Su propia vida, atravesada por abortos, migración y maternidad, entre otras cosas y durante los últimos años, todas relacionadas con el hecho de ser mujer, forma parte de los últimos trabajos de la coreógrafa y bailarina brasileña Mari Paula, afincada en Cantabria y madre de una pequeña de seis meses.
Lake Machine, que visita Madrid por primera vez desde su estreno el año pasado, recorre el cuerpo de la mujer y el dolor que lo parte con la pérdida. Podrá verse en Contemporánea Condeduque los días 18 y 19 de junio.
A veces, lo autobiográfico atraviesa una obra con tal intensidad que rasga, hiere, también a quien la ve. “Como un cuchillo”, dice Mari Paula (Brasil, 1984) y se refiere al aborto, a los tres que sufrió antes de parir a la pequeña Iris, su hija de seis meses. Habla de Lake Machine, su último trabajo estrenado en octubre del año pasado en el Palacio de Festivales de Santander, que se verá por primera vez en Madrid el 18 y 19 de junio en el Centro de Cultura Contemporánea CondeDuque. Y habla también de lo que es ser mujer y revisitando algunos clásicos. De parir y no llegar a ser madre; de parir y serlo y del dolor de uno y otro estado. “La maternidad es un trabajo complicado y poco valorado. Nadie te advierte de verdad de lo difícil que puede llegar a ser si no tienes una red de apoyo cerca”, comienza la coreógrafa hablando de uno de los aspectos del momento vital en el que se encuentra y que es, también, inspiración y reflexión en este montaje. “Pienso mucho en la lactancia, por ejemplo. Comprar leche para tu bebé de pocos meses es carísimo, sin embargo, si le das de mamar, nadie te paga por hacerlo”.

Los inicios de este Lake Machine se encuentra en una querencia de la coreógrafa por revisitar los personajes y roles de mujeres como Odette y Odile de El lago de los cisnes, y Ofelia, de Hamlet, tres clásicos asociados a estereotipos de feminidad rígida y arcaica, frágil y desubicada, para liberarlas. “Nació también para intentar averiguar por qué me gusta tanto el ballet clásico, donde se reproducen estereotipos de mujer que intentamos romper desde hace tanto tiempo. Y además, casi inamovibles”, contínua la creadora brasileña al otro lado del teléfono. “Porque si te fijas, incluso cuando coreógrafos actuales hacen versiones contemporáneas de estos clásicos, ninguno se cuestiona el libreto en profundidad, solo la coreografía, la parte de la danza. Y eso me molesta”.
En escena, Mari Paula navega por cicatrices, que planean sobre el discurso y de una manera más concreta, sobre el vestuario, junto a otras seis intérpretes: Araitz Lasa, Julia Kayser, Laura García Carrasco, Galina Rodríguez, Danielle Mesquita y José Venditti. Este último, autor del espacio sonoro en el que se dialoga con música de Tchaikovsky, presente en escena representando a aquellos hombres que sí acompañan a las mujeres en lo de serlo, dice la creadora. “Como si representara de alguna manera a mi pareja Adri, el padre de Iris, presente y compartiendo responsabilidades en todo momento. Le conocí por Iberescena”.
Desde que fundó su compañía en 2017, Mari Paula ha diseccionado el ser mujer desde diferentes ángulos y contextos. El de su propia vida, tema recurrente en su trayectoria, atraviesa la trilogía formada por Retrópica (2017), Devórate (2019) y Fronterizas (2022), “experimentación antropófaga y migrante”, en la que disecciona su propia vida. “En el hecho de ser migrante hay dos lados que conviven al mismo tiempo. Porque en mi tierra, en Brasil, soy la ‘europea’, y aquí, en España, siempre seré la brasileña. Me creó conflicto durante un tiempo, pero siento que lo resolví con Fronteriza, el último montaje de la trilogía. Es verdad que la migración también te proporciona apertura, depende del momento de la vida en que la vivas. Cuando eres adulta, con ella pierdes redes que llevas tejiendo desde los 20 años o más. En ese sentido, mi contexto es más difícil aún, porque vivo en un pueblo de Cantabria, más aislada, aunque me encanta. Ahora, mientras hablo contigo, estoy viendo ovejas por la ventana”.

