Ir al contenido
REVISTA ONLINE
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
X-twitter Facebook Instagram Tiktok
  • Actualidad
  • Reportajes
  • Entrevistas
  • Cartelera Teatro Madrid
    • Cartelera
    • Ranking semanal
    • Ranking temporada 25/26
    • Obras más votadas
    • Guía de espectáculos de Danza
  • icono de la web de Festivales de Revista Godot
  • Formación
    • Noticias de Formación
    • Centros de Formación
  • Opinión
  • Más godot
    • más cultura
    • Concursos
    • Revista Online
    • Premios Godot
    • Sobre nosotros
    • Contacto
    • Aviso legal / Política de Privacidad
    • POLÍTICA DE COOKIES

Nave 10 Matadero se convierte en la sede de Ubú

  • mayo 22, 2026
Por Angie Corral

"Hemos normalizado lo grotesco dentro del poder político"

La dramaturga María Folguera y el director Hugo Nieto convierten a Nave 10 Matadero en un espacio de poder bufonesco. Charlamos con ellos sobre la reescritura del clásico de Alfred Jarry, Ubú rey, donde lo grotesco ya no es ficción, sino el pan de cada día en los titulares. La obra está protagonizada por Antonio Pagudo, Cristina Gallego, Marta Guerras, Dani Llull, Eduardo Mayo, Elena Lombao.

El encuentro para esta entrevista se produce después de uno de los ensayos, donde Ubú, según Hugo Nieto y María Folguera, ya va tomando forma en la escena. Charlamos con ellos para poder descifrar cómo este clásico del surrealismo se ha convertido, sin pretenderlo, en el espejo más fiel de nuestra propia realidad.

¿Por qué volver a Ubú rey ahora? ¿Qué os parecía urgente o inevitable de este material para tratar en 2026?

María Folguera: Traer Ubú rey a la actualidad es una invitación que Luis Luque Cabrera nos hizo a los dos como equipo. Para mí la respuesta a la pregunta llega prácticamente cada mañana con los titulares. Cuando Alfred Jarry escribió este texto imaginaba una especie de revolución del lenguaje y de la escena ante la civilización en la que él vivía –una cultura francesa institucional y autoritaria en cuanto a la razón–. Pretendía hacer una especie de explosión, dinamitar todas esas convenciones y esas rigideces de lo formal de la época, pero creo que no sospechaba hasta qué punto, más de un siglo después, esa civilización, siempre entre comillas, se iba a deformar hasta el punto actual en el que estamos. Un momento donde las instituciones y los líderes juegan a la destrucción, sin disimular, sin grandes palabras rimbombantes y bajando a un nivel muy violento y agresivo. Hemos llegado a un punto donde cada mañana el lenguaje del poder es ‘ubuesco’. Así que, para mí esta propuesta es un intento de recuperar esa capacidad de creación y de imaginación frente a un poder que está deformado.

Hugo Nieto: Yo creo que Jarry fue un visionario en cuanto a la necesidad que tenía también de romper esos moldes, dentro de su particular parodia ‘shakespeariana’. Es necesario ver cómo hemos normalizado lo grotesco dentro del poder político y de dónde viene este poder ahora. El estatus no es una herencia por ser hijo de un rey; hoy el mando pertenece a quien posee la capacidad de difundir un relato, marcado muchas veces por la violencia, dando igual su contenido. La realidad se ha convertido en una ‘performance’ grotesca y eso nos lleva a Ubú irremediablemente.

 

María Folguera y Hugo Nieto, autora y director de Ubú. Foto de Geraldine Leloutre.

 

María, en esta versión partes del original “de forma leal pero libre”. ¿Qué ha sido lo más importante de conservar y qué lo más necesario de revisar y darle tu propia mirada?

M.F: Ha sido un proceso en espiral, como el dibujo original de Ubú rey. Conjuntamente –Hugo y yo– escribimos un texto a partir de Ubú rey, pero también de Ubú encadenado, la segunda parte. Después volvimos a dar una vuelta al texto para ceñirnos a Ubú rey, donde sentimos que se conservaba mejor esa fuerza original. A partir de ahí se ha reescrito en cuanto a personajes y ambientación. Ya no estamos en la corte de un rey, estamos en un partido político y en un país democrático, en un mundo en el que existen las redes sociales y hay guerras geopolíticas imperialistas. Pero, hay elementos nuevos: guiños al presente, música en directo y canciones compuestas especialmente por Miguel Magdalena (miembro de Ron Lalá) y por Hugo.

