El actor y cantante nos presenta en El Imitador a varios personajes que le acompañan en su viaje e interpreta a 70 artistas internacionales imitando las voces de los temas que forman parte de su historia.
El espectáculo podrá verse en Gran Teatro Pavón hasta el 28 de junio.
Ocho temporadas en Madrid con un éxito absoluto, Mejor Espectáculo Internacional en el United Solo Festival de New York, premio Mervin Stutters-Pick of the Fringe en el Fringe Festival de Edimburgo, entre otras distinciones. Espero que te lo pases bien haciendo este show porque parece que tiene todavía camino por delante.
La verdad es que sí. Solo me da alegrías. Es un placer sentir que eso que un día te sentaste a escribir se ha materializado y tiene la capacidad de emocionar, entretener e inspirar a tantas personas.
Me gustaría que presentaras tú mismo qué es lo que se va a encontrar el público sobre el escenario, porque conviene aclarar que no es simplemente una sucesión de imitaciones al uso.
Exacto, el público va a ver una historia con alma. Un viaje emocional y musical en el que acompañamos a un personaje desde su infancia hasta que consigue cumplir su sueño de ser artista.
Es una obra de teatro unipersonal en la que voy dando vida a distintos personajes que forman parte de mi historia y donde la música no es un adorno, sino el eje que impulsa toda la narrativa. Cada canción refleja un momento vital y una emoción concreta.
La música siempre ha estado en mi vida de diferentes maneras. Desde muy pequeño descubrí que tenía una facilidad para cantar y que podía imitar voces. A partir de ahí, me ha acompañado en todo mi recorrido: desde cuando imitaba a Michael Jackson con diez años, pasando por las bandas de rock en mi adolescencia, hasta mi incursión en el teatro musical en España en 2004.
A lo largo de la función aparecen más de 70 voces de artistas muy reconocibles, como Sting, Michael Jackson o Amy Winehouse, pero siempre al servicio de la historia, no como un fin en sí mismo. Al final, es un espectáculo muy personal que termina siendo un viaje colectivo también, porque el público inevitablemente conecta sus propias vivencias con esas canciones y con temas universales como el amor o la búsqueda de los sueños.
¿Qué buscabas transmitir cuando ideaste esta propuesta? ¿Ha ido cambiando a lo largo de los años tu intención?
Todo comenzó con esa sensación de viaje en el tiempo que te produce escuchar una canción. Ese poder que tiene la música para llevarte a un momento concreto de tu vida con tan solo oír una melodía. Esa base se mantiene y sobre ella intervienen otros elementos que ayudan a desarrollar una historia de vida.

¿Con qué elementos juegas para dar vida a cada artista durante la función?
El concepto de este espectáculo es minimalista. No hay caracterización ni maquillaje. Desde un vestuario neutro doy vida a los personajes a través de la voz y el trabajo corporal, tanto a los cantantes como a quienes forman parte de la historia.
Algunos espectadores incluso me han dicho que les gustaba la escena en la que aparecía mi madre con una bata morada, las pintas estrafalarias de mi vecina dominicana Janis Gladys en Nueva York o cómo se movían las rastas de Bob Marley. Pero ninguno de esos elementos existe realmente en escena: cada espectador los imagina a su manera. Ahí es donde reside la magia del teatro.
Para alcanzar una puesta en escena de gran nivel tiene que haber detrás del escenario un equipo técnico y artístico también de gran talento y compromiso. ¿A quién le debes que el show tenga la factura que tiene?
El sonido y la luz juegan un papel importante en este show porque ayudan a crear ambientes y espacios que no existen físicamente en el escenario. Con Pablo Navarro como diseñador de sonido y arreglista musical, hemos creado una paleta de efectos de sonido que recrea las atmósferas de cada escena y consigue sumergir al espectador en ese mundo particular. Además, hemos trabajado para lograr un sonido muy fiel al de las canciones originales, tanto a nivel instrumental como vocal, cuidando los pequeños detalles para acercarnos lo máximo posible. Ezequiel Nobili es el encargado de la iluminación, con la que se crean espacios íntimos, se acentúan las emociones y se refuerzan los momentos de explosión musical. Por supuesto, no me puedo olvidar de mi equipo de producción, marketing y programación. Todos somos parte de un mismo engranaje.
¿Cuánto trabajo y cuidado vocal requiere estar al 100% en cada función?
Es un espectáculo muy físico, así que intento mantenerme en forma. Monto en bici y cuido mucho la voz: evito el aire acondicionado y hablar en lugares muy ruidosos. En general, dormir bien y descansar es lo mejor para mantenerla. Antes de cada función suelo repasar el guion y las voces de los personajes.
¿Qué artista dirías que ha supuesto un mayor reto? ¿Y con cuál tienes una espinita clavada por no haber llegado a incluirlo?
Quería incluir a Mick Jagger desde el principio, pero he tenido que trabajar mucho sus movimientos. Ahora sí contamos con su presencia en el show. En el momento de construir el espectáculo tenía en mente a muchos artistas de rock latinoamericano que finalmente no pude incluir, ya que no eran muy conocidos en España.
Sin embargo, para las funciones en Ecuador sí estarán presentes Soda Stereo, Fito Páez, Los Fabulosos Cadillacs y otras bandas con las que crecí.
¿Podríamos decir que este espectáculo es el final feliz de la historia que nos cuentas en escena? ¿El sueño cumplido?
Totalmente. En este espectáculo comparto con el público el camino personal que me ha llevado a cumplir ese sueño.
En el espectáculo en España incluyes más de dos decenas de artistas que cantan en español, ¿lo mantienes en tus funciones en otros países o intentas adaptarlo a cada lugar?
Para el público anglosajón hago cambios. Aparte de hacer la función entera en inglés, remplazo algunas canciones por otras que sean más populares allí, siempre y cuando se adapten a la historia. Solo dejo algunas en español que ayudan a dar contexto, sobre todo en la parte en la que hablo de mi infancia en Colombia. Los personajes también hablan en inglés, aunque mantienen su acento nativo, como es el caso de Janis Gladys o del señor González, mi jefe mexicano. Nacho Arenas, por ejemplo, en la versión española tiene un marcado acento madrileño, pero en la función de Edimburgo se transforma en Ian McLoud y adopta un fuerte acento escocés, que fue muy bien recibido por el público local.
En julio iremos a Ecuador y el próximo año haremos una gira por Países Bajos. Para estos destinos también he realizado adaptaciones específicas en el espectáculo.
Me ha llamado la atención que en el listado de países que has visitado no he visto tu país natal, Colombia, ¿es una espinita clavada llevar el espectáculo allí?
Si. Es una espinita que tengo. Pero ya llegará el momento. Me encantaría poder llevarlo a mi tierra.
¿Echas de menos participar en espectáculos con un gran elenco y no cargar con toda la responsabilidad de la función? ¿Algo en el horizonte?
No lo echo especialmente de menos. Disfruto viendo espectáculos con grandes elencos y, por supuesto, participaría en uno si tuviera la oportunidad y el proyecto realmente me interesara. También me gustaría hacer teatro, series o cine: me apasiona interpretar personajes y seguir creciendo artísticamente. Pero ahora mismo me siento muy cómodo con mi espectáculo y con todo lo que me está aportando.