Ir al contenido
REVISTA ONLINE
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
X-twitter Facebook Instagram Tiktok
  • Actualidad
  • Reportajes
  • Entrevistas
  • Cartelera Teatro Madrid
    • Cartelera
    • Ranking temporada 25/26
    • Obras más votadas
    • Guía de espectáculos de Danza
  • icono de la web de Festivales de Revista Godot
  • Formación
    • Noticias de Formación
    • Centros de Formación
  • Opinión
  • Más godot
    • más cultura
    • Concursos
    • Revista Online
    • Premios Godot
    • Sobre nosotros
    • Contacto
    • Aviso legal / Política de Privacidad
    • POLÍTICA DE COOKIES

Memoria, feminismo y cabaré anarcosicalíptico

  • septiembre 8, 2026
Por Ka Penichet

"El anarquismo sigue siendo un movimiento profundamente denostado"

Hay conversaciones que encuentran su lugar casi por azar. Esta tuvo lugar una mañana de julio en la plaza de Chueca, un espacio que, con el paso de los años, se ha convertido en símbolo de la conquista de libertades y de la reivindicación de derechos. No es el mismo combate del que habla LIBRES!!!, pero sí comparte una pregunta de fondo: cómo se construye una sociedad más libre y quiénes abren el camino para que otros puedan recorrerlo después.

A pocas semanas del estreno absoluto de la nueva producción del Teatro del Barrio, Esther F. Carrodeguas se detiene a hablar de las mujeres que la historia dejó en los márgenes y que ahora ocupan el centro de su nuevo texto. Dirigida por Andrés Lima e interpretada por Alba Flores, Laura Galán, Nüll García y la pianista Eva Valdelomar, LIBRES!!! llegará a la Sala Juan de la Cruz del Teatro de La Abadía del 11 de septiembre al 11 de octubre como un cabaré anarcosicalíptico que recupera la memoria de Mujeres Libres y de otras pioneras libertarias para reivindicar la alegría, el humor y la imaginación política como herramientas de transformación.

Durante más de una hora, la dramaturga gallega reflexiona sobre la Revolución Social de 1936, el anarquismo, el feminismo, la necesidad de recuperar las utopías y las contradicciones que atraviesan tanto a los personajes históricos como a quienes intentan cambiar el presente. También adelanta algunas claves de La Punzión, la obra que estrenará pocos meses después en el Teatro Valle-Inclán, y habla con honestidad de la crisis creativa, la inteligencia artificial y las dudas que acompañan hoy al acto mismo de escribir.

 

 

Foto de portada: Imagen promocional de LIBRES!!! ©Laura Ortega

LIBRES!!! rescata una genealogía de mujeres prácticamente ausente del relato oficial. ¿En qué momento descubriste a Mujeres Libres y qué hizo que sintieras la necesidad de escribir una obra sobre ellas en lugar de un ensayo o cualquier otro formato?

Escribo teatro, así que difícilmente habría elegido otro formato. Además, sobre Mujeres Libres existe bastante documentación publicada, que es precisamente la base de mi investigación.

Conocí a Mujeres Libres hace ya unos años, probablemente mientras investigaba para IRIBARNE o para Melón Pelado, la obra sobre las rapadas. No recuerdo exactamente en cuál de esos procesos apareció por primera vez, pero fue entonces cuando entré en contacto con su historia.

La dramaturga Esther F. Carrodeguas. ©Laura Ortega

En cualquier caso, LIBRES!!! nace de un encargo de Teatro del Barrio. Ana Belén Santiago me llamó y me propuso hacer una obra sobre Mujeres Libres que trazara una genealogía de mujeres libres o libertarias y en la que, además, estuviera presente la sicalipsis. No me indicó cómo debía articular esos elementos; esa decisión fue mía. Lo que hice fue apropiarme del lenguaje y del espíritu sicalíptico para contar la historia de Mujeres Libres, porque sentía que ambos universos podían dialogar de una forma muy fértil sobre el escenario.

Acepté el encargo con muchísima ilusión, aunque en realidad no tenía tiempo para escribir la obra. De hecho, inicialmente iba a estrenarse el año pasado. Pero me parecía un proyecto tan hermoso y tan conectado con mis intereses personales y políticos que quise hacerlo sí o sí.

 

En la nota de prensa se habla de ‘colapso de la imaginación política’. Es una expresión muy potente. ¿Crees que hoy hemos perdido la capacidad de imaginar futuros distintos?

Sí, es una idea sobre la que se ha escrito muchísimo y cada vez más personas nos estamos dando cuenta de que no tenemos un imaginario poscapitalista o posneoliberal. Las utopías que procedían del anarquismo o del comunismo libertario hoy se perciben como algo viejo, como proyectos que fracasaron. Si hablas de esas ideas, parece que eres una retrógrada. Y puede que haya algo de eso, pero lo cierto es que, por más libros que leo sobre nuevas utopías, todo el mundo coincide en que tenemos que buscarlas, aunque nadie ha encontrado todavía una forma clara de sortear el capitalismo.

Me parece fundamental, al menos, plantearnos esa búsqueda. Vivimos en un momento en el que, cuando imaginamos el futuro, casi siempre lo hacemos desde la distopía. Pensamos que todo va a ir a peor. Incluso hemos asumido la idea de que vivimos peor que nuestros padres o nuestros abuelos, y creo que eso es profundamente pernicioso. Es una percepción falsa. Tenemos educación pública, sanidad pública y un nivel de bienestar impensable hace apenas unas generaciones. Nuestros abuelos, en muchos casos, iban descalzos o vivían sin calefacción. Sin embargo, hemos interiorizado la idea de que el futuro sólo puede empeorar.

