Hay algo divertido en jugar con la idea medio mágica de que alguien que se confiese ‘beckettiano’ acabe sentándose para hablar con Godot. Este mismo pensamiento le comento a Sergi Belbel casi como saludo en nuestro encuentro por videollamada y, entre risas, me dice “¡es cierto!” y acto seguido se le ilumina la cara y me suelta: “Pues hay una referencia a Godot en la obra”, en relación a Hamlet.01, la obra con la que aterriza en el Teatro Español, aunque enseguida se arrepiente un poco: “Pero no te la desvelo, ya lo verás”. Y yo, que intentaba sorprenderle, acabo siendo el sorprendido. Así empieza nuestra conversación, con humor y con esa mezcla de entusiasmo y juego.

El nuevo proyecto de este dramaturgo, director y gestor tiene algo distinto, algo casi íntimo. Hamlet.01, no es una adaptación al uso ni un montaje ‘de Hamlet’, es otra cosa. Es Hamlet convertido en monologuista, Hamlet como un cómico de stand up, Hamlet hablando directamente al público durante dos horas para intentar comprender -y hacernos entender- lo que está pasando dentro de la propia tragedia. “La perversión está en convertir a Hamlet en un cómico -me explica Belbel-. Lo llamamos ‘stand up tragedy’, para hacer un poco la gracieta”.

 

El actor Enric Cambray con Sergi Belbel al fondo.

 

Un juramento (casi) incumplido

Al preguntarle por su relación con la obra de Shakespeare, Belbel me cuenta que durante años tuvo un juramento íntimo de nunca dirigir Hamlet. “Vi la puesta en escena de Patrice Chéreau en el Palacio de los Papas de Aviñón… cinco horas. No cortó ni una coma. Y yo salí tan impactado que pensé: esta obra no la voy a montar jamás como director -recuerda-. Era alucinante a nivel actoral, a nivel de audacias, de dirección… aquello era insuperable. Con 27 años, aquella obra se me escapaba por todos lados. Imposible aprehenderla”.

Sin embargo, la promesa se rompió (en parte) gracias al actor Enric Cambray, con el que Belbel había trabajado en varias ocasiones. Un día, charlando, le preguntó al actor por qué no le daban protagonistas de peso y le respondió: “A mí nadie me va a dar nunca un Hamlet.” Y eso a Belbel le picó. “Le dije: mira, como director me he jurado no montar nunca esta obra. Pero como dramaturgo no he hecho ningún juramento. Entonces voy a dejar aparcado al director, pero voy a intentar que el dramaturgo se ponga en danza a ver qué pasa.” Entonces llegó la pandemia. Tiempo libre, encierro y obsesión fueron el caldo de cultivo. “Como tenía las 24 horas del día y no podía salir, pensé: esta idea… Hamlet… Enric Cambray… a ver qué me sale”. Y lo que salió fue un texto de dos horas. Pero con la sorpresa añadida de que solo era el primer acto. “Le llamé y le dije: me ha salido un texto de dos horas. Y él: ‘¿pero estás loco?’. Y yo: ‘es que solo es el primer acto’”. Y vuelve a reírse dejándome que imaginara la cara de Cambray.

 

 

Ante la negativa, autoproducción

El relato de cómo logró poner en pie Hamlet.01, contado por Belbel, tiene algo de comedia amarga. Envió el texto a diferentes teatros. No lo quiso nadie. “Yo supongo que leyéndolo no pasaban de la página 2”, dice sin dramatismo, casi con resignación divertida. Y entonces tomó una decisión que en su carrera no había tenido que tomar nunca: producirlo él mismo. “Es el primer espectáculo que he producido en mi vida, con casi cuarenta años de carrera”. Aunque la puesta en escena pudiera parecer mínima, “es fácil producir un monólogo. Un micrófono y un taburete”, el riesgo siempre está, en este caso esa desnudez hacía que el texto tuviera que sostenerse solo. Y el actor también. Lo estrenaron en el Teatre La Biblioteca, uno de los teatros más pequeños de Barcelona y, contra todo pronóstico, funcionó. “Fue uno de los estrenos más bonitos de mi vida”.

