Emilio del Valle y Nacho Bonacho son dos creadores y gestores nativos de Carabanchel que, tras muchos años de amistad, han decidido unir sus fuerzas coproduciendo un nuevo montaje: Más perdidos que Carracuca.
Nacho (Tarambana Teatro) ha puesto sus medios a disposición de Emilio (Inconstantes Teatro), quien es el autor y director de esta propuesta que retrata la dignidad que persiste incluso en el submundo. La productora A Fuego Lento Gestión y Creación también forma parte de este proyecto que nace como ambiciosa coproducción.
Esta cuidada propuesta sobre los habitantes del olvido, aquellos rezagados de la sociedad que nacieron ya rezagados, podrá verse en Sala Tarambana a partir del 10 de abril.
Emilio, háblame un poco de Inconstantes Teatro
Emilio del Valle: Cuando empecé a trabajar en las Artes Escénicas, lo que menos me interesó de este mundo era el estar esperando a que me llamasen. Te van a llamar si te portas bien, pero si no te portas bien, es decir, si no te portas como los demás esperen que te portes, no te van a llamar. Pero yo tenía una necesidad y una pulsión de contar historias y de hacerlo de una manera determinada, y por eso monté mi primera productora, Espectáculos La Federal, con un precioso nombre, pero que tuvo un recorrido corto. Luego ya surgió Inconstantes Teatro, y de esto hace ya 32 años. Como compañía nos interesan las historias que tienen que ver con el hoy, independientemente de que para ello tiremos de dramaturgias del pasado. No nos interesan las respuestas, nos interesa la reflexión, y nuestro foco fundamental es el actor y el texto. El intérprete está en el centro de nuestro trabajo, siempre ha sido así. Hay una frase que utilizamos como recurso para definir la compañía: No hay una verdad más poderosa que el actor en el escenario. Y desde un punto de vista político, el compromiso de la compañía es ineludible, no solamente el teatro. Cualquier manifestación artística es un acto político. Y por ahí caminamos.
¿Y cuáles son las líneas de Tarambana Teatro?
Nacho Bonacho: Te podría decir que tenemos tres líneas muy claras dentro de nuestra filosofía. La primera, sin duda, es nuestro compromiso social y político, como dice Emilio. La segunda, es que somos una compañía inclusiva, en todas las acepciones de la palabra, una compañía y una sala abierta a todo el mundo para que cualquier persona se acerque a ver teatro. Y la tercera línea, es que todo eso lo hacemos usando el humor como herramienta.
¿Y por qué habéis elegido este momento para unir fuerzas?
Emilio del Valle: Porque ya era hora, ¿no? (risas). Era el momento de que ya hiciéramos algo juntos. Llevamos muchos años de amistad y compartiendo espacios comunes, de compromiso común, fundamentalmente en el sector. Hay como 15 o 20 locos y locas en la Comunidad de Madrid que utilizan su tiempo en un trabajo que no está remunerado, del que se aprovecha muchísima gente y que se valora muy poco. Y Nacho, sin duda, es un ejemplo clarísimo. Por ello le admiro y le respeto mucho y tenía muchas ganas de crear algo con él.
Nacho Bonacho: El respeto y el cariño mutuo. Los dos somos de Carabanchel de toda la vida, tenemos mucha gente en común, muchas vivencias comunes. También trabajamos mucho juntos a nivel sectorial, como dice Emilio, sobre todo a través de ARTEMAD y en otros proyectos, y creo que era necesario colaborar también a nivel creativo. Algo maravilloso de esta profesión es poder compartir espacios con gente que merece la pena, así que aquí estamos.

¿Y cómo se traslada a la realidad una coproducción?