Creo que esa sensación de imposibilidad de mejorar le viene muy bien al capitalismo. Nos la han vendido y la hemos comprado. Por eso me parece importante romper con esa lógica y volver a creer que las cosas pueden cambiar. Porque la sociedad siempre ha cambiado; de hecho, está cambiando constantemente.

Aun así, reconozco que a mí también me da miedo pensar en el futuro. Muchas veces lo imagino de una forma muy negativa, precisamente porque nos cuesta visualizar cómo podría ser un cambio a mejor. Y, sin embargo, hay muchas cosas que mejoran cada día. Lo difícil es construir un imaginario capaz de sostener esa esperanza.

Yo, por ejemplo, ya me he ido a vivir a la aldea. Estoy allí con mi huerta y mis tomates. Este mes estoy en Madrid, pero ya tengo ganas de volver. Creo que existen otras maneras de vivir y que merece la pena apostar por ellas.

 

La obra no propone únicamente recuperar unas biografías olvidadas, sino recuperar también una utopía política. ¿Te interesaba tanto la memoria como preguntarte por aquello que todavía podría servirnos hoy?

Sin duda, ese espíritu estuvo presente desde el principio, tanto por mi parte como en el propio encargo. Como digo, es un encargo y siempre intento ser muy fiel a aquello que me proponen.

Desde el inicio existía la voluntad de recuperar qué aspectos de aquellas utopías clásicas e históricas pueden seguir siendo útiles hoy. Y creo que son muchos. De hecho, buena parte de las reivindicaciones de Mujeres Libres como la educación como fuente de emancipación, la importancia de la independencia económica de la mujer, la igualdad salarial, la necesidad de la conciliación, la maternidad consciente y el derecho a decidir, la legalización del aborto, la necesidad de abordar la cuestión de la prostitución…, siguen siendo demandas plenamente vigentes.

Por eso me parece tan interesante mirar hacia ese pasado y no solo hacia otros relatos históricos más habituales. Hay mucho que aprender de aquella tradición política. Estudiar el anarquismo es algo realmente fascinante.

 

Uno de los gestos más provocadores del texto es afirmar que aquellas mujeres no se llamaban feministas. ¿Qué te interesaba explorar en esa aparente contradicción entre anarquismo y feminismo?

Me parecía no solo interesante, sino necesario abordar esa cuestión, porque ellas rechazaban la palabra ‘feminista’. Eso nos obliga a preguntarnos cómo ha operado el feminismo a lo largo de la historia y cómo han ido cambiando sus significados.

Que hoy podamos considerar feministas muchas de sus reivindicaciones no significa que ellas se definieran así. A mí siempre me interesa ser justa con los hechos, me gusten más o menos. Y, sobre todo, me interesa abrir espacios de diálogo. Que existan contradicciones nunca me parece un problema, simplemente forman parte de la realidad.

Si eliminamos esas contradicciones, corremos el riesgo de romantizar a los personajes históricos. Y ese nunca me parece un camino interesante. Todos tenemos contradicciones y las figuras históricas también las tuvieron. Intentar borrarlas para convertirlas en ídolos perfectos no les hace justicia y, además, tampoco nos sirve a nosotros. Al contrario, reconocer esas contradicciones las humaniza. Nos recuerda que incluso las personas a las que admiramos estuvieron llenas de tensiones, de dudas y de paradojas. ¿Cómo no íbamos a tenerlas nosotros? Es imposible ser perfecta.

 

Hay un momento en el que las cabareteras dicen que una persona puede ser «machista y feminista», pero no «anarquista y feminista». Ese conflicto atraviesa también el anarquismo de los años treinta. ¿Te interesa cuestionar la idea de que los movimientos emancipadores están libres de reproducir otras formas de opresión?

Sí. Esa idea del ‘anarco machista’ me parece muy importante. Refleja hasta qué punto el patriarcado atraviesa todas nuestras vidas y cómo, cuando ocupamos una posición de poder, muchas veces somos incapaces de reconocer la violencia que ejercemos desde ese lugar. Nos ocurre como personas blancas europeas. Hay privilegios que cuesta ver precisamente porque forman parte de nuestra normalidad.

Me interesaba mostrar que esa contradicción también existía dentro de los movimientos revolucionarios. Muchas hemos conocido personas de izquierdas que, sin embargo, reproducían comportamientos machistas. Es algo que forma parte de la experiencia de muchas generaciones: padres, tíos o referentes políticos que defendían la igualdad mientras imponían normas distintas a las mujeres de su entorno. Piensas: «¿Cómo puede ser? Si te consideraba un referente de izquierdas, ¿por qué a mí me dices cómo tengo que vestir o hasta dónde puedo llegar?».

La obra me permitía abordar esa contradicción, que además siento muy cercana porque sigue existiendo hoy. Y resulta muy llamativo comprobar que hombres que convivían con mujeres que ya defendían ideas extraordinariamente avanzadas sobre la libertad seguían reproduciendo estas formas de machismo. Reconocer esas contradicciones no debilita esos movimientos; al contrario, nos ayuda a comprenderlos mejor y evita convertirlos en relatos idealizados.

 

Ensayo de LIBRES!!!. ©Laura Ortega

 

Frente a otros relatos sobre la Guerra Civil, decides prácticamente no contar la guerra. Lo que colocas en el centro es la Revolución Social de 1936. ¿Sientes que ese episodio sigue siendo un gran desconocido incluso dentro de la memoria democrática española?

