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Un camino que no queremos volver a recorrer

“Pensamos que vamos a cambiar el mundo con el teatro y no somos tan importantes”

 

Nicolás Lange llega desde Chile a la Sala Mirador del 26 de abril hasta el 12 de mayo con el texto Esto podría durar y durar y durar y durar y durar (Premio mejor obra literaria Chile y ganador en la categoría trayectoria de la XX Muestra Nacional de dramaturgia chilena). Inspirada en hechos reales, la pieza relata 3 historias de amor LGTBIQ+ en donde la palabra, la ausencia de esta, las letras, la ausencia de estas, el abecedario, el lenguaje y las ecuaciones gramaticales cobran especial relevancia para señalar el auge de los discursos de odio que están calando en nuestra sociedad. Raúl Pulido, María Ordoñez y David Soto Giganto son los intérpretes de esta pieza que dirige Tomás Cabané con su compañía Malala Producciones.

Para conocer todos los detalles de esta puesta en escena realizamos un encuentro transoceánico con Tomás y Nicolás.

 

¿Cómo ha influido en vuestra escritura haber nacido en lugares como Puesto Montt o Granada?

Nicolás Lange: Familia, trauma… (risas).  Ahora gano dinero con mis traumas, eso es bueno, es como una manera de capitalizar. El otro día me preguntaban qué obra quería producir y dije que no quería hablar más de homosexualidad, sino de dinero. Tenía más vergüenza de que mi familia tuviera menos dinero que de ser homosexual. Cada experiencia individual es muy personal. Creo mucho en la noción de que la queerness, como muchos autores postulan, es lo que me salvó y no lo que me hizo sufrir. El sentimiento queer es algo que tiene que ver con la imaginación, como el poder imaginar otra cosa. Eso es lindo cuando me pregunto sobre Puerto Montt, porque desde allí podía imaginar otras realidades. Pensaba que Puerto Montt era algo, pero que existía algo más allá, sobre todo por un país tan bloqueado como Chile. Es extraño porque tenemos un desierto, Antártica, cordillera y Océano Pacífico. Estás rodeado y solamente hay posibilidades de imaginar algo.

Tomás Cabané: Creo que sí, es extraño porque no me siento de ningún lado y porque también llevo pensando un tiempo que esta sensación de haber nacido en Granada, pero no vivir nunca allí, me hace estar todo el tiempo buscando en las afueras. Que me llame la atención un texto de Chile como este me hace pensar que no me siento de ningún lado y tengo como una necesidad muy fuerte de estar buscando hacia afuera. No siento esa cosa tan de raíz como sienten a lo mejor otros autores que han estado viviendo siempre en el mismo lugar. Siento una fuerte conexión con lo extranjero.

 

Llegaste a Nicolás por su texto, ¿o primero lo conociste?

Tomás Cabané: Pues igual que a muchas personas del mundo del teatro, a través de las redes sociales. Empezamos a hablar por Instagram y le pedí textos, uno de ellos fue este y me enamoró. Primero conocí su intimidad en su escritura y después fui al lugar donde vive (Florencia) y él vino también a Madrid para seguir conociéndonos.

 

Nicolás, para ti ¿es normal que la gente contacte contigo para pedirte textos a través de redes sociales? ¿Cómo recibiste esa manera de conectar contigo?

Nicolás Lange: Tomás estaba particularmente interesado en este texto. Muy inteligente porque es mi mejor texto. Me pareció genial. Es muy bueno y acá gané todos los premios en Chile: los premios Muestra Nacional de Dramaturgia y los premios literarios como mejor texto del año. Extrañamente, no se está haciendo acá, no sé por qué, porque creo que es una obra difícil, de presupuesto igual, porque es grande, habla de una épica en cierta manera. Me encantó que a Tomás le gustara lo mismo ahora que me gusta a mí.

 

A la hora de abordar el texto, ¿cómo llegaste a esas historias y en qué momento vital os encontrabais? Nicolás al escribirlo y Tomás al leerlo.

