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Ri Te

Estreno: 20/03 Última función: 21/03
Género: Danza
Duración: 70 mins.
Fotos: Laurent Philippe

 

El encuentro entre Marlene Monteiro Freitas e Israel Galván parecía predestinado. Es como si entre la coreógrafa caboverdiana y el bailaor sevillano corriera un hilo invisible. En un extremo está Monteiro Freitas, cuya coreografía combina precisión y libertad extremas, movimientos mecánicos y expresionismo. En el otro extremo está Galván, uno de los bailaores flamencos más conocidos del mundo, cuyo rápido y característico zapateado se ve interrumpido por la quietud y el silencio. Hacía tiempo que querían unir sus dos mundos aparentemente distantes, unidos por la pasión por el ritmo y la capacidad de combinar la tensión con una ardiente expresividad. Están en el escenario, con una pared detrás, ineludiblemente expuestos al público. Frente a frente, tejen una comunicación nueva y, sin embargo, inmediata: una gramática compuesta de pasos coreográficos, gestos ágiles e interrupciones repentinas. Interactúan como criaturas que se conocen, mezclando desafío y seducción en una disposición que podría recordar a un baile taurino. La improvisación diaria mantiene vivo el diálogo. Es un encuentro impresionante entre dos artistas increíbles, un momento de pura alegría y humor, una conversación animada que utiliza únicamente el lenguaje del cuerpo.

Dos cuerpos en movimiento tejen una nueva comunicación. El diálogo ocurre entre gestos ágiles e interrupciones repentinas. Desde el baile que modifica el espacio de la escena, surgen formas inusitadas, a veces con tintes taurinos. El juego oscila entre la libertad y la tradición, el desorden y la meticulosidad; se fusionan aspectos que podrían considerarse opuestos. Las convenciones se disuelven y, a cambio, el lenguaje manifiesta formas inusuales; un gesto fragmenta al otro y en su vaivén propicia significados innovadores. La coreografía vital ocurre como un juego de múltiples alcances y sus registros se entremezclan para dar lugar a la contaminación de los géneros escénicos. La disciplina se contrae ante la indisciplina y la diversión se revalora como una experiencia en común. Pareciera que ellos se conocen hace tiempo o que estaban predestinados a encontrarse; los une el ritmo y la pasión, sus movimientos son inmediatos y su lenguaje se ve atravesado por la seducción. La incertidumbre se sostiene para mostrar de qué modo un cuerpo reacciona y se expresa ante la potencia del otro; sus movimientos se superponen y desvelan cómo el diálogo representa un desafío. Los códigos se desplazan para dar sitio a expresiones inusitadas o tomadas de vivencias anteriores: el juego que conduce a la libertad es rescatado como la reapropiación de las expresiones iniciales de la vida. El intercambio, de ardiente expresividad entre los cuerpos, sucede entre el humor; la palabra “rite” remite a la risa y al grito; el lenguaje se modifica una y otra vez y se reescribe con la improvisación. La comunicación de los cuerpos se transforma sin cesar. El carácter de lo repentino, en tanto que quiebra el orden, permite la liberación. ¿Se puede renombrar la alegría a través del movimiento?

 

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