empujarte un poco más allá cada vez. Dedicarse a esto implica enfrentarte constantemente a tus propios miedos, porque es ahí donde aparecen los lugares más interesantes. Al principio yo pensaba mucho en lo que me faltaba: “No tengo técnica, no tengo formación actoral, no tengo entrenamiento… ¿Cómo voy a hacer esto con un curso de tres meses?”. Pero luego entendí que también existen otras formas de llegar, otros caminos posibles. No significa que la formación tradicional no funcione, simplemente este fue un proceso mucho más personal, más ligado a descubrirme a mí misma. Y eso te da muchísima seguridad cuando estás sobre el escenario. Después empiezas a preguntarte: “¿Qué más puedo hacer?”. Con Bestias, por ejemplo, me lancé a otro viaje completamente distinto. Ahora estamos haciendo funciones en centros penitenciarios y hace poco actué delante de 170 internos. Nunca imaginé que iba a vivir algo así.
Carlos De Matteis: La resiliencia es la habilidad más importante. Y creo que los sudamericanos jugamos con cierta ventaja en eso. Si sobrevives en determinados contextos, luego es difícil no resistir en lugares mucho más amables y estables como Madrid o Europa en general. Pero hay otra idea que para mí es fundamental y que recordé mientras escuchaba hablar a Carla. Yo estudié karate con el maestro Higa, de Okinawa, que había sido discípulo de Bruce Lee. Después de los entrenamientos teníamos conversaciones muy interesantes con él, y un día alguien le preguntó cómo se encontraba la paz. Entonces nos respondió algo que se me quedó grabado y que creo que sirve para cualquier aspecto de la vida. Decía que la paz no se encuentra, se elige. Se elige a partir de aquello que decides ignorar, dejar fuera o no alimentar con tu energía. Y eso tiene mucho que ver con el foco del que hablaba Carla. Cuando realmente te enfocas en lo que quieres hacer, sea teatro, construir una familia o cualquier otro proyecto vital, hay muchísimo ruido que desaparece. Cosas que antes parecían enormes dejan de ocupar espacio en tu cabeza y en tu día a día. Nada de esto ocurre por casualidad. No es algo que un día aparece mágicamente. Es una decisión constante elegir a qué le das energía y a qué no. Y eso, para mí, es esencial en cualquier proceso artístico y también en la vida.

Carla, cuando estrenaste Luchadoras hablabas mucho del miedo escénico y de enfrentarte a algo completamente nuevo para ti. Ahora, a las puertas del estreno de Bestias, ¿ha cambiado esa relación con el miedo o nunca desaparece del todo?
Carla Novi: No sé si ahora lo llamaría miedo. Nervios siempre hay. Yo sigo poniéndome nerviosa antes de cada función, pero creo que tiene más que ver con la emoción y con todo lo que ocurre justo antes de salir al escenario. El miedo cambia cuando lo atraviesas y descubres que no era tan grande como imaginabas. También entiendes que en el teatro siempre van a pasar cosas que no puedes prever. Siempre aparece algún obstáculo durante la función y tienes que resolverlo ahí mismo. No existe una preparación absoluta porque nunca sabes exactamente qué va a ocurrir. Y cuando empiezas a darte cuenta de que equivocarte, fallar o caerte no significa que todo se venga abajo, algo cambia. Una función no queda definida por un error o por una cosa que salió mal. Eso simplemente pasa a formar parte de la experiencia, lo integras y sigues adelante. Entonces ese miedo se va haciendo cada vez más pequeño y termina transformándose en otra cosa.
Javiera, desde la parte formativa, ¿cómo se acompaña a alguien que tiene talento pero no estructura o disciplina para sostener un proyecto?
Javiera Guillén: Personas genias hay muy pocas en el mundo. Pero si estás viva, tienes una historia, tienes una voz te acompañamos a ponerlo al servicio de tu proyecto. No se trata de hablar como nadie. Es encontrar en tu cuerpo, con tu voz, lo que quieres hacer. Y disciplina, tiene que ver con realmente querer. Y para eso tenemos una entrevista donde vemos si realmente podemos ayudarte. A veces no podemos ayudarte. Porque queremos trabajar en serio. Involucrarnos completamente. Acompañarte de forma total. Si no estás dispuesto a entrar ahí, puedes apuntarte a un grupo de teatro. Esto es más profundo. Es un viaje largo y profundo. Y Carla es un ejemplo.
Habéis mencionado casos como el de Carla Novi. ¿Qué tiene que tener un proyecto para que logre crecer dentro del ecosistema de Plot Point?
