Cumplir 30 años desarrollando una actividad profesional alrededor de la cultura, al menos en este país, es para celebrarlo. Si el aniversario, además, tiene que ver con la danza contemporánea y una compañía privada, la efeméride bien merece una ovación. Es la que le damos desde aquí a Chevi Muraday, que celebra tres décadas al frente de Losdedae, y empieza el festejo del 9 al 11 de abril en la Sala Cuarta Pared, con el solo Lo que queda. Ya en julio, dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, estrenará la producción Bacanal.
Repasar la trayectoria de Chevi Muraday (Madrid, 1969) es pasearse también por la de la historia de la danza en nuestro país. Es recorrido, recorrer, rememorando parte del título del libro que el creador publicó hace diez años, cuando su compañía cumplió 20, y que escribió el periodista Paco Tomás con su fabulosa prosa y mirada. Ahora le llegan los 30 al frente de Losdedae, su compañía, y Muraday, que es también muy de usar la palabra para concretar los matices de su discurso dancístico, (“a veces necesito que las cosas sean dichas y no supuestas”, explica a este medio), estrena un solo al que ha llamado Lo que queda.
¿Se trata de lo que queda, después de estar 30 años bailando y creando o lo que queda, que aún está por llegar?
La dos cosas (risas). Está esa dualidad. Un señor de 56 años, con el cuerpo molido, tres operaciones de rodilla incluidas, pero que sigue y continúa. Y esa confesión de esto es lo que queda, después de 30 años, también. Como digo en la pieza: “Hay algo de mí que aun arde y por eso celebro”. Y así es. Te pones frente al público y lo haces.

En el haber de Chevi Muraday hay unas cuantas cosas que, con la distancia de los años y la justicia poética que a veces otorga el paso del tiempo, se sienten hoy en día como puertas que él abrió. Si se le pregunta por ello, que si se ve a sí mismo pionero en ciertos aspectos, responde que no. Y que además, no le quita el sueño. “Le doy importancia a lo que ha ocurrido, pero no me vanaglorio de nada. El hecho de estar latiendo constantemente es el mayor reconocimiento. Y con el hecho, me basta. Por supuesto, me emociona que se reconozca, pero no reclamo ningún sitio. Hago mi trabajo”.
Lo cierto es que la trayectoria de sus obras puede hablar por sí misma. Sobre todo aquellas primeras en las que Muraday empezó a sellar las bases de su discurso rápidamente. Como el uso de la danza junto al texto, que los propios bailarines interpretaban. “La palabra siempre ha estado presente en el juego de mi trabajo. Desde aquella De 9 a 3 (1998) hasta la que se verá en Cuarta Pared. Creo que no tengo ni una sola pieza sin texto en mi compañía. Al principio fue una cosa muy espontánea, propio de la juventud. El tiempo y la madurez que fueron descubriendo cómo cuidar la palabra también y empecé a llamar a dramaturgos como Laila Ripoll, Pablo Messiez, Juan Carlos Rubio, etc”. Con Pablo Messiez firma una de las obras más exitosas de su trayectoria, En el desierto, todo un despliegue de danza, teatro y música, que contó con el actor Ernesto Alterio y reunió aplausos y reconocimientos por donde pasaba. También sembró semillas en lo multidisciplinar, alrededor de la danza en España, de una manera mucho más amplia y abierta y pudimos conocer mejor a artistas como Alberto Velasco, que formaba parte del elenco.
El cine, donde firma las coreografías y el movimiento de películas como Imaging Argentina, de Christopher Hampton, protagonizada por Antonio Banderas y Emma Thompson; I love you baby, de Albacete & Menkes; 20 Centímetros, de Ramón Salazar (2004); o Caótica Ana, de Julio Medem, son algunas que certifican su paso por la pantalla grande.
Todo un espectro en el que desarrollar la danza fuera de su contexto habitual, al que también pertenecen las obras que ha creado y protagonizado junto a célebres y reconocidas actrices como Marta Etura, Aitana Sánchez Gijón, Cayetana Guillén cuervo y Juana Acosta.