Totalmente. El anarquismo sigue siendo un gran desconocido y, además, un movimiento profundamente denostado. Y eso resulta paradójico porque el anarquismo español fue uno de los movimientos anarquistas más importantes del mundo. Muy poca gente sabe eso.

Durante 1936 fue el movimiento con mayor implantación en el Estado. Había una cantidad enorme de personas afiliadas al anarcosindicalismo, mujeres y hombres. Sin embargo, siempre ha existido una cierta idea de culpa o de responsabilidad atribuida al anarquismo por el desenlace de la Guerra Civil. Creo que esa demonización tiene que ver con los conflictos entre las propias izquierdas y con el hecho de que, por definición, el anarquismo plantea posiciones radicales. No puedes ser anarquista sin cuestionar de raíz el sistema.

En ese reparto de responsabilidades y en esos choques internos, el anarquismo fue, probablemente, quien más perdió. No solo perdió la guerra, sino también su lugar en el relato histórico. Se recuerda muy poco un movimiento que fue extraordinariamente potente. Después llegó la dictadura: mucha gente murió, otra tuvo que exiliarse y otra guardó silencio para sobrevivir. Cuando por fin fue posible volver a hablar de todo aquello, el relato de la izquierda había quedado, en buena medida, articulado desde otras tradiciones políticas y el anarquismo terminó desdibujándose.

Me parece una pena porque es un movimiento fascinante, tanto desde el punto de vista teórico como desde la práctica política. Además, hay una idea muy extendida que hemos discutido mucho durante el proceso de creación de LIBRES!!!, con las actrices y con todo el equipo: identificar anarquismo con caos. En cuanto estudias un poco su historia descubres que es exactamente lo contrario. El anarquismo exige organización, coordinación y responsabilidad colectiva. No propone el caos, sino una forma distinta de organizar la convivencia.

También me interesa especialmente su concepto de libertad. Ya que estamos en Madrid, diré que es una idea de libertad muy distinta de la que hoy se invoca desde determinados discursos políticos. La libertad anarquista nunca puede construirse dañando a quien tienes al lado. Tampoco al entorno, a los animales o al ecosistema. No consiste en hacer lo que uno quiera sin asumir las consecuencias.

La verdadera libertad solo existe si puede convivir con la libertad de los demás. Si mi libertad perjudica a otra persona, deja de ser libertad y pasa a convertirse en otra cosa. Esa idea me parece de una enorme actualidad y, sin embargo, quedó sepultada bajo una caricatura que identifica el anarquismo con el desorden. Una caricatura que, desde luego, no nace del propio anarquismo, sino de quienes han tenido interés en desacreditarlo como pensamiento y como práctica política.

 

Has elegido el cabaré y la sicalipsis como lenguaje escénico para hablar de política. ¿Qué posibilidades ofrece el humor que quizá no ofrecen el drama histórico o el teatro documental?

La idea de mezclar el universo de las sicalípticas con el de Mujeres Libres ya estaba en la propuesta inicial de Ana Belén Santiago, de Teatro del Barrio. A partir de ahí, el cabaré me ofrecía una enorme libertad narrativa. Me permitía ir hacia delante y hacia atrás en el tiempo, jugar con el relato y construir una estructura muy flexible, muy jugosa desde el punto de vista escénico. Además, las sicalípticas dejaron un repertorio de canciones potentísimo. En muchos casos bastaba con cambiar cuatro palabras para que aquellas letras dialogaran perfectamente con el presente o con la historia que queríamos contar. Todo ese juego fue un auténtico disfrute. Me pasaba el día en casa cantando cuplés y adaptando letras. Es una de esas obras que se escriben con mucho placer. Y había otra premisa que para mí era fundamental: mostrar un anarquismo que no fuera solemne. A menudo hablamos de política desde una enorme gravedad, y nosotras queríamos colocarnos en otro lugar, el lugar de la alegría, de la celebración del humor y del deseo como formas de transformación. Para mí era muy importante que en la obra entrara la alegría de vivir y el cabaré permitía contar todo eso sin renunciar al pensamiento político.

 

La alegría y el humor atraviesan toda la función, pero el gran hallazgo parece ser convertir la sicalipsis en el lenguaje desde el que se cuenta la historia de Mujeres Libres. ¿En qué momento descubriste que esa era la forma que debía tener la obra?

A veces parece que, cuando hablas de teoría o de política, todo tiene que ser serio y sesudo. Y nos apetecía romper con esa idea. Si queremos una sociedad más libre, si queremos una vida más anárquica en el mejor sentido del término, es precisamente para vivir mejor, para vivir con más alegría y más felicidad.

No queríamos hacer una obra solemne sobre el anarquismo. Todo lo contrario. Queríamos transmitir que se trata de una forma de entender la vida que busca convivir mejor con una misma, con los demás y con el entorno. El humor era una herramienta imprescindible para contar eso. De hecho, el gran hallazgo dramatúrgico de la obra fue precisamente encontrar ese tono. Para mí, ese momento en el que descubres cómo debe hablar una obra es siempre el más importante del proceso de escritura. Cuando encontré esa idea, la de contar la historia de Mujeres Libres utilizando el lenguaje y el espíritu de la sicalipsis, se la envié enseguida a Ana Belén Santiago y a Andrés Lima. Ahí sentí que la obra, por fin, había encontrado su forma.

