Para la primavera, nada es una obra que articula movimiento, texto y sonido mediante la integración de música y material audiovisual originales. Su lenguaje escénico se apoya en la combinación de distintas disciplinas, dando forma a una propuesta escénica contemporánea.
Desde el inicio incorporamos el trabajo de campo como parte fundamental de la dramaturgia. Nos acercamos al territorio con la certeza de que al escarbar en el pasado podíamos desenterrar una llama aún encendida, algo que merecía ser recordado y transformado en materia escénica. Entrevistamos a habitantes de Aragón para recoger testimonios sobre el tren, las antiguas estaciones, los rituales del duelo y la muerte, y tomamos como inspiración el libro Como yera de costumbre de Ángel Larraz. Estos archivos enriquecieron y modificaron el rumbo del proceso creativo, dotándolo de un contexto profundo y real. Nuestra cercanía afectiva y vital con el mundo rural sostiene esta búsqueda.
La coreografía se compone a través de imágenes sostenidas con una fuerte influencia del lenguaje cinematográfico. El espacio sonoro y audiovisual se creó de forma simultánea al proceso coreográfico, generando una sinergia entre los distintos lenguajes creativos. La palabra aparece como un agente que genera un cambio en el cuerpo y el espacio; se manifiesta como necesidad de recuerdo: un gesto de escucha hacia aquello que aún vive en lo que ya no está.