He tratado de introducir, también, la mirada con perspectiva de género. Hemos querido hacer una reflexión sobre el fenómeno actual reaccionario de las trad wives, esas mujeres que están visibilizando unos roles más tradicionales, pero en nombre de la invisibilidad, paradójicamente. En esta línea, nuestra mami Ubú, está mucho más presente que en la versión original, es una apasionada del poder y jugará sus cartas para conseguir sus planes, hasta el punto de contradecirse e incluso ejercer el machismo.

 

Hugo, desde la dirección, ¿qué fue lo primero que viste claro al leer esta adaptación? ¿Qué tono o qué mundo apareció enseguida?

H.N: Hay algo que condiciona muy claramente nuestro montaje, y es que lo hacemos con cinco actores, mientras que en la original son 30, por ello, hay que generar un código fuerte para poder contar la historia. Hubo una frase que me marcó mucho, que creo que fue una de las primeras elegidas dentro de estos dosieres de Jarry y que viene a decir, más o menos, que todos, de cintura para abajo, tenemos un Ubú dentro.

Realmente creo que hay una parte del original que se mantiene dentro de la versión de María, que es lo infantil e inmaduro que es Ubú, comparable, hoy en día, con Trump y sus pataletas, por ejemplo. Para mí era importante que las acciones de Ubú naciesen desde esa inmadurez propia de los infantes y poder reflejar la manera en que si a un niño le das poder se convierte en un absoluto tirano, ya que desde la inocencia no hay empatía. Incluso, hay una pequeña evolución de madurez en los personajes que parten de más niños, pero que luego vuelven a caer, ya que todo es cíclico en el montaje.

Por otro lado, y en cuanto a forma, la propuesta va a ser bastante formal, presentando códigos y convenciones muy teatrales. También hay una apuesta por la música en directo, en la que he vuelto a contar con Miguel Magdalena, sumando ese lenguaje que aporta más ritmo y comedia.

 

En vuestro Ubú, la conspiración se traslada al interior de un partido político. ¿Es vuestra manera de acercar el original a nuestra realidad?

M.F: Sí. Como ha dicho Hugo, había muchísimos personajes en el original y todos ellos los hemos transformado en asesores, legisladores, gente corriente. Ahora estamos muy informados de todas las intrigas, apuñalamientos y egos políticos porque se están produciendo de forma visible delante de nosotros. Por ejemplo, los cambios de alianzas, los cambios de humor, las manías personales, las parejas, incluso. Toda esa información está muy accesible, por lo que no he tenido que divagar mucho a la hora de escribir la adaptación.

H.N: Sí y cuando te ciñes a reflejar algo concreto de la realidad, sabes que no va a estar vigente mucho tiempo, porque todo cambia muy rápido, haciendo que no nos acordamos de lo que ha ocurrido hace un mes. Además, hoy en día todo el mundo puede opinar libremente haciendo que la actualidad se deforme y se convierta en algo grotesco y duro.

 

El actor Antonio Pagudo, protagonista de Ubú. Foto de Geraldine Leloutre.

 

La obra plantea que hoy lo grotesco ya no es ficción, sino algo cotidiano, político y mediático. ¿Quizá lo que hace poco nos daba la risa por ser exagerado, ahora nos aterra por ser posible?

M.F: Sí, sí, aterra por ser posible.

H.N: Sí, pero siempre nos reímos del drama. Si no hay drama, no hay comedia. Nos reímos del drama ajeno, el que no nos afecta.

En el Ubú original, Jarry parodia ‘Macbeth’ y se observa la ambición desmedida de gente muy privilegiada, en su caso reyes. En nuestra versión, aunque nos reírnos de ese drama, también tratamos de que haya momentos en los que Ubú dé miedo. El trabajo con Antonio Pagudo (quien interpreta a Ubú) está siendo el de marcarle el lugar donde su discurso, muy macabro en algunos momentos, asuste por parecerse demasiado a la realidad.