También entendí que no tenía sentido convertir a las sicalípticas en protagonistas del relato. Sus biografías eran mucho más complejas y contradictorias. Aunque fueran mujeres con una cierta autonomía económica y una presencia pública poco habitual para la época, trabajaban en un mundo profundamente atravesado por el machismo: los textos los escribían hombres, los empresarios eran hombres y el público al que se dirigían era mayoritariamente masculino. Estaban sobre el escenario haciendo reír, cantando cuplés y enseñando el cuerpo para entretener a los hombres. Eran mujeres libres en algunos aspectos, sí, pero eso no las convierte automáticamente en referentes feministas. Muchas terminaron casadas, muchas sufrieron violencias y sus trayectorias vitales están llenas de contradicciones. Por eso el verdadero hallazgo fue que las sicalípticas no aparecieran como personajes históricos, sino como un registro escénico, como un lenguaje desde el que contar la historia de Mujeres Libres. Creo que esa decisión le da mucha fuerza al espectáculo, porque el cabaré funciona extraordinariamente bien como dispositivo para narrar, pensar y, al mismo tiempo, celebrar.

 

En la obra aparecen figuras muy conocidas, como Federica Montseny o Clara Campoamor, junto a otras desconocidas para el gran público, como Teresa Claramunt, Guillermina Rojas o Lucía Sánchez Saornil. ¿Cómo fue el proceso de decidir quiénes entraban y quiénes inevitablemente quedaban fuera?

Fue una decisión muy difícil. La obra parte de Mujeres Libres, así que las tres fundadoras de la organización tenían que estar, eso era indiscutible.

Después, para mí, Teresa Claramunt y Guillermina Rojas eran imprescindibles porque el encargo no consistía sólo en hablar de Mujeres Libres, sino en construir una genealogía de mujeres libertarias. Ellas representan ese origen. Nos permiten remontarnos hasta finales del siglo XIX y comprobar que ya entonces había mujeres pensando en el amor libre, cuestionando el matrimonio y defendiendo ideas de emancipación que hoy seguimos considerando muy avanzadas. Me parecía fundamental recuperarlas porque son la auténtica punta de lanza de esa genealogía.

Luego hay figuras como Victoria Kent o Clara Campoamor, que aparecen en una escena más cómica. Son personajes mucho más reconocibles para el público y, aunque no pertenecen al ámbito libertario, me interesaba incorporarlas porque funcionan como puntos de anclaje histórico. Ayudan a situar la acción en una época concreta y a relacionar el relato con referentes que el espectador ya conoce. Además, permiten contextualizar que, mientras unas mujeres estaban desarrollando un pensamiento libertario, otras estaban ocupando espacios de poder o impulsando avances desde lugares muy distintos.

En cualquier caso, la selección fue complicadísima. En cuanto decides que no vas a hablar solo de Mujeres Libres, sino de toda una genealogía de mujeres libertarias, la cantidad de información se multiplica. Y eso es algo que me ocurre siempre al escribir, paso mucho más tiempo eliminando material que escribiéndolo. Encuentras historias fascinantes y quieres contarlas todas. Piensas: «También tiene que entrar esto. También aquello». Pero llega un momento en que hay que elegir.

De hecho, Andrés Lima me recordaba constantemente que el espectáculo seguía creciendo y que había que cortar. Todavía ahora me dice: «Dios mío, creo que nos vamos a pasar de duración». Y yo le respondo: «Bueno, bueno… confía».

 

El director Andrés Lima durante un ensayo de LIBRES!!!. ©Laura Ortega

 

El texto está lleno de referencias históricas, citas, fechas y acontecimientos muy concretos, pero nunca renuncia al juego teatral. ¿Cómo has trabajado el equilibrio entre el rigor histórico y la libertad de la ficción?

Siempre intento trabajar así. De todas mis obras, LIBRES!!! es probablemente la que más se parece a IRIBARNE. Puede haber algún chiste o alguna pequeña licencia dramática muy puntual, pero la información histórica está muy documentada. Si digo que una persona murió en un determinado año o que protagonizó un determinado episodio, es porque sucedió así. La ficción no está en los hechos, sino en la forma de contarlos.

Me interesa que el estilo funcione como una especie de miel que ayuda a hacer pasar esa información. Hay un trabajo de ficcionalización desde el lenguaje, el humor o la estructura, pero no desde los datos. Eso hace que el relato resulte más atractivo para quien lo recibe sin renunciar al rigor histórico.

En IRIBARNE, por ejemplo, sí hay alguna condensación temporal o alguna referencia desplazada para facilitar la narración, pero son ajustes mínimos. En LIBRES!!! creo que ni siquiera ha sido necesario. Prácticamente todos los datos que aparecen en la obra son reales y eso me permite construir un espectáculo en el que la información histórica está presente, pero envuelta en un lenguaje teatral que la hace más accesible y más disfrutable.

 

Muchas de las reivindicaciones de Mujeres Libres como la educación, conciliación, aborto, igualdad salarial, sexualidad o la vivienda, siguen formando parte del debate público noventa años después. ¿Qué sentiste al comprobar hasta qué punto muchas de aquellas demandas siguen abiertas?

Es algo que me parece absolutamente increíble. Por eso soy una auténtica fan de Mujeres Libres y de la Revolución Social de 1936. Muchas de las reivindicaciones que planteaban entonces son exactamente las mismas que seguimos formulando hoy. Y algunas de las propuestas que defendían hace casi un siglo todavía resultarían demasiado avanzadas para una parte de la sociedad.

