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¿Dónde nace el deseo?

“Es una obra que habla de la imposibilidad de relacionarnos sin erosionar la psiquis del otro”

Matías Milanese, componente de Los Pipis Teatro junto a Federico Lehmann, es el autor de El hombre sin nombre, un texto teatral con un gran componente autobiográfico. Nacho De Santis es el encargado de la dramaturgia y la dirección de esta obra interpretada por Javier Orán que podrá verse dentro del IX Ciclo de Teatro Argentino de El Umbral de Primavera.

Matías y Nacho nos hablan de cómo ha sido el trabajo de montar esta obra en España, algo que también se ha podido llevar a cabo gracias a la producción de Ginés Alberto Sánchez para Meditea Teatro.

 

Foto de portada: Javiér Orán, protagonista de El hombre sin nombre.

 

Matías, ¿de dónde te nace la necesidad de escribir El hombre sin nombre

Matías Milanese: Yo nací en un barrio que no sale en la television, calles que fueron olvidadas por el gobierno y recovecos donde la seguridad financiera no llega. Nací en un país que es llamado “el culo del mundo”. En este lugar crecí y en su aire siempre sobrevoló un aura un poco melancólica disfrazada de arrogancia. Desde que soy pequeño he sentido la necesidad de relacionarme de una forma que, a los golpes, fui descubriendo no era la mas adecuada.

Esta incomodidad desubicada conviviendo con la lejanía de un lugar que no será, o al menos así lo sentí durante mucho tiempo, interesante para nadie, me llevó a conocer los bordes donde se difuminan las éticas y los deseos de la gente, quizás para salvar uno propio. ¿De dónde nace la necesidad de eyacular? Me pregunté mucho eso escribiendo El hombre sin nombre. ¿Por qué no puedo detenerme ante ese deseo que pareciera llevarse mi vida si no se consuma? ¿Los demás lo sienten igual o soy sencillamente débil?

Escribí El hombre sin nombre en un intento de intentar comprender mi sexualidad, mi genitalidad y mi obsesión por llevarme a los extremos con tal de sentir algo de placer por un momento. Quizás para callar la mediocridad de nacer lejos de donde viven los protagonistas de este planeta, quizás para sentir algo menos gris. ¿Cuál es el límite del deseo? ¿Cuándo dejamos de desear comenzamos a desear morir? ¿Qué catástrofe puede desencadenar una mano ajena mal puesta? Encontrar respuestas a esas preguntas fue la principal necesidad al escribir esta obra… pero no creo que haya podido encontrarlas.

 

¿Hay alguna parte de tu vida en la obra?

Matías Milanese: Sí, los dos primeros actos son cosas que me pasaron, trístemente, una de niño y otra de adolescente joven adulto. Y los anexos son una mezcla de todas esas cosas que en algún momento me importaron o a las que les tuve miedo o aprecio, presentadas una detrás de la otra.

 

¿Cuales son los temas principales que trata?

Matías Milanese: El deseo, la genitalidad, el sexo, los vínculos interpersonales, el abuso accidental, la ignorancia para con el cuidado de las infancias, el amor mal direccionado y sobre todo, la imposibilidad de las personas para relacionares con un otrx sin erosionar la psiquis. Intenté retratar el caos de estar muy asustado y cachondo al mismo tiempo.

 

¿Dónde nace el deseo? en Madrid
Matías Milanese

 

¿Y para ti, Nacho?

Nacho De Santis: El hombre sin nombre habla de cómo la vida nos obliga a quemar etapas, a crecer, a veces, a golpes. De las diferentes formas de escape ante el dolor y la búsqueda del placer. De cómo nos perdemos.

 

Esta obra se pudo ver en Buenos Aires en un formato de 15 minutos. ¿Cómo es la puesta en escena que habéis elaborado para esta ocasión?