Nicolás Lange: Es el primer texto que empecé a trabajar con la estructura de prólogo y con desconfianza al teatro. El inicio termina diciendo, sin ego y sin afán destrucción, que el teatro no es tan importante. Quería escribir historias de amor que se terminan y que tienen la misma relevancia que el teatro, que todo termina sin ponerme en un prisma moral mayor. Es un texto con mucha pena, que dice que todo va a terminar, que todas estas historias no le importan a nadie y todo el teatro es muy mínimo. Eso me dio libertad para imaginar historias que sean documentales, que luego se vuelven ficción y utilizar un lenguaje común de personas que no tienen dinero porque la mayoría de los personajes de la obra no tienen dinero. Y no lo tienen, por un lado, por una visión marxista y, por otro, porque generan poesía a través de la falta de dinero. Es una obra sobre el lenguaje, eso es lo que amo, sobre decir palabras y sobre cómo cuando amas a alguien tu lenguaje cambia y cuando pierdes a alguien pierdes vocales y consonantes materiales. No es que pierda una palabra poesía, sino que es difícil hablar con mucho dolor. Es difícil amar y cambiar el lenguaje. En ese momento estaba con mucha desconfianza al teatro y a hablar de mi propia vivencia queer. Ahora que se da mucho la autobiografía, desde Edouard Louis a Ocean Vuong, hay un auge de lo autobiográfico, sobre todo en queerness. Ahora quiero desconfiar de eso. No porque esté mal ni bien, sino que me gustaría redefinir conceptos más grandes como naturaleza, amor, Dios, y ya va a ser queer. Si hablo de este vaso de agua, la manera en que lo trato va a ser muy homosexual. No sé por qué. Me propongo que no voy a escribir algo homosexual y sigue siendo súper homosexual.

Tomás Cabané: Leí la obra hace dos años. Ya tenía un premio y después de decidir montarla ganó el segundo. Con la segunda historia me emocioné terriblemente y tuve clarísimo que en algún momento quería dirigirlo. Se lo dije a Nico y estuvimos conversando para ver en qué momento se terminaban los derechos de autor en Chile, y decidir cuál era el mejor momento para hacerla. En el contexto que estábamos viviendo aquí en Madrid, en España, estaban pasando cosas muy heavy, como por ejemplo la lona que colgaron con todos los símbolos LGTBI, feministas… que graficaban como nuestros derechos iban directamente a la basura. O el caso de Samuel u otros que han ido ocurriendo durante todos estos años. Además, investigando encontré con datos muy concretos de que habían aumentado un 70% los delitos de odio. Este texto es muy adecuado y pertinente con todo el contexto que hay de odio generalizado y de fascismo. Por otro lado, hace 7 años que no monto un texto que no sea mío. Fíjate el valor que tiene y lo que mucho que me gusta para que decida montarlo. Me pasa con muy pocos textos. Como decía antes, la segunda historia me rompió el alma. La forma en la que está escrita, la forma en la que sucede todo es terrible. Todo el tiempo veo belleza y terror. Hay una mezcla muy turbia y dura entre la belleza, el terror y la violencia.  La obra tenía todos los ingredientes para lanzarme y apostar por algo tan potente.

 

Un camino que no queremos volver a recorrer en Madrid
Nicolás Lange. ©Lucy Plato Clark

Nicolás, antes nos contabas que desconfiabas del teatro, ¿por qué?

Nicolás Lange: Porque el teatro me juzga, es muy moral y me requiere esfuerzo. Me juzga diciendo que no trabajo lo suficiente. El teatro no admite esos amantes de otras artes, es muy material. Termina y no me gusta la palabra teatro. Ojalá hubiera otra palabra. El taxista me pregunta: “¿Qué haces?” Y le contesto que soy escritor porque cuando digo teatro es horrible, no quiero decirlo. Teatro es como nada.

 

Nicolás, ¿por qué decidiste contar estas historias reales desde la ficción?