Confiesa la creadora que con la maternidad de Iris ha descubierto un nuevo feminismo que responde a la alianza que solo establecen las madres, de manera casi orgánica, implícita y sin importar mucho si existe amistad o no, si se conoce a esa persona o no. “Hay algo instintivo, una sororidad entre madres que resulta casi como una hermandad. Cuando tienes un hijo o hijas, otras madres te incluyen en su radar y empiezan a cuidarte, te visitan, te traen ropa para el bebé, te llaman para eventos… Ensayando en Canal una mujer y madre que trabaja en administración, vio que Iris tenía legañas y me dio algunos consejos para suavizarlas. Y eso es muy bonito”. Apela a una especie de colectividad materna que de alguna manera también se intuye en Lake Machine a través de la relación de los cuerpos (también sufrientes, interrogantes) en escena. Aunque como avisaba en un principio de esta entrevista, el aborto actúa como verdadera máquina de perforar. “Decidí hacer esta obra para liberar a mis tres hijas nacidas muertas, como intento liberar a Odette, Odile y Ofelia”, explica. “No hay un dolor más grande que el que sufrí con mis abortos, ni siquiera el del parto. ¿Y sabes la cantidad de viooencia médica y hospitalaria que se sufre?. Además, el aborto sigue considerándose, de alguna manera, de algo de lo que no se habla. Yo intento lo contrario. Cuando ven a mi hija Iris y me preguntan si es mi primer bebé, siempre respondo: ‘no, es la cuarta, pero las tres anteriores nacieron muertas’”.
Como intérprete, Mari Paula formó parte en Brasil del Balé Teatro Guaíra y el Colectivo Casa Selvática. En la Universidad estudió artes escénicas y entonces, se sentía más cómoda en el teatro por ofrecerle la apertura que chocaba con la rigidez que decía sentir en la compañía para 50 intérpretes del Balé de Guaira. Sin duda, nada cayó en saco roto, y la amplitud de formación y ejecución laten en el discurso de sus últimas creaciones, que pasan por el movimiento, la performance y los audiovisuales, entre otras disciplinas. También pasan por los orificios. Una metodología que Mari Paula viene desarrollando en los últimos años, ya en España, que consiste en conectar los orificios de la parte superior e inferior del cuerpo. “La coreógrafa y bailarina Janet Novás me estaba ayudando con un solo, era 2019, y me dijo que cuando buscaba la soledad lo que hacía era escuchar el silencio. Me puse a escuchar mi cuerpo y conecté los orificios de los oídos, que se encuentran en la parte más superior del cuerpo, con el del ano, en la parte más inferior. Poco a poco desarrollé esta técnica que recorre el cuerpo a través de la escucha y los orificios que recorren el cuerpo: los ojos, la garganta, la vagina… Conectas con el centro de tu cerebro y suelo trabajarlo mucho con mujeres en técnicas de mediación”.
Explica que esta técnica de los orificios se ha convertido en un trabajo de base en sus piezas y que conecta directamente con el activismo feminista y posiciona el orificio de la vagina como un lugar desde el que se expulsa. “Cuando me preparaba para el parto de Iris leí un libro, parir sin dolor, que venía a decir que el útero también es un órgano sexual, que no solo la vagina lo era. Y en su expansión y contracción, y en la pelvis, está la fuerza y sedimentos de mi trabajo”.
A un nivel menos profundo o más relacionado con la difusión y el acercamiento de públicos, Mari Paula, influída por su formación artística a través de la palabra, junto con el movimiento, suele acompañar de textos los teasers de sus obras, que locuta con su propia voz y en los que parece explicar la obra. Es decir, crear un contexto abiertamente claro sobre lo que acontecerá en escena. “Empecé a hacerlo porque estaba harta de crear para que solo mis amigas vinieran a verme. Necesitaba acercamiento y puse en marcha este sistema de herramientas a través de la palabra, de manera muy directa, y mi voz”.
“Este vídeo lo hago para compartir la investigación de mi nueva pieza… Soy Mari Paula… hoy escribo para dar vida a mis tres hijas muertas”, se escucha (y se lee) en el teaser de Lake Machine.