Nacho De Santis: La puesta de 15 minutos fue elaborada para un formato de streaming durante la pandemia. Nos unieron a un actor con un director para trabajar sobre un texto que había ido a concurso. El monólogo se hacía en el teatro y era filmado para pasarse por Youtube. La puesta en escena en aquel momento era similar pero preparada para la cámara. Ahora hay imágenes nuevas sobre las que trabajamos. El audiovisual juega como inconsciente del personaje, lo no dicho, lo poético…

En Buenos Aires se pudo hacer con un pianista en vivo ya que era todo de una sola toma y el actor va sincronizado con las visuales y la música. Aquí la música es de Hugo Giardina, un músico compositor argentino.

 

¿Has abordado el texto tal cual, de una forma naturalista?

Nacho De Santis: Yo vengo en parte del teatro físico y a pesar de que es un relato en el que el personaje cuenta, hay algunos detalles que van de la mano del movimiento o el juego con las proyecciones, de hecho hasta se invita a bailar al público… ¡ojalá se anime la cosa!

 

¿Cómo has trabajado con Javier Orán para la puesta en escena? ¿Qué directrices le has dado para que plasme las miradas del texto?

Nacho De Santis: Javi es un excelente actor. Estoy muy contento de tenerlo en el equipo y haber podido trabajar juntos. En un primer momento planteamos la obra, lo que sería la coreografía y la puesta, lenguaje físico en el cuál Javi empezó a hallarse muy bien pero para él fue todo nuevo, y a partir de ahí comenzamos a profundizar sobre este personaje, algo del acento también porque es un argentino radicado en España. Y luego comenzamos a trabajar los tiempos del personaje central, El hombre, y los tonos de los cinco personajes que abarca, ya que la historia es un recorrido desde que El hombre es pequeño hasta que se hace adulto, y además hay algún otro personaje que se va sumando. Tomamos algunas referencias de cine argentino como Esperando la carroza o Martín H.

 

En la foto de promo que nos habéis pasado, vemos al relator de la historia y sobreimpresionado el Congreso de la Nación Argentina. ¿Qué queréis transmitir con eso?

Nacho De Santis: Es un momento de la obra en el que el actor habla de su país, de cuando él regresa a Buenos Aires tras un tiempo de transformarse en el hombre que hoy es y hace una analogía con el techo verde del edificio del Congreso de la Nación Argentina, haciendo mención al paso del tiempo y su significado.

 

Matías, ¿qué sentiste al ver el trabajo de Nacho de Santis sobre este texto tuyo?

Matías Milanese: Fue tranquilizador, como tomar un analgésico para el dolor. Nacho montó el segundo acto en su totalidad, que funciona como una historia aparte de la obra. El encuentro sexual fallido con un joven adulto suicida que no teme decirle a un adolescente que vivir no tiene un mayor sentido, que nada mejora y que no vale la pena aventurarse en completar la experiencia de la vida.  Creo que él hizo un trabajo muy bonito exponiendo la vorágine que esa experiencia significó y le aportó una sensibilidad y distancia muy interesante. Como de quien, quizás, ha atravesado un momento de angustia similar pero puede, al contrario de lo que pasa en la obra, aconsejarte que sigas intentándolo, que quizás sí puede ponerse mejor.

 

El texto destila bastante amargura en general. ¿Creéis que puede reflejar, de alguna manera, el sentir de una generación?

Matías Milanese: Quizás no solo el texto sino también mi visión sobre mi pasado y el mundo… qué deprimente (risas). Pienso también que yo en mi vida soy todo lo contrario y que soy considerada una persona más bien optimista. Es por eso que me parece interesante cómo, quizás, quienes tuvimos que escondernos por años, vivir adolescencias tardías post armarios, besarnos a escondidas, dudar en tomarnos de la mano, besar en la mejilla a alguien que amábamos para despedirnos porque la situación no nos permitía expresarnos libremente y sentirlo como una derrota, indefectiblemente tengamos una visión gris o deprimida de nuestros años más radioactivos. De escondite, de deseo mal colocado, de vergüenza y culpa cristiana.