 

Diseccionando a Hamlet

Belbel habla de Shakespeare con una mezcla de admiración y complejo de hormiga. “Shakespeare es el elefante en la dramaturgia universal -dice-. Te sientes una hormiguita ante el elefante”. Y quizá por eso le interesa tanto Hamlet, porque es inabarcable, porque se escapa. “Mi perturbación con Hamlet es que cuando monologa, yo me pierdo como espectador. Estás en el cuarto verso y yo estoy pensando todavía en la mitad del primero. No tienes un mando a distancia para parar al actor y decir déjame pensar lo que estás diciendo.” Esa frustración se convierte aquí en motor teatral. Hamlet.01 no intenta ‘representar’ el acto I. Lo disecciona, lo comenta, lo desmonta y lo vuelve a armar delante del público. “Es casi un comentario de texto -explica-. Va diciendo las réplicas una detrás de otra y llega un momento en que se para y dice: ‘¿qué ha dicho este? ¿qué quiere decir esto?’”. Ahí está el juego en tener a Shakespeare como material vivo, no como monumento.

Y también está la idea que Belbel repite varias veces, de que Hamlet es una obra sobre el teatro. “Toda su construcción es casi metateatral. Él necesita pasarlo por el escenario para que sea verosímil. Mete un espejo dentro del espejo. Eso me dio la pista de convertirlo en un actor de stand up”.

 

 

El humor como salvavidas

Hablar de Hamlet y hablar de humor no es algo tan descabellado. Para Belbel, el humor “es troncal -afirma-. He detectado bastante humor en Hamlet, más de lo que parece”. Y repasa las veces que el personaje se burla de Polonio, de Rosencrantz y Guildenstern, cómo juega con el cinismo como arma de supervivencia, y reconoce también que en su versión ese humor se multiplica. “Es una perversión mía, de meterle humor a todo, para sobrevivir en este mundo tan horrible. A veces meterte desde la tragedia te da pudor. Pero no me siento tan impostor al pisar el humor, me sirve para meterme en zonas de grosor.”.

Ahora, Hamlet.01 se presenta por primera vez en castellano. “Pasar de catalán a castellano no es solo traducir, es reescribir”, admite. La traducción la ha hecho él mismo, directamente desde el original inglés. “Opté por no manipular ninguna traducción. Está hecho directamente del original”. El reto no está en la fidelidad académica, sino en el ritmo; en cómo un actor respira el texto, en dónde cae el golpe, en qué palabras abren la risa o la emoción. Y reconoce con cierta inquietud que Cambray tiene el espectáculo “metido en la piel catalana” y ahora toca comprobar si la criatura vive igual en castellano. “Tenemos el gusanito de decir: ¿reirán en los mismos sitios? ¿se emocionarán en los mismos sitios?”.

 

El sueño de los cinco actos

Lo más delirante -y lo más fascinante- del proyecto es que esto no acaba aquí. Hamlet.01 es solo el comienzo. La idea es hacer un monólogo por acto, cinco piezas, diez horas de función. “Mi idea es matar al actor y matar a los espectadores -me dice riéndose-. Al final será un monólogo de diez horas. Ese es el sueño húmedo”. Y me cuenta que ya han probado a hacer el acto I y II seguidos –Hamlet.02 se estrenó en el TNC en el 2024-. “Durante dos días hicimos la salvajada. Fue maravilloso, uno de los momentos teatrales más intensos de mi vida”. Ahora está pendiente el tercero, “el más bestia -dice-, el de ‘Ser o no ser’ y el teatro dentro del teatro”, frenado precisamente por este salto al castellano.

Al final de la conversación, volvemos a Beckett. Le pregunto qué habría hecho él con Hamlet y se ríe. “Yo creo que ya lo hizo -dice divertido-. La respuesta a tu pregunta está en el espectáculo”. No es una frase-gancho, es una invitación, como la que cierra el primer acto: “¿Entráis conmigo?”.

Y en el fondo, todo esto va de eso, de entrar, de acompañar a Hamlet -y a Belbel y Cambray- en un salto moral escénico para entender el teatro desde dentro, demostrando que, por muy clásico que sea, es un cuerpo vivo.

 

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