Emilio del Valle: Depende. Puede ser muy sencillo o muy complejo. Todo depende de la voluntad. Hacer las coproducciones, sobre todo cuando hay mucha pasta, pues se complica. El dinero genera esa tensión sobre quién pone más o deja de poner, sobre quién sale en la foto… En este caso esa no es la pelea. Aquí tenemos un texto que hago yo, la experiencia de más de 30 años de Inconstantes Teatro, buscamos a los actores adecuados, Tarambana Teatro aporta todo su bagaje escénico que es muchísimo también, unas dotaciones técnicas de la Sala Tarambana que son increíbles… y ya tenemos mucho con lo que poder trabajar.
Nacho Bonacho: Aquí ha sido muy sencillo porque hay una palabra que ya hemos mencionado y es el respeto mutuo, que es algo primordial. Cuando alguien se tiene respeto y cariño, ya es más fácil. Y, por supuesto, la ausencia de dinero también tiene mucho que ver en que sea fácil.
¿Y de dónde nace un texto como este?
Emilio del Valle: A lo largo de mi trayectoria me he encontrado con casos de compañeros y compañeras a los que no les está yendo bien, y se me ocurre proponerles cosas para ver si se pueden superar determinados momentos. Esto lo he hecho varias veces, es una de esas realidades que no se ven dentro de la profesión. Esa fue la premisa. Contando con esto y sabiendo con el material humano que tenía, que eran dos pedazo de actores como Jorge Muñoz y David Fernández ‘Fabu’, se me ocurrió hacer un texto a la manera de La Zaranda, lo cual es completamente imposible, que conste. Una cosa es mi admiración profunda por La Zaranda, y otra cosa es que yo sea capaz de escribir un texto como los que escribe Eusebio Calonge. Pero sí hay un intento de aproximación en muchos aspectos y, por tanto, también un homenaje, un reconocimiento, y mi admiración profunda por esa compañía a la que sigo hace muchos años y con la que disfruto muchísimo.
¿Y de qué habla Más perdidos que Carracuca?
Emilio del Valle: Un texto dramático no es nada, es un paso previo a la verdadera escritura teatral, que es el escenario. Y en escena tenemos a dos personas, dos hombres llamados Manuel y Rafael. Son dos personajes ingenuos que no tienen ninguna maldad. Uno tiene unos zapatos nuevos, pero no sabe leer ni escribir, y el otro sabe leer y escribir, pero no tiene zapatos nuevos. Y les ponemos ahí a ‘pelear’. Ese es el conflicto evidente de la función. Se trata de una comedia, el primer texto con comedia clara que yo escribo, teniendo en cuenta que yo jamás voy a escribir una comedia pura, no por nada, sino porque no me sale, me parece muy difícil.
¿Y qué más capas hay debajo de ese primer conflicto?
Emilio del Valle: El texto tiene una capa muy limpia, que es la amistad, ya que este texto, en el fondo, es una historia de amor, porque la amistad y el amor para mí van de la mano. También hay una capa muy importante que es la soledad, el miedo a perderse el uno al otro. Y luego hay un espacio poético que da para una crítica social importante sobre si somos conscientes del mundo que estamos construyendo, de cómo convive eso con la riqueza más extraordinaria. Si realmente el axioma: “Constrúyete a ti mismo”, “Hazte a ti mismo”, es posible o es una falacia. Hay una tesis en la función y es que se necesita algo más que saber leer y escribir para salir del agujero. Porque ellos, estos personajes que están en ese plano poético de lo básico, se la juegan ahí. Uno sabe leer y sabe escribir y piensa que con eso puede salir de esa situación. El otro no y se queda solo. Y ahí se produce un conflicto de carácter poético y humano que estos dos grandes actores, como son Jorge y ‘Fabu’, resuelven con muchísimo talento y con muchísimo amor. Están muy bien ellos. Están mucho mejor que el texto que yo he escrito, y se lo agradezco enormemente.
