Hace casi tres décadas abrí un número de El País de las Tentaciones y me topé con un artículo que hablaba del éxito de un nuevo musical recién estrenado en Broadway, Rent. Hablaba de la amistad de un grupo de jóvenes en Nueva York, del miedo y del amor, de discriminación, identidad y diversidad, del VIH y de la urgencia de vivir cada día como si no hubiera más. Un auténtico grito de libertad inspirado en La Bohème de Puccini con forma de carpe diem musical, que arrastraba una amarga historia, la de su creador, Jonathan Larson, quien no llegó a tiempo de ver su sueño cumplido, ya que falleció la noche previa al estreno sin saber que acababa de cambiar la historia del teatro musical.
Todo ello me empujó a comprar el CD sin haber escuchado una sola nota -eran tiempos en los que Spotiy era ciencia ficción-. y descubrí a Mark, Roger, Mimi, Angel, Collins, Maureen, Joanne y Benny; personajes que, a través de la mirada sincera y cruda de Larson, me abrieron una ventana a una realidad que sentía como propia. Para aquel chico despistado y algo atormentado, sin demasiados referentes a los que aferrarse, Rent se convirtió en un refugio, en una forma de expresión y una invitación a tomar las riendas de la vida a través de un grito: “No day but today!”, que hoy sigue acompañándome de manera muy presente.
Me he permitido esta salida de mi rol de narrador habitual para compartir la emoción que me despierta el regreso de este título. Pero no lo hago por la nostalgia, sino por su honestidad contemporánea. Como explica su director, José Luis Sixto: “no estamos haciendo un musical comercial; estamos haciendo una obra de teatro. Rent es un clásico de repertorio, con la misma vigencia que Fuenteovejuna. Tiene una proclama social y política muy clara, que es despertar conciencias”. Y es que este musical ganador del Pulitzer vuelve en el momento preciso, dispuesto a encontrarse con una nueva generación para la que su mensaje sigue siendo profundamente pertinente. Tres décadas después, Rent continúa hablándole de frente a las problemáticas que atraviesan a lxs jóvenes, con la misma fuerza, honestidad y urgencia que entonces.

UN MUSICAL EN UN TEATRO PÚBLICO
Larson escribió Rent como un homenaje a la vida breve y luminosa. La historia de unxs jóvenes que buscan un lugar donde crear, amar y resistir. Esa misma necesidad de autenticidad y creación fue lo que llevó a Rocío Bilbao a poner en pie esta producción. Bilbao venía del sector financiero, pero decidió dar un salto al vacío y crear la productora independiente Outcast con la convicción de que se puede producir diferente. “Me di cuenta de que quería contar historias desde otro lugar. Y pensé que el teatro musical necesitaba abrir una puerta nueva: un musical que hablara del presente, que fuera social, diverso, teatral. Rent tenía que volver justo ahora”. Y lo hace desde un teatro público, estrenándose en el Teatro Fernán Gómez de Madrid, algo inusual para el género. “Es verdad que no se suele programar musical en espacios públicos, pero eso también tenía que cambiar. Rent es una oportunidad para acercar al público a un tipo de teatro musical que no se basa solo en el espectáculo, sino en la verdad. Que el espectador pueda ver el proceso, la gente real que hay detrás sin artificios”, dice.
De hecho, esa cercanía forma parte del propio discurso del montaje: la compañía como comunidad. Algo que Pascual Laborda, quien interpreta a Roger, vive cada día en los ensayos. “Yo vengo de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, y esto es como haber salido de una familia para entrar en otra. Rent también habla de eso, de una comunidad que se sostiene a pesar de todo, de la precariedad, de la enfermedad, del miedo. Es visceral, profundamente humano”.
Laborda, que lleva años soñando con dedicarse al musical, ve en Rent un punto de inflexión en la forma de hacerlo en España. “Aquí, muchas veces, los musicales se copian tal cual del extranjero, y eso encorseta al artista. Pero este proceso es diferente. Hay laboratorio, hay creación. Y eso hace que cada persona del elenco esté implicada desde su propia verdad”. Junto a Laborda encontramos a Luis Maesso como Mark; Candela Camacho como Mimi; Tiago Barbosa dando vida a Tom; Adrián Amaya como Angel; Carla Pulpón interpreta a Maurren; Begoña Álvarez es Joanne y Tatán Selles como Benny.
Los personajes siguen siendo los mismos, jóvenes que no pueden pagar el alquiler, que aman y pierden, que se enfrentan a la enfermedad, pero el contexto ha cambiado. “Hoy, los desahucios, la especulación, la falta de empatía con quien tenemos al lado son realidades cotidianas. Y eso hace que Rent vuelva a tener sentido -dice Bilbao-. Es el momento de volver a hablar de la necesidad de comunidad”.

