"Huimos de una enseñanza basada en la dependencia, la figura del gurú me provoca rechazo"
Desde hace más de sesenta años, el Laboratorio William Layton ofrece un programa de formación integral de interpretación, talleres intensivos y cursos específicos para diferentes perfiles y necesidades. Hablamos con Juan Vinuesa, reconocido actor que, tras formarse en la escuela, actualmente forma parte del equipo formativo de la misma.
Durante tu trayectoria personal habrás compartido con otros compañeros y compañeras distintas experiencias formativas, ¿te llamaba la atención ciertas dinámicas o aprendizajes que no se hacían en otras escuelas y que veías fundamentales?
Me interesó la importancia que se daba a la observación. En esta profesión hay mucha ansiedad por demostrar o parecer interesante. Aquí se hablaba mucho del sentido del texto y de la importancia del proceso. Un ejemplo muy revelador es la comedia. Tendemos a pensar que el chiste está en quien habla, pero aquí aprendí que gran parte del éxito de un gag está en la escucha. O algo que siempre he valorado: la libertad sin dogmatismos. En el Laboratorio no se busca aclamar a ningún profesor por encima del alumnado. Me siento orgulloso del equipo de profesores de la escuela. Hay distintas maneras de enseñar, pero una idea común: el protagonista del proceso es el alumno.
Ahora como profesor, ¿cómo explicas de manera sencilla a cualquier persona que todavía es ajena al mundo de la interpretación qué metodología y qué se va a encontrar si comienza a formarse en William Layton?
Algo de lo que estoy muy satisfecho es de una idea que me encontré cuando llegué como alumno y Carmen Losa ya era la directora (por cierto, fue la persona que confió en mí para ser profesor). En su filosofía siempre insistía en no venderse ni sentirse una escuela por encima de las demás, sino un espacio honesto. Aquí nadie va a encontrar fórmulas mágicas ni promesas vacías. Va a encontrar gente trabajando junta para hacerse mejores preguntas sobre este oficio.
Me interesa ahondar en ese primer año del programa formativo, pero para eso, en vuestra escuela, primero habría que hablar del Curso Intensivo de Técnica e Interpretación. ¿Qué es y para qué sirve al futuro alumno/a y al profesorado?
No buscamos perfiles concretos ni una manera determinada de actuar, sino disposición a trabajar, capacidad de cuestionarse cosas y compromiso. El trabajo que desarrolló Layton parte de una idea: que el actor deje de demostrar lo que siente y empiece a comprender por qué ocurre la escena. Su libro se llama ¿Por qué? El trampolín del actor. Antes de preguntarnos cómo se siente un personaje, nos preguntamos qué quiere, qué intenta conseguir, qué está en juego y cómo le afecta lo que ocurre a su alrededor. En clase no tengo miedo a pensar en voz alta junto a lxs alumnxs; creo que la metodología se construye no solo transmitiendo conocimientos, sino habitando los miedos.
Durante el primer curso, ¿cuánto trabajo personal, sobre todo a nivel mental y de autoconsciencia, hay que hacer con el alumnado? ¿Notáis que este aspecto es cada vez más importante para trabajar en paralelo con la formación propiamente dicha?
Hay que hacer una distinción importante: una escuela de interpretación no es una terapia. Ahora bien, es difícil trabajar con seres humanos sin que aparezcan preguntas sobre cómo pensamos, cómo escuchamos o cómo nos relacionamos con el error. Quizá hoy es especialmente importante porque vivimos en una época muy acelerada, pendiente de la imagen y de los resultados inmediatos.

¿Qué es lo más importante que van a aprender durante el primer año?
A escuchar. Al compañero, al texto y a lo que ocurre en escena. A estar disponible y no encerrado en tus ideas. Me gusta hablar más de ‘atención’ que de ‘concentración’, porque la atención siempre está dirigida hacia algo externo y ayuda a salir de tu ego y de tus miedos.
¿Qué lugar ocupan la investigación y la creación en el Laboratorio?
El nombre de Laboratorio no es casual. No entendemos la formación como una transmisión de respuestas, sino como una búsqueda. La técnica es importante, pero también lo es desarrollar una mirada propia. Intentamos generar la figura del actor o actriz con autonomía, es decir, que al llegar a un casting, rodaje o sala de ensayos lo haga con iniciativa y una propuesta. Intentamos huir de una enseñanza basada en la dependencia, donde el profesor dice constantemente qué hay que hacer y cómo hacerlo. Nuestro objetivo es formar actores y actrices capaces de tomar decisiones por sí mismos. La figura del gurú siempre me ha provocado rechazo.
Como ocurre en tu caso, el profesorado se caracteriza por estar en activo y muy cerca de la realidad del sector. ¿Cómo de importante es para una buena formación?
Yo tengo la suerte de trabajar como actor, pero también creo que un profesor puede ser un magnífico pedagogo de actores sin haber tenido suerte en la industria. Son cosas distintas. Ahora bien, sí me parece importante estar conectado con la realidad de la profesión, saber qué se está haciendo en el teatro, qué preguntas circulan y cómo evolucionan los distintos medios. La enseñanza no puede quedarse congelada en una fotografía de hace veinte años.

Personalmente, ¿cómo compaginas tu faceta de actor y creador y la de profesor? Por ejemplo, en los últimos meses te hemos podido ver en la serie de TVE Barrio Esperanza.
Con bastante dificultad a veces. Pero también creo que una faceta alimenta a la otra. Dar clase me obliga a ordenar intuiciones que como actor a veces utilizo sin pensar demasiado. Y trabajar como actor me recuerda constantemente que sigo aprendiendo. Los alumnos agradecen que les hables desde la experiencia de alguien que sigue enfrentándose a castings, ensayos, rodajes y funciones. Vivir de esto no quita que te sigas llevando muchos ‘noes’.
Ahora se habla mucho de los artistas 360. De intérpretes capaces de moverse con fluidez entre los distintos medios como cine, teatro, televisión, publicidad… al tiempo que desarrollan otras facetas como creadores. ¿Es algo nuevo? ¿Cómo se aborda en el Laboratorio?
No estoy seguro de que sea tan nuevo. Si uno mira la historia del teatro encuentra actores que escribían, dirigían, producían o enseñaban. Que hacían de todo sin tener el apellido ‘actor de cine’ o ‘actor de teatro’. Quizá ahora le hemos puesto nombre. Lo que sí ha cambiado es la velocidad con la que uno puede pasar de un medio a otro. Por eso intentamos trabajar sobre principios que sirvan en cualquiera de ellos. En el teatro hay que llegar a la fila 23, en el cine hay que saber trabajar para la cámara… pero en ambos hay que saber qué está en juego en la escena.
¿Los valores que defiende el espacio donde te formas van a definir qué tipo de profesional vas a llegar a ser?
Sí, hasta ciertos límites. En la autoescuela te enseñan a conducir y luego cada uno conduce como quiere, aquí ocurre algo similar. A mí la palabra ‘enseñar’ siempre me ha parecido muy grande, pero sí te diré que en mis clases intento hablar de cosas en las que creo para generar reflexión y que cada alumno tenga un pensamiento propio sobre ello. Si algo me gustaría transmitir es que se puede ser exigente sin ser cruel, ambicioso sin perder la curiosidad y profesional sin dejar de ser buena persona.