M.F: El teatro es honesto porque es el lugar que no engaña, es el lugar donde se juega explícitamente y se hace un pacto y un ritual que todo el mundo respeta. A veces se puede romper, pero en general es un espacio de consenso donde la crítica tiene un lugar. Lo que está ocurriendo en la política actual es que todos los días se dinamitan los consensos mínimos. Se amenaza con eliminar a una civilización entera una determinada noche… ¿y qué significa eso? Leía un titular que narraba como una persona iraní no había podido dormir nada esa noche. Parece, como bien decía antes Hugo, que se ha convertido todo en el mismo engrudo de ficción, en el que ya todo da igual. No se sabe bien qué significan las amenazas; las alianzas no duran ni 24 horas. Por eso, para mí el teatro, que es milenario, tiene esa fuerza. Es un asidero simbólico en el que las cosas duran y han sido protegidas a lo largo del tiempo. Los textos han sido protegidos por dinámicas de poder, pero muchas veces a pesar de las dinámicas de poder. Hay algo hermoso en esa antigüedad, que a la vez busca renovarse, y que le despega de ser un ritual fosilizado. No queremos hacer los clásicos de la misma forma que antes, queremos seguir generando debate.

H.N: Claro, es así, el público evoluciona y las obras tienen que evolucionar. Pero cogiendo lo cotidiano y sacralizándolo, para transformarlo en ritual.

M.F: Exacto, por eso acudimos al teatro con curiosidad, porque no es un ritual anquilosado, ni pretende cerrarse. Eso es lo hermoso y lo vivo de este género artístico.

 

Decís que “el rey se ha comido al bufón”. ¿Sentís que la realidad ha robado a la ficción su capacidad de sobreactuar?

H.N: Sí, rotundamente.

 

El público llega a Ubú ya “entrenado” en el disparate después de años de política convertida en espectáculo, ¿de qué manera habita la sorpresa en vuestra propuesta? ¿Cómo intentáis sorprender desde esa propuesta?

H.N:  La idea es justamente romper toda realidad para meternos en eso que propone el teatro, la ceremonia, que en este caso va a ser un ritual de celebración festiva. Los actores van a trabajar muy en contacto con el público y vamos a sorprender desde la energía, que en el fondo es una técnica muy antigua, pero intentando romper un poco los límites y los cánones más convencionales.

M.F: Me gustaría sorprender al público despertando su memoria de la actualidad, ya que cada día olvidamos lo dicho en las noticias, en parte para no tirarnos por la ventana. Me gustaría que en el tiempo que dura la función, al menos, el espectador pueda recordar los pasados meses, quizá años, para hilar, ordenar y construir un relato propio.

H.N: Para mí sería bonito provocar la idea de que los Ubús tienen que desaparecer de la actualidad y dejarlos solo para el teatro, de donde nunca tendrían que haber salido.

Luego hay otra premisa que también marca el texto y la propuesta, que es el hecho de que ese Ubú vive en nosotros, o sea, hay una parte de maldad intrínseca al ser humano y hay que tener cuidado de nosotros mismos.

 

En esta versión hay música en directo y canciones que no funcionan como pausa, sino que son parte de la narrativa como comentario amplificador. ¿Cómo se construye esa manera de decir cantando lo que no se puede decir hablando?

H.N: Hay canciones más armonizadas y construidas con unas letras que quizás sí que tienen esa labor de descongestionar un poco la energía y otras, en cambio, que sirven para apoyar el relato y empoderar los personajes. La música es parte de un código propio para llevar de la mano al espectador, creando una pequeña armonía con la palabra y el gesto. Primero, junto a Miguel Magdalena, compusimos las canciones, que es el trabajo que más tiempo suele llevar, para después crear todo un mundo sonoro que interviene y que incide en la escena. Esa sonoridad a veces es muy musical, pero otras veces es más rítmico y sin armonía.

El peso musical recae mucho en el elenco. Durante el proceso de ‘casting’ estaba la preocupación de si los actores y actrices tocaban o no instrumentos, pero al final se está armonizando todo mucho desde la voz, desde los coros y desde el juego.

 

¿Qué tipo de comicidad os interesaba para esta propuesta?

