"El teatro inmersivo alcanza de manera más directa y envolvente al espectador, lo introduce en el lenguaje y en la atmósfera y no lo suelta"
El Festival IN-SCENA celebra su segunda edición y consolida su apuesta por el teatro inmersivo en España.
Majadahonda acogerá del 11 al 25 de abril de 2026 la segunda edición de este Festival de Artes Escénicas Inmersivas, una cita que propone al público una forma distinta de vivir el teatro: sin distancia entre actores y espectadores y con experiencias escénicas en las que el público comparte el mismo espacio que la acción dramática.
Impulsado por Luis López de Arriba y patrocinado y producido íntegramente por el Ayuntamiento de Majadahonda, el festival se ha convertido en el primer evento en España dedicado de forma íntegra al teatro inmersivo, una tendencia escénica que transforma la relación tradicional entre escenario y platea y convierte cada función en un acontecimiento único.
Hablamos con el propio Luis para que nos cuente cómo se impulsa un festival como este.
Luis, háblame un poco de ti, de tu trayectoria como dramaturgo y director de la Compañía Teatro En Serie. ¿Cómo ha sido esa etapa de tu vida?
Aunque he hecho muchas cosas al margen de la compañía, sin duda ha sido probablemente mi aportación más importante y más querida. Teatro En Serie comenzó su actividad en 2012 cuando nos reunimos en torno a una idea que tuvo Fran Calvo, hacer un proyecto de teatro en un espacio no convencional y, además, seriado. Tenía ya un lugar pensado, aunque finalmente el emplazamiento definitivo fue la librería La Buena Vida, de Jesús Trueba. Todavía recuerdo el problema de comunicación inicial con Jesús, que creía que íbamos a hacer la obra en su librería una sola vez. Afortunadamente, el estreno le gustó tanto que terminamos quedándonos una temporada entera en la que estrenamos cuatro capítulos de Días como estos, y llegamos a hacer hasta cuatro funciones cada fin de semana. La experiencia en lo creativo y en la respuesta del público fue tan buena que hicimos una apuesta mayor en La casa de huéspedes, estrenada en la desaparecida sala La Trastienda, con una casa–teatro completa y dos itinerarios de público que se trasladaba por las estancias viendo escenas diferentes. De ahí pasamos a El Eremita, una grata experiencia pero en este caso no inmersiva y estrenada en los Teatros Luchana. Volvimos a nuestro formato con nuestra última producción, La vida imposible de Oliverio Funes, que escribí con Caridad Fernández y con la participación de un director por capítulo: Juan Vinuesa, Pilar Almansa y Roberto Cerdá. En esta última yo me limitaba a dirigir los interludios y darle forma al conjunto. Fuimos los primeros en hacer teatro por capítulos en Madrid. Tiempo después escribiendo un artículo para la revista Don Galán supe que seis meses antes lo habían hecho en Sevilla. El tiempo que pasé con toda la gente de Teatro En Serie forma parte con seguridad de algunos de los mejores años de mi vida, no los más rentables, un problema esencial del teatro inmersivo, y supusieron un aprendizaje importantísimo: la inmediatez de ese tipo de teatro precario en el que en tres meses se escribía, se ensayaba y se estrenaba te obligaba a ser muy creativo.
Y tras esa interesantes etapa, ¿cómo surge la idea de hacer un festival como IN-SCENA?
Surge de conversaciones con la concejala de cultura de Majadahonda, Nuria Wilde, en torno a la búsqueda de nuevos públicos, una cuestión que siempre me ha interesado porque yo he trabajado también como profesor de bachillerato de Artes Escénicas y Literatura y en mis últimos años de enseñanza llevaba frecuentemente a mis alumnos al teatro con gran acogida, y sigo haciéndolo con un club de espectadores. Toda la experiencia acumulada en Teatro En Serie me enseñó que el teatro en espacios no convencionales atraía a nuevos públicos, de modo que tras meses de charlas afinando el carácter del evento, finalmente apostamos por esta idea.

¿Por qué decidiste apostar por el teatro inmersivo? ¿Qué tiene ese lenguaje escénico que te interese más o que te mueva más?