Carlos De Matteis: Te daré una respuesta directa, que es la que transmitimos también a las personas que se presentan. Cuando alguien llega aquí, pasa por un proceso de entrevistas en el que tiene que explicar y defender su proyecto. Lo que buscamos es que el proyecto tenga sentido tanto para la persona que lo propone como para los demás: qué quiere aportar, qué quiere transformar y qué quiere poner en juego con eso que está creando. La mayoría de las personas no supera este primer filtro, no por una cuestión de calidad, sino porque no siempre hay una claridad o un compromiso real con la idea. Hubo un cambio importante en nuestra manera de trabajar, especialmente junto a Javiera, que tiene que ver con que queremos acompañar a personas que estén enfocadas o que tengan la voluntad real de enfocarse. Personas capaces de elegir a qué van a dedicar su energía y qué cosas van a dejar fuera para avanzar hacia un lugar concreto. Si vemos que hay sentido, compromiso y trabajo real con la propuesta, entonces aceptamos el reto. A partir de ahí establecemos un proceso de acompañamiento con un tiempo concreto y también con una ecuación económica definida. Durante ese periodo nos reunimos, trabajamos y evaluamos el proceso. Y hay algo importante y es que tanto la persona participante como nosotros podemos decidir no continuar. En ese caso, si la persona decide bajarse, se le devuelve el importe abonado, y si somos nosotros quienes consideramos que el proceso no debe continuar, también se devuelve. Pero la idea es clara: no trabajamos con ‘lastre’. No se trata de arrastrar un proceso que no quiere avanzar. Se trata de acompañar a quien realmente quiere ir hacia donde dice que quiere ir, con todas las consecuencias.
En cuanto a producción, ¿cómo decidís qué proyectos pasan de ser formación a convertirse en estreno con apoyo real de sala?
Carlos De Matteis: Todos los espectáculos que empiezan dentro del programa se estrenan. No existe un filtro previo en ese sentido. Hay proyectos que nacen de lugares muy distintos. Por ejemplo, yo jamás me habría internado en el mundo de la lucha libre mexicana. Es algo que no forma parte de mi experiencia ni de mi imaginario, pero sí de la experiencia vital de Carla. Y eso es precisamente lo que hace que el proyecto exista. Hay otros espectáculos de los que no puedo hablar ahora, pero lo importante es que lo que sostiene un proyecto es la decisión de la persona de avanzar con él. Es lo mismo que trabajamos en Deja tu miedo atrás. No se trata solo de aprender a hablar mejor o a comunicar correctamente. La pregunta de fondo es otra: ¿qué quieres decir realmente? ¿Qué quieres comunicar y para qué? Si lo único que buscas es visibilidad, entonces hay otros canales: redes sociales, Instagram, TikTok… Ahí puedes ser visto, generar reacciones positivas o negativas, y eso ocurre sin más. Pero si lo que quieres es que tu comunicación tenga un sentido, mejorar un entorno, aportar a un equipo, transformar una realidad concreta, ya sea en una empresa, en el ámbito sanitario o en cualquier otro contexto, entonces sí hay un propósito real detrás. Y trabajamos con muchas personas en ese sentido como profesionales de la sanidad, empresas, equipos de trabajo… Personas que necesitan encontrar una forma más clara y útil de comunicar dentro de su ámbito. Porque al final, lo importante no es solo cómo se dice algo, sino para qué se dice y qué impacto tiene.
¿Cómo se gestiona el equilibrio entre ser sala, escuela, productora y comunidad artística sin perder identidad?
Carlos De Matteis: Es una tarea de siete días a la semana, 365 días al año. No se detiene nunca. Implica estar haciendo muchas cosas a la vez, y ahí es donde entra la resiliencia, porque hace falta cuerpo y energía para sostener todo lo que hay que hacer. Es pasar de estar haciendo esta entrevista a luego pasar la fregona, después cambiarte y subir al escenario, y más tarde ir a dirigir. Todo forma parte del mismo día. Y lo mismo podría decir Carla, una vida atravesada por distintas tareas que permiten que todo esto funcione.

¿Qué tipo de teatro creéis que está emergiendo de este modelo híbrido de formación + producción?
