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Sobre un modo de vida

Álvaro Caboalles: “La minería es un ejemplo de lucha obrera y lucha de clases”

Teatro Pradillo acoge (por fin) el estreno absoluto en Madrid de Carbón. Negro. Un ejercicio de homenaje y resiliencia a partir del testimonio de las mujeres del carbón. La pieza del creador ponferradino Álvaro Caboalles se estrenó en el Museo del Ferrocarril de su localidad en 2019. La muerte del minero José Pereira Díez pone en jaque en 2015 a este perfomer que entonces no da crédito a que se sigan produciendo accidentes en las cuencas mineras pero decide abordar la historia a través de los testimonios de mujeres relacionadas con la industria del carbón.

A lo largo de este encuentro Caboalles nos cuenta qué vinculación tiene con la mina, cómo llegó a las mujeres del carbón y toda la problemática que encierra esta lucha obrera.

 

Foto de portada: Álvaro Caboalles en Carbón. Negro. ©Nerea Coll

 

 

¿Cuáles son las raíces de Álvaro Caboalles?

Nací en Ponferrada en 1994 y hasta el año 2002 hubo allí un elemento bastante curioso que era lo que se conocía como la Montaña de carbón que si lo buscas en Google alucinas, porque es una montaña gigante tipo las del Parque de las Siete Tetas en Madrid. No era de carbón real, sino que se trataba de los residuos que no se podían aprovechar para combustionar el carbón en las centrales térmicas o bien, para exportarlo para las calefacciones. Todos estos residuos se fueron acumulando durante décadas hasta formar lo que se conocía como la montaña de carbón. Yo vivo donde termina Ponferrada y, desde pequeña, cuando levantaba la persiana de mi habitación veía esa montaña. El carbón es una cuestión que está como súper cruzada con mi historia familiar. Un poco por situarte, en El Bierzo y en Laciana, su explotación comenzó a finales del siglo XIX y principios del XX. Con ello se construyó todo un sistema económico y de desarrollo social a partir de la minería como única y principal actividad económica durante un siglo en comarcas como El Bierzo, que es el lugar desde el que yo vengo.  Eso llegó al nivel de que se generó una empresa que era la MSP (Minero Siderúrgica de Ponferrada), que es una empresa en la que comenzó a trabajar mi abuelo cuando era niño lavando el carbón en el lavadero de Santa Cruz y, lo curioso de la MSP es que se encargó de construir todo un sistema ferroviario de vía estrecha que se llama así porque no eran trenes al uso, sino trenes muy estrechitos porque circulaban entre las montañas y la linde del río para bajar y subir el carbón de las minas a Ponferrada. Ponferrada estaba en un lugar que se llama La Placa que es donde yo estrené la pieza en 2019. Tenía un sentido hacerlo en ese lugar. Allí, los trenes hacían el ancho de vía y desde ahí se redistribuía todo el carbón al resto de España. Mi abuelo después de trabajar en Santa Cruz del Sil en el lavadero fue ascendiendo en la empresa y llegó a ser jefe de estación de Toreno. Desde pequeñita, había una cuestión de conocer por mi madre, por mi abuela, por mi tía, por primas, por gente del pueblo… todo lo que era la mina, pero nunca desde la visión de alguien que estuviese dentro. Todo el desarrollo económico de las comarcas leonesas se sostiene en base a la minería. La minería llega a generar poblados para sus trabajadores, comercios donde ellos compran, cines, oferta de ocio, escuelas, piscinas propias… Es decir, se genera todo un entramado económico que funciona muy bien durante 100 años, a comienzos del siglo XXI con todo el tema de la reestructuración de las cuencas mineras, el fin del carbón, el fin de las centrales térmicas empieza como a ir cerrando progresivamente las minas.

 

¿Qué suceso fue el detonante para que decidieras ponerte a investigar sobre este tema?

Pues mira, todo esto de lo que te estaba hablando, termina desembocando en el último accidente del Pozo Salgueiro de Uminsa con la muerte del minero José Pereira Díez (2015), y es un poco lo que me termina de dar el empujón. Para mí, hay una cuestión como geográfica, otra cuestión como económica del motor que ha sido la minería, y luego, hay una cuestión familiar de cómo yo he conocido la minería. Cuando yo escuché esa noticia fue una cuestión de “Ostia, la gente sigue muriendo en la mina”. A mí me resultaba como algo muy lejano y que yo recuerdo del pasado pero que no fui consciente, quizás porque estaba fuera de Ponferrada o porque nadie de mi familia haya sido directamente minero. Así que a partir de entonces surgió la necesidad de empezar a preguntarme por eso.

