Visito la sede de LaJoven mientras ensayan Un señor… cualquiera. Sobre el escenario se encuentran Paula Feror, Raúl Martín y Helena Lanza moviéndose al ritmo de esta versión que Raúl Losánez ha confeccionado a partir del texto original de Mercedes Pinto, autora perteneciente a la Generación del 27 que, hasta hace poco, desconocían incluso los propios directores del espectáculo: Mabel del Pozo y José Luis Arellano, director habitual de las producciones de LaJoven, que en esta ocasión codirige con la actriz con la que lleva años trabajando para poder compaginar este proyecto con su nuevo cargo como coordinador de programación en el Teatro Lope de Vega de Sevilla.
El origen del proyecto, me cuenta David Peralto, presidente de la Fundación Teatro Joven, nació cuando la compañía habló con Juan Carlos Pérez de la Fuente, director artístico del Fernán Gómez. Querían participar en la celebración del centenario de la Generación del 27, pero con un proyecto firmado por una dramaturga, y el espíritu inquieto de Pérez de la Fuente enseguida ató cabos y tendió puentes entre LaJoven y el periodista y dramaturgo Raúl Losánez, que ya estaba trabajando sobre un texto de Mercedes Pinto. El ‘match’ fue casi inmediato.

¿QUIÉN ES MERCEDES PINTO?
Ni Arellano ni Del Pozo habían oído hablar de ella antes de este proyecto. “La he conocido por Raúl. Y sorprende que, ya no digo desde la sociedad, sino desde el propio teatro, no supiéramos quién era Mercedes Pinto”, reconoce Arellano, a lo que Del Pozo añade: “Ahora tenemos la oportunidad, desde el teatro, de poner en valor a las mujeres de esa generación a las que se les ha borrado el nombre, porque en todos los ámbitos han sido exiliadas”.
Nacida en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife) en 1883, Pinto fue poeta, novelista, dramaturga, periodista y pedagoga; en 1923 pronunció la conferencia El divorcio como medida higiénica, en la Universidad Central de Madrid, un polémico texto en favor de los derechos de la mujer. “Es modernísima”, señala Mabel acerca de la afilada crítica que lanzó a la hipocresía de la sociedad burguesa de su época; asunto por el que se vio obligada a autoexiliarse a Uruguay ante la amenaza de destierro de Primo de Rivera. Allí, y después en Chile, Cuba y México, tuvo un reconocimiento que nunca llegó de vuelta a España, a pesar de ser calificada como “una fuerza de la naturaleza” por el propio Pablo Neruda desde el epitafio que escribió a Pinto.
“Estamos haciendo nuestro trabajo para que los que vengan también estén presentes, pero siendo conscientes de quiénes estuvieron antes. ¿Cuántas voces estaremos silenciando por culpa de nuestros prejuicios?”, reflexiona Arellano sobre esas voces del teatro, mayoritariamente mujeres, que faltan por recuperar.

UNA FARSA CONTRA EL SISTEMA
Un señor… cualquiera se estrenó en 1930 en el Teatro Solís de Montevideo y no ha sido hasta ahora, casi cien años después, que llega a un escenario español a través de esta versión para tres actores firmada por Losánez. Pinto la definió como una “comedia farsa en tres jornadas”. La trama se construye alrededor de las figuras de un matrimonio, un hijo, un amante y una sombra, y la idea de la moral como un ropaje que se cambia según convenga, además del precio de dejar de perseguir lo que de verdad se desea.
Del Pozo recuerda su primera lectura del texto: “Al cerrar la última página, me puse a llorar. Es una farsa, tiene mucho de divertido, pero no se aleja nunca de la profundidad. Sentí que era el testigo que hemos recibido. Ella señalaba en sus personajes hacia dónde soñaba ir. Emociona reconocer ese camino, aunque quede trabajo por hacer, ser consciente de la lucha que otras mujeres han tenido que hacer para que yo esté aquí”.
Ese tono de farsa convive con una denuncia que Arellano define como “constante” sobre la violencia dentro del matrimonio, pero también la de todo un sistema -la familia, la sociedad, el silencio- que la sostiene. Del Pozo defiende que ni siquiera el personaje que da título a la obra está tratado como un monstruo: “Son personajes puros, y la pureza no reprocha, señala, porque hay que señalar, y es asertiva en el señalamiento, pero no reprocha. Es otra energía”. Y ambos directores coinciden en que incluso el personaje que da título a la obra “es víctima de una educación que no le permitió soñar ni llorar”.

DIRIGIR A CUATRO MANOS
Arellano y Del Pozo se conocen desde hace años, han trabajado juntos en múltiples producciones en España y Estados Unidos. Por eso, cuando explican cómo han repartido la dirección, hablan más de instinto que de método: “No ha habido un encuentro previo. Mabel y yo no necesitábamos sentarnos a conocernos”, dice Arellano, que admite que antes preparaba mucho el trabajo sobre el papel y ahora confía más en lo que nace en la sala de ensayo, y Mabel hace alusión “a lo telúrico”, como fuerza capaz de tirar por tierra cualquier plan cerrado para ensayar.
En la práctica, bromean con los papeles que han asumido. Mabel es el lado más maternal; y Arellano dice quedarse con el de poli malo. “Que Mabel venga del oficio de actriz -añade el director- aporta la mirada cómplice con quien está en el escenario. Yo les dejo que sufran un poco”, dice entre risas.

REFLEXIONES PARA EL PÚBLICO JOVEN
El trabajo de LaJoven, como su nombre indica, está dirigido fundamentalmente a un público de menor edad, y es ahí, cree Arellano, donde la obra encuentra su conexión más directa: “Cuando eres joven sueñas con fantasías, sueñas con cambiar el mundo, pero cuando eres mayor te das cuenta de que el mundo no lo puedes cambiar y te traicionas». Un señor… cualquiera habla de ese momento en el que las fantasías de la juventud chocan con la vida adulta, aunque sus conflictos sean, en apariencia, muy adultos. “Habla del ser humano, y eso siempre interesa, también a los jóvenes -añade Arellano-. A veces los subestimamos pensando qué puede interesarles, es un vicio muy español”. Del Pozo coincide: “Nos sorprenden siempre con las preguntas, con lo que les llama la atención y eso, además, es muy enriquecedor para la mirada adulta”.
Peralto apunta que han querido que el montaje, además de recuperar la voz de Mercedes Pinto, sea también un homenaje a las profesoras de lengua y literatura, ya que, mayoritariamente, son mujeres quienes imparten esa asignatura. Habrá talleres específicos para el profesorado, encuentros con el público, mesas redondas con la nieta de la autora, además de poder asistir a una lectura, interpretada por la propia Mabel del Pozo, de la conferencia El divorcio como medida higiénica.