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La gran aventura del alma

«La gran aventura es cuando decides que ya no quieres contar las historias de otros o las historias de siempre»

Hablamos con Carolina Solas. Autora y protagonista de la obra Fenómeno Cisne Negro. Un viaje donde lo que cuenta es el alma, nuestra forma de entender el mundo y de hallarnos a nosotros mismos. La obra se puede ver en la Sala Tarambana en Carabanchel hasta el 21 de marzo.

 

 

Tu aventura con el personaje de Alma comenzó en Alma (Levántate y lucha… No voy a luchar por ti) hace un año ¿Cómo surgió su creación?

Esa es la gran aventura. La gran aventura es cuando decides que ya no quieres contar las historias de otros o las historias de siempre. En el primer Alma digo: “Que no se haga más el Don Juan Tenorio”. Yo lo he hecho dos veces. Pero es como algo que nos arrastra y cuando te quitas de todo esto puedes contar otras cosas. Hay muchas cosas que contar.

Te lo quitas y, además, piensas en cosas que tengan una dirección más favorable para el ser humano. Piensas en cosas que puedan producir la catarsis. Hay catarsis constructivas y catarsis destructivas. Las cosas que producen el Don Juan son antiguas. Creen que ya no producen nada, pero no es así, la mente lo registra todo y una mente nueva y fresca se da cuenta de todo. Se queda en el subconsciente.

Tenía el objetivo de contar cosas nuevas. Además, tenía un objetivo mayor, no quería que hubiera conflicto, no quería drama. Quería que las cosas se contaran de una manera no dolorosa porque cuando escribí esta Alma fue dar con lo duro de la existencia. Era juntar todo lo que había compartido y lo que había adquirido, y ahí es donde hay una lucha emocional. Pero en el Fenómeno Cisne Negro creo que he encontrado un equilibrio perfecto para contar algo que es interesante, me atrae y que es positivo, que te genera entusiasmo y muchas emociones.

 

¿El Fenómeno Cisne Negro es una continuación?

Es una segunda parte, es Alma, sigue siendo Alma. Estoy escribiendo unas memorias, de dónde vengo, de dónde estoy y por dónde he llegado… Todo a través de este personaje. Es una mujer de cincuenta tantos que se concede el derecho de la libertad de avanzar, y de contarlo desde el despego.

 

Durante la obra, podemos ver una mezcla entre ficción y realidad autobiográfica ¿considerarías a Alma tu alter ego?

Siempre juegas con la materia prima que eres tú y la vida. Yo he cogido mi vida y he pensado en lo que me interesa y en lo que puedo compartir de esta aventura. Con toda esa materia tú construyes lo que quieres contar. Eres creadora. Ahí es cuando empiezas a crear, se parece al mundo y meditas.

 

¿Cómo fue el proceso de subirlo al escenario?

Dirijo la obra, el proceso de escritura es uno, y el proceso de subirlo al escenario es otro y juego con mis talentos, cualidades y experiencia. Empecé siendo coautora y luego pasé a la dirección. Haces que todo el proceso esté en tu mano y que nadie la redirija. Tener el sueño completo. Eso hace que mi directora este en contacto con mi actriz y luego hablen con mi autora. La actriz es actriz e intenta sacar el mayor partido a todo esto. Tengo el privilegio de que yo puedo hablar con mi autora y poder cambiar todo este proceso.

 

La gran aventura del alma en Madrid

¿No es mucho trabajo hacerlo todo tú?

Sí, tengo 57 años y supongo que he caminado hasta llegar a esa zona donde puedo decir: “ya”. Confío plenamente en que vosotras lo hagáis antes y más rápido. Ya hay muchas actrices actuando con sus textos.

 

Eso lo suelen hacer mucho, las personas que empezamos en teatro hacemos eso por comodidad o bajo presupuesto incluso. Por eso, la ‘autodirección’ me parece un logro muy importante ya que prescindes de unos ojos externos.

