Viviana López Doynel: "En la obra se hacen reflexiones muy potentes sobre la pobreza"
La impulsora de El Umbral de Primavera, Viviana López Doynel, sale precisamente del umbral de su sala para asumir labores artísticas tras muchos años sin hacerlo, y ha elegido la obra Hambre, sobre los diarios escritos por la brasileña Carolina María de Jesús.
Txaro Kandler, Catalina Peláez Ros y Agustina Suárez son las protagonistas de esta historia, que cuenta con la adaptación de Claudia Coelho y Emanuela Lamieri, la dirección y composición multimedia de Jimmy Herrera y con dramaturgia y dirección escénica de la propia Viviana.
Una obra que podrá verse del 26 de febrero al 1 de marzo dentro del XI Ciclo de Teatro Argentino organizado por la propia sala de Lavapiés.
Hablar de Viviana López Doynel es hablar de alguien imprescindible dentro del panorama teatral independiente madrileño (y también del argentino en nuestra ciudad). Ella y su inseparable Israel Giraldo abren cada día la puerta de El Umbral de Primavera, un vivero cultural diverso situado en el corazón de Lavapiés, conocido por su enfoque en la creación escénica contemporánea, la formación y la exhibición de obras de teatro, danza y artes vivas.
Una de las señas de identidad del espacio es el Ciclo de Teatro Argentino que cada año organizan con mucho esmero y muchas dificultades, todo sea dicho. “Es complejo trabajar a distancia en estos momentos políticos y económicos. A veces no es fácil encontrarse, pero cuando hay voluntad, se pueden lograr las cosas”, nos comenta Vivi sobre lo difícil que resulta ofrecer en Madrid algo del mejor teatro que se hace en Argentina. Pero llevan 11 años haciéndolo, así que de experiencia y capacidad de trabajo para lograrlo van sobrados en El Umbral.
Esta edición es muy especial, primero porque hay muchas mujeres formando parte del ciclo, “algo que no ha sido algo deliberado, ha ido surgiendo así, pero no voy a negar que me encanta”, señala Vivi; y segundo, porque ella misma dirige una de las ocho propuestas que componen el Ciclo: “Después de tanto tiempo dedicada a la sala, lanzarme a producir y dirigir es todo un reto, porque a veces una tiene la sensación de que está oxidada. Y fíjate que me sorprendo a mí misma cuando aún me entusiasmo tanto por algo, y es que eso hace que conecte con mi pasado y con mi historia. Yo vengo del teatro y de actuar y de subirme a los escenarios y dirigir, y de la música y la danza… Entonces hay algo en este proceso que está siendo muy sanador para mí”.
¿Y por qué ha sido justamente ahora?
Por dos motivos, principalmente. Yo viajé el año pasado a la Argentina, y me vi con Jimmy Herrera, un famoso compositor con el que yo había trabajado hace años que me dijo que por qué no volvíamos a hacer algo juntos. Y ya se me quedó ahí la mosca. Y la otra fue una nota de Página 12, que es un periódico de allí, de una escritora y periodista, María Pía López. Era un reportaje sobre la historia de la humanidad a través del hambre, donde aparecía el nombre de Carolina María de Jesús y su historia. Yo empiezo a investigar sobre ella porque hay algo que me está motivando de su vida relacionada con el hambre, más lo que estamos viviendo en el mundo, más las guerras, más la sensación cada vez de que hay un mundo oscuro que vuelve, o que se nos rompen las estructuras que pensamos que teníamos asentadas… y así fue tomando forma Hambre, esta historia sobre los diarios de la propia Carolina, sobre los que han trabajado Claudia Coelho y Emanuela Lamieri, sobre los que Jimmy Herrera ha trabajado en la Dirección y Composición Multimedia, y en la que yo he elaborado la dramaturgia y la dirección escénica para conformar una historia a la que dan vida las actrices Txaro Kandler, Catalina Peláez Ros y Agustina Suárez.

UNA MUJER QUE NO DEJA INDIFERENTE
Cuando Viviana me dejó leer el texto de la obra, me pasó lo mismo que a ella, te quedas cautivado con la historia de Carolina María de Jesús, con su forma de contar las cosas, con su crudeza llena de poesía, y solo quieres buscar más información sobre su biografía y obra. “Carolina es una mujer que vivió en Brasil en la mitad del siglo XX -nos sigue contando Vivi-. Era una mujer negra y pobre pero que tuvo la suerte de poder asistir a la escuela, algo muy raro por entonces para una mujer como ella. Por las circunstancias de su vida se tuvo que ir a vivir a una favela a las afueras de Sao Paulo y allí empezó a escribir un diario cada noche como forma de evadirse de la realidad. En ese diario habla del hambre, del dolor físico que provoca el hambre, y lo describe tan bien que tú lo acabas sintiendo en tus propias carnes. Hace reflexiones sobre la pobreza muy potentes en 1960, y vemos que no han cambiado tanto las cosas. A mí me impresionó la capacidad que ella tenía de dar discursos y además con una escritura estupenda. Quiero decir que no era un panfleto, no era un mitin, su forma de escribir tenía un discurso poético”.