H.N: Pudimos hacer previamente un taller de máscaras y de bufones con Fabio Mangolini, para llegar a la energía de la comedia del arte con la que quiero jugar, para que estén en ese nivel de energía. Fabio para mí es mi gran maestro y han sido tres días maravillosos de taller con todo el elenco… imagínate que querían hacer la obra con máscaras y todo.

M.F: Ubú exige comedia. Desde la primera línea del texto original se está buscando la provocación, la deformación del lenguaje, la palabrota, lo mal hablado, lo pueril, y para mí ha sido un reto, porque, aunque había trabajado con payasos antes, con Rhum & Cía, nunca había trabajado la comedia pura, la textual. Ha sido divertido jugar a utilizar un lenguaje rimbombante, rocambolesco para pasar a un lenguaje brusco. Una contraposición entre la grandilocuencia de la política y la pataleta del niño mimado. Además, durante los ensayos los actores, que son magníficos en comedia, juegan y exploran los tonos.

H.N: Buscamos ese contraste. Desde lo situacional –lo que el propio texto aporta– o desde los propios ‘gags’ y chistes que deforman la realidad y que la versión actualizada de María todavía cataliza mucho más. El lenguaje es muy bufonesco también y aunque yo nunca he trabajado con títeres –no es que los vaya a haber en el montaje– el elenco está siendo un poco un títere, estamos trabajando desde ahí. Pero, sobre todo, lo que marca mucho la obra es esa energía de comedia. Para mí la prioridad es hacerla grotesca y satírica.

 

Decís que los personajes son “bichos” atravesados por el deseo, el poder, el miedo y supervivencia ¿Qué parte humana queréis que se viese debajo de la máscara?

H.N: La supervivencia ya es muy humana. El concepto de “bichos” es algo que empleo bastante, sobre todo dirigiendo, porque creo que ofrece algo muy gráfico a la hora de introducirte en el mundo que tiene cada personaje y poder viajar a través de él. Luego el actor va a dar su humanidad a ese “bicho”. Lo que se muestra es una deformación de lo humano. Se trata de generar ese espejo social, partiendo de lo humano y hacer una metamorfosis hasta generar el “bicho”.  El espectador va a reconocer dentro del “bicho” lo humano: por ejemplo, con frases que le resuenan, porque las acaban de escuchar o leer en un periódico.

M.F: También cada personaje tiene un arco, pero vuelve al lugar donde estaba al principio. Eso también es nuestra parte más animal, más de supervivencia. Hay algo cíclico en estos personajes: desean, ambicionan, construyen y al final se les derrumba todo. Se reconocen frágiles, dependientes unos de otros, por eso rehacen sus alianzas y estrategias y se vuelven a buscar la vida rumbo a un nuevo destino, igual que pasa en Ubú rey.

 

Papi Ubú es “más bruto que un jabalí” y aun así aspira a ser estadista. ¿Lo habéis trabajado como un monstruo indefinido o como alguien reconocible?

M.F: Nos hemos inspirado en la actualidad, pero Antonio Pagudo le ha puesto su voz, su cuerpo, su gesto propio. Es el Ubú de Antonio Pagudo, que eso es lo bonito también. No está imitando a nadie, no es una caricatura cerrada de nadie. Te pueden sonar las palabras y los sucesos en escena, pero luego son los actores y actrices y sus creaciones únicas. El Ubú de Antonio tiene ternura, pero también tiene violencia y drama. A la hora de escribir, me interesaba también la relación entre Papi y Mami Ubú, en la que hay una dependencia mutua. Se infringen odio y maltrato cotidianamente y, a la vez, comparten un sentido del placer y del disfrute

H.N: Existen las referencias, claro y se apuntillan en algunos momentos para que el espectador pueda reconocer parte de su cotidianidad. Pero efectivamente, los actores van a construir un mundo. Desde el primer momento hemos huido de la caricatura, de no trasladarlo todo a lo concreto, pero dejamos que el espectador tome sus referentes.

 

Comentáis que el espacio escénico “no ilustra: actúa”. ¿Qué tipo de espacio estáis creando?

