Marina Otero: "Dentro de la angustia aparece la belleza; dentro de la lucha aparece la posibilidad"
Marina Otero (Buenos Aires, 1984) es directora, autora, intérprete, bailarina. También es artista comprometida y consciente. Por ejemplo, desde hace unos años y unas cuantas piezas, cuando su nombre empezó a ser convocado en carteleras escénicas europeas, Otero aprovecha ese ‘estar en el mercado’ para tratar y sacudir lo que le importa. El genocidio que sufre Gaza, el imperialismo de Occidente y el amor romántico, que confiesa sin tapujos, a pesar de lo incorrecto que hoy día parece, son algunos de los temas que cruzan Ayoub, último trabajo que vuelve a Réplika Teatro (ya se estrenó en este mismo espacio dentro del pasado Festival de Otoño) y que podrá verse del 20 de febrero al 1 de marzo.
“Argentina es uno de los países más sionistas”, dice Marina Otero desde Buenos Aires por vídeollamada. Y tres días después de esta entrevista, la periodista argentina Silvina Stein es despedida de su puesto de trabajo por denunciar públicamente el genocidio que vive Gaza a manos de Israel. Lo cuenta Stein en las redes sociales y el vídeo se comparte y se denuncia.
Así es, Argentina es un país abiertamente sionista y Marina Otero, que se encuentra en la capital para presentar su trabajo Ayoub, ya ha empezado a sufrirlo. “El día del estreno acá llegó un email al teatro, firmado como Carlos Otero, es decir, usando el nombre de mi padre (de manera falsa y lo que le añade más temor al asunto), con amenazas si se representaba la obra. Me generó miedo, pero hicimos la representación y no pasó nada, por suerte. Aquí los medios de comunicación hegemónicos no hablan del tema y por supuesto no se pronuncia la palabra genocidio”.
Pero ella sí. Y en Ayoub, la barbarie que sufre Palestina cruza el montaje de principio a fin. Con la palabra y con el cuerpo; con un testimonio real que desencadena el trabajo y con el que comienza el espectáculo, y con la denuncia. Con su experiencia personal como “mujer blanca privilegiada, sudaca europeizada” (Otero vive en Madrid desde hace cuatro años). “El año pasado cuando estaba girando con Kill me (su obra anterior), me empecé a cuestionar qué estaba haciendo representando esta obra en mitad de un genocidio. Hablando de problemas de salud mental y otras cuestiones de gente blanca. No estaba cómoda, y decidí agregarle un texto sobre Palestina. Como íbamos a representarla en Alemania, me cuestioné si avisar o no de este cambio a quienes me programaron. Lo hablé con un amigo, y después de darle vueltas decidí contarlo. Entonces me contestan con ese email que se escucha al principio de Ayoub”.
El correo electrónico al que se refiere avisa de lo peligroso de usar términos como ‘genocidio’ y ‘Palestina libre’. Se escucha en bucle al inicio de Ayoub mientras el cuerpo de Marina Otero permanece en el suelo, recreando una imagen proyectada. Y arranca la conferencia escénica de autoficción que es esta obra, removedora, necesaria.
Su propia vida, la de Otero, es material escénico y también el propio discurso. Sus montajes son ventanas a sus días, a lo que le preocupa en el momento de creación, al lugar en el que está. Se engloban en un proyecto mayor, Recordar para vivir, que inició hace años y que tratar de crear desde su propia vida. Gaza y el genocidio que sufre, la tiene desgarrada como a tantas personas, y exponerlo, denunciarlo, era necesidad lógica. Ayoub, que es el nombre de un chico de Tánger con el que vive una historia de amor y colonización, le sirve también para plantear unas cuantas cosas más. Por ejemplo, el imperialismo occidental o el amor romántico; la impunidad de la injusticia y la necesidad de boxear; el mercado de lo artístico y lo políticamente correcto. Y para compartir escena con el actor Ibrahim Ibnou Goush.
Tras estrenarlo en el pasado Festival de Otoño en Réplika Teatro y visitar el Temporada Alta de Girona, Argentina y Chile, Ayoub regresa a Réplika del 20 de febrero al 1 de marzo.