“Se te abre un mundo al que no estamos acostumbrados en la danza. Pisas escenarios grandes como el del Teatro Victoria Eugenia, o el Arriaga, el Teatro Español, que es muy difícil pisar con tus propuestas de danza. Por supuesto, el precio a pagar es alto, porque los niveles de producción también lo son, y lo que arriesgas”, confiesa.

¿Alguna vez se ha arruinado por causa de la danza?
Claro. En Lo que queda hablo de esto también. E incluso de situaciones concretas que me han pasado y cómo me he sentido. He hipotecado mi casa para sacar adelante producciones. A veces sales adelante, otras, hay que empezar de nuevo.
¿Desde qué lugar concreto nace este solo que celebra los 30 de trayectoria?
El solo empezó a salir el año pasado durante un viaje de tres meses que realicé por el norte de Colombia, desde Punta Gallinas, y acabé en Chile. Tenía que impartir varios cursos y montar para un par de compañías, así que fue un recorrido, medio trabajo y medio vacaciones, que hice en furgoneta, solo, sin salas de ensayo, con el vestuario en una bolsa, y parando a bailar donde me apetecía. Si veía un paisaje, rincón, que me llamaba la atención, paraba, me vestía, ponía el móvil a grabar y bailaba y trabajaba ahí. Cataratas en Colombia, volcanes en Chile… Al estar solo supongo que empezó a venirme toda una vida al pensamiento. Y poco a poco comenzó a generarse Lo que queda. No hay nada sesudo detrás, o introspectivo, pero sí hay reflexión e impulso.
¿Sobre qué reflexionó principalmente en esos tres meses?
Sobre en qué lugar estoy, por ejemplo, en la danza, después de treinta años. En qué lugar se me ha colocado, también. Y en cómo yo he respondido a ese lugar donde los demás te sitúan y que te define casi sin darte cuenta.
¿Qué lugar diría que es ese donde se le ha colocado?
Es un lugar muy cambiante. Cuando tú piensas que puede que estés en un sitio determinado, todo gira, y te encuentras en otro. Son 30 años en la danza, lo que quiere decir que es una carrera de fondo y que nada, nunca, está determinado. En tres décadas te pasan cosas estupendas, pero también giros de guión muy bruscos ante los que hemos tenido que sujetarnos fuertemente.
Al repasar estas décadas, el sabor que se le queda ¿es más dulce o amargo?
Desde luego almíbar no es (risas). Pero estamos para bailar, para disfrutar, para pasarlo bien. Si me quedo en lo difícil, lo costoso, no salgo de casa. Después de tantos años, el poder tener una empresa, con una estructura tan sólida, es algo importantísimo. Porque yo soy coreógrafo y bailarín, pero también productor y empresario porque no me ha quedado más remedio. Luego ves que para conseguir lo artístico libremente la empresa que es Losdedae me permite sostenerlo y arriesgar, si quiero. En este país eso es realmente importante, no sólo lo que haces y el cómo lo haces, sino el qué o quién te sostiene, porque como creador, te sostienes tú solo, prácticamente.
¿Qué diría que es eso maravilloso que ha permanecido siempre con usted en los 30 años?
No es algo, sino alguien. Dos personas, concretamente. Gachi Pisani y Paloma Sainz-Aja. Ellas dos, en los 30 años, son dos pilares para mí. Y por otro lado, esa inquietud constante, que no acaba; el motor interno, que no para.
¿Y el quebradero de cabeza que nunca se ha ido?
La falta de escucha en general, me aburre muchísimo. En mi día a día y, por supuesto, por parte de las insituciones hacia nosotros. Ahora existe ese buzón de sugerencias que es casi peor. Antes te sentabas con el director o directora, con algo de suerte, para contarle tu proyecto y escuchar.Desde la pandemia, está el buzón de sugernecias y pocas citas dan.
Usted fue uno de los impulsores y fundadores de la Asociación de Compañías Emprendo Danza, ¿por qué diría que la danza sigue necesitando tanta lucha?
Principalmente, porque a las instituciones sigue sin interesarles la danza lo que debería, y reivindicamos nuestro lugar en la cultura y en la sociedad. Cuando las personas en las instituciones cambian, se van tapando agujeros, en el mejor de los casos, pero son parches del momento.