Cuando descubres eso, no puedes evitar preguntarte: ¿cómo es posible? Esta gente ya estaba pensando así hace cien años. ¿Dónde estaban? ¿Por qué no las conocemos? ¿Por qué nadie nos contó esta historia? Me parece realmente asombroso.

Al mismo tiempo, genera una enorme sensación de impotencia pensar en todo lo que supusieron la Guerra Civil y la dictadura, en todo lo que quedó silenciado. Es inevitable preguntarse qué habría pasado si aquel proceso no hubiera sido interrumpido por cuarenta años de franquismo. ¿Cómo sería hoy la historia de España? Probablemente aquella reacción tan brutal también fue una respuesta al enorme grado de libertad que se estaba conquistando.

Y, sin embargo, creo que algo de todo aquello ha permanecido. Quizá por eso no resulta tan extraño que España haya sido, en distintos momentos, pionera en determinadas leyes y conquistas sociales. Hay una frase de Federica Montseny que me gusta mucho: habla de un río que sigue corriendo por debajo. Creo que es una imagen muy hermosa. En algún lugar, aquellas mujeres pensaron la libertad, la vivieron y la transmitieron. De alguna manera, ese legado sigue formando parte de nuestro imaginario colectivo, de nuestro ADN cultural. Lo hemos heredado, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. Y, por eso, de vez en cuando vuelve a emerger.

 

Este proyecto nace dentro de la conmemoración de los cincuenta años de España en libertad. ¿Qué lectura propones sobre esa celebración desde una obra que recuerda una revolución derrotada y una memoria largamente silenciada?

No conozco en detalle todas las acciones concretas del Comisionado, así que sería injusto hacer una valoración global. Sí me parece bonito que, en este caso, se esté apostando por una revisitación de nuestra historia desde la cultura y, además, con apoyo institucional. Creo que es importante respaldar proyectos que inviten a mirar el pasado desde nuevas perspectivas. En mi experiencia, he trabajado con absoluta libertad. De hecho, como dramaturga me enteré bastante tarde de que este proyecto iba a estar financiado con fondos del Comisionado. Nadie me pidió cambiar una coma ni tuve en ningún momento la sensación de que tuviera que orientar el texto hacia una lectura concreta. Para mí eso es imprescindible. La libertad creativa es irrenunciable y cualquier forma de censura me parece muy preocupante. En ese sentido, me parece positivo que esta celebración apueste por permitirnos pensar. Y permitir pensar también implica financiar ese pensamiento, porque es imposible hacer teatro sin recursos. Se están destinando fondos a muchos proyectos y a redes de programación de espectáculos que no crea el propio Comisionado, es decir, no se está imponiendo un discurso, sino facilitando que circulen propuestas diversas. Eso me parece una buena noticia.

 

Andrés Lima dirige el espectáculo. ¿Cómo ha sido el diálogo entre tu escritura y una dirección tan acostumbrada a abordar grandes relatos políticos desde la escena?

Es muy bonito trabajar con Andrés. Al principio, como no lo conocía, tampoco sabía cómo iba a ser la experiencia. Siempre que trabajas con alguien por primera vez, y más con una persona que tiene la trayectoria y el prestigio de Andrés, hay cierta incertidumbre. Además, es un referente para nosotros también como compañía, ButacaZero, así que aparece un poco el síndrome de la impostora. Piensas: «Yo tengo cuatro obras escritas (cuatro o cuarenta)», en comparación con alguien como él son pocas.

Desde el principio me gustó muchísimo trabajar con él. El diálogo fue muy fluido y eso fue muy bonito. Siempre digo que confió completamente en mi trabajo sin conocerlo, porque, de hecho, no había visto ninguna de mis obras. En ningún momento sentí una actitud de «a ver qué escribe esta niñata», que podría haber temido encontrar. Al contrario, desde el primer momento me hizo sentir muy segura. Y luego, durante los ensayos, también fue una experiencia fantástica. Como dramaturga no tendría por qué estar presente físicamente, pero siempre que puedo voy porque me encantan los ensayos, y en un cabaré son un auténtico disfrute. Andrés tiene un trato muy amable, es una persona muy divertida y muy afable. La verdad es que ha sido muy bonito trabajar con él.

 

Las actrices de LIBRES!!! durante un ensayo. ©Laura Ortega

 

La obra termina invitando al público a «soñar, luchar y organizarse». En una época marcada por el desencanto, ¿crees que el teatro todavía puede ser un lugar desde el que imaginar colectivamente otras formas de vivir?

Claro, quienes hacemos teatro siempre pensamos que es un lugar maravilloso; si no, no estaríamos aquí. Soy una fanática del teatro, como profesión y como afición, porque creo que aporta muchísimas cosas. Además, me parece significativo que cada vez haya más público. No es casualidad. El teatro es un espacio en el que nos reunimos físicamente, compartimos una experiencia y, al salir, podemos seguir hablando, tomar algo, discutir o comentar lo que hemos visto. Honestamente, me parece un espacio privilegiado, y quien no va al teatro, en mi opinión, se está perdiendo algo muy valioso. Es un lugar maravilloso para reflexionar, pensar y también divertirse. Hay propuestas más orientadas a la reflexión y otras al entretenimiento, pero eso da igual. Lo importante es que cada vez necesitamos más el contacto humano, alejarnos durante un rato de las pantallas y recuperar un tiempo de presencia. El teatro ofrece precisamente eso, y sigue funcionando porque a la gente le gusta estar con otras personas y ver cuerpos reales sobre un escenario. También pienso que, cuanto más avance la inteligencia artificial en nuestras vidas, más valor tendrá el teatro. Será uno de los pocos lugares donde sabremos que lo que estamos viendo está sucediendo de verdad. En el cine ya no sabemos hasta qué punto lo que aparece en pantalla es real; con las fotografías ocurre algo parecido. Creo que los espacios donde el cuerpo está presente van a adquirir una importancia nueva en los próximos años. Estoy convencida de ello.