 

He leído que cuando ibas a visitar estas minas te hacías acompañar de tus padres…

Sí, de manera aleatoria en 2016, 2017 y 2018 cada vez que iba a mi pueblo le pedía a mi padre que cogiese el coche y me llevase a pozos mineros. Ahí empecé a conocer y a ver espacios, a meterme, a entrar en una mina, a entrar en el despacho de no sé quién y volví por primera vez siendo adulto al pueblo del que recibo mi apellido Caboalles. Para que te hagas una idea, las primeras fotos del proceso las hacía mi padre. Un poco desde la intuición porque en un principio la idea era hacer una cosa más instalativa y menos escénica. También estaba en un momento muy alejada del teatro cuando salí de la escuela y estaba haciendo un máster que no tenía nada que ver con escénicas. A partir de ahí empecé a pivotar cómo quería trasladar eso y, en 2019, me concedieron la ayuda a la creación del Injuve con lo que empecé a generar la pieza.

 

¿Qué te motivó a contar esta historia desde el punto de vista de las mujeres del carbón?

Había una convicción muy clara para mí de querer hablar de la minería desde la voz de la mujer porque había una cuestión de que el conocimiento principal que tenía de la minería lo tenía por parte de mi abuela paterna que fue quien me crió porque mi madre trabajaba en una oficina y la conciliación entonces ni estaba ni se le esperaba. Mi abuela tenía muy presente toda la herencia minera. Lanzarme a escribir esta pieza, coincide con un momento clave en mi vida cuando trabajaba con La Joven Compañía y fue una etapa compleja a nivel interpretativo. Y el por qué hablar desde la voz de la mujer, pues por un posicionamiento político porque mis tres primeros trabajos eran como los llamo yo el caca, culo, pedo, pis de la performance, que hablaban sobre la identidad marica, el bullying y todas estas cosas que hablamos las maricas en nuestros primeros espectáculos y, cuando maduramos, asumimos que nuestros traumas no le interesan absolutamente a nadie y empezamos a hacer cosas mejores. Yo tenía ganas de visibilizar una historia no contada porque la pieza, aunque habla mucho de cuestiones objetivas como accidentes, revueltas, huelgas, manifestaciones… realmente de lo que sí que habla es de los afectos de quienes lo viven. La pieza sufrió una mutación porque en un primer momento el texto se llamó Carbón. Negro. Dos partes y un interludio para homenajear a las mujeres del carbón y terminó convirtiéndose en Carbón. Negro. Un ejercicio de homenaje y resiliencia a partir del testimonio de las mujeres del carbón. La obra no cuenta la historia de las mujeres del carbón sino son las mujeres las que cuentan la historia de la minería. Para mí el que fueran ellas las que hablan en la pieza, las que dieran soporte a esa dramaturgia a través de las voces en off de los primeros encuentros que tuvimos, daba como mucho más sentido a todo esto y era como una posición claramente política. También era una cuestión de no querer entrar en la mina sino de ver la vida desde fuera, al fin y al cabo.

 

Sobre un modo de vida en Madrid
©Nerea Coll

 

¿Quiénes son estas mujeres?

Llego a ellas de una manera estupenda y maravillosa. Subí un post a mis redes sociales buscando a mujeres vinculadas a la industria del carbón. A partir de ahí, me empecé a meter en grupos de mineros de El Bierzo…También me centro en pensar en las amigas cercanas que pudieran ayudarme. Por un lado, aparece Carmen María, que es una compañera de trabajo que es de Fabero, un pueblo que es cuenca minera y ella me cuenta que un tío suyo falleció en la obra y me sugiere que hable con su abuela. Terminé entrevistando a su tía, a su madre, a Carmen y a su abuela. Estuvimos hablando horas. También contacté con Raquel Valbuena, que es una de las mujeres del carbón de León y me cuenta que ella forma parte de una asociación que funciona desde 2011 preservando la memoria de las cuencas mineras. Raquel organizó una reunión con las 10 mujeres del carbón de León. Con las mujeres de Laciana sucedió algo similar y quedamos en la biblioteca de Villablino con Geli, con Emilia y con Laura. A todas estas reuniones me iba con una batería de preguntas y partir de ellas es desde el lugar en el que yo construyo la pieza. De hecho, toda la dramaturgia sigue el formato como de ‘road-movie’ y de alguna manera, la construyen ellas con sus testimonios.