Nicolás Lange: Son casos reales. Antes, me gustaría contarte que llegué a Chile después de tanto tiempo y la queernes acá está increíble, es como una Europa del 2002. Todo el mundo queer en la calle, todo el mundo se viste como quiere, muy progresista… Estoy impresionado. Vengo de Italia, que no puede ser homosexual y regreso acá, a Santiago de Chile, y ¡guau! hay muchas personas queer y no hay un juicio a como el otro está vestido. Es muy extraño. Es como si se diera vuelta todo eso y Europa fuera como retrocediendo. Esta obra la escribí con miedo porque eran las elecciones de la extrema derecha como lo que les pasó a ustedes ahora. Era un miedo real. El teatro no estaba sirviendo y me decía a mí mismo: “Fuck. ¿Qué hago con esto?”. Me encanta la sensación de escribir con miedo y con vergüenza. Son los mejores motores del mundo. Creo que hay poco valor en la vergüenza. Si la gente tuviera un poco más de vergüenza, no existirían tantos fascistas o no existiría tanto odio descarado. La vergüenza es un sentimiento que experimentó la mayoría de las personas queer en la infancia. Observar desde afuera es algo hermoso que quería replicar en el texto. Esta situación es documental, cuando cuento que un hombre queer se suicida en la cárcel, pero no quería ir al momento de violencia, sino al momento de amor antes o después de eso. No quiero entrar en el momento de violencia sino en esos pequeños destellos de felicidad antes de que algo horroroso ocurra

 

¿Cómo se articulan los discursos de odio para que calen tanto a mucha gente?  

Nicolás Lange: Creo que como izquierda fallamos totalmente. El poeta norteamericano Peter Gizzi dice que el mundo está en llamas, pero siempre ha estado en llamas. Siempre han quemado a gente en las plazas y la gente ha destruido gente y siempre se ha matado a personas. La gente asesina y crea belleza, crea obras hermosas y al mismo tiempo asesina y mata. Amo mucho al ser humano. Cuando veo todo este fascismo y todo este odio pienso en que nos hemos olvidado en todo lo que ocurrió antes. No quiero que sea una obra solamente para homosexuales. Quiero que la pueda entender mi padre y tío. Hay algo universal en el amor, en la sensación de amar o en el lenguaje. No creo en esa izquierda policial que viene a decir si eres lo suficientemente feminista u homosexual. No creo que haya que hacer cámaras de eco de solo homosexuales viendo obras de homosexuales, solo ciclo de cine o ciclo de obras LGBTIQ+. Tampoco me gustaría ser leído sólo como autor queer. Tengo muchas dudas. Hay muchas más cosas. La queerness es una parte grande de mi vida, pero hay otras cosas. Por eso existe tanto fascismo. Existen demasiadas taxonomías, la gente se siente excluida y los hombres cuando se sienten excluidos nos matan fácil. Esa es la ecuación.

Tomás Cabané: A base de mucha repetición, de mucha ignorancia y también de mucho miedo a perder privilegios. Siento que tienen miedo porque creen que van a perder algo que les pertenece solamente a ellos. El mundo es mucho más diverso y mucho más grande como para que estemos continuamente sectorizados y divididos hasta en la propia izquierda. Es una pena. Vivimos en una sociedad que en lo único que piensa es en no perder privilegios, el tener miedo a que algo de lo que haya ahí fuera, que es diferente, vaya a quitarte lo que tú tienes.

 

En el texto hablas de lo poco que sirven las palabras y hablas de la construcción de oraciones como ecuaciones matemáticas. ¿Qué tienen estas ecuaciones en los discursos de la extrema derecha para que a ellos sí les funcione y a la izquierda no?

Nicolás Lange: El mundo va a seguir avanzando y el teatro no va a cambiar el mundo. De niño el arte me daba frases que me acompañaban en momentos de gran sufrimiento. Eran frases de cine o de teatro o de textos que eran oraciones, que eran casi un mantra. Cuando las recuerdo pienso que me hacían sentir mejor. Es un momento de compañía y de comunión. Es muy hermoso lo que hace el arte en general. Esas son palabras que no son tan útiles para el mundo, pero el arte no debe ser útil tampoco, ni debe ser productivo. La extrema derecha solamente trabaja con un lenguaje productivo, es concreto. Estamos en competencia. No estoy compitiendo ni luchando contra la extrema derecha con mis textos. Es otro lenguaje. El lenguaje de la ultraderecha tiene demasiadas fallas, pero es muy concreto. Es un lenguaje de mentira. Los humanos aman el circo y aman matar a alguien y tener un chivo expiatorio desde siempre.