Tómatelo como un todo que camina y tiene un aprendizaje, y que todo se está aprehendiendo del director y demás personas, hasta que llegas a conseguirlo. El valor en cambio es un ejercicio como el de meditar. El valor es otra parte de la creación y del viaje. Una de las cosas más valiosas es el confiar en ti misma y no boicotearte.

 

¿Cómo llegaste a adquirir ese aprendizaje?

Para ello te vas a conferencias, lees libros o copias. Copiar es un mecanismo de conexión maravilloso, aunque este muy mal visto. Te vas al cine, escribes o ves lo que te inspira. A mí me cuesta mucho revisar. No sé dónde va a ir dirigido el texto, pero lo rescato y luego hay un momento en el que vas descartando cosas por el bien mayor. Lo ves dentro, lo ves por fuera. Me veo a mí misma como si yo fuera una espectadora. Es un camino divino, muy loco. Necesitas tiempo y una habitación propia.

 

¿Consideras la obra como una forma de autoconocimiento para ti y para el público?

Hay historias maravillosas que no conectan o que suponen un esfuerzo del espectador por lo complejas que son. Mi objetivo era que conectara, que no tuviera conflicto, que nos afectara a todos y a nadie a la vez, es un conflicto más atemporal. Luego está el jugar con el ritmo, con el interés, con la sorpresa, con el silencio, las pausas, el misterio… Cuando lo vas leyendo vas poniendo las piezas que faltan y generas ese hilo conductor donde no te puedes perder. Me di cuenta que me iba por las ramas. Creo que es muy femenino, nos lo han inculcado. Vamos a poner el conflicto en que la energía femenina es más cualitativa, menos despreocupada, más libre. Por otro lado la imagen masculina es más ordenada, es la que genera una jerarquía. Todo eso son herramientas que me han servido y me son muy útiles, y no sé si son emocionales o atañen a la conciencia. La combinación del cerebro y sus neurotransmisores con el reloj biológico te pueden garantizar encontrar un camino. Hay una conexión y hay una cercanía, que es lo que buscaba. Quiero que todo el mundo lo entienda. Que todo el mundo reciba cosas que le suenen, aunque no hayan estudiado o no sean lector.

 

A pesar de que la obra versa sobre el Génesis de la Biblia, usas una visión futurista durante toda la trama con la idea “El proyecto plan nueva raza paraíso tierra”, ¿por qué?

Es el juego de sacar las cosas que están muy estructuradas y muy definidas en un mismo lugar. Quería sacarlo de allí para poder verlo de una manera completamente distinta. Es verdad que me he ido a un futuro o quería verlo desde ahí. Quería dimensionar esa experiencia que se narra en esos textos sagrados, unificando la información científica que tengo ahora.

Hay que poner constantemente el mundo al revés, hay que imaginarlo y argumentarlo, y cuando lo haces adquiere una coherencia. Gracias a eso puedes encuentras esa historia que querías contar. Me gusta rescatar esas historias de los libros sagrados donde hablan de personajes que luego cayeron en el olvido. Todo esto se consigue porque la mente es libre, va y recorre todo el pasado para luego dar saltos al futuro. La mente recuerda y crea panoramas y lugares. Podemos percibir todo esto perfectamente a través de la biblia.

 

Durante la obra consigues crear un momento de introspección hacia lo femenino gracias al personaje de Lilith. Es un momento de impulso que ayuda a generar en el espectador una respuesta propia y privada.

Todas y todos hemos pasado por lo que pasó ella. Es un momento donde nos quedamos pensando algo y, en vez de exponerlo, nos lo quedamos dentro. Pasa el tiempo y eso se va haciendo una bola cada vez más grande en el pensamiento. Lo que se tiene que hacer es decirlo y Lilith lo dice. Habla de esa parte que hay en nosotros y en nosotras, ese ya estamos aquí y he venido a jugar, y a ver qué pasa. Es un pensamiento profundo tanto masculino como femenino. Todos somos masculino y femenino. Yo he sacado ese masculino que pensé que no iba a sacar. Lilith no se queda callada y es ella misma, el juego de la vida muchas veces pasa por ahí. Muchas somos más como Eva y muchas hemos experimentado a Lilith, son las energías que dictan tu forma de comportarte. Intentamos hacer que nuestra experiencia vital sea lo más completa posible.