 

Durante el proceso de investigación, ¿qué fue lo que más te llamo la atención sobre las cosas que descubriste y cómo te cambia la perspectiva tras la investigación?

Da un giro total porque ellas me muestran la realidad y gracias a ellas y su testimonio configuro la pieza tal cual soy. Creo que es una cuestión bastante clara e importante. Yo tenía una visión de la minería externa, ellas me llevan a una versión interna, cruda y directa. Lo que más me sorprende es cómo ellas resisten y luchan por encima de todo y contra todo. En la segunda parte de la función, las mujeres de Ciñera cuentan cómo en el año 2012 se vivieron verdaderas campañas campales y todo el pueblo se organizaba para dejar botellas de agua, para dejar las mangueras, para apagar las bombas de humo de los antidisturbios, se vivía casi una situación de guerra. Yo me acuerdo de tener 17 ó 18 años y los mineros cortar la carretera. Para mí la minería es un ejemplo de lucha obrera y lucha de clases porque no tenían nada que perder, de hecho, el fin de la minería ha supuesto el fin. El otro día veía por Twitter cómo ha caído la población en según qué provincias de España y León ha perdido en los últimos 10 años un 15% de su población. Eso en gran medida, tiene que ver con la minería. Y la gente que se queda es porque tiene unas prejubilaciones muy altas.

 

¿Qué puntos tienen en común las mujeres del carbón?

Yo creo que las atraviesa una cuestión de amor a su territorio, una cuestión de defensa muy clara de sus costumbres y una cuestión feminista. La asociación es feminista porque ellas nunca quisieron ser las mujeres de, sino las mujeres del carbón. Para mí ese cambio de paradigma hace que ellas sean mujeres emancipadas.

 

¿Qué derechos tenían estas mujeres y en qué situación quedaban si su marido fallecía?

En muchos de los casos, los accidentes o asesinatos, no eran reconocidos como tal. En el caso del accidente del Pozo María, la inspección de trabajo no lo consideró como un accidente laboral por tanto, ellas se quedaban cobrando una pensión de viudedad normal, cuando claramente no hay ninguna duda de que eran accidentes laborales. Pero esto pasó hasta en el accidente del Pozo Tabliza en 2012, que todavía no se ha hecho justicia y sigue sin haber culpables.

 

Carbón. Negro. Se ha terminado configurando como una manera de poder reivindicar la memoria colectiva porque hasta dónde sé no hay registros de personas fallecidas en la mina…

Todos los fondos documentales de la MSP de 9 décadas (partes de trabajadores, fichas médicas, partes de la Guardia Civil…) están abandonados en el Pozo Calderón y, parte de esa documentación la he rescatado yo y la tengo en mi casa. Esto es patrimonio.

 

Sobre un modo de vida en Madrid

 

Mi memoria no llega encontrar recuerdos sobre la lucha del carbón más que en alguna película como Pride en la que el colectivo LGTBIQA+ se aliaba con los mineros de Reino Unido para luchar contra un enemigo común. ¿Recuerdas alguna lucha similar en España?

Marchas mineras hubo, en concreto, tres: 1992, 2010 y 2012. Curiosamente, la primera arrancó el 8M (Día de la mujer). Que saliese ese día y desde el Pozo Calderón que es el pozo donde están todos los residuos abandonados hoy en día y del cual muchos elementos escenográficos de la pieza están expoliados de ese lugar es muy simbólico. La marcha del 92 fue clave, el recorrido fue desde Villablino a Madrid. La marcha del 2010 sólo hasta León y en 2012 la marcha fue muy potente, hay videos de los mineros entrando por la Gran Vía de Madrid. Creo que fue un momento en España en el que la minería supo tener su lugar. Si hablamos como de aliarse por otras causas creo que no porque, además, el minero como tal es alcohólico, putero, drogadicto… no todos, evidentemente. Pero cuando te juegas tu vida a diario, el resto te da un poco igual.

 

¿Por qué decides usar la performance como lenguaje y no abordaste la pieza como un documental?