VIVIR SIN ESPERAR EL MAÑANA
Esa necesidad es también el punto de partida del trabajo corporal que firma Analía González, coreógrafa argentina afincada en Madrid. Su aproximación es casi poética: “Sixto quería contar Rent desde el cuerpo. No se trata de hacer mucha coreografía, sino de que el cuerpo esté al servicio de la palabra. De construir un movimiento que nazca de lo que el personaje siente y dice. Que no se vea al bailarín que ejecuta, sino a la persona que baila”.
En los ensayos se percibe esa idea de cuerpo poético imperfecto, humano. González trabaja la fusión de lenguajes -del jazz al contemporáneo, del rock al tango-, buscando que cada gesto tenga sentido dramático. “No quiero secuencias de cinco, seis, siete, ocho. Quiero entender cómo el cuerpo puede decir lo que la palabra no alcanza. Menos es más. En una época donde el teatro recurre cada vez más a la técnica, apostar por la sencillez es casi un acto de resistencia”.
Y Rent, en esta versión, se convierte precisamente en esa resistencia. Una resistencia a la uniformidad del musical clonado, a la indiferencia ante lo social, al miedo a la emoción. “Larson hablaba de vivir sin esperar al mañana -dice Sixto-. Y eso, en una sociedad donde todo es inmediato, sigue siendo una provocación”. A la que esta producción responde con una puesta “desnuda, sin fuegos artificiales”, donde el actor y su cuerpo sostienen la verdad del texto. “Aquí no hay doble altura ni grandes decorados -explica su director-. El escenario está casi vacío, porque son los intérpretes quienes crean el espacio con su energía. Quiero que el público salga conmovido por el corazón y el alma, no por el despliegue técnico”.

30 AÑOS SIN LARSON
La producción llega además en un momento simbólico, el 30º aniversario de la muerte de Jonathan Larson. “Nuestra última función será el 25 de enero -cuenta Bilbao-, justo en la víspera de esa fecha. Va a ser un día único. Sentimos que estamos cerrando un círculo”.
Pero lejos del homenaje solemne, lo que se respira es vida y una mirada actual construida desde una traducción nueva del texto original, supervisada por el dramaturgo Adrián Perea y el director musical César Belda. “Queríamos alejarnos de los referentes neoyorquinos y hacer una relectura, sin perder la poética de Larson -explica Sixto-. Hemos ampliado la franja de edad de los personajes, porque hoy la juventud vital se alarga. Y hemos incluido acentos, orígenes, procedencias diversas. Que cada intérprete hable desde su cuerpo y su identidad real”.
En un país donde el teatro musical aún busca su madurez, Rent suena a punto de inflexión. “Ojalá que el público entienda que esto también es teatro -dice Laborda-, que el musical no es un género menor. Que la emoción no se mide por la cantidad de luces ni por los decorados que giran”. Y quizá la clave sea volver a medir la vida -como pedía Larson- en amor, en el amor al teatro, al proceso, a la gente que lo hace posible. En esa entrega que más que perfección, se necesita verdad. “Yo no quiero que esta obra sea perfecta -confiesa Sixto-. Quiero que sea honesta. Que tenga corazón. Que quien venga a verla sienta que aquí hay algo vivo”.
Treinta años después, el mensaje de Rent sigue latiendo con fuerza. No hay que esperar al mañana. Hay que vivir, cantar, amar, aunque el alquiler -o la vida- sigan costando demasiado. Ya saben: “No day but today!”.