Nacho Bonacho: Para mí, esta obra tiene una vigencia absoluta porque está escrita como una fábula. Es como un cuento que tiene una serie de moralejas que están ahí, implícitas, y que todo el mundo lo conoce. Y ese cuento, cuando tú lo verbalizas en la actualidad, se convierte en actual e inmortal. Son los cuentos eternos. Y a mí me gusta mucho esta obra porque cada vez que se representa se actualiza. Y esa es una magia que tiene esta obra y que no podría tener cualquier otra. En cada función que hemos tenido de la gira que ya hemos hecho por muchas ciudades de España, la respuesta del público ha sido maravillosa. Es una obra que tiene esa magia, y eso, el público que venga, lo va a detectar de primeras.

¿Cuántas realidades existen como las de Rafael y Manuel que no queremos ver?
Emilio del Valle: Hay muchas, muchas, muchas personas con realidades terribles. Y aunque pensemos que nos pilla lejos, no lo estamos tanto. Desde nuestra visión de personas acostumbradas a dormir en camas calientes en invierno, a tener un aire acondicionado en verano, a comer varias veces al día, a tomarnos una caña, ir al cine, ir al teatro… es difícil verlo, pero de repente todo puede cambiar. Nos pueden echar del trabajo, tener un divorcio, una enfermedad, un poco de mala suerte… y caer en la indigencia no está tan lejos, y ya salir de ahí es complicado, porque una vez que has llegado al fondo, llega el vino para evadirte. Y una vez que llega el vino, el problema empieza a ser médico, porque empieza a ser una cuestión de adicción. Hay un momento en que pierdes la percepción sobre ti mismo, sobre tu imagen. ¿Y cómo vas a ir con esa imagen a buscar trabajo? ¿Cómo sales de ahí?
Nacho Bonacho: Somos gente pobre, no debemos olvidarlo, porque nuestra economía nos da para lo que nos da. Así que no deberíamos mirar para otro lado, deberíamos ser conscientes de que esa realidad existe, primero por humanidad, por supuesto, y segundo, porque como dice Emilio, no estamos tan lejos de vernos abocados a caer en situaciones como las que se representan en esta obra.
¿Y si somos pobres, por qué votamos y abrazamos valores como si fuéramos ricos? Más pensando en nosotros mismos que en el bienestar de la sociedad en su conjunto.
Nacho Bonacho: A mí me parece que eso es un problema de educación, como tantos otros. Una educación decente, comprometida y diversa formaría chavales y chavalas que tendrían un sentido crítico mucho más elaborado.
Emilio del Valle: Hay personas que una vez que han tenido acceso a cierto dinero o que tienen una vida más o menos cómoda, piensan que ya no están en ese estrato social tan bajo, piensan que han escalado, y entonces consideran que quien mejor va a defender ese dinero no es quien se lo ha dado, sino los partidos conservadores. ¿Cómo es posible que la gente que tiene acceso a un salario mínimo interprofesional que casi dobla el que había anteriormente no vote a quien se lo ha subido?
¿Cómo veis la escena teatral, la escena teatral madrileña en estos momentos?
Emilio del Valle: Ha habido, claramente, un cambio de paradigma. Ya no hay tanto teatro de repertorio, por tanto se está produciendo, se produce más, pero con muchos menos repartos.
A nivel de los grandes centros de exhibición yo creo que se están haciendo cosas estupendas, pero también nos topamos con montajes que no están al nivel, como no puede ser de otra manera. Y lo que no va a cambiar es el modelo, que es un modelo de élite extractiva, en el sentido de que yo manejo este espacio, aquí decido quién sí y quién no y eso luego no siempre se corresponde con la realidad de toda la escena y de las corrientes que se mueven en otros espacios. Eso no ha cambiado y no va a cambiar, es decir, en las direcciones artísticas hay una élite, siempre la ha habido. Va cambiando, va saliendo gente y va entrando gente nueva, pero al final es esa élite la que lo hace todo a ese nivel de producción del que estamos hablando.
