Marcos Morau: "El prestigio solo me interesa si tiene que ver con el hecho de que mi lenguaje tenga personalidad y sea identificable"
Tras su estreno el pasado agosto en la Bienal de Venezia, La mort i la primavera ya ha recorrido varias plazas y cosechado no pocas reseñas y opiniones.
A La Veronal, la compañía más internacional desde hace tiempo de todas las que sobrevivien en España, no le faltan unas y otras. Sus trabajos cosechan la atención del público y de la crítica a partes iguales.
Ahora le llega el turno a Madrid donde este trabajo para nueve bailarines se verá del 15 al 25 de enero en el Centro de Danza Matadero.
Unas horas antes de esta entrevista, que se realiza por vídeo llamada, Marcos Morau (Ontinyent, Valencia, 1982) ha sido reconocido con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Se lo ha comunicado el Ministro de Cultura en persona, Ernest Urtasun, que le ha llamado también por vídeo, y lo ha compartido en sus redes sociales. Junto a Morau, otras personalidades de la danza como Laura Kumin, directora del Certamen Coreográfico de Madrid, Margaret Jova, directora del Certamen de Coreografía de Danza Española y Flamenco, el gestor cultural José Manuel Garrido, siempre pegado al impulso y la programación de danza, han recibido el mismo reconocimiento. La Medalla le llega al final de un año en el que ha habido varios reconocimientos: mejor coreógrafo de 2025 por la revista alemana Tanz, la Medalla de Oro al Mérito Cultural del Ayuntamiento de Barcelona y el Premio Nacional de Cultura de la Generalitat de Cataluña.
“Intento no confundir los premios con la vida”, dice el coreógrafo al otro lado de la pantalla. “Este premio me empuja a seguir, también con aquello que no he hecho, y a agradecer de nuevo a todo el equipo que hay detrás. Pero también me los tomo con distancia porque el éxito o reconocimiento puede generar ruido y ponerte en un punto de mira determinado, e intento estar centrado. Algo que me gusta de todo esto es que me ofrece la posibilidad de seguir libre”.
Se refiere Morau a tener la libertad para seguir creando y para vivir, (tanto él como su equipo), del trabajo que hacen. Una hazaña que parece lógica, aunque no por ello realizable, especialmente en la danza por el contexto que sufre en nuestro país. “Este premio ha sido una manera bonita de clausurar el año, lo agradezco, me da alegría. Pero también me pilla con los pies en la Tierra, como intento tener siempre. De hecho, cuando ha terminado la llamada con el ministro, he seguido trabajando”.
El creador se encuentra en Suecia. Está montando una nueva obra para el Goteborg Ballet, compañía puntera para la que ya estrenó en 2017 la obra Rothko Chapel. “Había ganas de repetir y por fin hemos encontrado unas fechas que vinieran bien por las dos partes. Se estrenará en Febrero y me toca dividirme entre esta coreografía y la que estoy montando en París”. Se refiere a Etude, montaje que prepara para el Ballet de la Ópera de París que se estrenará el 11 de marzo de 2026 en la Ópera Garnier.

Ahora que me atiende desde Suecia, recuerdo aquellas primeras obras de su trayectoria, Suecia, Finlandia, Meryland… Rússia. En una entrevista de hace 15 años me contaba que le gustaba situar sus obras en el frío, cuando las imaginaba…
En aquellas primeras obras con el frío rondando había algo que me atraía de estos lugares por el temperamento, por la distancia, por el desconocimiento. Pero la verdad es que cada vez me siento más mediterráneo. Creo que cuando vamos cumpliendo años, la mayoría tenemos la tendencia de volver de alguna manera al lugar del que partimos.
En esa vuelta a esos lugares de los que una persona parte, ¿se puede enmarcar el interés por Mercè Rodoreda y su novela La mort i la primavera? ¿Cuando descubrió y se interesó por la obra de esta autora?
Cuando estudiaba Tercero de BUP leí La plaza del diamante (también de la autora). Y descubrí un lenguaje, una manera de decir que me interesó mucho. Ella y Virginia Woolf fueron grandes descubrimientos (La Veronal, nombre de su compañía fundada en 2005, es el mismo nombre de un derivado de barbitúricos que tomaba la escritora inglesa). Cuando llegó a mis manos La mort i la primavera, me sedujo el hecho de que era una novela inacabada. Empecé a leerla y sentí que hablaba de mí en muchos sentidos. Y me estaba gustando tanto que dejé de leerla para encontrar ese momento ‘mejor’ que intentamos encontrar cuando algo nos llena tanto, para poder abarcarlo del todo. Cuando Carmen Portaceli (directora del Teatro Nacional de Cataluña) me propuso estrenar y me preguntó qué me gustaría hacer, le hablé de La mort i la primavera. Es una novela que te enlaza también, de alguna manera, con Gaza hoy. No dejaba de tener su riesgo, enfocarme en una autora catalana, muy querida y conocida, para estrenar una obra que lleva el título de su novela en un gran teatro de Barcelona. Si hubiera elegido a Virginia Woolf no es tan arriesgado, por la lejanía geográfica. Así que me inventé un concierto y llamé a Maria Arnal (cantante y compositora española que participa en directo en la obra de Morau).