 

Este otoño estrenas dos obras muy distintas: primero LIBRES!!! con Andrés Lima y después La Punzión, dirigida por Beatriz Jaén en el CDN. Una mira hacia una genealogía colectiva de mujeres revolucionarias; la otra parece encerrarse en la cabeza de una mujer contemporánea atravesada por la duda. ¿Sientes que, en el fondo, ambas hablan de la misma pregunta desde lugares diferentes?

No sé si hablan exactamente de la misma pregunta desde lugares diferentes, pero sí creo que La Punzión nace, precisamente, de esa imposibilidad de la utopía, de esa imposibilidad de ser. Y creo que en LIBRES!!! también está, en el fondo, esa idea: la dificultad de ser como una quiere ser, de cómo el mundo te modifica o de cómo tú misma no consigues llegar a aquello que deseas. Son obras bastante distintas. LIBRES!!! parte de una investigación histórica, mientras que La Punzión es una obra mucho más personal. No hay una investigación de ese tipo detrás; siempre investigas cosas, claro, pero esta es una ficción que nace de mi propia percepción del mundo, de mis dudas, de mis crisis y también de las crisis de mi generación. Muchas de las cosas que le ocurren a Carlota no son experiencias mías en concreto, pero sí pertenecen a la gente de mi generación. Por eso la siento como una obra muy generacional, sobre lo difícil que nos resulta hacer cosas, tomar decisiones o encontrar una forma de actuar. En ese sentido conecta con lo que hablábamos antes sobre la crisis de la utopías, vemos que muchas cosas no nos gustan y nos preguntamos constantemente qué podemos hacer para cambiarlas. ¿Cómo actuamos? ¿Cómo sobrevivimos? ¿Cómo sabemos cuál es el mejor camino?

Carlota es un personaje que vive instalada en la duda. No sabe si quiere congelar sus óvulos o no, si quiere tener hijos o no, si quiere seguir siendo activista o marcharse a vivir al pueblo. Está todo el tiempo preguntándose: «¿Qué es lo mejor?». Y creo que muchísima gente de nuestra generación vive dudando continuamente, intentando ser perfecta, queriendo ser la mejor persona posible, la más coherente políticamente, mientras sobrevive trabajando, muchas veces explotada o autoexplotada, sin llegar a los lugares a los que aspiraba. Hay una sensación de agotamiento y de incertidumbre que veo constantemente a mi alrededor, y creo que La Punzión consigue condensar bastante bien ese estado de ánimo compartido por mucha gente de mi generación.

 

En la nota de autora de La Punzión confiesas algo poco habitual: que llegaste a sentir que ya no tenías derecho a hablar de determinados temas y que ese bloqueo fue una auténtica crisis creativa. ¿Te preocupa que el debate sobre la representación y la apropiación de los discursos pueda terminar limitando la ficción en lugar de hacerla más compleja?

Sí, lo comentaba en la nota porque, justo cuando empecé a escribir La Punzión, tenía dos proyectos en mente. Uno era una obra sobre la inmigración en Lavapiés, sobre ese contraste entre lo que ocurre dentro de un teatro burgués y lo que sucede justo delante, en la plaza. Me interesaba mucho esa convivencia entre dos realidades que están una frente a la otra y, sin embargo, apenas se conocen. Esa idea aparece finalmente en La Punzión, pero solo como punto de partida. El otro proyecto era una obra sobre La Trini, una activista transexual e intersexual de los años setenta. Era gallega, aunque pasó gran parte de su vida fuera de Galicia, y una amiga mía la entrevistó mucho durante sus últimos años, así que disponíamos de una documentación muy valiosa. A Beatriz también le interesaba muchísimo ese proyecto, pero cuando me puse a escribir me di cuenta de que no quería hacerlo. Pensé que probablemente recibiría críticas por no pertenecer a ese colectivo, y eso lo podía soportar. Pero el problema no era ese. El problema era que yo misma sentía que no era la persona adecuada para contar esa historia. La Trini hablaba constantemente de cómo el colectivo le había salvado la vida. Y yo no tengo esa experiencia. No pertenezco a un colectivo que me haya salvado de esa manera, ni comparto esa vivencia. Es verdad que en otras obras también he escrito sobre realidades que no he vivido en primera persona, LIBRES!!! es un ejemplo evidente, pero en aquel momento sentía que esa historia no me correspondía contarla. Me pareció importante escuchar esa intuición. No significa que nadie pueda escribir sobre otras realidades, sino que, en ese momento concreto, yo sentía que no debía hacerlo. La Trini finalmente aparece como un personaje secundario, pero bastante importante, en La Punzión. Y, de hecho, ojalá alguien se anime a escribir una obra sobre ella, porque su historia es fascinante. Yo soy dramaturga, me documento y puedo escribir sobre muchísimas cosas, sin embargo, en este caso sentí que esa no era una historia que me correspondiera contar.

