Fotos: Aureo Gómez
En Lake Machine, Mari Paula reinventa con determinación y sensibilidad el universo clásico al que las mujeres se han visto encadenadas a lo largo de los siglos. Partiendo de la tradición del ballet y el teatro, la coreógrafa brasileña afincada en Cantabria rescata a tres figuras icónicas: Odette y Odile, del Lago de los Cisnes, y Ofelia, de Hamlet, para liberarlas de los roles de víctimas, locas o mártires a los que han sido condenadas por los ‘boys’ que escribieron sus historias.
La pieza es una respuesta contemporánea y visceral a la lógica clasista, blanca y patriarcal que ha diseñado y perfilado estas obras desde hace más de 25 siglos. Pero Lake Machine no solo reescribe el destino de esos personajes; también representa un acto profundamente autobiográfico, donde la directora confronta el duelo de sus tres hijas nacidas muertas y transforma esa experiencia íntima en una coreografía liberadora.
Aquí, la locura no es castigo ni destino, el amor no es sacrificio, la muerte no es drama, y el género es un territorio fluido. La música de Tchaikovsky y de José Venditti dialogan con la escena para abrir espacios donde el cuerpo femenino y sus múltiples identidades no solo existen, sino que reclaman presencia y reconocimiento.
Lake Machine es una máquina que late con fuerza propia. Es humedad vital, es esa dimensión orgánica que desmonta la maquinaria del poder estructural en la escena y ofrece una visión emancipadora que interpela tanto a las intérpretes como a los espectadores. Una pieza que transforma la tragedia clásica en la luz que la coreógrafa no pudo alcanzar en su vida personal.
Dicen que tiene un buen final.