¿Qué diría que fue lo que más le atrajo de esta novela de Rodoreda?
Creo que el hecho de plantear la primavera como algo cruel, muy al contrario del concepto de renacer y lo bello que suele llevar consigo. Rodoreda la veía como algo cruel, porque mientras el ser humano está intentando entenderse, pasando de un día a otro, de una semana a otra, de una estación a otra, la primavera no tenía en cuenta la vida de las personas y provoca ese renacer queramos o no. Rodoreda lo veía injusto y ridículo. Pero la naturaleza siempre es más grande que el ser humano.
Se ha dicho que es una obra oscura, pero Totentanz también atravesaba esa oscuridad de manera latente.
Ahora estoy en el ciclo de la muerte. Firmamento, Totentanz, y creo que lo cierro con La mort i la primavera. El estrenar en Venezia nos dio la oportunidad de descubrir qué se piensa de la obra fuera de un contexto tan local como Barcelona, al que pertenece la obra y figura de Rodoreda. Luego se vio tres semanas en el Teatro Nacional de Cataluña y pudieron acercarse a él hasta diez mil personas.
Cuando volvió a leer la obra de Rodoreda, ¿redescubrió algo en el segundo acercamiento?
Me gustó aún más. Hay cierta lógica interna, sin ser lineal. Tiene que ver con el cómo desmembra lugares, personas… y me recordó a cómo veo yo la danza, que la veo como un paisaje y una pieza que va transformándose y va llegando. No como algo lineal. Así veo yo la danza.
¿Y cómo ve que la danza le ve a usted?
Pues yo creo que una cosa es la visibilidad que pueda tener a nivel internacional. Sé que pertenezco al ramillete de artistas que está en todas partes, que la gente señala, etc. Me pese o no me pese es una realidad. La danza desde hace unos años vive una fase permeable, a nivel de etiquetas creativas. Y el hecho de tener un lenguaje o una imagen que genero y que la gente lo asocie a tu lenguaje me hace feliz. El prestigio solo me interesa si tiene que ver con el hecho de que mi lenguaje tenga personalidad y sea identificable. Digno de ser único.
Supongo que eso conlleva también el riesgo de la copia. En alguna ocasión ha dicho que sienten que otros coreógrafos siguen su rastro…
Hay una diferencia entre la influencia y el plagio. La influencia es estar en contacto, construir. El plagio, en cambio, es la negación. Yo a veces paso vergüenza ajena, pero entiendo que estas personas que plagian lo pasarán peor porque viven negando una evidencia. Puedes llegar lejos con una copia, pero llegas vacío. Estas personas lo pasaran peor porque viven negando una evidencia. Puedes llegar lejos con una copia pero llegas vacío. La influencia es algo natural. Claro que nada nace de la nada. Estamos en un mundo muy igual y a veces estas conexiones pasan.
Afortunados los que hemos crecido afrontándonos a lo desconocido. Cuando me dicen que soy un privilegiado, lo que pienso es en usar esos ‘privilegios’ para ayudar a otros creadores como La Venidera, Led Shilouette, Lorena Nogal… Debemos entender que no es un trabajo individualista. La comunidad se hace desde otro lugar.
¿Diría que hay comunidad en la danza?
Necesitamos teatros que programen con valentía, y no me refiero a que programen trabajos de personas menos conocidas. España produce coreógrafos y bailarines extraordinarios y es un hecho. No necesitamos teatros que programen con una exclusividad, que programen un día, no necesitamos entradas caras. Un mismo espectáculo en Barcelona cuesta 20 euros la entrada y en madrid el doble. Necesitamos apoyos para gente que está empezando, pero también para gente que está terminando. Quiero usar mi nombre para hablar de esto. Qué hace una Sol Picó que está mirando su retirada, sin un retiro digno. Yo puedo exigirlo y alzar la voz por mis compañeros, en eso estoy. Pero hacer, no puedo hacer nada. Y eso que siento que hay una política cultural con un ministro estupendo. Que seguro que habrá cosas que se pueden mejorar, pero si a Paz Santa Cecilia les esta costando un monstruo como el INAEM y el ministro les está costando un monstruo como el INAEM, ¿qué pasará si viene una coalición de derechas? Ahora tenemos a los más sensibles con la precariedad, y mira cómo estamos, ¿qué ocurrirá si viene la derecha? Yo sigo creando en la comunidad, en construir. Hay compañías a la deriva y compañías flotando.