 

En el texto también pides perdón por no contar o escribir historias que estén a la altura de estos tiempos, ¿qué historias consideras que están a la altura de estos tiempos?

Nicolás Lange: Las que hablan del sufrimiento, de superación, un homosexual que sufrió que ahora está increíble, o este inmigrante que ahora vivió su vida y trabajó… Son historias de superación y productivas, esas que cuentan que ahora soy mejor persona. Eso no pasa. El mundo es cruel y la naturaleza es malvada. Son cosas que son así y es difícil entenderlo. Digo que la naturaleza malvada, no porque sea antiecologista, sino porque es imposible acceder a ella. Ocurre lo mismo con esa idea de progresismo bueno: la gente que sufre es buena y la gente que no sufre es mala. No lo entiendo así. Todo el mundo sufre.

Tomás Cabané: Comparto mucho la idea que defiende el texto y me he grabado a fuego la frase que dice que “el teatro no es tan importante” porque es real. Pensamos que vamos a cambiar el mundo o que vamos a cambiar algo de nuestro alrededor y no somos tan importantes. Muy pocas obras de las que vamos a hacer se recordarán los próximos años.  Hay muchas frases que vienen en el prólogo que me duele aceptarlas, pero las tengo como mantra para recordármelas. Igual esta no es una historia que esté a la altura de estos tiempos, pero es la que nos apetece y queremos contar. No nos hace falta hablar de ninguna guerra, ni ser políticamente correctos con ciertas cosas, sino hablar realmente de la intimidad entre dos hombres que están a punto de ser totalmente calcinados. Comparto mucho esa escritura y esa forma de entender el teatro porque es mucho más universal hablar desde ahí, desde esa pequeña intimidad de esos dos hombres y de esa historia de amor, igual que tantas otras que hay en la obra, que caer en lo más obvio posible.

 

¿No será que nuestros tiempos son lo que no están a la altura de nuestras historias?

Nicolás Lange: En medio de la guerra se habla de otra cosa que nombro en la obra. Por ejemplo, Pirandello en la Segunda Guerra Mundial, en vez de escribir sobre los cuerpos que caían intoxicados por el gas mostaza, escribe Seis personajes en busca de un autor. Y uno se pregunta, como cuando se escribe Moby Dick, se describe toda América hablando de una ballena blanca y un hombre loco que la quiere cazar, o Roberto Zucco cuando Koltés está muriendo de SIDA en vez de escribir sobre eso, escribe sobre un criminal de guerra que se escapa y que cae al final al sol.

 

¿Cómo ha sido el proceso creativo? ¿Cómo lo estás viviendo respecto al proceso que se llevó a cabo en la producción chilena?

Nicolás Lange: Viajo mucho y no veo casi ninguna de mis obras. Ahora se están haciendo siete obras mías. No he visto ninguna y no las voy a ver porque no sé si me gusta tanto el teatro, para ser sincero. Confío mucho en la obra de Tomás. Es una de las obras que quiero ver. Conocí a los actores y me encantaron. El equipo me gustó. Las cosas son más más estomacales.  Mi marido va a viajar para ver el estreno.

Tomás Cabané: Desde que empecé a leer el texto y a trabajarlo llevo acumulando mucha información. La primera fase del trabajo la hicimos en Teatros del Canal y fue maravilloso porque tuvimos la primera reunión con una lectura y Nico pudo asistir. Es y va a ser un reto muy grande, pero por eso también lo he escogido. Lo que nos está pasando es que el texto ya tiene tanto de por sí, la palabra tiene un peso tan grande que muchas veces hemos pensado ideas de la puesta en escena y las hemos ido descartando porque el texto tiene ya un montón que contar y la palabra dice mucho y levanta mucha imagen. Para evitar ser reiterativos con esa poesía que da el texto estamos haciendo un trabajo junto con mi escenógrafa de depuración y de búsqueda. ¿Cómo contamos esto y dejamos que la palabra también tenga el lugar que le corresponde? Es una obra que va sobre el lenguaje en la que están presentes las palabras, la falta de palabras, el abecedario… Estamos midiendo todo muy bien para no saturar de más lo que ya el propio texto tiene.

