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¿Qué es para ti el amor?

  • marzo 13, 2026
Por Sergio Díaz

María Miguel: "La aceptación es una de las formas de amor más potente"

María Miguel es la creadora e intérprete de AmorOdioAmor, una obra con dramaturgia de Juanma Romero y dirección de Coralia Ríos que puede verse en Teatro Lagrada.

Es un espectáculo que conjuga teatro, danza, visuales y un envolvente espacio sonoro, y que nos habla sobre el amor y las emociones que suscita, entre ellas la de cómo se puede llegar a odiar a quien más se ha amado.

 

 

Foto de portada: María Miguel en AmorOdioAmor

¿Cuándo supo María Miguel que quería ser actriz?

Cuando estudiaba tercero de B.U.P., allá por 1990, y estaban de moda los culebrones. Para poder conseguir dinero para nuestro viaje de estudios, el profesor de literatura organizó un casting para protagonizar Violeta que así se titulaba el culebrón teatral que habían escrito algunos compañeros. Fue justo el año en que vi actuar a José Pedro Carrión por primera vez y a Victoria Abril en Átame. Todo aquello me hizo sentir que eso era lo que quería hacer.

 

¿Y cómo ha sido ese camino hasta lograrlo?

Esta profesión es muy agridulce así que el camino ha sido lleno de rosas en algún momento y lleno de espinas en otras. Lo importante es cuando entiendes que no todo está en tu mano aprendes a aceptar el no y eres consciente de que hay muchos factores que no dependen ni de ti, ni de tu talento, ni de tu calidad como actriz, ni de la capacidad de trabajo… si bien es cierto que cuanto más preparado estés y más te despiertes cada mañana viendo qué puedes hacer para conseguir trabajar, influyen muchas otras cosas que no dependen de una, que no están en tu mano.

Pero he disfrutado muchísimo desde que empecé, y después de 30 años de profesión lo sigo haciendo.

 

Has hecho cine, teatro, televisión… En este momento de tu vida, ¿qué balance haces de la carrera que estás teniendo?

No está yendo tan bien como me gustaría, pero no me puedo quejar. Somos muchos en esta profesión. Hay gente haciendo grandes trabajos, películas, cine, teatro… pero yo siempre tengo la sensación de trabajar poco, o al menos mucho menos de lo que desearía, pero supongo que eso le pasa al 98% de compañeros y compañeras. Los períodos a veces largos sin trabajar no los llevo bien.

Sigo teniendo la misma ilusión que cuando empecé sea cual sea el proyecto que me ofrezcan y sigo creando y generando cuando quiero hacer posibles las cosas.

En los últimos años estoy también centrada en impartir talleres de cine para niños y jóvenes, y me apasiona ir plantándoles estas semillitas.

 

¿Cómo ves tú la profesión en estos momentos?

Pareciera que por haber muchas más plataformas las actrices y los actores tenemos muchas más posibilidades, pero somos tantos que es difícil en muchas ocasiones acceder al trabajo. Esto a nivel audiovisual. A nivel teatral me produce muchísima rabia y tristeza el hecho de que teatros públicos repitan elencos sin dar oportunidad al resto de profesionales, pero creo que el punto de vista de resistencia, dificultad, carrera de fondo es el mismo que he tenido siempre, y eso me motiva para seguir creando. Cuando las oportunidades no llegan de fuera hay que generarlas.

 

María Miguel

Sabiendo que no es un camino fácil, ¿volverías a tomar la misma decisión?

Creo que sí, aunque trataría de insistirle más a mi padre que me dejara venirme mucho antes a Madrid para haberme formado más y mejor, y estar en el meollo de la cuestión desde más jovencita. Hay una parte de ser actriz que no tiene que ver con dónde o con quien estudies, qué trabajos hagas… sino de todo un negocio que a veces nos cuesta mucho hacer y gestionar y eso no se aprende. Eso tardé muchos años en darme cuenta, y aún me cuesta a veces.

 

¿Y de dónde te nació la idea de hacer una obra como AmorOdioAmor?