“Esta obra me supone la ruptura de una mirada muy eurocentrista. Aunque yo sea sudaca, está esta cosa de la mirada occidental colonial, de la sudaca migrando a Europa. Y todo el tema palestino lo ha modificado a nivel personal. Esta obra me muestra ese negar otras miradas. El hecho de entrar en vínculo con un hombre de otro mundo (el norte de África, el mundo musulmán, un. hombre más joven que vende dulces en la calle, la intimidad con ese hombre (Ayoub) y vivirlo desde el cuerpo, hicieron que se cayeran ideas”.
¿Cómo cuáles?
Las que tienen que ver con la mirada occidental y que no siempre reparamos en ellas. Por ejemplo, que se trata de una mirada racista y clasista, aunque sea de manera inconsciente. Y si además le añades la mirada desde Argentina, un país sionista que asocia el mundo islámico con el terrorismo, más aún. Con esta obra he reparado de manera mucho más consciente en todo esto.
El amor romántico también cruza la obra. Un tipo de amor que desde hace un tiempo se presenta como tóxico, pero que usted manifiesta en sus trabajos de una manera abierta y sin camuflaje, en contra de lo que alguna vez ha llamado “la corrección feminista”.
Porque intento evidenciar las contradicciones que nos sacuden. Lo que parece malo también puede ser bueno y al revés. Y a veces, al criticar o plantearlo de esta manera, se accionan otras cosas. El amor romántico también tiene un doble filo. Por un lado, la conquista del cuerpo y espacio del otro y por lo tanto el asesinar algo del otro. Pero también tiene esa parte bonita de entrega. Y ahí hay algo que se comprende del otro y que rompe con el individualismo y el capitalismo. El capitalismo no permite el fracaso, ni la angustia, ni la concesión etc. Y la resistencia tiene que ver con habitar esos lugares incómodos. Si una persona no ama, no descubre el mundo del otre. El amor romántico te lleva a amar algo del orden de la otredad y se rompe esa supremacía, el ego. Y eso permite un encuentro.
La presencia del cuerpo y del movimiento también parece diferente en Ayoub con respecto a otras obras…
El cuerpo siempre estuvo en relación con el contexto y al cambiar el contexto, y las personas con las que se vinculan, cambia de algún modo el movimiento. Percibo que aparece un cuerpo más claro, más posicionado y más enraizado. Es como si dijera, “no entiendo un montón de cosas que están pasando, pero entiendo que quiero estar acá, parada y hacerme preguntas sin culparme, y sin volverme responsable de esta mirada que quiero desarmar”.
En sus años de trayectoria, ¿en algún momento ha sentido el impulso de crear desde un lugar distinto al de la autoficción?
Por momentos me agota y pienso en hacer otras cosas, en estar más afuera, pero me parece peligroso, porque quién soy yo para ponerme a escribir sobre otra persona. Me interesa el vincularme y ponerme en jaque, porque me desarma. Y cuando una está menos armada empieza a descubrir cosas. Así que me termina ganando el proyecto. Me obsesiona el paso del tiempo. Cómo se erosiona el mundo y en relación a un cuerpo. Qué puede un cuerpo en un determinado contexto. A mí no me interesa mi vida porque sí, solo las cosas que tienen que ver con los derechos humanos, las injusticias, cuando lo individual se torna colectivo. Y me interesa contarlo desde ahí, desde una vida común, sin nada extraordinario. Reflexionar sobre cuáles son los modos para luchar hoy en día. Creo que esa es la gran pregunta.

Hablando de lucha, ¿cuál es su relación con el boxeo, también presente en Ayoub?
Empecé a practicarlo hace dos años y se ha convertido en una práctica muy importante porque me conecta con la lucha en lugar de hurgar en la depresión. Lo que está ocurriendo en el mundo nos genera una angustia que irremediablemente tira hacia abajo, del cuerpo, del ánimo… El boxeo tiene que ver con una acción poética de activar el cuerpo para después llevar esta lucha a la calle, al día a día. Dentro de la angustia aparece la belleza; dentro de la lucha aparece la posibilidad.
Leyendo sobre usted he visto que la comparación con Angélica Liddell siempre sobrevuela la lectura de sus trabajos que hacen muchas personas, ¿cómo lo lleva?
Me cansa. El hecho de las comparaciones y de que se hagan especialmente entre mujeres. Yo no me comparo con ella ni con nadie. Una cosa son las referencias, todas las personas las tenemos; otra, las comparaciones. Me dijeron que ella vino a ver Kill me, mi obra anterior, supongo que porque tenía curiosidad por eso que dicen, pero no me avisó ni me dijo nada.