 

Es verdad que el texto es muy poético, pero a la vez tiene mucha violencia. Es muy duro. ¿De qué herramientas, tanto como autor o tú que vas a dirigirla, os armáis para que el lector o el espectador no lo pasemos tan mal?

Tomás Cabané: Es verdad que es duro, pero tiene partes de ironía. Hay momentos en los que los personajes saben lo que les va a suceder, que es algo terrible, pero aun así se están riendo de alguna manera. Tienen comentarios que son humorísticos. Además, con la puesta en escena vamos a intentar todo lo posible justamente para que no salgas completamente devastado. Por otro lado, el prólogo te sitúa en un lugar que te advierte que lo que se va a contar no va a cambiar nada, para que no te lo tomes tan a pecho. El propio texto separa la parte documental de la ficción. En la puesta también lo vamos a potenciar. Eso permite distanciarte para que no sea tan duro.

 

Nos has adelantado un poco la puesta en escena, qué más se puede desvelar a nivel sonoro, escenografía…

Tomás Cabané: La semana de residencia en Teatros del Canal hicimos algunas pruebas, pero todavía queda mucho por descubrir. La idea es trabajar con una cámara en directo para conseguir los primeros planos de los actores y luego en un espacio bastante minimalista y sencillo porque no hay un presupuesto increíble. Hay imágenes que tengo en la cabeza que quiero conseguir levantarlas con poco dinero y eso es difícil. Va a ser una puesta bastante sencilla. Intentamos con el uso de la cámara no caer en algo reiterativo, sino ahondar en las emociones de esos personajes y en el registro narrativo que apoye la historia.

Nicolás Lange: Hay que hacer obras livianas, que no pesen. Está bien. Las adaptaciones que se han hecho en mis textos son las más simples y las que más viajan al final. No hay que tener tanto, ni sobrecargarlas porque si no se explica demasiado todo y muere. Está bien que sea simple.

 

Recuerdo que cuando pensabas en este proyecto, se barajaron muchos nombres. ¿Por qué este reparto final?

Tomás Cabané: En cada proyecto me encanta pensar en gente nueva y ver qué me pueden aportar y por qué son estas y no otras. Aunque haya ciertas personas que permanecen en la compañía como satélite, sí que en cada proyecto a nivel interpretativo voy buscando gente nueva porque me parece mucho más enriquecedor. Mi objetivo con estos tres intérpretes es satisfacer nuestros deseos. David Soto, que ha trabajado mucho en el clásico, me dijo que él tenía una parte como más contemporánea que nunca había desarrollado y que le encantaría. Raúl me cautiva porque ha hecho de todo: danza contemporánea, teatro de texto… Hay algo en su perfil que me llamaba muchísimo porque veía que podía hacer cualquier cosa. Hace poco me enteré de que tocaba también el saxo y voy a ver cómo lo encajo en la función. Y con María Ordóñez, pasa también un poco lo mismo, es una artista muy versátil y todo terreno. La primera vez que la vi me quedé muy sorprendido. Nos apetecía mucho trabajar juntas desde hace tiempo y sacar también igual esa vertiente más pegada a lo contemporáneo.

 

Un camino que no queremos volver a recorrer en Madrid
Tomás Cabané. ©Diana Martín

En el texto dices que es difícil romper un corazón, ¿cuántos corazones habéis roto vosotros?

Nicolás Lange: Me gusta esa frase: “Es difícil romper un corazón, es como abrir una rana con las manos”.  Es difícil, realmente. Yo nunca he abierto una rana con las manos, pero pienso que es difícil. Nadie que rompa un corazón puede decir que no se dio cuenta.  Amo la popularidad de frases como “me rompiste el corazón”, “tengo el corazón en la mano” o “el corazón en la garganta”… No sé cuántos corazones he roto. No sé si me han roto tanto el corazón por eso dudo de mi inteligencia amorosa. Soy superficial. La homosexualidad tiene algo superficial. Amo a la gente guapa.  A Pasolini le gustaba Oscar Wilde. Hay algo en la belleza que es hermoso. La belleza por la belleza. La poesía igual tiene belleza. Me gusta la belleza. Creo que el amor es más aburrido y tiene que ser un poco aburrido para que funcione. Y el sexo es sexo. El corazón se debe romper, está hecho para romperse.