Tenga o no un elemento relacional, sin duda el teatro inmersivo alcanza de manera más directa y envolvente al espectador, lo introduce en el lenguaje y en la atmósfera y no lo suelta. Además, personalmente, me gustan las experiencias inmersivas donde no media la tecnología porque volvemos a poner en el centro al actor y la historia, sin posibilidad de truco. Por supuesto, es una querencia mía, hay espectáculos inmersivos tecnológicos que funcionan muy bien, pero para mí supone la posibilidad principalmente de devolver su espacio al arte del actor.
¿Y cómo definirías el Teatro inmersivo?, para las personas que no sepan en que consiste exactamente.
El teatro inmersivo es una forma de representación escénica en la que el público deja de ser un espectador pasivo y se integra físicamente en el espacio de la obra. La acción ocurre a su alrededor, a menudo en distintos espacios simultáneamente, y los espectadores pueden en ocasiones desplazarse, explorar el entorno e incluso interactuar con los intérpretes o con la historia. A diferencia del teatro convencional, desaparece la separación clara entre escenario y público, creando una experiencia más sensorial y participativa.
El año pasado se celebró IN-SCENA por primera vez. ¿Cómo fue la experiencia?
Cuando uno se enfrenta a la organización y promoción de un evento como este fuera de Madrid capital siempre tiene la duda de si tendrá suficiente público o será capaz de movilizar a los espectadores como cuando se estrena una obra en una sala en cualquier ciudad grande. La verdad es que entre el público habitual de la Casa de la Cultura Carmen Conde de Majadahonda, mi propia red de contactos y la ayuda de medios como vosotros, la asistencia fue muy alta e incluso llenamos el segundo fin de semana. La gente lo recibió muy sorprendida y muchos se acercaron a nosotros para pedirnos que se le diera continuidad. Y aquí estamos, en una segunda edición.
¿Entonces la gente de Majadahonda recibió bien la llegada de un festival como IN-SCENA a su municipio?
Como he mencionado, el público llenó las funciones y todas las actividades paralelas del festival, como los talleres para vecinos e institutos, fueron un éxito. Y, lo que es más importante, conseguimos una mayor presencia de público joven.
¿Y cuáles son los objetivos de IN-SCENA?
El principal objetivo es la creación de nuevos públicos y la promoción del teatro entre el público joven, entendiendo al mismo por la gente de los 14 años hasta los 50, aproximadamente. Necesitamos urgentemente un relevo generacional en el teatro. Por eso no somos sólo un espacio de exhibición, sino también de creación de comunidad, y personalmente imparto talleres de improvisación y técnicas teatrales a alumnos de bachillerato de institutos de Majadahonda y también un taller gratuito para vecinos, no sólo con la idea de descubrirles la disciplina sino de promover su interés como espectadores.
¿Cómo de complicado es levantar un festival así?
Lo difícil siempre es conseguir el apoyo de las instituciones, que en mi caso se prolongó más de un año, probablemente menos de lo que cuesta levantar otros festivales porque empezamos siendo realistas, sin querer, por mi parte, implementar todas las ideas que tenía en mente. El problema de este tipo de teatro, que, generalmente, implica un aforo reducido, es que entre la desaparición de salas emblemáticas para lo inmersivo como La Casa de la Portera, La Pensión de las Pulgas o La Trastienda y la dificultad de hacer estos proyectos rentables ha ido disminuyendo la oferta para programar.
¿Con qué apoyos cuentas para llevarlo a cabo?
La producción del festival es íntegra del Ayuntamiento de Majadahonda, que ha hecho por mediación de Nuria Wilde una apuesta valiente por salirse de los márgenes establecidos, algo, por otro lado, que creo esencial en materia de política cultural pública. En la edición pasada conté con el generoso apoyo de locales y voluntarios porque hicimos dos recorridos itinerantes de microteatro inmersivo. Por lo demás, sin considerar el trabajo de la concejala y el personal de la Casa de la Cultura, yo me encargo de programación, difusión en redes y coordinación e incluso visito los institutos que me lo permiten para presentar a sus alumnos el festival. Lo que no sabía lo he aprendido por el camino. He visto gente que se autoproclama CEO con menos atribuciones.
¿Cuántas propuestas habéis recibido para participar en el festival este año y cómo se elije y conforma la programación?
