LO NUESTRO DEL TEATRO
Por José Antonio Alba
Hace unos días, charlando con uno de mis compañeros de redacción comentábamos, entre risas y hartazgo, que después de la cantidad de años que llevamos dedicándonos a la información cultural, cuando en una reunión de amigos o familiares surge el tema del trabajo, entre la curiosidad y el desconcierto, siempre se nos hace la misma pregunta: “¿Y qué tal tú con lo tuyo del teatro?”.
“Lo tuyo del teatro” es casi un pequeño milagro lingüístico porque no viene a ser “tu trabajo”, ni “tu carrera”, ni siquiera es “el teatro” en sí mismo, es “lo tuyo”, como quien pregunta por una afición o un proyecto aún sin alcanzar. Y eso que con nosotros lo tienen fácil porque nos dedicamos al periodismo, pero es que en este saco entra cualquier profesional de las artes, desde actrices, directores o dramaturgas; hasta técnicos, productores o… ¡regidoras! En definitiva, un ecosistema que todo el mundo aplaude en pie, pero del que sigue sorprendiendo que alguien pueda vivir.
Quizá el problema sea que las artes escénicas suceden en el territorio del ocio y, por contagio, se le aplica esa lectura reduccionista de mero entretenimiento. Nuestra economía es intermitente y nuestro producto efímero; y desde fuera, eso probablemente se entienda como algo accesorio al no poseer esa estabilidad que tanto tranquiliza las mentes en las sobremesas donde surge la dichosa pregunta.
Así que en este Día Mundial del Teatro propongo un pacto: Que continúe la curiosidad y el cariño torpe cuando se nos pregunta -al final tiene su gracia-, pero que también se entienda de una vez que “lo nuestro del teatro” no es un capricho sino un sector que, además de ayudar a evadirse de la rutina diaria, construye pensamiento crítico y es una forma más de estar en el mundo. Y eso, además de celebrarlo, vale la pena que lo defendamos.
Este mes la obra Rompientes protagoniza la portada de Godot. El Teatro de La Abadía presenta este díptico del dramaturgo belga Paul Verrept, dos monólogos protagonizados por Rebeca Hernando y Fernando Guallar, dirigidos por José María Esbec, que suponen una fractura entre el bienestar y la conciencia. En el interior, destacan, entre otros nombres, los de Beatriz Argüello, Manuela Barrero dlcAos, Cris Blanco, Natalia Menéndez y Fernanda Orazi.
La nueva sala Salto Escénico impulsada por Luis Otero y Keka Monreal ocupa la portada de Godoff. Este nuevo espacio independiente que abre sus puertas en el barrio de Pacífico cuenta 115 butacas y nace con el objetivo de asentar proyectos y ayudar a que las compañías teatrales puedan crecer al mostrar aquí sus trabajos. Además, entrevistamos a María Miguel y Elisa Forcano, y hablamos del El Garaje del Actor y el Festival Mueve.
VOZ EN OFF: Sentido Común
Por Sergio Díaz
Esta historia va sobre una lata de cerveza. De esas latas verdes clásicas que tanto gustan por esta tierra y que, de una manera insólita, abundan en sierras y campos de nuestra España querida. Pero esa lata de cerveza verde no ha llegado allí sola. Alguien la fabricó, la apiló, la transportó, la colocó, la compró, se la bebió y la tiró a estos espacios ‘naturales’. Es de sentido común que está mejor tirada en el monte que en un cubo de basura. ¿Y qué es lo que une toda la historia vital de esta lata de cerveza verde? Que seguramente todas las manos que la han tocado desde su nacimiento tienen intención de votar también a un partido con el logo verde. El obrero de la fábrica, el transportista, el reponedor, el comprador… Todos lo comentan tranquilamente en los chats con sus amigxs. Todxs ellxs se quejan de las paguitas, del empoderamiento femenino, de lxs inmigrantes que les roban el trabajo y de lxs homosexuales (ellxs usan otra palabra).
Ese partido de logo verde, en las últimas elecciones en Aragón apeló al sentido común de las personas que les habían votado. Y yo me pregunto, ¿qué sentido común?, ¿cuál sentido común? Porque no lo pillo. Yo puedo ‘entender’ (sólo un poco, ¿eh?), que tengas ciertas ideas. Pero apelando a ese sentido común al que tanto aludes, ¿tú eres capaz de mirar a los ojos a alguien con pocos recursos y decirle que el Estado le va a quitar el poco dinero que le da para alimentar a su familia? ¿Tú eres capaz de mirar a los ojos de una mujer maltratada y decirle que la violencia machista es un cuento? ¿Tú eres capaz de mirar a los ojos a una persona homosexual y decirle que no tiene derecho a amar a quien quiera (igual que haces tú, gracias a esa libertad con la que se te llena la boca)? ¿Eso es lo que te dice tu sentido común?
Como ya habrán podido ver, esta historia no va sobre una lata de cerveza verde. Va sobre todos aquellos salvapatrias que quieren que llegue al Gobierno alguien con mano dura porque así todo va a cambiar a mejor. Y que va a cambiar para ellos, además. Sin entender que si no eres un rico heredero, no tienes un apellido compuesto y no sales de caza cada domingo al coto de La Dehesa de Monteviejo, tu vida no cambia en absoluto con esa gente. Soy el primero en querer que las cosas mejoren y en pedir que no se malgaste el dinero público, pero de ahí a preferir que aquí nos gobierne gente que admira a Trump… pues mira, no. Así que, por favor, no lo llames sentido común, porque no tienes ni idea de lo que eso significa.