Carla Novi: Yo puedo hablar desde lo que estoy viviendo, porque no sé exactamente qué están haciendo otras personas, pero sí me parece interesante cómo esto se conecta con lo que decía Carlos sobre la resiliencia y sobre no perder la integridad. Ahora mismo, con el proyecto de Bestias, por ejemplo, estamos trabajando sobre la historia de un preso violento que es admitido en un programa experimental en el que se utiliza la danza para canalizar la agresividad. Está basado en hechos reales: una prisión experimental que existió en Escocia en los años setenta, donde se trabajaba con los presos más violentos a través de distintas disciplinas artísticas junto a psicólogos, sociólogos y artistas. El programa funcionó durante años, consiguió rehabilitar a varias personas, aunque finalmente la prisión cerró tras dos décadas. En mi caso, también hay una parte de experiencia personal, porque en el pasado trabajé con personas violentas utilizando la poesía como herramienta para canalizar la agresividad. De ahí surge Bestias, que estrenamos en septiembre del año pasado. Es un solo en el que interpreto a varios personajes: el preso y también su hermana gemela, que es una exbailarina. La obra ha tenido muy buena acogida y una temporada muy positiva. Durante esa temporada, en octubre aproximadamente, vinieron varias personas vinculadas a ONG’s y asociaciones que trabajan en prisiones. A raíz de eso, surgió la posibilidad de hacer una función en un centro penitenciario. En marzo pudimos llevar la obra al centro penitenciario de Valdemoro. No sabíamos muy bien qué iba a pasar, era un experimento. Y la reacción fue muy potente, al principio hay distancia, incluso burla, pero poco a poco los internos empiezan a reconocerse en lo que ven y se produce una conexión muy fuerte. Después de la función hubo un coloquio, y más tarde nos enteramos de que un interno salió emocionado porque no quería que lo vieran llorar. Días después nos llegó un mensaje suyo contando que, desde que vio la obra, baila en su celda a escondidas, que está retomando el movimiento a través de lo que vio en escena, y que incluso ha recuperado el interés por volver a estudiar dentro del centro.Para mí eso fue determinante. Entendí que teníamos que volver a los centros penitenciarios, porque si la obra tenía ese impacto en una sola persona, ya merecía la pena. El problema es que no hay recursos económicos para cultura en esos espacios, así que lo hemos tenido que articular a través de una ONG, con muchas dificultades. Se lo conté a Carlos y él también se emocionó mucho. Desde Plot Point nos propusieron hacer funciones de recaudación de fondos en sala, y en junio vamos a hacer cuatro funciones destinadas a financiar estas acciones en centros penitenciarios. Además, por cada función en sala nos comprometemos a realizar otra en prisión. Creo que es importante poner en valor que una sala independiente, con todas las dificultades que implica sostenerse durante tantos años, decide apoyar un proyecto así. Eso habla de su identidad, de su ADN como equipo y como comunidad. Para nosotros sería muy difícil hacerlo solos, llevaría meses conseguir ese apoyo.
Javiera Guillén: Eso pasa cuando dejas de pensar que tienes que ser perfecta y pones el foco en el público.
Más allá de los números de compañías o residencias, ¿cuál es el indicador que os dice que el proyecto está funcionando?
Carlos De Matteis: Es que conecte con el público. Puede parecer una respuesta políticamente incorrecta, pero creo que muchas veces los artistas nos miramos demasiado a nosotros mismos, en lo que nos apetece hacer, y está bien, pero eso no siempre es suficiente. Hay personas para las que eso funciona, pero no siempre encaja con el tipo de acompañamiento que nosotros hacemos. Lo que escuchábamos antes de Carla es importante: hay una disposición a trabajar, a moverse, a salir de la idea de “mira qué interesante soy”. Digo esto sin juicio, porque cada persona puede posicionarse como quiera, pero si haces una obra desde ahí, también tienes que asumir que debes encontrar al público que conecta con esa propuesta. No puedes esperar que el público llegue solo. Tienes que salir a buscarlo, entender con quién conecta lo que haces. Y Carla es un buen ejemplo de eso. Ella parte de una idea que me parece muy potente. En un contexto donde todo el mundo habla de victimización y exposición constante, ella se pregunta qué ocurre con aquellas personas a las que señalamos, con los ‘verdugos’, con quienes quedan fuera del relato habitual. No se centra en lo evidente, sino que desplaza la mirada hacia otro lugar, y luego busca a ese público específico. Esa coherencia entre lo que quiere contar y a quién se dirige es clave. Ese es el camino que intentamos acompañar para que cada persona sea consecuente con su propio viaje. No se trata de mirarse el ombligo, sino de entender que si quieres que te escuchen, tienes que ir a encontrar a quien quiera escucharte.
Me emocionó cuando lo contó Carla, y también al resto del equipo.
Javiera Guillén: Cuando deja de haber ‘masturbación artística e intelectual’, puedes cambiar la vida de otra persona.