El problema, como ya he mencionado en muchas ocasiones, es que el teatro inmersivo surgió en Madrid en buena medida como reacción de algunas compañías y dramaturgos que estábamos hartos de recibir negativas no sólo en los teatros públicos y comerciales sino en las salas alternativas. El resultado fue una escena ‘off’ de la alternativa que ante todo contaba con ilusión y ganas de encontrar su público pero poca ambición y planificación, así que se tiraron los precios de las entradas y lo que debería haber sido recibido como una propuesta cultural con un valor añadido como el aforo reducido y, por tanto, más caro, acabó en lo contrario. Así pues, esa burbuja de la escena inmersiva, estalló por la precariedad, porque la gente puede pagar ochenta euros por un concierto masivo o por ir a ver El Rey León, pero no entiende pagar más de quince por ver, junto a sólo veinte personas, algo exclusivo y artesanal. Así que hay en general pocas propuestas inmersivas pero, afortunadamente, las que hay tienen mucha calidad. He recibido pocas propuestas pero al aprobarse muy pronto la segunda edición tuve tiempo de preguntar y ver espectáculos. La programación ha sido básicamente resultado de una búsqueda personal y de la ayuda de algunas personas como José Antonio Alba o Albert Boronat que me recomendaron dos de los espectáculos que finalmente se quedaron para el festival.
¿Y qué nos vamos a poder encontrar en esta segunda edición? Háblame un poco de la programación que habéis elaborado este año.
Tenemos cuatro obras formidables. El sábado 11 de abril recibimos a Nacho Vera, que junto a Carlos Tuñón, entre otros, han creado ese maravilloso artefacto teatral entre la música, la poesía y la comedia que es Antigua Novedad. A Nacho le sale el talento por las orejas y va a ser fascinante verle desde el patio de butacas o sentado en el escenario, pues tendremos ambas opciones. Fue la primera que programé sin dudarlo cuando la vi hace unos meses en el Teatro del Barrio. El 17 y 18 por la tarde y el 18 en función matinal, a las 12h, contamos con Las tribulaciones de Virginia, un espectáculo mítico del teatro de objetos creado por Hermanos Oligor y que ahora viene de mano de Oligor y Microscopía. Es un espectáculo en el que menos de cincuenta personas entraran en un espacio muy singular para disfrutar de una experiencia sensible, tierna y poética que lleva en torno a veinticinco años de gira por varios países y Jomi apenas lo hace ya en España. Una oportunidad única para los espectadores de la Comunidad de Madrid. El tercer fin de semana lo protagonizan Secundario, de Teatro de Poniente, y Huérfanos, de Esto Podría Ser y Caterina Producciones. La primera es una creación que tiene también su recorrido, porque Antonio Velasco la creó con Fran Calvo para La Casa de la Portera. Para mí, Antonio representa lo mejor de la unión de nuestros juglares y cómicos de la legua, de eso en parte trata la función, y los nuevos lenguajes. Él ya triunfó con Simón en la pasada edición. Al día siguiente, el 25 de abril, Luis Sorolla dirige una función que es un thriller psicológico con un dispositivo muy original y un lenguaje escénico basado en la contención de la acción dramática que multiplica el efecto del ya de por sí brillante texto de Dennis Kelly, Huérfanos. Y con unos actores haciendo un trabajo fino y de apabullante intensidad. Los espectadores se van a quedar pegados a la silla con esta obra triunfadora del Festival de Edimburgo.
Y mirando un poco hacia el futuro. ¿Qué te gustaría conseguir con este festival? ¿Dónde te gustaría situarlo?
Para mí, sería suficiente con que alcanzara muchas ediciones, pero tengo claro que me gustaría ser referente del teatro inmersivo en España y promover la creación de este tipo de espectáculos. Lo que no puede ser es que en los teatros públicos se deje en muchas ocasiones hacer este tipo de producciones a los grandes nombres del teatro europeo pero que las compañías nacionales no tengan las mismas facilidades para arriesgar e innovar. Por otro lado, quiero implicar a la gente de Majadahonda, tanto jóvenes como mayores, a través de la formación, como estamos haciendo, pero también desarrollando programaciones de mediación cultural más complejos. En realidad, ambas cosas son igual de importantes.