No creo que esta obra represente el sentir de una generación, pero sí creo que le habla a esa pequeña minoría que entiende lo que es postergar sus fantasías para sobrevivir. Creo que los maricones somos personas, si se me permite generalizar horriblemente, que de alguna forma siempre estamos intentando buscar el disfrute, lo bello, el goce, la libertad en esta vida… sabrá ya Dios que nuestra lucha se encabeza con orgullo, pero que, aunque la sonrisa y el pecho estén primero, cargamos con infancias y adolescencias que se empeñaron en hacernos bien fuertes.

Nacho De Santis: Yo creo que puede reflejar lo de todos en la actualidad. Yo no soy de la generación de Mati y aun así me siento reflejado. Creo que es un estado actual, algo que se va destiñendo con el tiempo.

 

¿Qué elegimos contarnos para construir nuestra propia biografía?

Nacho De Santis: Que difícil la pregunta… Yo elijo contarme lo que hoy me hace crecer, lo que me identifique, lo que me acerque más al hombre que hoy quiero ser. Lo que me sirva de soporte para mantenerme en pie cuando todo alrededor me hace tambalear constantemente.

Matías Milanese:  En mi caso: la verdad. Lo más cercano, y propio, y verdadero. Sin cambiar una coma, por mas crudo que sea. Sin juzgarlo, pero repasando cada detalle. La potencia de lo propio. Lo conmovedor de lo cercano. ¿A quien le importa el príncipe de Dinamarca cuando en tu barrio no llega el agua potable?

 

¿Dónde nace el deseo? en Madrid
Nacho De Santis

¿Qué canción escucháis cuando dejáis atrás vuestra casa?

Nacho De Santis: Esta vez me hice una playlist que se llama Viaje hacia mí y le pedí a mis amigos de Argentina que cada uno me pasara un tema. De todos esos temas puedo mencionar a Fabiana Cantilo cantando un tema de Fito Paez que se llama Fue amor, una parte que dice justamente: “Hay un bumerán en la City mi amor, todo vuelve como vos decís”. De esto también habla la obra, de lo circular, de caer siempre en el mismo lugar. Una y otra vez.

Matías Milanese: ¿Yo?, A world alone, de Lorde.

 

¿Y qué pensáis cada vez que volvéis a ella?

Nacho De Santis: ¡Otra vez acá!

Matías Milanese: Que todo siempre es un poco mas pequeño que la ultima vez que estuve ahí.

 

¿Quién es el hombre sin nombre?

Nacho De Santis: La parte oscura de cada uno de nosotros que no nos da miedo reconocer. Nombrar.

Matías Milanese: Todos esos tipos con los que tuve sexo y me usaron. Todos esos tipos con los que tuve sexo y usé. Cada persona con la que me relacioné solo para recibir una satisfacción propia. La experiencia interaccional humana degradada en una transacción consumista… ¡Uy, que pesada me pongo! (risas).

 

Mati, ¿qué imagen te devuelve el móvil cuando se apaga? No verás una mirada gris siendo tan joven, ¿no?

Matías Milanese: Creo que no hay edad para la mirada paralizada por el miedo y la costumbre, pero siendo sincero, creo que me devuelve a alguien que escapa para convertirse en algo mejor.

 

¿Cómo os hace sentir el formar parte de este Ciclo de Teatro Argentino de El Umbral de Primavera?

Nacho De Santis: Yo me siento muy orgulloso. Es la segunda vez que participo y lo haré mientras me inviten y tenga las posibilidades. Es hermoso el trabajo del equipo de El Umbral de Primavera, me siento en casa.

Matías Milanese: Me da mucha alegría e ilusión, primero porque la temporada pasada presenté allí, junto con Federico Lehmann, mi compañero de vida y codirector de nuestra compañía de teatro, Los Pipis Teatro, nuestra obra El mecanismo de Alaska. Es un espacio que sentimos desde el primer momento como un hogar plagado de arte, militancia y resistencia del otro lado del mundo. Cosa que no es fácil de construir ni sostener, y que generen una movida tan interesante y plural como este ciclo habla de su interés por un teatro contemporáneo que no se encierra en lo conocido. Para mí, es un honor formar parte con esta obra y una responsabilidad muy grande, porque creo que en estos espacios, menos ‘mainstream’ o contaminados por ‘lo que vende y mola’ es donde se genera la verdadera experimentación artística.