Carolina habla de la miseria en todas sus formas, ¿no?
Sí, ella habla de la miseria con la que convive a diario, una miseria material, en la que reivindica que aunque vivan en cloacas, rodeados de mugre también son personas. Pero ella también habla de la miseria moral, ya que habla de los estragos que hacía el alcohol en la comunidad, por eso ella no bebía; y de los maltratos sistemáticos que sufrían las mujeres a manos de los hombres, por eso ella no se casó nunca, aunque sí que es verdad que tuvo tres hijos y también parejas y amantes, pero no quiso casarse. Y siendo ella una mujer religiosa también se atreve a cuestionar a la Iglesia y su forma de hacer las cosas, cuestionando el por qué hay un Dios que les deja de lado y que no se ocupa de los despojados como ella.
TOCAR EL CIELO CON LAS MANOS
Por azares del destino, un periodista de la zona pudo leer el diario de Carolina e hizo que lo publicaran. Fue editado en 1960 con el título de Quarto de despejo (traducido como Cuarto de desechos). El libro se convirtió rápidamente en bestseller, realizándose numerosas ediciones en su país natal y en el extranjero. “Ese retrato tan crudo sobre el hambre -prosigue Vivi- y sobre los habitantes de la favela cautivó a todo el mundo. El libro se vendió muchísimo, le hacían muchas entrevistas a Carolina, aparecía en televisión, y se convirtió en una celebridad de un día para otro. Con el dinero que ganó se pudo marchar de la favela, aunque nunca se pudo desligar del todo de ella”. Todo era muy contradictorio alrededor de Carolina. Escribía sobre un lugar que detestaba y del que deseaba salir, pero al salir se sentía mal porque se había lucrado contando las miserias de los favelistas y, a su vez, sus propios vecinos estaban molestos con ella. “Sí, es algo muy complejo y sobre lo que he investigado y quería que apareciera en la obra. Sus vecinos favelistas estaban muy enfadados con ella por escribir sobre sus vidas. Cuando ella se hizo famosa todos empezaron a pedirle dinero y a agobiarla y fue entonces cuando decidió salir de allí”.

El cambio de vida fue brutal, incluso los intelectuales del momento la invitaban a sus fiestas…
Pero nunca terminaron de acogerla bien, siempre la dejaban de lado, lo cual generaba situaciones incómodas y Carolina no terminaba de entender por qué la invitaban si luego nadie quería hablar con ella.
Yo creo que sacarla del barro es un acto de exotismo, pero luego en el fondo nadie la aceptaba de verdad.
Exactamente. Tal cual la ascendieron, la dejaron volver a caer.
¿La dejaron caer por ser pobre, por ser mujer, por ser negra, o por todo a la vez?
Por todo a la vez, yo creo. Que fuera una mujer negra en aquella época, que tuviera tanto éxito y que rompiera los esquemas de la sociedad de entonces generó suspicacias. Por ejemplo, Jorge Amado, que era un escritor brasileño muy importante de la época, la despreció publicamente y empezó a decir que ese diario no lo había escrito ella. El segundo libro de Carolina publicado en 1961, Casa de alvenaria, ya no tuvo el mismo éxito, y todo eso la hizo mucho daño. También el no saber manejarse bien con el dinero.
¿Todavía sigue dando miedo que una mujer lea y escriba?
Sí, por supuesto. A Carolina la tildaban de bruja por leer y escribir en una comunidad en la que nadie más lo hacía. Y hoy en día sigue dando mucho miedo que las mujeres piensen por sí mismas. A lo largo de nuestra historia se ha silenciado a la mitad de la población. Es ahora cuando vamos pudiendo romper tabúes y empezamos a poder hablar de las cosas que nos preocupan y a reivindicar nuestros derechos, pero cuando las voces de las mujeres se alzan es cuando responden con más fuerza los poderes establecidos para tratar de callarnos.
¿Cuántos talentos quedan aplastados por la miseria?
Muchísimos. Hay mucha gente que se ha quedado en el camino y de la que no vamos a saber nunca porque no tuvieron los recursos necesarios para poder salir a la luz.
¿Y son los olvidados del mundo los que deben rebelarse?
Y se han querido rebelar muchas veces, pero el que tiene más poder trata de destrozar esos brotes. Pero siempre queda alguna raíz con vida que puede volver a renacer. Y aunque sea complicado hay que seguir intentando rebelarse contra las injusticias. Yo espero que mi arte, y este rinconcito que es El Umbral de Primavera, sigan siendo un lugar de rebelión, de reflexión, de amor y de lucha por conseguir una vida justa e igualitaria.
Así que esta historia de vida y superación que nos muestra Viviana López Doynel en Hambre y que parecía que podría tener un final feliz, no acaba bien (spoiler). Carolina María de Jesús murió en 1977, de insuficiencia respiratoria, a los 62 años. Murió pobre y olvidada. Pero su historia está sirviendo de inspiración y se está trabajando en sacar a la luz toda la obra inédita de Carolina. Aunque volvió a la pobreza y a los infiernos, pudo tocar el cielo. Quedémonos con eso.