El director de escena y dramaturgo italiano Romeo Castellucci estrena una reinterpretación de la clásica tragedia que reflexiona sobre el amor imposible. Una función que se desarrolla en francés con sobretítulos en español y que cuenta con luces estroboscópicas, desnudos integrales y máquina de humo.
El drama escrito por Jean Racine se convierte en un monólogo protagonizado por una de las grandes figuras de la escena contemporánea: Isabelle Huppert, cuya presencia concentra toda la tensión emocional y simbólica del espectáculo.
Bérénice, reina de Judea, ama al general romano Tito y es correspondida, pero cuando él accede al trono imperial comprende que Roma no aceptará a una reina extranjera. Obligado a elegir entre el amor y su responsabilidad política, Tito opta por renunciar a Bérénice.
En este universo, las decisiones no tomadas pesan más que los actos y la violencia ya no es física, sino interior, casi biológica. La educación, la moral y la castidad actúan como fuerzas de contención que paralizan el deseo y convierten el amor en un espacio de crueldad silenciosa.
La obra se presenta como una de las tragedias más inmóviles y desconcertantes jamás escritas, donde nada parece avanzar y, sin embargo, todo duele. Esa quietud extrema es precisamente la que provoca la identificación del espectador: la reina abandonada deja de ser un personaje histórico para convertirse en un espejo íntimo y universal.
En escena, Huppert no interpreta solo a Bérénice, ya que casi toda la atmósfera sonora nace de su voz, transformada y amplificada por el artista sonoro Scott Gibbons, creando un paisaje auditivo tan inquietante como hipnótico.