Sentí la necesidad de expresar lo condicionados que estamos cuando somos adultos para amar de una u otra manera, en función de cómo nos han amado o no cuando éramos niños, cómo los cuidados o el ‘vacío’ materno y paterno nos convierten en adultos que se quieren a sí mismos, o tienen la autoestima por los suelos, y cómo gestionamos las emociones en nuestras relaciones afectivas.

Hay otro concepto sobre el que me interesaba investigar, y es el hecho de cómo se enfrenta el ser humano a una pérdida, una ruptura, un fracaso. Cuando se ha vivido una historia de amor realmente bella cómo se puede llegar a sacar lo peor de uno mismo y odiar al otro al no poder soportar la situación entre ambos que han estado en le mismo barco y ahora van a la deriva. Quería hacer un espectáculo que hablara de las emociones durante el proceso amoroso, de las diferentes etapas y tratar de expresar la complejidad de los contrarios, la idea de que como dice Leo Ferré: “Con el tiempo todo se acaba”, y a la vez como dice Benjamín Prado: “Nunca es tarde para empezar de cero”. Ambos conceptos, presentes en la función, tratan de hacernos comprender las dos caras de una misma moneda, y la complejidad a veces, de algo que se supone debería ser sano, amable y bello, pero dependiendo cómo se viva puede herir.

 

¿Cuánto tiene de tus propias experiencias personales? ¿Qué porcentaje hay de María en Greta?

Quizá lo más personal que pueda tener en común con Greta es que yo también he vivido una separación, pero para nada en los mismos términos que el personaje. Si tuviera que rescatar cosas en común, te diría, que a María igual que a Greta, le enamora la poesía de Benjamín Prado. Como anécdota, te diré que trabajé como azafata, que es como Greta se gana la vida en la obra. Eso fue hace muchísimos años, fue una temporada muy breve, pero ahí está, forma parte de mi pasado. De todos es sabido que la mayoría de las actrices y los actores necesitamos un plan b, un trabajo para subsistir.

Otras cosas en las que nos parecemos es que a María, al igual que a Greta, no le gustan las mentiras. María también era capaz de enamorarse a primera vista cuando era joven, de entregarse con toda la ilusión posible a sus sueños y deseos, y de renunciar por amor, en este caso el de María madre, a su profesión, como hice durante los primeros años de vida de mi hija, que dejé todo y me dediqué solo a la crianza. Apenas estos cuatro detalles, por lo demás Greta es una mujer obsesiva, y yo me tomo la vida de otra manera, y las relaciones que no fluyen enseguida las descarto, no fuerzo. Greta tiene además unos mecanismos emocionales y una manera de gestionar los conflictos que están muy alejados de los míos.

 

¿Qué aportó Juanma Romero a tu texto?

Juanma aportó orden, coherencia, agilidad… y fue de gran ayuda para que el espectador pueda viajar por diferentes momentos temporales a lo largo de la vida del personaje. No era fácil contar un espectáculo que va de atrás hacia adelante, que lleva al espectador a entender el momento actual de Greta al final del espectáculo cuando se revela su herida de base. Tenía una gran cantidad y variedad de textos, ideas, situaciones, necesitados de una estructura que ayudara a contar la historia, y todo eso lo ordenó Juanma.

 

¿Y cómo ha sido el trabajo con Coralia Ríos? ¿Cómo ha sido esa labor de dirección contigo?

Cuando Coralia llegó, el proceso de trabajo ya estaba avanzado. Veníamos de haber empezado a investigar con otro director, que finalmente no dirigió la función. Cuando yo me puse manos a la obra, en el proceso de creación inicial me acompañó Jesús Almendro, iluminador de la función, y teníamos muy claro que quien cogiera el timón debía implicarse en este proceso, en el que solo había ideas y papel en blanco, y meternos en la sala de ensayos para investigar e ir creando entre todxs una función que yo tenía muy clara en mi cabeza.