 

 

¿A que te refieres con tengo un hombre dentro de mi ?

Yo he llegado a esa certeza a los 57. Las jóvenes lo veis de otra manera. Todos tenemos una energía masculina y otra femenina, un hemisferio derecho y otro izquierdo. Una energía más conectada al amor y al respeto, y otra conectada a todo lo contrario. Los hombres tienen la capacidad de la ternura, de ser sensibles y de expresar sus emociones, porque si no está metido en una cárcel, y puede ser una bomba. El problema es el rol que juega dentro de ellos, es la idea de la autoridad y la convención de ser el portador del dinero. El problema subyace en tener que dar esa imagen siempre. Todos tenemos que equilibrar a nuestro hombre y a nuestra mujer, porque todos los somos a la vez. Todos tenemos ese disfraz y hay que equilibrar lo que tenemos dentro para avanzar en la vida, si no te va a faltar algo, vas a estar cojo.

 

¿Considerarías que esta obra es feminista?

Es un viaje, mi viaje. En mi viaje pase por el machismo (he sido muy machista conmigo misma) y del machismo saltas al feminismo. Luego pasé a la igualdad, me pareció menos conflictiva, es el paso medio entre machismo y feminismo. Esto me pasó a mí, no hablo del mundo. En Alma (Levántate y lucha… No voy a luchar por ti) enseño esa etapa del machismo al feminismo. Es un esbozo de la igualdad en el que se acaba diciendo que todos somos alma, el concepto esotérico y sutil que se ha apropiado las religiones. Todos somos espíritus, esencias, energías… en ese lugar cabe más la igualdad. Todos somos iguales. Pasé por el feminismo, pero no considero que mis obras sean feministas. Se nutren de ese viaje y de todas las obras que he leído. Ya no me manifiesto con las feministas, no voto, no me interesa la política, para mí es el “todo” por el que pasé y viví. Yo traigo a todo tipo de mujeres, escribo, produzco y no uso ayudas porque soy antisistema. Por eso lo hago pequeño, poniendo mi talento lo primero. Mis amigas son mi equipo, son muy profesionales y llevan mucho en el oficio. Las invito a venir y confío en ellas, y en lo que me dicen.

 

Tu obra se cierra con una pieza musical en la que sales disfrazada de Chaplin, ¿la música es un recurso frecuente en tus obras?

Todo surgió en una conversación con mi productora. Tengo formación profesional y quería hacer un guiño musical. En el primer Alma tenía una banda de cuatro mujeres e hice unas cuentas funciones, no la podía sostener, me quedé sin banda. El director de la banda pasó a ser el guitarrista, que es el personaje con el que comparto el escenario.

En esta obra no tenía banda ni músicos. No tenía el presupuesto necesario. Busqué música libre de derechos y me fui al cine mudo. Mi autora me puso la condición de que tenía que ser alegre, porque al final de la obra ya habíamos salido del “conflicto” y por ello tenía que poner risa y alegría. Empecé a revisar y llegué a Chaplin, soy muy amante del swing. También busque muchas versiones de cosas que podrían haber encajado, pero me quede con Chaplin. En algún momento la creación se podrá expandir con una pianista en directo, que tenga un sintetizador y que complemente el espectáculo. Ahora lo llevo grabado. Compuse la letra para hacer el cierre. En la primera Alma también use la música de Charlotte, que en parte me recuerda a Einstein. Son sabios locos, y yo soy una sabia loca en mujer. Quiero jugar a lo que ellos hicieron. Charlotte podía contar cosas tremendas y generar una risa. Y Einstein tenía un discurso que la gente no entendía, pero generaba una sonrisa. La pista para Viajando al Edén se la pedí a un compañero de profesión, le dije lo que quería y como lo quería. Se sustenta en mi voz y en la letra, y se sirve para cerrar el espectáculo.

 

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