Abro esta segunda parte del postureo léxico pensando en el contexto. En el contexto de cualquier cosa, palabra, idea… es decir, el contexto en general, como el santo grial que es.

Fue hace muchos años con la Semiótica cuando entendí que el contexto suele ser la respuesta para casi todo. Y cuando me pregunto el porqué de algo, lo invoco. Por ejemplo, para entender una publicación en redes, o las reacciones a dicha publicación, para comprender un titular, una crítica, el comportamiento de Fika, mi perra, o el de un ex.

Cuando descubrí a Duchamp en la Universidad, entendí que el contexto no solo te responde si le preguntas (hay que querer hacerlo), sino que construye relato. Por ejemplo, un wáter pasa a ser una obra de arte cuando el contexto (espacial, en este caso), cambia de baño a museo. O con Magritte y la obra Esto no es una pipa en la que se ve una pipa, y las palabras son también el contexto. Algo parecido a lo que responde Israel Galván en la entrevista que le hago en este número de Godot, cuando dice: “A mí no me gusta bailar”.

El caso es que para mí, el contexto, es como un oráculo. Ese tarot que me recuerda la importancia de la responsabilidad compartida y me sirve para sobrellevar la cosa. La que sea. Últimamente se me hace cuesta arriba, ¿cuál es el contexto que explique desde toda su profundidad, que ocurra un genocidio, el ICE, el aumento de los fascismos, por quienes lo están llevando a cabo y por quienes les dejan que se haga? Todo me lleva a un contexto de deshumanización y falta de coherencia. Deprimente, en cualquier caso, e insuficiente para entender el mundo.

En el postureo léxico, el contexto también puede ser la clave. Por ejemplo, si yo leo en un verso, o prosa escrita ficcional o autoficcional, integrado en un poema, que a su vez se recoge en algún formato (libro o red social) lo siguiente: “soy un martes que bosteza mármol”, seguramente lo subraye y viaje con ello un rato. Pero si se lo escucho a alguien en una entrevista en la radio, que a su vez me ofrece un fragmento en instagram, y en los comentarios leo que si no me emociona es porque soy una paleta, y además ese alguien que lo dice, no dice “soy un martes”, sino “soy muy martes”, como si hasta él mismo no pudiera sostener la afirmación sin titubeos, para mí la cosa, va de postureo léxico (también habla de “bailar hipotenusas”). La hipálage, la prosopopeya… grandes aliadas del contexto poético, y fuera de él, del postureo.

 

Volviendo a la danza y a su contexto, aquí van otros términos enmarcados, para mí, en ese postureo léxico del que nadie escapa(mos):

-Habitar: el cuerpo, el espacio, la respiración…

-Imputs: Ya lleva unos años y empieza a decaer como lo hizo en su momento ‘sinergia’. De hecho, decir ‘sinergia’ en voz alta ahora, es declararte, sin querer, viejuna y desubicada.

-Transitar: Puede utilizarse cuando ya se haya usado en el mismo párrafo ‘habitar’, y así no nos repetimos. Describe casi lo mismo (quizá algo previo y en movimiento). Transitar el cuerpo, el espacio, la respiración…

-Tejido: Lo que hace unos años era ‘ecosistema’ (palabra a la que empieza a pasarle lo mismo que a ‘sinergia’). El tejido de la danza, el tejido de lo orgánico…

 

Continuará…

 

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