No era la primera vez que Coralia y yo trabajábamos juntas, sobre todo en procesos de investigación. Es una de las directoras que más confianza me genera y que más confían en mí. Con una mirada nos entendemos, nos enteramos perfectamente de lo que quiere o necesita la otra y somos capaces de tirar a la basura muchas propuestas después de muchas horas en el local de ensayo dándonos la misma pena pero sabiendo que es la mejor manera de llegar a algo de calidad, después de meternos en el barro, sudar la camiseta y sobre todo, enfrentarse a veces, a lo delicado de tomar decisiones conjuntas por el bien del espectáculo incluso no estando de acuerdo.

 

Cuando eres la autora e intérprete de una obra, ¿es fácil entregarse a la mirada de otra persona?

Es necesario porque muchas veces lo que una escribe y lo que quiere llegar a contar, a menos que haya una mirada externa objetiva, no es fácil poder trasladarlo. Lo bueno que tiene es el poder confiar como ha sido en este caso tu obra a alguien que sabes que se va a subir al carro para apoyar la historia de la que quieres hablar.

 

¿Cómo es la puesta en escena que habéis elaborado?

Sobre un espacio que pudiera parecer al inicio de la función una sala para una sesión de una terapia de grupo, hemos conseguido crear una gran riqueza estética, donde la escena está en continuo movimiento, alternando disciplinas como la danza, el lenguaje audiovisual, además de los recursos puramente teatrales. Un elemento importante es la iluminación de Jesús Almendro, que jugó un papel importante a la hora de recrear los diferentes espacios por los que viaja el personaje: el vagón de un tren, una sala de danza, un hotel, la casa familiar, el apartamento de Greta… que van transportando al espectador y le hacen participar de manera activa en todos estos lugares. A modo de bodegón la escena se complementa con elementos vivos y el melón y el champán en directo se acaban consumiendo como el amor entre Greta y Albert.

 

¿Por qué decides romper la cuarta pared en este montaje e invitar al público a acompañarte sobre el escenario?

Para mí una de las cosas más valiosas del teatro es el público, si no lo mas. Esa comunión entre intérpretes y espectadores, esa magia… es increíble. Hay determinadas historias en las cuales pueden sentirse implicados, pero si además les permites participar directamente la obra de arte es redonda. Acompañan a Greta cuatro espectadores que ‘interpretan’ diferentes personajes fundamentales en su vida y ayudan a contar la historia. Una de las cuestiones que se tratan en la obra es ¿Qué es el amor? ¿Qué significa para cada uno de nosotros? Y quisimos dar voz a los espectadores, para escuchar distintos puntos de vista de cómo viven ellos y ellas un sentimiento tan universal

Pero es que, además, rompiendo la cuarta pared, también les hacemos sentirse presentes en alguna de las escenas como testigos de lo que a Greta le va pasando.

 

La obra se estrenó en 2015-2016. Se pudo ver en Cuarta Pared, en Montacargas… ¿Por qué decides retomarla ahora de nuevo?

La retomo por el mono de actuar, por la necesidad de escenario, por la droga del teatro… Le di muchas vueltas antes de tomar la decisión porque han pasado mucho tiempo. Sucede que llevo muchos años sin hacer teatro con otras compañías, productoras o teatros, y es tal el mono y la necesidad que siento de escenario que me pareció una gran oportunidad. Por otro lado es una función que me costó mucho esfuerzo levantar en su día, y que siento que no hicimos tanta gira como me hubiera gustado. También puede ser una especie de homenaje a dos personas de la producción que ya no están con nosotros y es una bonita manera de cerrar el círculo.

 

¿Esta es una obra que, hablando de lo personal, de un caso concreto, en el fondo nos habla de temas universales?

Sí, eso es. Hay un tema universal que es el amor, y las fases del amor son exactamente iguales aquí que en Japón. Luego, en función de la forma de ser de cada persona, esas etapas y ese amor se gestionan de una u otra manera. Pero al final el mundo está lleno de personas como Greta y Albert, los personajes de la obra, que se encuentran, se juntan y acaban dándose cuenta de que por ahí no era.

 

¿Cuál es la importancia del baile y la música en esta obra?