Nacho Bonacho: En la escena independiente sí que se ve esa explosión de talento. Hay gente haciendo cosas muy buenas, lo que pasa es que luego está ese tope o ese embudo, que les dificulta dar el paso hacia otros niveles de producción que les permita vivir de esta profesión dignamente.
Los dos formáis parte de ARTEMAD (Emilio como Presidente y Nacho como integrante de la junta). ¿Qué papel juega ARTEMAD en este universo de las Artes Escénicas?
Emilio del Valle: Desgraciadamente, yo creo que juega un papel que está por debajo del que podría jugar. ARTEMAD es una asociación empresarial. Ahora mismo aglutinamos a 65 compañías empresas productoras de Artes Escénicas de la Comunidad de Madrid, y es heterogénea. Tenemos 7 u 8 compañías de gran producción que nunca antes habíamos tenido, pero las tenemos probablemente también porque hay una afinidad ideológica que les hace estar con nosotros. Tenemos compañías más pequeñitas y tenemos compañías históricas, muchas compañías históricas. Y podríamos jugar un papel mucho más activo si tuviéramos los medios para hacerlo, pero con los medios que tenemos hemos conseguido hacer algo inaudito. Y no estoy hablando de triplicar el número de compañías asociadas, cosa que hemos logrado, hablo del hecho de poner en marcha una junta directiva formada por 10 personas, que es muy numerosa. Hablo de convertir esa junta directiva en cabeza de lanza de distintas comisiones y que esas comisiones estén funcionando. El trabajo que se está haciendo en la Comisión de Accesibilidad es brutal, por ejemplo. El trabajo que se está haciendo en la Comisión de Mujer es maravilloso y además bellísimo, sincero, limpio. El trabajo que se está haciendo en la Comisión de Infancia es muy potente. La Comisión de Visibilidad es más puntual, porque normalmente se va guiando por lo que viene. Llega MADferia, llega Mercartes y se pone en marcha. Y ahora estamos dando vueltas a cosas que son importantes pero que se nos están escapando, y no solo a ARTEMAD, sino al sistema en su conjunto, que es, por ejemplo, la emergencia. No estamos sabiendo cómo incluir a los emergentes en una asociación como ARTEMAD, porque es una asociación que se articula en torno a una cuota y la gente joven no tiene un duro. ¿Cómo incorporar a la gente que no tiene un duro pero necesita una referencia? Y digo una referencia más allá del hecho de que tengo la pulsión de contar historias y ser artista. Pues en ARTEMAD tenemos la infraestructura para llevarlo a cabo, pero estamos persiguiendo a la Comunidad de Madrid y al Ayuntamiento para que nos asigne una economía anual fija para poder tener una oficina más potente y poder ofrecer más soluciones. No están planificados los recursos para esta parte del sector. Para los sindicatos sí lo están, y me parece bien. Los sindicatos reciben una economía por cada afiliado, por cada delegado sindical. Nosotros, que somos considerados patronal y que tenemos un perfil netamente sindical, no tenemos esa economía. Entonces vivimos de cuotas, vivimos de lo que se genera a través de MADferia, porque la oficina de ARTEMAD trabaja todo el año para esos cinco días. Y tenemos la suerte de contar con espacios como Tarambana, como Cuarta Pared, por nombrarte algunos, que es gente que además de tener sus espacios está en la asociación y de vez en cuando eso nos da alivio, nos da respiro porque podemos hacer más cosas.
Nacho Bonacho: Además de todo lo que ha comentado Emilio, que suscribo, yo quiero destacar los CaféMAD, un proyecto de la Comisión de Mujer de ARTEMAD, con el que se pone en valor el trabajo de mujeres profesionales de las artes escénicas. Una vez al mes, en torno a un café, nos citamos con una invitada en la Sala Tarambana. Estas charlas se pueden seguir a través de Instagram, lo que permite que se realicen preguntas en directo. Todos los programas de CaféMAD están disponibles en IVOOX y en el canal de Youtube de ARTEMAD.