 

Laura Galán, Nüll García, Alba Flores y Eva Valdelomar en LIBRES!!!. ©Laura Ortega.

 

En esa misma nota cuentas que empezaste a escribir la obra dialogando con ChatGPT. Más allá de la anécdota, ¿qué descubriste sobre tu propio proceso creativo al conversar con una IA?

Sí. Estaba inmersa en esa crisis de «¿hago esto o hago lo otro?», y una noche pensé: «Voy a preguntárselo a ChatGPT a ver qué me dice». Eran conversaciones absurdas de las cinco de la mañana, agotada, casi borracha de cansancio. Le preguntaba qué obra creía que debía escribir o cuál podía funcionar mejor. Todo ese proceso acabó siendo muy interesante porque la inteligencia artificial terminó ocupando un lugar importante dentro de La Punzión. Casi es un personaje más de la función.

Lo primero que descubrí fue cómo funciona realmente una IA, porque hasta entonces tenía muy poco conocimiento sobre ella. Después entendí de qué manera podía integrarla en mi propia dramaturgia. Nos guste o no, ya forma parte de nuestro presente; de hecho, diría que ya es pasado, no futuro. Ya está aquí y vamos a convivir con ella.

Me interesaba explorar un uso creativo de la inteligencia artificial, no un uso para copiar o sustituir la creación. Al contrario, utilizarla como una herramienta que expanda las posibilidades creativas y no que las limite. También descubrir cuáles son sus límites, qué cosas no puede hacer y cuáles sí pueden ahorrarte mucho tiempo. Por ejemplo, transcribir una entrevista como esta.

Ese aprendizaje me pareció muy valioso porque creo que es un camino que, como sociedad y como creadores, vamos a tener que recorrer. A mí me encanta plantar tomates y llevar una vida tranquila, pero también entiendo el mundo en el que vivo. Como creadora no puedo negarme a las herramientas de mi tiempo.

La historia demuestra que rechazar los avances tecnológicos suele ser un error. Quienes se negaron a utilizar la fotografía cuando apareció terminaron desapareciendo. Yo misma me compré una cámara analógica cuando empezaban a imponerse las digitales y, dos años después, ya casi no había sitios donde revelar carretes. La tecnología acaba imponiéndose.

Como creadora siento que tengo la responsabilidad de estar conectada con el presente. Habrá artistas que decidan explorar lenguajes más vintage o mantenerse al margen, y me parece estupendo. Pero, en mi caso, creo que debo conocer las herramientas con las que trabaja la gente de hoy. Si no, corres el riesgo de quedarte creativamente vieja.

Por eso creo que debemos aprender a convivir con la inteligencia artificial y entender qué puede aportarnos. Insisto: la IA ya no es el futuro, es el presente. El futuro será otra cosa, y seguramente llegará mucho antes de lo que imaginamos.

 

Carlota, la protagonista de La Punzión, vive paralizada por la exigencia de estar a la altura de sus ideales. ¿Crees que esa sensación de insuficiencia permanente atraviesa también a buena parte del activismo contemporáneo?

Yo creo que sí, completamente. Y no solo atraviesa al activismo, sino a la vida en general. Es imposible estar a la altura de un ideal absoluto. Tengo una amiga que dice una frase que me gusta mucho: «Militamos en las causas que podemos». Resume bastante bien esa sensación. Es como decir: «No hago una cosa, pero sí bebo Coca-Cola». Es un ejemplo muy simple, pero expresa una realidad, no podemos estar en todo. No podemos ir a todas las manifestaciones, ni apoyar todas las causas, ni estar delante de todos los desahucios. Es imposible, incluso para la persona más activista. Yo, además, no soy una gran activista de acción. En Madrid hay muchísima movilización y siempre está ocurriendo algo, pero, aun así, aunque seas la persona más implicada de tu barrio, nunca puedes llegar a todo. Y eso genera una frustración enorme, porque siempre sientes que deberías haber estado también en aquello otro. ¿Cómo eliges las causas en las que implicarte? ¿Dónde inviertes tu tiempo, tu energía o tu dinero? ¿A qué asociación apoyas? ¿Qué lucha priorizas? Si tienes una causa muy clara, por ejemplo, el animalismo, puedes dedicarte plenamente a ella y dejar el resto en un segundo plano. Pero cuando sientes que todas las luchas son importantes, elegir se vuelve muy difícil. Y esa dificultad genera una sensación permanente de insuficiencia. A mí muchas veces me ocurre pensar: «¿Cómo es posible que esta ley todavía no haya cambiado?». Hay debates que me hacen sentir que seguimos viviendo en la Edad Media. Entonces resulta muy agotador sostener unos ideales que chocan constantemente con la lógica del neoliberalismo y del capitalismo.

 

Tanto en LIBRES!!! como en La Punzión aparecen mujeres que se contradicen, que dudan, que se equivocan y que no siempre son ejemplares. ¿Te interesa precisamente escapar de esos personajes femeninos convertidos en referentes impecables?

Sí, porque creo que precisamente ahí está el interés. A mí me encantan los personajes y las historias llenas de contradicciones porque generan pensamiento, y eso es lo que más me interesa provocar en el público. No me gusta decirle a la gente lo que tiene que pensar ni cómo son las cosas. Entre otras razones, porque yo tampoco tengo esas respuestas. Me interesa mucho más que el público salga del teatro haciéndose preguntas, discutiendo, dialogando o incluso contradiciendo mis planteamientos. Eso no me preocupa en absoluto. Lo que sí me daría angustia sería que salieran de una función y solo hablaran del tiempo. En cambio, cuando la gente sale de IRIBARNE y se va al bar a discutir de política, pienso: «Bien, ha pasado algo». Eso me parece mucho más valioso. Las personas somos contradictorias. Es imposible ser perfectas. Y, además, ¿qué significa realmente ser perfecto? Humanizar a los personajes, con todas sus contradicciones, me parece mucho más interesante porque permite que aparezca el pensamiento y el debate.