Tomás Cabané: Creo que no he roto muchos corazones, pero tampoco me lo han roto. No tengo un historial de rotura de corazones.

Nicolás Lange: Somos señoras casadas.

 

La historia está plagada de delitos de odio, ¿hay algún caso que recordéis que fue el que marcó un antes y un después en vuestra vida?

Nicolás Lange: Creo que no hay un crimen de odio que me haya transformado porque no los leía cuando pequeño, pero me acuerdo de que existía el miedo en Chile en los 90 o inicio de los 2000 casos de VIH SIDA. Se hablaba de que era una enfermedad mortal. Recuerdo que nos decían que los teléfonos públicos tenían agujas con SIDA. Yo no lo entendía, pero el mensaje que se lanzaba era: Eres homosexual, vas a morir. Eso fue muy fuerte, murió toda una generación de homosexuales que no pudo enseñarnos lo que ellos vivieron porque murió mucha gente, murieron muchos artistas… Como historia de relato me llegó mucho todo lo que ocurrió en los años 80 y 90. Eso es algo que me llega muy fuerte, que no se toca en la obra, pero es algo que tengo muy presente siempre. Como el estar muriendo y no saber que están muriendo. Todos mis autores preferidos murieron de SIDA.

Tomás Cabané: A mí me parece que son todas terribles, que no puedes poner una por encima de la otra. Es verdad que la que más aquí causó revuelo fue la de Samuel, pero es que tenemos un historial desde Lorca hasta hoy en día.

 

¿Os habéis sentido perdidos alguna vez? ¿Qué os ayudó a encontraros?

Tomás Cabané: He estado perdido muchas veces. Ahora mismo estoy perdido. Creo que he estado más tiempo perdido y estoy más tiempo perdido que encontrado. Las cosas que me han ayudado han sido siempre el teatro, las relaciones, las amistades, las uniones que genera el teatro y la escritura también me ha ayudado muchas veces porque la he usado más allá de lo artístico, como un diario en el que vuelcas lo que me pasa. En los cursos que doy de escritura animo a los alumnxs a que utilicen la escritura primero como una herramienta personal que luego puedes usar más artístico o profesional. La escritura salva, te contiene y te ayuda a crear tu propio universo.  Cuando he estado perdido, escribir me ha esclarecido mucho las cosas.

Nicolás Lange: Pienso en Lost, lost, lost una película del director de cine Jonas Mekas y en otra película él dice “he estado tan perdido, he estado tan profundamente perdido. Mundo, nunca te he hecho nada, nunca te decepcioné, pero tú me has hecho cosas horrendas”. Me encanta eso. Es como sentirse perdido. El mundo te pierde. El mundo te hace cosas horrendas. No sé si he estado realmente perdido porque no lo soportaría, porque tengo demasiado miedo a morir. Por eso no me gusta el teatro, porque el teatro muere. No me gusta perderme. No me gustan los bosques tampoco. Me gusta la idea de bosque, pero fui a un bosque y lo odié. La idea de perderme me gusta como idea: Let’s get lost. Necesito una linterna. Necesito cosas. Necesito señales. Necesito el camino señalizado, que me digan hacia acá, hacia acá no se muere, hacia allá se muere… Más señales. La vida debería tener más señales. Tengo miedo a perder. Me da terror, pero no quiero romantizarlo por eso.

 

¿Estáis en otros proyectos ahora?

Nicolás Lange: Ahora mismo voy a Nueva York a escribir, pero ya no va a ser teatro. Va a ser una novela muy larga y no homosexual, que eso está difícil, pero va a estar bien.

Tomás Cabané: Acabo de terminar de escribir el último texto para el Laboratorio de escritura teatral de la SGAE, Demasiada piel, que se publicará posiblemente la temporada que viene.

 

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