 

¿Qué diferencias encontráis entre la escena teatral de Buenos Aires y la de Madrid?

Nacho De Santis: Para mí la diferencia radica en lo cultural. Creo que el Teatro se hace entre al menos de tres partes. Los artistas, con su búsqueda y creatividad. La producción privada o estatal, con sus posibilidades económicas, y el público con su demanda y gustos. Estos tres puntos hacen que la oferta teatral varíe en cada lugar y así mismo de una década a otra, por generaciones. No podría decir que lo que pasa en Buenos Aires es igual que lo que pasa en Madrid. A los argentinos nos tildan de melancólicos y profundos, por no decir depresivos, así como de divertidos y estereotipados a los españoles. Hay algo de eso en nuestro teatro, en nuestros intérpretes y en nuestro público. En Madrid las grandes producciones funcionan, también existe el dinero y quien lo tenga para gastarlo. Hay público para ello. En Buenos Aires el público se mueve mucho por los teatros independientes donde las temporadas pueden ser de varios años sin parar, cuando digo varios años digo más de cinco o diez años. En Buenos Aires es más común una salida al teatro hoy en día que ir de tapas. En Madrid el teatro es un momento casi de gala, un plan mensual, cuando el juntarse con amigos en un bar es cosa de casi todos los días. Algo de eso. La búsqueda es diferente y creo que fundamentalmente, por lo poco que puedo observar, la diferencia está en el público. En la demanda, hay grandes artistas en todos lados. Y hay grandes obras en todos lados. Creo que el Teatro es incomparable incluso en cada lugar. A mí me gusta ver todo tipo de teatro. Me gusta mucho en Europa en general el concepto de compañía donde por varias temporadas un mismo grupo investiga y trabaja juntos en la búsqueda de un lenguaje, también pasa en Buenos Aires, pero por lo general los grupos fluctúan de una obra a otra, donde los directores se ven obligados o invitados a trabajar con diferente equipo en cada proyecto. Aquí siento que resulta más difícil hacer equipo de trabajo para una sola temporada. Todo tiene sus pros y sus contras.

Matías Milanese: Yo creo que el arrojo en Buenos Aires es un poco mas automático, que no se piensa tanto a la hora de hacer. Me refiero a que no existe tanto la instancia de pensar si hacer esta obra va a traerme rédito económico, popular, prestigioso, placentero… la obra se hace y ya. Y quizas en España esas cuestiones pesan un poco mas a la hora de dedicarse de lleno a un proyecto. Sin embargo creo que, al menos en estos últimos años trabajando con conexiones con Madrid y Barcelona, ese freno es algo que de a poco va difuminándose. Con esto no quiero decir que trabajar de forma precarizada sea algo bueno, todo lo contrario, pero hay algo de la pasión intrínseca que el teatro propone que, considero, sólo se atrapa cuando no hay nada que detenga la inercia.

 

Y así, de primera mano, ¿qué está pasando en Argentina ahora mismo? ¿Cómo estáis viviendo la llegada de Javier Milei al poder?

Matías Milanese: Ahora mismo en Argentina estamos viviendo la mayor crisis cultural después de la dictadura. Principalmente porque nuestros dirigentes actuales son y representan la caída y el pisoteo absoluto de la cultura Argentina, que tan rica y nutritiva es para el mundo. Lo patético, voraz, inescrupuloso y ordinario es lo que hoy representa el poder en nuestro país. Y la llegada de Milei al poder la estoy viviendo con mucho terror, mucha vergüenza, y mucha tristeza. Argentina merece algo mucho menos patético que lo que hoy recibe. Ojalá vengan tiempos mejores.

 

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