Son un personaje más. Iñaki Rubio, con la banda sonora que creó para la función, consiguió de una manera magistral que podamos escuchar el corazón de Geta, la nostalgia que la acompaña según va tomando conciencia de si misma, la herida de lo vivido y lo perdido. Hay una presencia muy de fondo que acompaña en muchos momentos y una presencia mucho más obvia, evidente y a todo volumen que ayuda en la celebración. No nos olvidemos que el principal objetivo de Greta, casi tan obsesivo como su relación con Albert, es bailar, bailar y bailar. Lo lleva haciendo toda la vida y ha sido su mayor sueño y su mayor pesadilla también, porque el amor se le cruza en mitad del camino en un momento crucial.

 

¿Cómo se puede llegar a odiar a quien más se ha amado?

Esta es la gran pregunta del espectáculo y no sé si he encontrado la respuesta (risas). Greta se coloca en el odio a raíz de ser consciente de que Albert le ha ocultado la verdad. Hay un suceso inicial que marcó su relación y sobre el que él omitió información. “Omitir no es mentir” le dice Albert, en cambio ella se siente engañada por eso. Y su terrible sentimiento de abandono y el tener la impresión de haber estado con un impostor le llevan de una emoción a otra, del amor al odio, y al vómito desgarrador de su dolor.

 

La frase de que: «No hay romance más apasionado que un romance de odio», que tenéis en el dossier… ¿crees que eso es así?

No, para nada. Un buen romance es amor romántico, amor pasional, admiración, alegría, compartir… El odio es un sentimiento terrible que puede llegar a sacar lo pero de uno lo otro. Es destructivo, tóxico y de romántico tiene poco.

 

¿El amor dura tres años?

Esto es lo que defiende Frederic Beigbeder en su libro El amor dura tres años, que  me sirvió como referencia a la hora de construir el espectáculo, pero yo creo que no, que cada amor, cada persona, cada pareja, cada relación… tiene su proceso, su tiempo, su duración y sus características. Es verdad que está científicamente comprobado que nuestros cerebros y nuestras emociones en los tres primeros años de cualquier relación funciona exactamente igual, pero afortunadamente hay distintas historias sobre lo que cada uno vive y siente.

 

¿Qué es para Greta el amor?

Albert, Albert, Albert… así de manera obsesiva. Y bailar, bailar, bailar, obsesivamente también. La frustración, la familia que no tuvo, y su sueño no alcanzado de ser bailarina.

 

¿Y para María Miguel?

Mi hija, mis amigos, mi familia, mi pareja, mi profesión, viajar, pasear…

 

¿Se puede vivir sin amor?

Rotundamente no. Aunque Greta te diría que sí, que si uno no se enamora nunca no pasa nada, pero yo creo que no se puede, o al menos no tener una vida plena.

 

Lo más importante es aceptarse y amarse a una misma, como bien dices en la obra. ¿Pero no es eso lo más complicado de todo? ¿Se consigue alguna vez?

Se consigue si te tomas el tiempo de conocerte, y si te aceptas. La aceptación es una de las formas de amor más potente.

 

¿Nunca es tarde para empezar de cero?

Este es el primer verso del poema de Benjamín Prado que aparece en la función. Y lo defiendo a muerte. Es necesario aprender de los errores, y regalarnos oportunidades donde antes hubo fracaso, no tirar nunca la toalla. Seguir confiando, en nosotros mismo y en los demás. La confianza también es amor.

 

¿El mayor presupuesto de la obra se os va en melones? Teniendo en cuenta que ahora no es época…

Este espectáculo cuenta afortunadamente con varios patrocinios: Eurobanan en el caso de los melones (risas). Otras empresas y particulares gracias a los cuales podemos hacer la función son Champagne Sanger, la Fundación AISGE, la Productora La Competencia, la Sala Cuarta Pared, la empresa metalúrgica Malsa, la diseñadora Esther Noriega y el Doctor Juan Carrión, además de todas esas personas que en su día apoyaron nuestra campaña de ‘crowfunding’. Y ya que me das la oportunidad, pues desde aquí les doy las gracias a todxs ellxs.

 

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

Coralía Ríos, Jesús Almendro, Juanma Romero, María Miguel, Teatro Lagrada
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