La pieza podría ser un documental. Los videos y los testimonios podrían extraerse y funcionarían como tal. El texto que tiene un papel principal, está publicado, pero para mí ha surgido desde escuchar a la pieza. Las acciones son como muy simples, narrativas, no es nada sesudo, ni conceptual, ni complejo de entender. La idea para mí es que la acción escénica subraya el testimonio y lo audiovisual. Para mí está todo al mismo nivel. No hay una preponderancia de unos lenguajes frente a otros. En todas mis piezas pasa igual. Me interesa mucho que mi yo performer sea un elemento más de esa composición. Por eso, lo que hago es sumar artes vivas, escena contemporánea, como lo queramos ver, no tanto teatro al uso. No sé escribir una obra, tampoco me interesa querer hacerlo, saber  crear un personaje ni un sentido de urgencia…

 

Al estreno en el Museo del Ferrocarril acudieron las mujeres del carbón, ¿qué recepción tuvo y cómo se vive esta función en provincias donde no estamos tan familiarizados con este conflicto?

El lugar donde se estrenó para mí tenía un capital simbólico muy importante. Allí estuvieron las mujeres que habían colaborado en el proyectos, de hecho, ellas entraban en la pieza en un par de momentos y la recepción en Ponferrada fue impresionante. Hubo una persona que se salió de la función porque se vio a él de niño en el entierro de uno de esos mineros. Además, en Ponferrada siempre alguien conoce a alguien que ha muerto en la mina o alguien que ha tenido un accidente, entonces, se vive desde un lugar muy importante. Para mí es muy especial siempre que hago la pieza en cuenca minera aunque siempre suele haber problemillas porque luego hay una parte muy crítica hacia el sistema político. Hubo unos planes de reconversión de la minería que fueron de 25.000 millones de euros que sirvió para que políticos del PP y PSOE se llenaran los bolsillos construyendo cajas rurales. Son muy diversas las recepciones pero como la de Ponferrada no creo que vuelva a ocurrir.

 

El cierre definitivo de las minas llegó en 2019. Entiendo que debió dejar a las comarcas sin perspectiva de futuro y sin alternativas…

El cierre de las minas fue la crónica de una muerte anunciada. Todo el mundo sabía que iba a suceder pero se estuvo alargando desde principios de los 2000 con planes y prórrogas hasta que eso finalizó. Lo que ha ocasionado es que generaciones enteras nos vayamos del lugar donde hemos nacido, que no tengamos esperanzas o de motivación para volver. El hecho del carbón va más allá del mineral, es una cuestión que se intuye en el ambiente, en las personas, en los afectos y en cómo la gente se relaciona. El que se cerrasen las minas y no se volviesen a abrir, marca el final de un ciclo. Marca el final de un ciclo para unas comarcas que hasta hace 100 años vivían de la ganadería y de la agricultura, que durante ese tiempo se las ha explotado y exprimido al máximo y a las que se les ha dejado abandonadas a su suerte.

 

Sobre un modo de vida en Madrid
Álvaro Caboalles

 

¿En qué proyectos andas sumergido ahora mismo?

Desde que murió mi abuela y abuelo me empecé a obsesionar con el patsuezu. Llevo como dos años dándole vueltas. El patsuezu es un dialecto que se habla en la zona de Caboalles, Villablino y Páramo del Sil que es una mezcla de gallego, asturiano y castellano antiguo. Hay una frase que es como un dicho popular de allí que dice: “Quien nun diga tseite, tsume, tsino tsana, nun ía del Vatse de la Tsaciana” quiere decir algo así como: “Quien no diga leche, fuego, paja y campo no es del Valle de Laciana”. Me gustaría hacer una pieza buscando el origen de mi apellido con la intención de poner en orden una relación familiar. Yo tenía una relación muy tormentosa con mi abuelo y como me he quedado con su apellido, me gustaría resignificarlo y buscar un origen al mismo más allá de mi abuelo.

 

¿Es intencionado seguir contando historias del mundo rural?

Pues no lo sé pero en el fondo, como diría mi madre: “Una es de donde nace y no de donde pace”. Mira que Ponferrada tampoco es un pueblo pero yo crecí con rebaños de oveja debajo de mi casa, crecí haciendo la matanza, comiendo verduras de la huerta de mis abuelos, crecí comiendo huevos de las gallinas de mi abuela… que soy una moderna de ciudad, pues también. Igual es algo que surge.

 

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