En un mundo donde lo extraordinario se confunde con el ruido, con el instante viral, con la foto perfecta que acumula likes, Mariano Tenconi Blanco llega a Madrid con La vida extraordinaria; obra protagonizada por Malena Alterio y Carmen Ruiz que nos habla de Aurora y Blanca, dos amigas cuyas vidas podrían parecer ordinarias a primera vista, pero esa es precisamente la trampa porque en la amistad que sostienen durante décadas, en la poesía que escriben sin buscar reconocimiento, en los amores que llegan y se van, reside algo que el director argentino reconoce como verdaderamente sublime. «Estamos en un momento donde lo que importa es la cara, el bait, el instante, la fotito, el exhibicionismo, el hashtag, el showcito», reflexiona Tenconi cuando se le pregunta por la vigencia de su propuesta. Y desde ahí reivindica otra forma de mirar, otra forma de valorar lo que realmente importa. «Creo también que hay otro teatro que tiene otras búsquedas. Encontrar en lo ordinario a lo sublime».
LITERATURA DRAMÁTICA UNIVERSAL
La propuesta de Tenconi no es nueva para el público español. Ya hemos podido ver trabajos suyos como La mujer fantasma o Las cautivas. «Creo que hago un teatro de la literatura y de la actuación», explica sin dudar. Para él, el teatro no es solo texto ni solo cuerpo en escena; es la conjunción de ambos elementos llevados a su máxima potencia. «Me importa mucho el texto, creo en que el teatro es literatura, y de la mejor. Escribo en relación con otros textos, y trabajo con la tradición, desde Eurípides o Cervantes, hasta Copi o Rosa Chacel».
Esa relación con la tradición literaria es fundamental para entender La vida extraordinaria. La obra no surge de la nada, sino de un diálogo sostenido con otras escrituras. Si en la versión argentina los personajes se apellidaban Cruz y Fierro -en homenaje al Martín Fierro de José Hernández, esa amistad fundacional de la literatura gauchesca-, en la adaptación española se llaman Alonso y Sancho, estableciendo un puente directo con el Quijote. «Me interesa dejar cifrado en el nombre de los personajes la combinatoria que hace andar a la obra: amistad y literatura», explica el director. Pero hay otro texto que atraviesa de alguna manera toda la dramaturgia: el Ulises de Joyce. Tenconi confiesa que escribir esta obra fue también una excusa para dedicarse a leer y releer la novela de Joyce. «Como dice Aira, uno cuando es adulto no puede dedicarse a leer porque hay que trabajar, entonces uno dice que va a escribir para justificar las horas dedicadas a leer. Yo me inventé que iba a hacer una obra con todas esas horas de lectura ofrendadas al Ulises«.

UN TEATRO MÁS ALLÁ DE TEMÁTICAS
Una de las declaraciones más contundentes del dramaturgo y director es su rechazo al teatro del tema, al teatro de agenda. «No me interesa. Creo que nos enseñaron a leer mal, ya sea en Argentina o en España o en Estados Unidos, y entonces se leen las obras por el tema o por el mensaje». Para él, la complejidad de una obra teatral no se basa en ejes temáticos, sino en algo mucho más profundo. «Lo primero que me importa del teatro es lo formal. Cómo escribo. Cómo dirijo. Qué teatro quiero hacer». Esa preocupación formal se traduce en La vida extraordinaria en una estructura fragmentada que combina diarios, cartas, escenas teatrales y poemas. La literatura íntima -esas confesiones, esos registros privados- se convierte en motor dramático. «Considero que es un recurso poderoso para pensar la escritura teatral y el teatro en general. Al conocer lo que atraviesa íntimamente a un personaje, esas pasiones pueden llevarnos a desbordes que son muy lindos de escribir, y también de actuar».
La obra arranca con una reflexión sobre el origen de la vida en la Tierra para luego adentrarse en las biografías de Aurora y Blanca. Ese salto de lo cósmico a lo cotidiano no es gratuito. «Me parecía interesante comenzar con el origen de la vida para luego adentrarnos en la vida de estos dos personajes. Siento que a veces es una buena idea para escritores lo de tomarse las cosas literalmente. ‘Empecemos por el principio’, algo así. También, supongo, está siempre lo trascendente siendo parte de lo ordinario».
Aunque La vida extraordinaria ganó el primer premio del Concurso Nacional de Obras de Teatro en Argentina en 2018, el director no consideró el texto como algo cerrado. «La obra ganó el concurso y siempre está la tentación de no tocarla, pero cuando ensayo siempre abro el material, y tenía algunas ideas que quería probar». Durante los ensayos, reescribió muchísimo y para la versión española, Tenconi Blanco realizó una nueva adaptación que implica algo más que ajustes lingüísticos. «Hice una versión española. No me interesaba aferrarme a la geografía argentina, así que la obra ahora sucede aquí». Esa decisión revela una concepción del teatro que no se aferra a lo identitario de manera rígida, sino que busca la resonancia universal de las historias que cuenta.

LA AMISTAD COMO RESISTENCIA
Si hay algo que atraviesa toda la obra es la convicción de que la amistad es un sentimiento extraordinario. «La idea de contar a dos personajes que son amigas toda la vida me conmueve», dice Tenconi. En un contexto donde la cultura del hashtag y el exhibicionismo dominan las formas de relación, apostar por una historia de amistad sostenida en el tiempo es casi un acto de resistencia. «Y creo también que la literatura es lo extraordinario. Porque estas amigas son además lectoras, y también poetas. Literatura y amistad, me parecen dos cosas maravillosas en un mundo cada vez más vil».
Aurora y Blanca no tienen vidas espectaculares, no ganan premios, no alcanzan la fama, sus amores son complicados y a veces dolorosos; pero eso no las convierte en fracasadas. «No me atrevería a tildar de fracaso la vida de los personajes, creo que sí podríamos decir que tienen ‘fracasos amorosos’. Pero creo que hay otras formas de amor muy profundas que atraviesan a estos personajes. Y que tener una vida, y escribir poesía, y tener una amiga, todo eso no es un fracaso».
EL PRIVILEGIO DE LA EMOCIÓN
Para dar vida a Aurora y Blanca, Tenconi ha querido contar con dos actrices que conocen bien los registros que la obra exige. Malena Alterio y Carmen Ruiz comparten escena en una propuesta que el director define como «muy de Malena y de Carmen». «Son dos actrices fenomenales. Tienen enorme capacidad emocional, profundidad, son cómicas. Está siendo un gusto trabajar con ellas».
La vida extraordinaria propone al espectador un encuentro desde lo intelectual, lo cómico y lo emocional. No busca la urgencia ni la aceleración que caracterizan nuestro tiempo, sino que invita a detenerse, a reconocer que lo verdaderamente extraordinario está en esos vínculos que sostienen la vida cuando nadie nos está mirando. Porque, como sugiere su creador, en un mundo de exhibicionismo perpetuo, tal vez lo más radical sea volver a mirar con atención lo que siempre estuvo ahí, esperando ser descubierto.