H.N: Para mí el espacio no es nada realista, porque precisamente parte de una deformación de la realidad. Cuando hablé con Monica Boromello, la diseñadora del espacio escénico, tenía en mente lugares donde se ejerce el poder. Busqué una de las grandes referencias, la sede de la ONU en Ginebra, y que tiene una cúpula con un fresco de Miquel Barceló. Su forma a mí me hizo imaginar un retrete. A su vez esta imagen me llevó a compararlo con el lugar de donde nacen los impulsos sucios de nuestros personajes. Al tomar ese punto de partida, la propuesta ya no puede ser realista.

La escenografía va a estar viva, porque va a ser el contenedor de muchas cosas y va a permitir el juego. Para mí es un actor más y jugamos con él como si nos llamase, nos hablase, nos contase algo.

 

Ubú es una tradición de teatro que incomoda y rompe la cotidianidad desde el exceso. ¿Dónde creéis que está hoy el límite de lo incómodo en escena? ¿Todavía se puede escandalizar?

H.N: Sí, porque justamente explorando esos límites yo ya veo que se puede escandalizar más desde la escena. Existe esa línea porque todavía nosotros podemos servir como amplificador de cosas. Además, la capacidad de escandalizarse va variando según la cultura y la época. Nos escandalizamos ahora de cosas que hace 15 años ni nos inmutaban, sobre todo a nivel educativo. Al final, cuando te pones a generar una propuesta rechazas cosas por miedo a que se vaya la mitad del patio de butacas. Creo que la provocación por provocación no tiene sentido. Me gusta hilarlo todo dentro de una comunión.

M.F: Yo creo que ahora mismo el escándalo no está en el teatro, sino en lo que hay alrededor de él, como, por ejemplo, lo que pasó con esa concejala que interrumpió una función hace poco. Estamos en un momento de mucha exaltación, incluso diría de crisis de salud mental o de bienestar generalizado. Ya le pasó a Jarry en el estreno de Ubú rey, aunque creo que él sí buscaba provocar. Por eso, a mí me parece interesante que ahora mismo el escenario invite a colaborar desde lugares imaginativos y desde lugares innovadores y no desde lugares anquilosados. La provocación gratuita ya se ha cultivado y ya se ha trabajado, además ya ocurre todas las mañanas. Ese lugar ha sido arrebatado. Me parece interesante que el teatro tienda la mano, no para aprisionar, sino para tocarse y convivir durante un rato con formas nuevas.

 

¿Qué creéis que debería llevarse el público a casa: una risa liberadora o una alarma encendida?

H.N. Yo voy a tirar más por la risa liberadora, aunque las alarmas van a encenderse. El otro día pensaba que, después de la función, a lo mejor hay gente que al volver a ver un retrete imagina los personajes qué podrían salir de ahí y eso le produzca una risa liberadora. Para mí eso sería precioso.

M.F: Creo que los espectadores ya traen la inquietud a la platea. Por eso, me gustaría que se llevaran algo más que una risa liberadora. Insisto en lo de la memoria, ya que me parecería importante que les hiciese recordar, que ejerciese como de conexión ‘transtemporal’ en la que te acuerdas de otros momentos en los que también estuviste angustiado y aquello también pasó y que puedan encontrar sus propias palabras para recuperar el relato.

 

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

Alfred Jarry, Antonio Pagudo, Cristina Gallego, Dani Llull, Eduardo Mayo, Elena Lombao, Hugo Nieto, María Folguera, Marta Guerras, Nave 10 Matadero, Ubú, Ubú Rey
Comparte este post
SUSCRÍBETE
Política de Protección de Datos / Política de Cookies
Facebook X-twitter Instagram Tiktok
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
  • Concursos
  • Sobre nosotros
  • Contacto
  • Concursos
  • Sobre nosotros
  • Contacto
  • Obras más votadas
  • Ranking Mejores Obras
  • búsqueda avanzada de obras
  • Obras más votadas
  • Ranking Mejores Obras
  • búsqueda avanzada de obras

Revista GODOT es una revista independiente especializada en información sobre artes escénicas de Madrid, gratuita y que se distribuye en espacios escénicos, además de otros puntos de interés turístico y de ocio de la capital.

Revista de Artes Escénicas GODOT © 2026
Desarrollado por Precise Future
Gestionar consentimiento
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos. El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
  • Administrar opciones
  • Gestionar los servicios
  • Gestionar {vendor_count} proveedores
  • Leer más sobre estos propósitos
Ver preferencias
  • {title}
  • {title}
  • {title}