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Vanguardia y clasicismo en el BNE

“No hemos parado de trabajar y de acercar la danza a nuevos públicos y también a otras disciplinas”

El próximo programa del Ballet Nacional de España (BNE) se llama Generaciones porque engloba a algunas de las coreografías más destacadas, de entonces y de ahora, de la historia reciente de esta institución. Tras el éxito arrollador de Afanador, obra estrenada este mismo año y en la actualidad de gira, la compañía presenta en el Teatro de la Zarzuela, del 17 al 28 de julio, una velada de cuatro obras que refleja el carácter atemporal de la agrupación que lidera Rubén Olmo, quien acaba de renovar por tres años más como director.

 

Foto destacada: Imagen de Generaciones. ©María Alperi

 

La entrevista con Rubén Olmo, director del Ballet Nacional de España desde 2019, y que acaba de renovar por tres años más, el máximo permitido, se produce a pocos días de que la formación aterrice en Valencia con su última y flamante producción, Afanador. Una obra con coreografía -premiada en los Premios Godot de este año- de Marcos Morau & La Veronal, Lorena Nogal, Shay Partush, Jon López y Miguel Ángel Corbacho que, sin duda, ha guiado a esta compañía a cotas hasta ahora no exploradas, tanto en el lenguaje coreográfico como escénico. “Fíjate que yo sabía que esta obra iba a marcar un antes y un después en la historia de la compañía desde que vi los ensayos”, cuenta Olmo a esta revista. “No se trata de un trabajo de danza contemporánea aplicado al Ballet Nacional de España, sino que se ha conseguido una nueva estética y unos nuevos movimientos dentro de la danza española y el flamenco”. Preguntado por el proceso de enfrentarse a un universo completamente nuevo en la historia del colectivo, Olmo continúa con ese discurso transparente y sin pretensiones que le define. “Ha sido duro y al principio los bailarines y bailarinas se desesperaban. Yo les intentaba transmitir tranquilidad, ‘estáis haciendo algo nuevo y eso genera dudas’, les decía. Siempre con la certeza de que se estaba dando un paso importante. El resultado es una propuesta de una gran calidad que muestra que el Ballet Nacional de España también está en el corazón de la vanguardia”.

Vanguardia y clasicismo en el BNE en Madrid
Foto: Jesús Vallinas. Imagen de Rubén Olmo.

Afanador, inspirada en el universo fotográfico del artista Ruvén Afanador (sí, con ‘v’), y concretamente en el trabajo de dos de sus libros, Mil besos y Ángel gitano, en los que bailarines y bailarinas, cantaores, músicos del flamenco, posan para su cámara con una estética futurista y neopunk, es todo un despliegue de recursos corporales, escenográficos y estéticos, que empastan tres universos: el del fotógrafo, el de Morau y el de la compañía estatal. Llama la atención, de hecho, la médula compacta y aplastante que conforman los 40 intérpretes del colectivo, sin duda grandes protagonistas de esta obra tan coral. “Desde un principio, no quise que se perdiera la impronta del Ballet Nacional de España, pero tampoco cortar las alas a Marcos Morau como coreógrafo. Y creo que se ha conseguido ese equilibrio entre los dos mundos. Nos la están pidiendo de teatros de todo el mundo, ojalá tengamos el presupuesto y los medios para mostrarla. Se trata de un espectáculo que puede y debe estar en todos los teatros y óperas”.

 

DE LA VANGUARDIA AL CLASICISMO (Y AL REVÉS)

En más de una ocasión ha comentado Olmo que el Ballet Nacional de España debe ubicarse entre lo de hoy y lo de ayer; entre la evolución por la que surfean las artes y el sedimento que las sostiene desde el pasado. Una columna permeable que haga de este colectivo ese anhelado lugar de encuentro y una compañía para gustos diferentes. “Se trata de darle importancia a lo que de verdad la tiene: al hecho de representar la danza española y abrirla para que siga creciendo. Tanto con obras de repertorio y ballets de argumento como con creaciones de vanguardia”. En esta línea se enmarca el próximo programa que pondrá en escena el Ballet del 17 al 28 de julio en el Teatro de la Zarzuela. Se llama Generaciones y agrupa cuatro obras de cuatros creadores y momentos diferentes, que Olmo desgrana para Godot:

RITMOS, DE ALBERTO LORCA. Estrenada en julio de 1984 cuando María de Ávila dirigía la compañía. La propuesta está cumpliendo 40 años. “Es un ballet de danza española muy completo en todos los sentidos, musicalmente, en cuanto al vestuario, la iluminación y, por supuesto, el baile. Se ha mostrado siempre desde que se estrenó y es una de las coreografías bandera de la compañía. Le dio una identidad al BNE”.

PASTORELA, DE ANTONIO RUZ. Estrenada en 2022 bajo la dirección de Rubén Olmo. Se trata de un solo que Antonio Ruz coreografíó para Inmaculada Salomón, primera bailarina del BNE, después de trabajar juntos en Electra (2017), obra también de Ruz para esta agrupación. “Electra no tenía ningún solo y vimos la oportunidad de retomar la comunicación que se dio entre Antonio Ruz e Inmaculada Salomón y nació este trabajo delicado y atemporal”.

JACARANDA, DE RUBÉN OLMO. Estrenada también en 2022 bajo su dirección. “Una de mis metas es que los primeros bailarines del BNE tengan identidad propia más allá de la compañía. Este solo lo creé para Débora Martínez. Y en los próximos años, quiero seguir poniendo en escena más solos para el elenco masculino”.

GRITO, DE ANTONIO CANALES. Estrenado en 1997 cuando el BNE esta dirigido por Aurora Pons, Nana Lorca y Victoria Eugenia. “Esta obra se ha convertido en un clásico. Al mismo tiempo se puede decir que es la banda sonora de la carrera de Antonio Canales. Representa un flamenco nuevo de la época y todo un cambio en aquel momento, fruto del encargo de las tres directoras a Canales. Junto a Ritmos, es de los espectáculos más representados de la historia del BNE”. Para esta ocasión, Grito suma otro hito a sus espaldas ya que Olmo ha invitado a Mónica Fernández y Pol Vaquero, primeros bailarines de la compañía de Antonio Canales, y a Juan José Jaén ‘El Junco’, como artistas invitados.

 

 

RECONOCIMIENTO Y RENOVACIÓN

“Por un lado pensé que podría pasar cualquier cosa. Pero, por otro, también me esperaba la renovación porque se ha hecho muy buen trabajo por parte de todo el equipo. Hemos cumplido con cada uno de los requisitos que presenté en el programa para optar a la dirección, a pesar de los años de pandemia que nos pillaron. Y la compañía ha crecido mucho a nivel artístico y personal”.

¿Cuáles dirían que han sido los mayores logros en estos años?

Creo que abrir el Ballet Nacional de España a otras instituciones, proyectos, compañías… La colaboración con diferentes orquestas, proyectos de pedagogía, uno de ellos que ya estaba bajo la dirección de Antonio Najarro (director anterior), más el que hemos elaborado junto a la Fundación Juan March. La verdad es que no hemos parado de trabajar y de acercar la danza a nuevos públicos y también a otras disciplinas. Creo que se han conseguido nuevos destinatarios para el Ballet Nacional de España.

¿Qué tiene pensado para los próximos tres años en el BNE?

Me gustaría reforzar a lxs jóvenes coreógrafxs. Creo que estamos en un momento de cambio generacional y los que vienen lo tienen muy complicado porque no hay suficientes compañías de danza española y flamenco para poder coreografiar y estrenar en ellas. De hecho, hay tan pocas compañías que los jóvenes suelen hacer solos y dúos, obras para cuatro bailarines como mucho. El Ballet Nacional de España tiene un elenco de 40 intérpretes y creo que también puede ser una oportunidad para que lxs jóvenes creadorxs puedan coreografiar y experimentar lo que es una gran compañía de intérpretes excelentes.

 

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