 

Este otoño el público va a encontrarse con dos autoras aparentemente distintas: la que canta la revolución en un cabaré anarco sicalíptico y que convierte una crisis creativa y existencial en teatro. Si alguien viera las dos funciones ¿qué crees que descubriría sobre ti como autora?

No lo sé. Fíjate que La Punzión es una de las primeras obras de ficción pura que escribo. Habitualmente trabajo desde la investigación. En realidad hago casi periodismo, que fue mi primera carrera. Mis obras suelen partir de personajes, acontecimientos o procesos históricos: Mujeres Libres, IRIBARNE… Siempre hay una documentación detrás. La Punzión, en cambio, nace completamente de la ficción. Y, sin embargo, creo que conecta mucho más directamente conmigo como escritora y con mi manera de mirar el mundo. Cuando escribes sobre personajes históricos no puedes decidir lo que hacen. Lucía Sánchez Saornil hizo lo que hizo y yo tengo que contarlo; no puedo inventármelo. En esta obra sí pude permitirme ser más yo. Eso también fue un regalo. Siempre tengo la sensación de que, si vas a ocupar un escenario y va a haber un montón de gente escuchándote, tienes que contar algo importante, casi como si tuvieras la obligación de salvar el mundo. Soy bastante obsesiva con esa idea. Sin embargo, La Punzión me permitió hablar de mí, aunque en realidad es una forma de hablar de nosotras, de cómo vivimos y de las contradicciones de toda una generación.

Dicho esto, creo que las dos obras tienen bastantes cosas en común. Comparten una forma de escribir, un ritmo muy marcado, una cierta escritura fragmentaria, el verso libre, las dudas, las contradicciones y esa manera de poner en diálogo ideas que nunca terminan de resolverse del todo. En el fondo, ambas funcionan un poco como mi propia cabeza. Siempre estoy pensando: «Me encantaría hacer esto, pero… ¿es justo?, ¿me corresponde?, ¿me lo merezco?». Esa conversación interior está presente en las dos obras, aunque una mire hacia la historia y la otra hacia el presente.

 

La Punzión se escribe con z, una decisión que llama la atención desde el propio título. ¿Qué hay detrás de esa grafía y qué dice, de algún modo, de la generación y del universo que retrata la obra?

Es una tontería absoluta, pero desde el principio visualicé La Punzión con z. No había un motivo racional. Simplemente me parecía una palabra más punk, aunque ahora me doy cuenta de que es un punk muy de otra época. Cuando empecé a enseñarlo, todo el mundo me preguntaba por qué iba con z y yo no sabía qué responder. Pero Beatriz Jaén y yo ya nos habíamos acostumbrado a verla escrita así y el título terminó imponiéndose. Lo divertido es que la gente más joven con la que trabajo me decía: «Esther, eso de escribir con z es antiquísimo». Y tenían razón. Me di cuenta de que esa forma de entender lo moderno pertenece precisamente a mi generación. Cuando yo tenía veinte años, escribir una palabra con z era una forma de parecer transgresora. Hoy ya no lo haría alguien de veinte, pero tampoco alguien de sesenta. Es un gesto muy generacional. Al final entendí que por eso mismo el título funcionaba. Tiene algo de moderno vintage, de una modernidad que ya ha envejecido, y creo que conecta muy bien con la protagonista de la obra y con esa generación que retrata, personas que crecimos creyendo que ciertas formas de ser y de pensar eran nuevas y que ahora nos descubrimos habitando otro tiempo. Por eso, cuando tuve que decidir entre escribirlo con c o con z, ya no hubo duda: tenía que ser La Punzión.

 

Toda la cartelera de obras de teatro de Madrid aquí

Alba Flores, Andrés Lima, Beatriz Jaén, CDN, Centro Dramático Nacional, Esther F. Carrodeguas, Eva Valdelomar, La Punzión, Laura Galán, Libres!!!, Nüll García, Teatro de La Abadía, Teatro del Barrio
Comparte este post
SUSCRÍBETE
Política de Protección de Datos / Política de Cookies
Facebook X-twitter Instagram Tiktok
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
  • Revista Online
  • Cartelera teatro Madrid
  • Centros de formación
  • Premios Godot
  • Concursos
  • Sobre nosotros
  • Contacto
  • Concursos
  • Sobre nosotros
  • Contacto
  • Obras más votadas
  • Ranking Mejores Obras
  • búsqueda avanzada de obras
  • Obras más votadas
  • Ranking Mejores Obras
  • búsqueda avanzada de obras

Revista GODOT es una revista independiente especializada en información sobre artes escénicas de Madrid, gratuita y que se distribuye en espacios escénicos, además de otros puntos de interés turístico y de ocio de la capital.

Revista de Artes Escénicas GODOT © 2026
Desarrollado por Precise Future
Gestionar consentimiento
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos. El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.
  • Administrar opciones
  • Gestionar los servicios
  • Gestionar {vendor_count} proveedores
  • Leer más sobre estos propósitos
Ver preferencias
  • {title}
  • {title}
  • {title}